Capitulo 12.

1519 Palabras
Bridget. ¡Mayor susto había pasado cuando me caí de la escalera! Agradecía que Evan Mathews no se fue hacia otro pasillo de estantería, porque todo hubiera acabado peor. No solo la caída fue lo que me sorprendió, sino tambien la pequeña conexión que tuvimos cuando me atrapo entre sus brazos, era algo que no me había pasado antes. Fue imprevisto, sin planes, como si el tiempo se hubiera detenido en tan solo segundos. Quizás, estaba equivocada y exageraba las cosas, apenas llegue a Light and Blessings y estoy haciendo escenarios en mi cabeza. ―Muy bien, ya que todos tienen sus libros, por favor reúnanse con su compañero o compañera de taller y hagan sus resúmenes. – ordeno el profesor en un alto tono de voz para que escucharan con atención. Los adolescentes colocaron los pupitres justo al frente de su compañero de grupo. Sin decir nada me levanté con cuidado y moví el mobiliario de madera justo delante de Evan, el cual imito mi acción, después nos sentamos abriendo nuestros libros. Aquí llegaba la parte más complicada para mí: Comunicarme con las personas. ―Muy bien – empezó Mathews – ¿Quieres que hagamos mi resumen primero o iniciamos con el tuyo? – pregunto sin verme a los ojos, concentrado en pasar varias paginas de su libro. Evan espero por mi respuesta, pero me quede callada señalándolo muy fijamente con mi lápiz. ―¿Qué? – pregunta, cuando levanta su vista para mirarme, entornando los ojos – ¿Empezamos con mi resumen? ¿es eso lo que quieres decir? – inquirió. Asentí con la cabeza. – Está bien – acepto Evan sin problema – ¿Tu eres un poco tímida no es asi? Es que no has hablado mucho. Me encogí de hombros pasando un mechón de cabello atrás de mi oreja, después, comencé a leer mentalmente para hacer el resumen. Evan se inclino un poco sobre su pupitre para hablarme en voz baja. ―Oye, lo que te conté sobre la chica suicida es cierto – menciona con seriedad – No es bueno que estes sentada en su pupitre. Le mire enseguida frunciendo el ceño. Entiendo que este asiento anteriormente le perteneció a ella, pero eso fue tiempo pasado, ¿cuál era el drama en que me mantuviera sobre él? ¿tenía acaso una maldición o algo por el estilo? No lo puedo entender. Tuve que posar mi espalda sobre el respaldo del pupitre y me cruzo de brazos. ―Hablo enserio, Bridget – susurra con seguridad, negando con la cabeza – No puedes estar en él, mejor dicho, jamás te debieron trasladar aquí. Eleve mis cejas y pestañeo varias veces en desconcierto, dando a entender que aquello me parecía extrañamente raro y hasta sospechoso. Asi que, tomé mi lápiz para escribir en una de las hojas de mi cuaderno, después de terminar…le mostré lo que escribí. «¿Por qué dices eso?» leyó. ―Light and Blessings no es Seguro para nadie – aclaro Evan, dejando el suspenso – Solo te lo digo para que te mantengas informada y andes con cuidado. El profesor Oscar iba pasando por cada grupo para ver el proceso de los resúmenes, mirando desde una distancia prudente los cuadernos. Cuando llega hacia nosotros, Evan y yo nos mantuvimos en silencio. ―¿Todo bien por aquí jóvenes? – indaga con una ceja enarcada. Mathews carraspea la garganta dejando caer su espalda sobre el respaldo del pupitre. ―Si, todo bien – asegura en un simple encogimiento de hombros. El profesor asiente retirándose de nuestra vista. ―En fin, creo que por ahora es lo único que debes saber – se negó en continuar con el tema. Suspire dejando salir aire por la nariz, tenia ganas de averiguar mas sobre el porque nunca me debieron trasladar en este lugar. Chasquee la lengua rendida, concentrándome en la tarea que nos mando el profesor. Evan y yo empezamos a resumir lo que pudimos sobre nuestros libros a escoger, colocando primeramente una pequeña biografía de los autores. Además de que Edgar Allan Poe es escritor, tambien fue poeta y crítico periodista romántico estadounidense, como bien me contaba Mathews uno de sus libros más conocidos es El gato n***o – En el cual puede engancharte en todo ese universo siniestro y oscuro – me llamaba mucho la atención como mi compañero admiraba a ese hombre, se notaba en su rostro que le fascinaban sus escrituras. † ―Muy bien, ahora es el turno de la señorita Bridget y el joven Evan Mathews – anuncia el profesor Oscar haciendo un ademan para que nos pongamos de pie. Cuando había llegado el momento en que todos tuvimos que leer en voz alta, trate lo mejor posible en que me salieran las palabras, pero me fue imposible. Nada en mi funcionaba, como si mis cuerdas vocales se hubieran dañado, me dolía la garganta y era frustrante tener que pasar por esto. La mayor parte de los alumnos me observaron con atención, mientras otros susurraban cosas a mis espaldas, hablando quien sabe que cosas sobre la apariencia o mi extraña forma de comportarme. ―Después de haber gritado tanto, la niña se quedó sin habla – comento un alumno del salón, haciendo que gran parte de la clase se echaran a reír. ―¡Silencio! – ordeno Oscar con seriedad. – Bridget tomate tu tiempo, solo relájate y podrás leer con tranquilidad. ―Si, pero no todo el tiempo del mundo profesor, a este paso creo que se hará de noche y ella seguirá sin decir palabra – siguió burlándose. Entonces, me di cuenta que quien se burlaba era Jake, aprete mi mandíbula aguantando las ganas de golpearlo. ―¡O ‘Sullivan, he dicho silencio! – repitió con advertencia – Si vuelves a burlarte de ella o a interrumpir, estarás castigado. ―Lo siento, profe – se disculpó. ―Prosigue, Bridget. Recuerda respirar y no ir con apuros – aconseja mientras cruza sus piernas y los brazos para observarme con atención. Trague saliva, todos me miraban expectantes. Entonces, ahí todas mis pesadillas regresaron. Las voces, los susurros, sangre…absolutamente lo que menos quería que apareciera. La luz del salón tintineo justo cuando comenzaría a leer, alce la mirada al techo esperando que alguien haga alguna reacción o se den cuenta de lo que pasaba, pero ninguno pudo verlo. Note como un cuerpo alto y transparente apareció justo al fondo del salón, me sonreía manteniéndose quieto, misma vestimenta de esmoquin sucio y mugriento; cabello desordenado y uñas extra largas. Mi corazón se aceleró, principalmente cuando el demonio corta con una de sus uñas lentamente su cuello, provocando que el líquido viscoso de color rojo se deslizara por su clavícula, quise vomitar. Abrí mis ojos de par en par, mi cuerpo tembló ante tan desagradable suceso. El libro que tenia entre mis manos cayo directamente hasta el suelo, al mismo tiempo en que pegue un grito colocando ambas manos sobre la cabeza en una negación. Sentía que me estaba volviendo loca. Cada parte del demonio se dobló, blanqueando los ojos fue inclinando su espalda hacia atrás hasta que deja sus manos sujetas sobre el suelo, caminado con su cuerpo al revés fue acercándose hacia donde me encontraba. Las luces tintinearon con mayor velocidad. Grité hasta que mi espala choca contra la pared, no tenía refugio, de pronto sentí su mano en mi hombro colocándose de pie y abrió tanto la boca que su aliento apestaba. Cerré los ojos sin dejar de gritar. ―Bridget – pronunciaron mi nombre. Seguí gritando – ¡Bridget cálmate! – exclamaron con fuerza. Al abrir mis ojos me di cuenta que el profesor se encontraba delante de mí, junto a la compañía de Evan, ambos me observaban en desconcierto. De nuevo, tuve otro de esos pensamientos, los cuales siempre me dejaban en ridículo. ―Yo…Yo…―titubeo sin saber que decir, me pase la mano izquierda por mi cara, exhalando con frustración. ―¿Qué te pasa Bridget? – cuestiono Evan con una mueca – ¿Te sientes mal? Te encuentras pálida. ―Aquí es donde nos damos cuenta quien es la loca del salón – comento Jake burlón. El profesor señala hacia la puerta. ―Suficiente, ve al despacho de la madre superiora ¡ahora! – ordeno Oscar. ―Pero, profe…―Jake intento hablar, pero fue interrumpido. ―¡Ahora! El chico se levanta con fastidio y blanquea los ojos, agarra su mochila para colgarla sobre su hombro y salió del salón para dirigirse al despacho de Selma. ―¿Necesitas ir con la enfermera o prefieres tomar un poco de aire? – pregunta el profesor con un tono de voz suave. Asentí mientras parpadeo repetidas veces, estaba segura en mi interior que pude ver algo. ―Bien, puedes salir – me dio el permiso. Me sentía juzgada por las miradas que me enfocaban, me miraron como si fuera alguna clase de fantasma. Aunque Jaqueline fue una de las que menos se rio ante los comentarios de Jake, sin embargo, pude notar como sus ojos se entornaban. Agarré mi bolso y hui del salón.
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