Unas pocas horas mas tarde, la joven Bridget ya se encontraba frente a la consulta de la psicóloga. Mucho antes, ella toco un par de veces pidiendo permiso para entrar y, al hacerlo se fijó en la pequeña decoración. Había un enorme sofá de color Vintage justo frente a la psicóloga, esta se concentraba en unos papeles que leía con atención, donde Bridget supuso que ahí anotaba todo lo relacionado con expedientes de sus pacientes del internado. En las paredes había cuadros decorativos, títulos y diplomas de la psicóloga Miriam, como tambien un pequeño cuadro de Jesucristo con algún salmo de la biblia. En una pequeña mesa se hallaba un reloj que marcaba los minutos para cada sesión, asi Miriam estaría al pendiente de cuando terminaría las terapias de los alumnos.
―Me alegra que vinieras, siéntate – le dijo Miriam señalando el enorme sofá.
Bridget tomo asiento frente a la psicóloga, el sillón de Miriam era mucho mas pequeño, sin embargo; se notaba cómodo. La pintura del consultorio era misteriosa y de colores neutro, como casi en todas las paredes del internado.
―¿Cómo era tu nombre?
―Bridget – conteste aclarando mi garganta.
―Como eres recién llegada, no quiero preguntarte muchas cosas, poco a poco te iré conociendo; solo quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte. – le dijo.
Bridget se quedo en silencio mirando algún punto en el suelo.
―Bueno, ¿tienes alguna duda antes de empezar? – quiso saber, cruzándose de piernas – Si quieres hacerme una pregunta puedes hacerlo.
La joven negó con la cabeza.
―En las horas que llevas en el internado, ¿te has sentido bien? ¿te sientes cómoda aquí? ―Encamina preguntas hacia aspectos generales.
Bridget respondió encogiéndose de hombros, sin mirarla.
― ¿Has estado previamente con otro psicólogo? – siguió preguntando, aunque la joven no tenía muchas ganas de prestarle atención.
―Si – contesto.
―Bien, ¿Qué expectativas tienes en la terapia? ―. La joven volvió encogerse de hombros ― ¿Cómo te sientes ahora? ¿quieres beber algo? – Miriam hace cuestiones básicas para crear un clima de cercanía.
―No – Bridget subió la vista, su mirada estaba seria y sus ojos grises cambiaron a un color más oscuro.
La mujer jugueteo con el bolígrafo entre sus dedos. Observando a la paciente con los ojos entornados, aun no se daba por vencida. Miriam, era una psicóloga con paciencia y, si ella no podría sacarle mucha información a Bridget sobre cualquier cosa que quisiera contarle, tenia fe en que pronto lo haría; solo era cuestión de tiempo.
― ¿Qué opinión tienen las personas mas cercanas de tu entorno? – intenta con otra pregunta.
―Que estoy loca, y esquizofrénica – respondió Bridget igual de seria y neutra.
― ¿Hace cuento piensan eso de ti?
―No lo sé – se limitó a responder, en un encogimiento de hombros.
― ¿Cuánto te preocupa esto? ¿Qué piensas?
La joven suspira mientras se rasca su brazo izquierdo, desvió la mirada hacia uno de los cuadros colgados en la pared. Miriam, espera una respuesta, Bridget se quedo en silencio.
― ¿Estas cómoda si soy yo la que pregunte? – inquirió. La joven negó con la cabeza, inspirando hondo ― ¿Prefieres contarme tu poco a poco?
―No – respondió Bridget.
Miriam anoto unas cuantas cosas en las hojas de su carpeta. Sabia que empezar una sesión con una paciente como Bridget no es fácil, asi que debe darle su espacio y tiempo para asimilar todo lo que ocurre a su alrededor. Agarro unas cuantas hojas con preguntas ya formuladas y se las extendió a la joven.
―Bridget, este cuestionario te lo daré en mano para que lo rellenes durante la semana ―Explica la psicóloga. La joven observa con curiosidad el cuestionario para leer lo que contiene ― Me ayudaría a conocerte mejor y, como puedo entender que se te hace complicado hablar, quizás escribiendo las respuestas podría ser de gran ayuda soltar todo lo que piensas.
