Capítulo 1 - Camino a Hogwarts.

1596 Palabras
“El día ha llegado” pensó Éride levantándose de su cama de un salto, lanzando las sábanas a saber dónde y asomándose por la ventana que daba al gigantesco y lúgubre jardín trasero de su casa. Suspiro con entusiasmo, como si hubiera llegado el momento de salir volando de sus miedos y temores, el momento de liberarse de su prisión. Las cosas que había estado preparando días antes no estaban en dónde las había dejado la noche anterior a los pies de su cama. Se duchó y vistió con una falda vaquera, un jersey naranja, unas medias negras y unos deportivos blancos. Bajo entusiasmada las escaleras y empezó a desayunar tranquilamente con una sonrisa en su cara, sobre todo porque su padre no había bajado aún a comer y no tenía por qué fingir una tranquilidad desmesurada que en realidad no sentía, porque no era capaz de reprimir sus emociones. Su padre bajó un rato después con sus dos hermanos mayores haciendo que se levantara, como siempre le obligaba a hacer cuando él llegaba a donde ella estaba. — Nos vamos ya, deja lo que estés haciendo y sal que nos espera el transporte — dijo su padre. En rara ocasión verías a su padre subirse a algo hecho por muggles, pero como el ministerio les obligaba a ocultarse de estos teníamos que ir hasta la estación en un coche muggle ampliado en su interior de manera mágica. Tras un buen rato de silencio profundo llegamos a la estación, cogí un carro al igual que mis hermanos y en él subí mi baúl y mi lechuza parda llamada kan. Nos mezclamos entre los muggles mientras mi padre ponía cara de asco y mis hermanos le imitaban y yo negaba con la cabeza. — Venga Éride, no te quedes atrás con esta...gente… — dijo con asco mi padre atravesando el muro que separaba los andenes muggles de los mágicos. Cogí con fuerza mi carro y corrí hacia la pared, cerrando los ojos al momento de atravesarlo y abriéndolos al traspasar el muro donde mi hermano mayor Rabastan me ayudó a parar el carro. — Gracias hermano — le dijo echándome unos cabellos hacia atrás. Él asintió en silencio. — Nosotros nos vamos con nuestros compañeros de casa — dijo Rodolphus, mi otro hermano mayor. Mi padre asintió con aprobación para luego mirarme fijamente con un deje de desprecio. — Vigilad que no se junte con gente...impura… — les dijo a mis hermanos con desdén. — Si, Padre — respondieron ambos, obedientes como siempre. Me miró con desprecio por un momento. — Más te vale quedar en Slytherin, sino ya sabes lo que pasará — dijo mi padre. Sin más mi padre se marchó, desapareciéndose mientras mis hermanos se iban, dejándome allí en medio de todas esas familias, que reían y hablaban, padres que despedían a sus hijos hasta vacaciones, hijos corriendo al encuentro de sus amigos y animales produciendo una fuerte, descoordinada y escandalosa orquesta. Subí mis cosas a un compartimento vacío y me senté pegada a la ventana, mirando con envidia a las familias que no eran como la mía, familias de verdad que se querían y apreciaban. El sonido de la puerta hizo que dejara mis penas a un lado y mirara a la niña que estaba parada en la puerta con su baúl en mano. — ¿Está libre? — dijo la niña de pelo escarlata y ojos verdes. — Sí, está libre — dije sonriendo tímidamente. — Soy Lily, Lily Evans — dijo la niña después de colocar sus cosas y sentarse enfrente de mí. — Yo soy Éride Lestrange, encantada — le dije estrechándole la mano alegremente. — ¿Tus padres son magos? — preguntó la niña entusiasmada. — Mi padre, mi madre murió cuando yo nací — dije rascándome el brazo con nerviosismo. — Oh...lo siento… — dijo Lily con verdadero pesar. — No pasa nada, ¿Y tus padres? ¿También son magos? — pregunté sonriente. — No, de hecho, fue toda una sorpresa — dijo sonriendo — ¿Sabes a qué casa quieres ir? — Pues... la verdad es que espero que sea Slytherin, toda mi familia es de esa casa y si yo no voy a esa… — dije intentando esconder mi temor. Mi padre solía encerrarme en el sótano cuando no hacía algo bien, cuando no hacía lo que era correcto en una sangre pura y esto sería una traición a la familia y al apellido Lestrange. Sabía que solo me aguantaba para poder casarme con alguien de una noble casa, que solo era una moneda de cambio. — Pero... tu no quieres ir a esa casa ¿cierto? — preguntó con los ojos entrecerrados. Negué con la cabeza. — Solo desearía tener una familia como la de los demás… — dije con pesar. El camino se hizo irremediablemente rápido en un ambiente cálido y lleno de charlas mientras Lily y yo nos íbamos conociendo más y más. Había sido la única persona que se había mostrado interesada en mi de verdad, alguien que de verdad parecía importarle. — Entonces prométeme que sin importar en la casa que estemos seguiremos siendo amigas ¿vale? — me pidió Lily cuando estábamos por entrar al gran comedor donde nos seleccionarían para una de las cuatro casas. — Te lo prometo si tú me prometes lo mismo — le dije sonriéndole. Ella asintió. — Te lo prometo — dijo estirando su dedo meñique que yo entrecruce con el mío.   