Cameron no dejaba de teclear en su laptop.
Nos habíamos quedado en silencio luego de que, arrastrando mis pies hasta su edificio, acepté el puesto.
Sí, muy inmadura de mi parte, pero desde que Steven desapareció no he sabido nada más de él.
Y lo peor aún: Parecía que me evitaba.
—Ahora que tu nuevo novio ya no te presta atención, vuelves a mí —Cameron era un maldito hijo de perra conmigo, y claramente iba a vengarse. Pero yo también tenía y sabía sus trampas—. No sé qué quieres que te diga, Maia.
—¿Puedes dejar de hablar de él? Él ya no está aquí.
—¿Cómo? ¿Cómo lo sabes? —preguntó.
Le dije que sí con la cabeza.
—No hay nadie en su apartamento, ¿no crees que puedo ser libre y cogerme a otros hombres? —Cameron puso una cara de enojo, pero muy furioso—. Es broma, sabes que no soy ese tipo de chica.
—Mmmh... Pero casi te follas a ese, quién sabe qué hace verdaderamente.
Tenía presente que, a Cameron, Steven, no le caía muy bien.
—Por lo menos es atento y amable, eso tiene que aprenderlo de ti —solté furiosa—. En fin, ¿ya puedo volver a mi oficina? —Cameron me dijo que sí y me levanté de inmediato.
Cuando salí de su oficina solté todo el aire que acumulaba.
Me senté a un lado de todos, en la oficina más apartada pero compartida por otro compañero.
—¿Ya escuchaste el rumor? —dijo acercándose un poco más—. Cameron y Georgia terminaron.
Otra chica de repente entró a la oficina y cerró la puerta a sus espaldas.
—Parece que el infierno no se acaba —señaló hacia a afuera y vi llegar a la pelirroja.
Parecía estar muy furiosa.
—¿Creen que se arme un enorme lío? —murmuró—. Escuché que él ya no quiere saber nada con ella, y que ella le suplicó quitándose la ropa, ¡al frente de todo un restaurante!
—Esa chica está demente, pero no hemos conocido a nadie decente tampoco —comentó la otra chica.
Agaché mi cabeza. ¿Yo tampoco era alguien decente para él?
—Ya vuelvo —dije con una sonrisa plana, ellos no me preguntaron nada cuando salí.
Me encaminé hacia la oficina de Cameron, tratando de no ser para nada vista. En cuanto me metí, vi a Georgia llorar desconsoladamente. Él no estaba en la oficina, era probable que hubiese salido por un asunto de la empresa.
Georgia me vio de pies a cabeza.
—Otra vez tú, ¿qué quieres? —respondió enfadada—. Quiero a Cameron, no a ti.
—No vine a molestarte, ¿qué te sucede?
Ella parecía estar realmente mal. Me abrazó y comenzó a llorar más fuerte aún.
—¡Él ya no me quiere! ¡No sé qué hacer! —se separó un instante, tenía todo su rímel corrido—. ¿Crees que sea por otra chica?
—¿No has pensado que puede ser por asuntos del trabajo y no quiera cargar contigo?
Claramente ella no lo había pensado.
—No creo eso, pero siento que ya nada es lo de antes... —solloza.
—¿Ustedes estaban juntos? —pregunté.
—Sí, pero esta mañana terminó conmigo. ¡No sé el por qué!
Volvió a llorar sin control alguno, y yo volví a abrazarla.
Alguien entró de repente a la oficina, era el chofer de Georgia.
—Señorita, debemos irnos, tiene usted una junta dentro de una hora.
—¡No quiero irme sin verlo a él! —El chófer no tuvo alternativa alguna, se la llevó arrastrando por el pasillo mientras que todo el mundo cuchicheaba por el comportamiento de la niña caprichosa.
Oh, Cameron, qué mujeriego eres.
Me quedé plantada en medio de su oficina, incluso le marqué al teléfono para saber de él. Y, ¡sorpresa la mía!, su teléfono estaba en la oficina. Yo podía oírlo, cerca de mí, incluso es un armario. Me acerqué y abrí las puertas.
Él se sorprendió tanto como yo.
—¡Sí serás idiota! —grité.
—¡¿Qué haces aquí?! —preguntó furioso.
—¡¿Yo?! ¿Tú que haces escondiéndote como un cobarde?
Salió de su armario y se acomodó la camisa.
—No quería que Georgia me viera, se puso dramática.
—No entiendo cómo puedes seguir siendo tan patán con las mujeres, ¿no sientes remordimiento? —indagué.
Él no dijo nada.
—Para nada.
—Entonces, ¿por qué demonios te escondes? —volví a preguntar—. ¡Ah! ¡Sí serás!
Me fui directo a la salida de la oficina, pero Cameron me habló en ese momento.
—Terminé con ella por qué me di cuenta de que no puedo seguir engañándome, ¿feliz con esa respuesta?
Me giré para verle la cara, ¿podría ser alguien tan idiota como él?
—Creo que terminaste con ella por qué quieres superar lo nuestro y no puedes.
—Exacto.
—Entonces, sientes que tienes que... —me callé la boca luego de darme cuenta de que lo admitió—. ¿Qué?
—No puedo superar lo nuestro —admitió de nuevo—. Y tienes razón, soy un patán.
Se acercó y me miró a los ojos.
—No te entiendo, sigues siendo la misma mierda de antes —me alejé un poco más de él—. No entiendo por qué sigues queriendo envolverme, ¿no te había aburrido ya? Cada vez te entiendo menos.
—No lo sé, supongo que no logro verte con alguien más.
Odiaba un poco a Cameron, por hacerme sentir mal conmigo misma.
—Quiero tratar de entender esto, pero no puedo. No entiendo cómo puedes lastimar a otra persona para superar a otra —señalé la puerta tratando de referirme a Georgia—. Y no entiendo cómo gozas herir a la gente. Creo que te había dejado muy en claro lo que siento por lo nuestro, pero prefiero quererme antes que a ti.
Él agachó la cabeza y se giró en dirección hacia las ventanas gigantes de su oficina.
—Sé que lastimé, Maia, ¿pero ya no tuve mi rendición?
—Sí, pero no puedes cambiar el pasado.
—Lo sé, eso lo sé perfectamente —suspiró profundo—. Pero te amo. Te amo demasiado.
Yo también lo hacía, pero quería enfrentarme a un nuevo destino.
—Yo también lo hago —contesté—. Pero ya sabes que necesito alejarme de ti para estar bien, solo acepté trabajar porque necesito el dinero, no por ti. Ni por nadie.
Cameron se quedó pensativo y se sentó en su sofá.
—Está bien, Maia, así será entonces —murmuró—. A partir de ahora solo seré un amigo.