Cristina se sentía extrañada de la reacción que presentaba su tía, mientras ella permanecía con su amado. Nunca se comportaba de esa manera, salvo cuando ellos se encontraban y se entregaban a las caricias divinas. Durante las largas horas que pasaba con ella, mientras la cambiaba de posición, le daba masajes corporales y hasta le hacía cosquillas a ver si reaccionaba aunque fuese levemente; nunca sentía la más mínima respuesta, parecía un verdadero vegetal. No entendía aquella alharaca que personificaba entonces, al estar ellos juntos. Sabía que le tenía rabia a Rodrigo, que nunca lo quiso y nunca lo iba a querer; pero de allí a que su sola presencia le produjera ese tipo de reacción, era muy sospechoso. De todos modos, le restó importancia a ese detalle. Pero eso sólo fue el inicio de un