Miriam hiso una breve pausa, inclinándose hacia ella.
―Por ejemplo, aquí tienes preguntas sobre el motivo por el que vienes, describas un día tuyo; que hables de tu infancia o tu adolescencia e incluso cosas sobre el colegio. Lo que puedas responder ¿ok? ―explica con detenimiento – ¿Tienes alguna duda?
Bridget negó.
―Ninguna – solo eso respondió.
―Perfecto – la psicóloga sonríe y se levanta del sillón – Lo que te parezca importante lo rellenas, después hablaremos de ello en la siguiente sesión. ― La joven imita su acción levantándose del sofá, toma su mochila para después colgársela tras la espalda. ― ¿Qué te ha parecido la consulta? – Miriam quiso saber, le importaba mucho la opinión de sus pacientes.
―Normal – respondió Bridget encogiéndose de hombros. La psicóloga ríe por lo bajo.
―Nos vemos Bridget, ha sido todo por hoy – se despidió.
Sin mas que decir, la joven fue directo hasta la puerta para continuar con sus clases.
†
En el despacho, las tres monjas se habían reunido para charlar sobre los alumnos del internado. Opinando sobre temas como sus comportamientos, quien a tenido avances en cuestiones de educación y buenas notas en las materias correspondientes. Selma se encontraba en su silla de escritorio, mientras Charlotte y Tracie se sentaron justo en las dos sillas restantes de su despacho. Habían llegado a un punto donde comentaron sobre la nueva integrante del internado, cuestionándose ellas que fue lo ocurrido en el comedor hace pocas horas.
―Fue muy raro que se haya partido el ventanal justo cuando la jovencita pego ese grito, ¿no les parce? – opino Tracie pensativa.
―Para mi que ella tuvo algo que ver con eso. ― admitió Charlotte. – Es demasiada coincidencia.
― ¿Por qué crees que Bridget tuvo la culpa? – Selma quiso saber, en dirección hacia la madre noche – ¿piensas que ella pudo romper el ventanal? ―. Indago.
―Si no fue la señorita Bridget, ¿Quién entonces? – respondió con un mohín pensativo ―. No pudo haberse partido en pedazos asi de la nada.
―Bueno, debo decir que tambien pensé en ello, pero, en ningún momento vi que ella lanzo algo hacia el ventanal – argumenta – además, la joven se encontraba muy lejos de él, no creo que tenga tan buena puntería como para hacer tal cosa, de la única forma que se pudo romper es lanzando un objeto.
―Como una piedra, por ejemplo – dijo Tracie, entrando en la conversación.
Selma asintió.
― ¡Pero no encontramos ninguno! ―se quejo Charlotte, chasqueando la lengua ―No lo sé, es muy raro ― murmura, moviendo su pierna con pequeños saltos.
― ¿Y qué me dicen cuando empezamos a rezar? – comento Tracie, ceñuda – La joven actuó de manera extraña, y sus gritos, Dios santo; ¿será acaso atea? – cuestiono ella, rascándose la nuca.
― ¡Jesús bendito! – exclamo Charlotte haciendo la señal de la cruz – Espero que no, aquí nunca permitimos personas que no son creyentes del cielo.
―Cuando sus padres la dejaron, ellos me comentaron que su hija es esquizofrénica – informo la madre superiora ―Quizás por eso la joven grito de esa forma.
― ¿No es peligroso estar cerca de un esquizofrénico? – le pregunto Tracie.
―Es peligroso cuando la persona no cumple con sus tratamientos – respondió Selma.
― ¿Y la joven los cumple? – pregunta Charlotte con preocupación.
―No lo sé – contesto, encogiéndose de hombros – Ya le dije a la psicóloga Miriam sobre que Bridget habla muy poco, después le daré el formulario que me dieron sus padres en cuestión de su padecimiento.
―Bueno, esperemos que todo salga bien – Charlotte suspiro.
―Amen – dijeron Tracie y Selma al mismo tiempo.
Lejos del despacho se localizaba Evan Mathews, quien anteriormente venia de la consulta con la psicóloga y, antes de seguir su camino; se quedo todo el rato oyendo la conversación de las monjas situado detrás de la puerta. El muchacho entorno los ojos con curiosidad, ya que ellas sospechaban sobre lo ocurrido con el ventanal, a diferencia de él; presentía que Bridget no pudo haberlo hecho.
†
En la hora de descanso, Bridget y Jaqueline se fueron directamente a sus habitaciones. La primera desempacaba sus cosas de la maleta, colocando algunas prendas de ropa sobre la cama, algo de manga larga como suéteres; ya que en unos meses se aproximaba el tiempo de frio con compañía de la nieve. Los pijamas eran necesarios y por supuesto, ropa interior extra y una toalla.
― ¿Te ayudo a colgar la ropa? – le pregunto Jaqueline tratando ser amable con ella.
La joven negó con la cabeza haciendo un ademan para que no se preocupara, podía hacerlo sola, en realidad; Bridget no estaba acostumbrada a que le hicieran las cosas, aunque se trataba de una ayuda amigable por parte de la pelinegra no lo vio necesario. Abrió su closet y poco a poco fue colgando su ropa usando los percheros.
―Oye, casi no hablaste mucho en las ultimas clases y, cuando te pregunto algo no quieres responder. ― comento Jaqueline. Luego de unos segundos, inquirió con pena: ― ¿Es porque soy muy fastidiosa? ¿te molesto tener a una compañera de cuarto?
Bridget se dio vuelta negando con la cabeza, discernió como la muchacha jugueteaba con sus dedos y se mantuvo con la cabeza agachada. Colgó uno de los suéteres en el closet, para luego, caminar hacia ella hasta sentarse en la cama, justo a su lado.
―Jaqueline – pronuncio su nombre, la joven subió la vista para observarla con aflicción.
Bridget señala con su dedo índice parte de su cuello, hasta deslizarlo en su clavícula, una y otra vez. carraspea la garganta y negó con la cabeza. Al principio Jaqueline no pudo entenderle, pero a los segundos pudo comprender lo que le quiso decir.
― ¿Qué pasa? – le pregunto, mirándola – ¿tienes problemas para hablar?
―Si – contesta con voz ronca y muy baja.
― ¿Por qué? – se interesó, pasando un mechón de cabello tras la oreja.
―Trauma ―susurro ella como respuesta.
― ¿Trauma? – repitió Jaqueline, pestañeando – ¿Debido a ese trauma no hablas mucho? – indago. Bridget asintió lentamente – Guao, siento mucho lo que sea que te haya pasado, me supongo que fue algo muy fuerte como para no poder hablar.
La joven decidió no responder, se levanto de la cama para continuar guardando su ropa en el closet. La segunda, se inclino hacia adelante y con curiosidad observo algunas cosas que tiene la maleta de Bridget, entre cremas y accesorios y otras prendas de ropa; hubo algo que llamo su atención. Frunció el ceño.
― ¿Qué es eso? – pregunto Jaqueline señalando una cajita dentro de la maleta. Bridget se giró para tomarla y mostrarle que contenía.
La caja era pequeña y de forma circular con colores rosa y verde, deprendía un aroma interesante, como si el perfume de alguien se haya conservado ahí dentro, por fuera podía notarse la escarcha brillante que lo resaltaba; era bastante bonito y llamativo.
Cuando Bridget lo abre, le mostro a su compañera un dije de trébol con cuatro hojas, era un regalo muy especial que le había regalado una de sus anteriores mejores amigas, hace mas de cinco años que lo conservaba con ella; siempre lo tenia consigo como si de un diamante se tratara.
―Es muy bonito – le dijo Jaqueline, cuando Bridget se lo entrega para que lo observe mejor – ¿Quién te lo dio? – pregunto, sin dejar de mirar el accesorio.
La joven sonríe al recordar a esa persona tan especial que se lo había regalado y, al mismo tiempo, sintió un vacío dentro ella; bajo su vista inspirando hondo.
―Anne – contesto en voz baja, casi en un susurro.
― ¿Quién es Anne? ¿Tu hermana? – la joven negó.
―Mi…mejor…amiga – respondió Bridget con pausas, costándole pronunciar las palabras.
― ¿Y dónde está tu amiga? – sonrió Jaqueline. Le gustaba mucho tener conversaciones con personas que tienen lindas amistades, ya que ella casi nunca tuvo una relación muy bonita con las chicas que conocía.
―Está muerta – contesto Bridget entre dientes, frunciendo el ceño y apretando las manos en forma de puño. La sonrisa de Jaqueline se esfumo.
― ¿Muerta? – repitió casi tartamudeando – ¿Qué le sucedió? ¿Por qué está muerta?
La joven no quiso responderle, negó con la cabeza y se levanto de la cama dándole la espalda, siguió acomodando sus cosas dentro del closet. Jaqueline le miro con extrañeza y decidió no insistirle en el tema, se trataba de alguien importante para su compañera y, debía darle su espacio para que no se sintiera mal.
―Lo lamento – murmuro ella. Pero Bridget la ignoro, enfocándose en lo que estaba haciendo.
†
En la noche, los alumnos se disponían a rezar de rodillas frente a la cama antes de acostarse. Bridget y Jaqueline, tenían que hacerlo ya que era una regla muy importante y fundamental en el internado. Entre muchas mojas de Light and Blessings, como Tracie y Ludmila, se aseguraban de que todas las chicas cumplían con esa regla hasta que se quedaran dormidas en sus camas. La primera monja iba pasando por cada habitación de las jóvenes, mientras que Ludmila verificaba las habitaciones de los chicos.
― ¿No vas a gritar de nuevo cierto? – comento Jaqueline con diversión a su compañera. Las dos ya tenían sus cuerpos arrodillados frente a sus camas, preparadas para comenzar a rezar.
Bridget negó con la cabeza, pero se mantuvo seria mirando la cruz que colgaba a un lado de la cama.
―Bueno, dejo mis comentarios malos para otro momento, hay que rezar pronto porque en cualquier instante Tracie vendrá – dijo ella, cerrando sus ojos y juntando sus manos – Padre nuestro, que estas en el cielo, santificado sea tu nombre…―empezó a decir, como muchas otras jóvenes dentro de sus cuartos.
Bridget imito a su compañera con la diferencia de que rezaba mentalmente, sin soltar ni sola palabra de su boca y, en ese momento; Tracie se estaba acercando a su habitación. La mujer abrió con mucho cuidado la puerta y asomo su cabeza asegurándose que las chicas rezaban como Dios manda. Después de eso, cerro la puerta con cuidado y fue directo a revisar las otras habitaciones.
Por otra parte, la monja Ludmila se localizaba en el ala norte, observaba con atención a todos los jóvenes que rezaban frente a sus camas. Cuando toco la habitación de Evan Mathews y Larry Donaldson junto a sus otros dos compañeros Ned y Jake O ‘Sullivan, pudo escuchar lo que estaba rezando el primer estudiante, el cual se mantuvo con la cabeza inclinada hacia adelante apoyando los codos sobre la cama y se arrodillo para decir lo siguiente:
―Querido Jesús, dame fuerzas para seguir aguantando a estas monjas sin corazón, nunca había visto a troncha toro en persona; pero ellas sí que merecían tener ese papel. Se que usted puede guiarme hacia el camino del bien, por lo tanto, deseo algún día salir de este internado; gracias padre por escucharme. Amen – decía el varón sin importarle las miradas que lo rodearon, tanto sus compañeros como la monja fruncieron el ceño, pero el joven los ignoro por completo; terminando su oración dibujó una cruz imaginaria con sus dedos de arriba abajo y de izquierda a derecha, luego se levantó para acortarse a dormir. Después de eso, la monja negó con la cabeza ante las palabras de Evan y se fue para continuar con su trabajo.
†
Mas tarde en esa misma noche, Bridget casi no pudo dormir, el frio recorre cada centímetro de su espina dorsal; debido a varias gotas de sudor moja el suéter de pijama que carga puesto. Se abrazaba asi misma para mantenerse en calor, pero temblaba demasiado, mientras mas buscaba ayuda de las sábanas, más intenso eran los escalofríos. Alguien pronuncia su nombre a lo lejos, casi en un susurro, su rostro aparece en su campo de visión y no logra reconocerlo; pero su figura era femenina y estatura baja. La boca de Bridget se abre para hablar, pero un ataque de tos se lo impidió. Sus extremidades pesaban y las manos que continuaban con sus respectivos vendajes temblaron ante el repentino frio de la habitación. Esa voz vuelve a pronunciar su nombre, Bridget cerro con fuerza los ojos, escondiéndose dentro de las sábanas.
«No está pasando, no está pasando nada» se decía asi misma dentro sus pensamientos, tratando de tranquilizarse.
“Levántate Bridget…” susurra esa voz de nuevo.
Un dolor punzante en su muñeca hizo que chillara de dolor, se quitó las sábanas de encima para sentarse sobre la cama, sus parpados tratan de cerrarse; entonces forma puños con sus manos para estrujarse los ojos y logra ver con mejor claridad. Los truenos y la lluvia fueron parte del escandalo que se formaba en la habitación.
“Ponte de pie, sigue mi voz…” siguió susurrando.
Entonces, Bridget discernió como la puerta de su habitación se abrió lentamente por si sola. Miro hacia la cama de su compañera, quien estaba profundamente dormida sin poder oír o ver lo que presenciaba la primera. Todo su cuerpo se estremece cuando un ardor en su garganta quema como el infierno, provocando que ella respire con dificultad.
“Sígueme…” ordena la voz.
Con valentía la joven se levanta tomando un oso de peluche que siempre conserva cada vez que va a dormir, luego sigilosamente camina directo a la puerta, decidida para ignorar esa voz y cerrar de una vez la habitación, pero el reflejo de una sombra es lo que le interrumpió hacerlo. Se quedo quieta y estupefacta mirando aquella figura femenina, tenia una transparencia y el pelo revuelto por la cara, con su mano manchada de sangre y vestimenta del uniforme Light and Blessings.
“Sígueme…” repitió.
Bridget cerro la puerta con las manos temblorosas, comenzando a seguir esa sombra femenina. Fue caminando despacio y por cada pasillo hasta llegar a las escaleras, cada paso de Bridget mientras bajaba cada escalón provocaba que la manera crujiera, sosteniéndose de la baranda traga saliva con dificultad. En un abrir y cerrar de ojos sus palmas estaban bañadas en sudor. Estaba de espaldas cuando un ruido espeluznante la sobresalta y tuvo que girarse, no había nada, se voltea nuevamente dándose cuenta que la chica había desaparecido. No hubo señal de ella. En ese momento el cuerpo de Bridget dio una sacudida, un relámpago ilumina el largo pasillo del internado – varias bancas y carteleras fueron parte de ello – pero lo que más le llamo la atención a la joven…fue que una de las puertas de la biblioteca estaba entreabierta. Con cuidado fue acercándose hasta asomar su cabeza, en su búsqueda pudo localizar a uno de los estudiantes del internado, Evan Mathews.
Frunció el ceño cuando lo ve, abrió mas la puerta para adentrarse y caminar directamente hasta el varón. Evan se encontraba en una de las sillas frente a los computadores, concentrado en la luz de la pantalla, la joven contemplo como sus ojos azules se veían mucho más oscuros mediante la poca luminosidad de la biblioteca. Un fuerte trueno hizo que Bridget ahogue un grito, ahí el varón detuvo sus movimientos sobre el aparato eléctrico, levanta la mirada encontrándose con el rostro asustadizo de la joven.
― ¿Por qué estas afuera de tu habitación? – pregunto Evan – No creo haberte despertado ¿o sí? – la joven negó – ¿no? entonces está bien.
Evan procedió a prestarle atención al computador, pulsando varias teclas con rapidez, después carraspea la garganta. La lluvia golpeaba los ventanales fuertemente.
― ¿Quieres que te acompañe a tu habitación? – se ofreció Mathews. Bridget como de costumbre, movió la cabeza en una negación – ¿No?, es bastante tarde son las 2:23am y, las monjas podrían regañarte por estar fuera de tu habitación…y a mi tambien ―al decir lo último, ríe sin despejar los labios.
La joven se acercó más, buscando una de las sillas para sentarse justo a un lado de él. Bridget tenia miedo, en su interior presentía que algo malo estaba a punto de pasar.
―Hey, ¿acaso dije que puedes quedarte?, acabo de decirte que pueden castigarte y créeme que no quieres estarlo – dijo Evan con seriedad.
Bridget se mantuvo callada, mirando cada parte de la biblioteca.
―Bien, puedes quedarte niña silenciosa– acepto Evan entre dientes y suelta un resoplido –, pero espero y no me metas en problemas, esta prohíbo que las chicas como tu estén en compañía de los varones. Mucho menos a horas como estas – le recordó mientras pulsa las teclas del computador – estoy jugando en línea, como no tengo sueño me vine directo para acá – explico – ya casi termino ¿ok?
La joven subió los pies a la silla en un gesto involuntario. Evan la miro de reojo y una de las comisuras de sus labios subió mostrando una pequeña sonrisa, el pijama de Bridget le pareció muy lindo y puesto en ella se veía tierna, sobre todo cuando cruzo los brazos sobre su pecho sujetando un oso de peluche; al principio no se había dado cuenta que lo cargaba en sus manos. Se notaba preocupada y asustada, abriéndole la curiosidad al varón.
Los truenos resonaron con fuerza, cada gota golpeaba los cristales de las ventanas, el cielo oscuro y nubloso seguía rugiendo cada vez con mas intensidad. Eran persistentes. Relámpagos iluminaron una parte de la biblioteca, y el trueno que llego después hizo temblar las ventanas. La pantalla del computador se apagó, cada rincón se tiño de n***o con la oscuridad.
―¡Maldita sea! La luz se ha ido – se quejó Evan dándole un breve golpe a la mesa – ¡Casi llego al nivel 86!
Bridget se estremeció de miedo, lo único que alcanzo a ver eran unas breves sombras cerca del mostrador, abrazo con mas fuerza el peluche; mirando aquella sombra con los ojos bien abiertos.
―Bueno, supongo que deberíamos…―Evan se detuvo de golpe cuando gira su rostro a su lado derecho, noto como la joven temblaba ligeramente, ya que un relámpago ilumina el rostro de ella por unos breves segundos – Hey, ¿estas bien? – llamo su atención.
El labio inferior de Bridget tembló, su respiración tan acelerada que preocupo al muchacho, frunció el ceño e intenta poner la mano en su nombro. La joven no se lo permitió, se echó hacia atrás evitando el contacto, pensó que se trataba de una de las sombras.
―Hey, cálmate, solo es un trueno; pronto pasara – intenta tranquilizarla.
Las luces de la biblioteca tintinearon de repente, otro trueno provoca que las ventanas temblaran, el joven subió la vista hacia el techo con extrañeza; después de varios segundos todo volvió a estar en oscuridad.
―Creo que hay problemas con la energía – murmura Evan sin mucha seguridad en voz.
Después de eso, ocurrió algo todavía mas raro que ninguno de los dos se lo esperaba: El monitor del ordenador que usaba antes el varón, se había encendido de repente, quedando solo la luz de la pantalla iluminando la gran biblioteca; se quedaron estupefactos cuando aparece un mensaje de «“Búscame”» en la pantalla con el fondo n***o. Otro trueno se hizo presente.
―No te preocupes, nada de esto es cierto – le dijo Evan – Solo intentan asustarnos.
La luz vuelve a iluminar cada rincón, y tal como llego, se fue. Sucedió varias veces en tan solo segundos. Bridget estaba asustada, demasiado, cerraba sus ojos fuertemente mientras chillaba sin parar. Negó con la cabeza una y otra vez, rogando que todo eso se detuviera.
―Bridget, nada puede lastimar…―un ruido lo interrumpió.
Fue como si algo se hubiese caído en la biblioteca, produciendo un eco en gran parte de cada rincón, luego otra caída mas fuerte hizo que ambos se sobresaltaran.
―Ven aquí – indica Evan susurrando, parándose de la silla. extendió su mano hacia la joven, al principio Bridget duda en tomarla, pero a la final lo hizo.
Ambos se pusieron de pie, Evan frunció el ceño buscando de donde provenía aquel ruido, volteo hacia la derecha y luego a la izquierda; pero no vio nada extraño. Sin embargo, quería averiguar de que se trataba.
―Quédate detrás de mí, algo no me cuadra – ordena en un tono de voz muy bajo, movió la cabeza en un gesto de duda.
La joven se mantuvo atrás de Evan, sostuvo ligeramente uno de sus brazos, para asi; sentirse segura. Ambos se acercaron a uno de los estantes de la biblioteca, fueron dos libros de distintos tamaños lo que provocó la bulla de hace unos segundos.
― ¡Bu!
Bridget se sobresalto y su peluche cayo directamente al suelo, después, como refugio abrazo con fuerza al muchacho de ojos azules. Escondió la cabeza en su pecho, chillando de miedo. Con la diferencia de que el varón no se asusto en absoluto, se mantuvo serio y con los labios en línea recta.
― ¿Qué carajos te pasa? – reclamo Evan. ―Esta todo bien, Bridget, puedes estar tranquila – le asegura Evan acariciando su espalda. El responsable de dicho escandalo era Jake, uno de los estudiantes que más odiaba el muchacho.
―Quería vengarme de ti, eso pasa – respondió Jake, cruzándose de brazos mientras sonríe.
―Pues no te salió bien, necesitas mucho más que eso – le dijo Evan.
―Yo no estaría tan seguro – Jake ensancho la sonrisa, observando como a Bridget se le salían las lágrimas.
―Eres un idiota – masculle Mathews – Nunca te puedes quedar tranquilo sin fastidiar a los demás.
Jake se encogió de hombros, restándole importancia hacia su comentario.
― ¿Cómo sabias que estaría aquí?
―Casi siempre vienes a la biblioteca hasta para tirarte pedos – respondió con obviedad usando un poco de sarcasmo.
―Está prohibido salirse de las habitaciones – le recordó.
― ¿De verdad? – inquirió con falsedad poniendo su mano en el pecho –, pero yo los veo a ustedes dos afuera sin ningún problema, asi que; si ustedes pueden estarlo yo también.
―En mi ya es costumbre, pero a la nueva no la metas en esto.
― ¡Asi que nos salió defensor el muchacho! – exclamo Jake con asombro – ¿Ya te encariñaste con ella tan rápido?
― ¡Aquí nadie se ha encariñado! – defendió Evan con molestia. Bridget se retiró de sus brazos y baja la mirada – No empieces con tus babosadas Jake.
El muchacho subió las manos en rendición.
―Bien, solo era broma – le dijo, dándoles la espalda – mejor me voy…
En ese instante, el varón tuvo que parar sus pasos de golpe, ya que se oyó por todo el internado una de las campanas eléctricas, produciendo un zumbido repetitivo. Los tres fruncieron el ceño, escuchando aquel escandalo con extrañeza.
―¿Por qué las monjas estarían usando la campana a estas horas? – se preguntó Jake.
―No son ellas – pronuncio Bridget. Ambos varones la observaron.
Hubo unos gritos desde el otro lado del internado, justo al ala sur, donde las chicas dormían en sus habitaciones. Los tres fueron corriendo directamente hasta allá.