Bridget.
La campana de Light and Blessings sonaba por todo el internado sin comprender la situación, me sudaban las manos y mi respiración todavía sigue en una velocidad rápida. Observe como los alumnos salían a los pasillos buscando respuesta de aquello. La pieza de metal se mueve de un lado a otro super rápido contra la bombilla, creando mas como un zumbido que una campana, era repetitivo y no se detenía; era persistente. Nosotros, Jake, Evan y yo, subimos por las escaleras hasta llegar al ala sur donde muchas chicas seguían gritando despavoridas. En mi interior, supe que lo siguiente que verían mis ojos no iba hacer nada bueno, un escalofrió corre mi espina dorsal y la piel se me puso de gallina.
― ¿Por qué suena la campana a estas horas? ¿Quién la habrá encendido? – se preguntaban.
Cuando llegamos al ala sur, muchas de las chicas nos miraron ceñudas cuando se dieron cuenta que no estuvimos en nuestras habitaciones, sobre todo porque me descubrieron con la compañía de dos varones. La gran mayoría de los estudiantes ya se hallaban despiertos, incluyendo a las monjas. Selma al percatarse de que estuvimos por otro pasillo para llegar al ala sur quiso reclamarnos por ello; pero el grito de una chica le interrumpe.
― ¡Madre superiora! – la llamo una de las alumnas muy asustada, caminaba por el pasillo en busca de ella hasta que la tuvo de frente – La habitación de Caroline está abierta, ¡hay sangre por todos lados! venga…―indico la chica.
― ¡¿Qué has dicho?! – exclamo la madre superiora con asombro – ¡Eso es imposible!
La mujer con la compañía de los demás alumnos corrió hasta los siguientes pasillos del internado. Sostuvo con fuerza un candelabro cuidando que las velas no se apaguen, el zumbido de la campana no dejaba de sonar en ningún momento.
Cuando llegamos hasta dicha habitación, por fuera, hubo un camino de sangre con varias gotas salpicadas en el suelo. Todos nos quedamos estáticos. Un trueno se hizo presente en ese momento, me mordí las uñas en un gesto inconsciente y abracé a mi oso de peluche con fuerza. La madre superiora se acerco sigilosamente hasta la puerta de Caroline, adentrándose en el interior noto como gran parte de la habitación se encuentra repleto de polvo, (incluyendo grandes telas de araña, papeles arrugados en forma de bola, las paredes perdieron su colorido y el colchón estaba a mitad del suelo; sin sabanas y con mucha suciedad), la madre superiora fue alumbrando con el candelabro los rincones, después; se detuvo.
―No puede ser – dijo Selma boquiabierta.
En la pared había un mensaje de color rojo carmesí y, en su lado izquierdo, una mano ensangrentada. Las letras eran grandes y terroríficas, daba escalofríos «¡The devil is here watch out!» decía. Que en español dice (El demonio está aquí ¡cuidado!), todos nos mantuvimos en silencio. Entonces, las velas del candelabro se apagan, la habitación de Caroline quedo a oscuras y, pronto; escuchamos como la campana del internado deja de sonar.
Se oyeron sonidos extraños, gritos, susurros. Y nadie, pero nadie de light and blessings comprende la situación, incluyéndome.
― ¡Miren allá! – grito una de las chicas señalando hacia el pequeño estante de la habitación.
Cada libro empezó a caerse por sí solo, primero fue uno, luego otro; y después dos mas al mismo tiempo. Sin previo aviso, la luz se encendió, tintinearon con una velocidad que me hacia pensar en que pronto la bombilla explotaría. Todos gritamos y dimos un paso atrás. Choque con alguien y tuve que girarme para encararlo, era Jaqueline.
― ¡Bridget! – exclamo ella preocupada – Sali de nuestro cuarto y no te encontré, ¿Dónde estabas? – pregunto con cierto temor, pero estaba mas concentrada en lo que sucedía a nuestro alrededor. Me quedé callada y no quise responder.
―Padre nuestro, por favor, detenga esta locura…―pidieron las monjas. Observe como ellas unían sus dedos formando una cruz.
Siguieron los truenos y relámpagos. Esa noche fue una locura, nadie creía posible que algo asi podría ocurrir. Mi miedo sigue intacto ante los sucesos, las manos me temblaban y mis piernas flaquean, sentí un mareo donde Jaqueline tuvo que sostenerme para no caer. Un ataque de tos provoca que botara sangre por la boca, mi peluche cae ante aquel repentino ardor en la garganta, saboree el líquido viscoso y me dieron ganas de vomitar.
― ¿Dónde está Evan? ¡No lo veo! – grito Jake en busca del muchacho.
Yo tampoco pude encontrarlo, sobre todo por mi ataque de tos, me dolía todo el cuerpo. No supe en que momento Evan se fue de nuestra vista, quise ayudar para localizarlo, no pude. Entre tantas personas de la habitación, mis ojos se fijan en el demonio que se hallaba justo en la esquina del escritorio, sonriéndome de lado como bien se caracterizaba; subió su mano y movió con lentitud el dedo índice de arriba abajo sin dejar de observarme. Todo me dio vueltas, caí al suelo blanqueando los ojos.
― ¡Madre superiora! – grito Jaqueline con sorpresa llamando la atención de todos.
Todo se detuvo, las luces volvieron a su estado normal, ya no había objetos cayéndose y mucho menos escándalo. Quien no se encontraba bien era yo, mi cuerpo no reaccionaba y quise morirme.
Desde suelo veo como todos están a mi alrededor formando un círculo, susurraban y hablaban de mi estado, Jaqueline dijo mi nombre muchas veces; pero en mis oídos lo escuche como un eco. El dolor punzante en mis muñecas apenas me permite mover las manos. Todo el alboroto que se ha apoderado en el ambiente, se siente ajeno a mí. Mis parpados amenazan con cerrarse por completo, sentía que me ahogaba, solo quise desaparecer.
«Cierra tus ojos» me susurraron.
Entonces, me deje llevar por la oscuridad, quedándome profundamente dormida.