Las puertas se abrieron y todos los alumnos de primero entramos en fila de a dos hasta colocarnos frente a la mesa de los profesores. Nunca había visto nada igual, mesas de lado a lado, un techo en el que podías ver el cielo de verdad mientras velas voladoras iluminaban la estancia, y lo más alucinante era que había fantasmas sobrevolando las mesas saludando a los alumnos que les respondían alegremente. Una profesora con gafas y un sombrero sorprendentemente puntiagudo colocó un sombrero viejo y remendado encima de un taburete frente a todos los alumnos y cogiendo un rollo de pergamino lo desenrolló y empezó a leer los nombres de los de primero que se fueron sentando en el taburete, colocándose el sombrero, que al momento gritaba el nombre de una casa, y yendo hacia la mesa de su nueva casa. — Sirius Black — llamó la profesora. El niño que había conocido en la tienda de varitas, y que me había mirado sin apenas pestañear, avanzaba con arrogancia hacia el taburete que al momento lo mandó a Gryffindor entre un estruendoso sonido de murmullos. La familia Black era conocida por ser de Slytherin, igual que la mía, y por lo que se, hasta la fecha ningún Black ni ningún Lestrange había pertenecido a otra casa. Pasaron muchos alumnos más, Lily había terminado en Gryffindor y yo, ahora que tenía una amiga, deseaba ser también una Gryffindor, aunque luego mi padre me encerrara todas las navidades en el sótano. — Éride Lestrange — llamó ahora la profesora. Avancé con nerviosismo y me senté en el taburete con decisión mientras me ponía el sombrero. Cuando su voz resonó en mi cabeza me asusté, pegando un bote en el taburete, se escucharon unas risas de fondo. — Vaya, parece que será un año interesante... sí...una mente interesante… — dijo el sombrero — toda tu familia pertenece a Slytherin... pero tú no eres como ellos... Tu eres toda una Gryffindor, pero ¿qué es lo que veo? ¿Seguro que quieres ir a Slytherin donde todos son igual que la gente que odias, o quieres ir a donde realmente perteneces? Bueno...creo que deberías estar en... Al momento la voz dejó de sonar en mi cabeza, resonando en todo el gran comedor. — ¡¡¡GRYFFINDOR!!! — Exclamó el sombrero haciendo que entrara en un estado de pánico. Nada más quitarme el sombrero una ensordecedora ola de aplausos me llegó desde la mesa de los leones. El resto de casas murmuraban con horror ¿Una Lestrange y un Black en Gryffindor? Parecía un chiste malo de esos que ni siquiera hacían gracia de lo malos que son. Mi mirada se dirigió a mis hermanos, sentados en la mesa de Slytherin, ambos me miraban con odio, asco y, sobre todo, desprecio. Estuve segura en ese momento de que antes del día de mañana mi padre ya se habría enterado e intentaría tomar medidas al respecto. Fui caminando lentamente hacia la mesa de Gryffindor, la que sería a partir de hoy mi casa. Me senté al lado de Lily que me miró con tristeza porque sabía lo que realmente estaba pasando por mi cabeza, sobre todo viendo como mis hermanos me miraban con odio desde el otro lado del comedor. — Pasa de ellos, ya se les pasara — dijo Lily intentando consolarme mientras la mirada del pelinegro me seguía de cerca con pena, el mejor que nadie entendería mi situación, le había sucedido lo mismo que a mí, ambos de familias de Slytherin, familias que odian todo lo que es "impuro" que odian a gente tan buena como Lily, que no quieren de verdad y que solo odian a los demás. — No sabes lo que me harán por esto… — le susurré removiendo el puré de patatas de mi plato. — Entonces tendremos que entrenar nuestra magia para poder enfrentarnos a ellos, ¿verdad? — dijo Lily sonriéndome, haciendo que sonriera con ella. Asentí contenta y apreté su mano con agradecimiento antes de empezar a cenar.  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR