La noche pareció ir avanzando bien. Al principio fue totalmente extraño, yo debía sacar la conversación, pero, poco a poco, y gracias al alcohol, se fueron soltando. Pronto se vieron envueltos en sus batallitas, comparando años pasados y experiencias. Yo escuchaba atenta todas sus historias mientras dábamos algún que otro bocado a la cena ya servida en la mesa. Lo mejor de todo fue que hasta olvidé mis problemas y debates mentales amorosos. Louis se estaba comportando como lo que siempre fue: mi mejor amigo. Dorian pareció haber olvidado que aquella noche me confesó sus sentimientos y respecto a Ciro... Todavía seguía sin comprender qué sentía yo o sentía él, pero esa noche no importó. Tan sólo éramos gente que se cruzó en la vida del otro y disfrutaban de una cena agradable entre ellos.

