Ese hombre no dejo de perseguirla con sus ojos de odio, hasta no verla salir de la iglesia, agarrada de Roxana que bien parecía sentir sus temblores. Lo supo fielmente porque ella al igual que él, giro el rostro en varias ocasiones para reecontrarse con la penetración impecable de sus ojos rebosados de soberbia. Descendieron los escalones en total silencio, lo único que revoloteaba a su alrededor eran los susurros de las personas que caminaban cerca de ellas. Ya con más calma se fueron desplazando por el pequeño parque...todo en linea recta... hasta rebasar esa parte y verse en una zona más despejada, lejos de esa aura que deseaba hacerla cenizas. —Creo que hemos caminado mucho, Melo. —Volvio a mirar hacia atrás apenas su amiga hablo con algo de queja. Para ella no era suficiente el tra

