La cabeza me daba vueltas. Gruñí, sintiendo una punzada en la sien. Cuando logré abrir los ojos, comprobé que ya era de día. Ente más quejidos, al fin conseguí levantarme de la cama. Malditos vampiros. Tienen el aguante de Hulk bebiendo. En cambio yo, al ser una mísera y pobre humana, me encontré sufriendo las consecuencias de haber bebido de más la noche anterior. Sin querer pasarlo mal durante todo el día, me dirigí al baño y del armario tomé las vitaminas y una pastilla para el dolor de cabeza. No iba a fastidiarme una pequeña resaca. Tras ello, bajé al salón, dispuesta a desayunar. Si había algo que de verdad tenía, era hambre. Haciendo mi camino hacia la cocina, recordé el final de la noche. Tristán y Ciro se fueron. Incluso Louis. —Buenos días —saludó Michael con una sonrisa. —B

