Llegué al departamento cansada, luego de un largo día de oficina.
Después de conversar con Cameron y nuestro destino, me sentí aliviada al saber que todo marchaba bien. Ya no íbamos a interponernos uno del otro, ni siquiera en cosas amorosas. Seríamos amigos y ya.
¿Eso iba a durar mucho? No lo sabía, pero quería intentarlo al menos.
Me recosté en el sofá y pensé en Steven.
¿Dónde estará en este momento? En ese preciso instante suena el timbre, salgo corriendo a abrir y Atenea levanta dos bolsas repletas de comida. Por detrás suyo estaba Kyung, con cara de pocos amigos.
Kyung nunca soportó a Atenea, siempre la tachaba de loca e indecisa. Pero Kyung y Atenea eran mis únicos amigos, y Kyung siempre fue cómo mi hermano. No podía elegir a uno o a otro. Eran los dos y ya, debían llevarse bien.
—¡Trajimos mucha comida! —dio unos saltitos de alegría—. Tuve que dejar a Armin en su casa, iba a ver a su madre.
—¡Yupi! ¡Qué diversión! —soltó Kyung, burlándose mientras caminaba a abrir el refrigerador—. Más te valga que tengas algo fuerte para tomar. Por cierto, ¿el chico de al lado se mudó?
No dije nada y seguí la corriente a Atenea tomando las bolsas de comida.
—¿Qué no te enteraste? —murmuró Atenea dándose media vuelta para confrontar a Kyung—. Ellos dos iban a hacer el delicioso, pero él le dijo que iba por un condón, ¡y desapareció!
Aguanté la maldita vergüenza que se me hizo como un nudo en la garganta.
—¿Cómo es que sigues confiando en los hombres, Maia? —preguntó.
Me sentí algo frustrada.
—No lo sé, él me parece alguien lindo.
—Parece que tienes una buena suerte con los hombres, Maia. Primero, Cameron, ahora este chico de al lado.
Mi rostro se calentó de vergüenza. Si tan solo supieran cuán complicadas eran mis relaciones. Decidí cambiar de tema.
—Dejemos de hablar de eso, chicos. ¿Qué trajeron para comer? Estoy hambrienta después de este día largo en la oficina.
Atenea sonrió y sacó algunos platos de comida asiática para llevar. Empezamos a disfrutar de la cena juntos, y la conversación giró hacia temas más ligeros. A pesar de todas las complicaciones en mi vida amorosa, al menos tenía a Atenea y Kyung para apoyarme.
Mientras compartíamos risas y comida, pensé en la promesa que me había hecho a mí misma con respecto a Cameron.
¿Realmente podríamos ser amigos y dejar atrás la tensión que siempre había estado entre nosotros?
Decidí que valía la pena intentarlo.
Después de la cena, Atenea y Kyung se quedaron un rato más, disfrutando de películas y conversaciones. Pero mi mente seguía vagando hacia Steven y la pregunta de si volvería a verlo.
¿Dónde estaba en ese momento? ¿Qué oscuro secreto estaba escondiendo?
La curiosidad comenzó a consumirme, y sabía que tarde o temprano tendría que enfrentar la verdad sobre él.
A medida que la noche avanzaba y mis amigos finalmente se marchaban, me encontré sola en mi departamento. El silencio llenó la habitación, dejando espacio para que mis pensamientos se centraran en Steven.
Me levanté del sofá y caminé hacia la ventana. Miré hacia el edificio de al lado, donde supuestamente Steven vivía. La luz de su departamento estaba apagada, lo que solo aumentaba mi intriga sobre su paradero.
Decidí dar un paso audaz. Agarré mi teléfono y escribí un mensaje de texto a Steven, preguntándole cómo estaba y si estaba bien. Las burbujas de chat aparecieron en la pantalla, pero se mantuvieron en gris durante demasiado tiempo, indicando que aún no había leído mi mensaje.
La impaciencia comenzó a crecer en mí mientras esperaba una respuesta.
¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué no me contestaba?
Todas las posibilidades y explicaciones horribles empezaron a inundar mi mente.
Finalmente, mi teléfono vibró con una notificación. Era un mensaje de Steven, pero no decía nada sobre su paradero o bienestar. En cambio, su mensaje decía: "Necesitamos hablar en persona. ¿Puedo pasar por tu departamento mañana por la noche?"
La urgencia en sus palabras me hizo sentir aún más intrigada y preocupada. Aunque mi mente me advertía que debería estar precavida, mi corazón me instaba a aceptar su solicitud. Después de todo, no podía ignorar la atracción que sentía por él y la necesidad de descubrir su oscuro secreto, o el secreto que llevaba consigo.
Le respondí afirmativamente y, antes de darme cuenta, había aceptado otra dosis de incertidumbre en mi vida.
No podía evitar preguntarme qué revelaría Steven y cómo eso afectaría mi relación con Cameron y mis amigos. La desilusión se cernía en el horizonte, pero mi curiosidad y esperanza me impulsaban hacia adelante.
Algún secreto él tenía, y revelarlo iba a ser una cosa de suerte.
Mientras tanto, debía mantenerme, también, firme con la decisión que tomé por Cameron. Eran todos estos años de idas y vueltas, al fin acabadas. Pero también me sentía mal por ello, ¿era realmente algo justo lo que estaba haciendo por nosotros?
Recordé un poco el pasado, y lo que nos llevó a ser lo que somos.
—Quiero trabajar con mi padre, pero él cree que soy muy joven para manejar la empresa —Se había quejado mientras tomabamos una cerveza sentados en el capot de su coche, mirábamos el atardecer en un cerro de Vancouver—. Pero él lo prefiere a Lucian sobre todas las cosas, aun no entiendo por qué lo hace.
—Lucian es buen chico, no entiendo qué tienes contra tu hermano —le había cuestionado.
—Es un imán de chicas —volvió a quejarse dándole otro sorbo a la cerveza—, pero yo te tengo a ti. Él no puede tenerte.
Sí bien tenía razón, Lucian era un hermano para mí. Jamás lo he visto con otros ojos.
—Siempre me tendrás —le dije al oído—. Solamente sí nunca me sueltas...
Él no había dicho nada al respecto, solo me besó y calló mis suspiros.
A la semana siguiente él viajó a Nueva York, por estudios, y para inscribirse en la universidad, mientras que lo esperaba también me generaba cierta incertidumbre sobre nuestro futuro. En el fondo siempre supe que lo nuestro nunca funcionaría.
Mi madre siempre me lo decía, que él nunca fue un chico decidido. Siempre fue alguien curioso, atrevido.
—Él te romperá el corazón, pero no lo verás hasta que lo haga por completo y sufras por él —me había dicho una noche de discusión. Y yo, con lágrimas en los ojos, estaba escuchando a mi madre prohibirme volverlo a ver.
Sí no fuese por Atenea, jamás lo hubiera visto a la cara de nuevo.
Me culpo un poco por todo, mi madre tenía toda la razón. Ahora sé que él me ha roto el corazón, el mismo corazón que intento sanar conociendo a alguien más. No busco olvidarlo, sino que busco olvidar todo lo que he vivido.
Pero ahora mismo siento que lo extraño, y que no soy nada sin él.