Montaña III

2682 Palabras
—No puedo dejar de preguntar esto pero ¿Por qué lo hiciste? En serio ¿Por qué hiciste todo esto? Si tú y yo ya éramos pareja y me estabas buscando ¿Por qué no decidiste dar el paso para estar juntos nuevamente? —Dije curiosa. Vicente estuvo reflexionando en esto, pero luego me miro seriamente. —conocer otra Versión de ti me daba miedo. Porque no sabía cómo tú eras ahora. No tenías la misma formación de antes. Eras una chica completamente diferente. Te deje actuar para ver en qué momento sería preciso tenerte y aunque por un tiempo estabas enamorada de mí. Eso es lo que sentías no era solamente mera pasión. No podía arriesgarme así; mejor seguí conociéndote más y cuándo te enamoraste de José no pude evitar sentirme celoso. Pero era tu decisión, no podía interferir y luego cuando tenías tu romance con Ashley simplemente dije: Ya no voy a tenerla y tengo que renunciar a ti, ya que habías elegido en este mundo a quien amar. —Pero ¿Porque entonces me dijiste que me amabas? ¿Por qué lo hiciste? Esos recuerdos, aunque para ese momento para mí estaban ocultos; mi corazón ya sabía quién eras. Con razón no entendía todos esos sentimientos cuando estabas declarándote. Mi yo de otra línea estaba recordando que te amaba. aun así, después de eso. Tú me dijiste que no. Evitaste que estemos juntos. —Por tu bienestar —Dijo triste —No quería arrojarte a esto del tiempo, quería que fueras feliz y estaba reconociendo de que estaba haciendo un error y debo dejar en paz a esta línea temporal, así que por ello me fui a buscar la otra Danna, la Danna de mi realidad. Pero no la encontré y así me llevé una gran sorpresa más cuando vi que volviste a buscarme y esto fue más confuso. Me di cuenta de que tú eres la misma en cualquier línea. Me equivoque al dejarte, no hay duda de eso. Pero lo hice para que seas feliz. Aunque ya veo que tu felicidad es conmigo, y mi felicidad también. Estuve pensando en esto y puede haber un poco de lógica de lo que decía. no estaba convencida del todo, ya que si él me ama, debió de actuar. Pero era entendible, era una Danna completamente diferente. —Váyase desmadre pasó—Dijo riéndose — así que lo que hay que hacer es sobrevivir y hallar a ese hijo de puta que nos está dañando todo el destino. Para luego estar juntos y dejar todo esto bien construido. Asentí y sonreí temerosa. —Te haré una pregunta ahora. ¿Prefieres quedarte en tu línea temporal? ¿O en mía? Aunque en esta línea temporal tienes a tu hermano, Annel y Scarlette. En la otra. Si tienes a Scarlette pero con otro nombre. Y no tienes a tu hermano, Pero si es tu amigo y ambos, Jhosep y Annel, son mis hermanos. No sé si te gusta estar ahí. Todo depende de que elijas. Realmente piénsalo. Irme otra realidad. No lo había pensado. Ya que soy la única Danna; debo de elegir en qué línea temporal estar. Es verdad. Mientras bajamos la montaña medito en esto. Miro a lo lejos y veo que otros cazadores han vuelto de nuevo. ¿Es que ellos no se cansan? No tienen vergüenza. Fuimos rápidamente a la casa y vimos que ellos se querían adueñar de nuestra casa. —Mi amor, ni hablar, date un festín. Yo llevaré los cuerpos a otro lado —Dijo Vicente mientras se sentaba y los veía —Son personas malvadas, tienen a una chica ahí. —Bueno, llévate a la chica para otro lado, yo voy a encargarme con ellos —Dije y me encaminé para donde ellos. Acabe con todos ellos, sin dejar rastro. Le dejé los cuerpos a Vicente, una ver terminado esto, me limpié los restos de sangre y entre a la casa. —Terminé. ¿la chica está ahí? —Si, esta asustada —Dijo Vicente—Quédate con ella. Hablamos en un rato —Dijo Vicente besándome la frente. Él se fue y yo miré a la chica. Esta estaba un poco agolpeada y tenía sangre por varios lados. Me duele el corazón verla así. —Necesitas que te dé una ducha. Somos personas buenas. No me tengas miedo. Ella estaba temblando, a la vez que titubeaba. —¿y los hombres que me perseguían? ¿Dónde están? —Se murieron —Dije con satisfacción. Ella se arrojó a mis brazos y me abrazó con fuerza. —Te agradezco tanto, pero tanto. De verdad. No sabes el daño que me hicieron —Dijo suplicante. Era una chica que parecía de apenas 20 años, me imagino la pobre. —Que te puedo decir. Es mi deber. Mira, báñate, te prestaré ropa y con gusto te llevaré a donde vives. Ella no titubeo en hacer algo y simplemente, hizo lo que le dije. // Después de un rato, ella estaba lista. La llevé al pueblo cercano donde me indico y le hice el favor. Simplemente era una chiquilla que tuvo mala suerte. Volví a casa y Vicente estaba ahí, plantando un gran árbol de navidad. Lo miré curiosa. —Te gusta mucho la navidad al parecer —Dije riéndome. —Si, ya esta cerca el año nuevo y nada mejor que celebrar una buena navidad. Solamente me reí y entre a la casa, para descansar un ratito. // Vicente estaba bastante cariñoso conmigo y sabía lo que quería, es una persona insaciable. —Quería decirte algo hermosa —Dijo romántico. —Dime. —Me enseñaste, que el placer puede tornarse dolor y pena que ahoga el corazón. Dolor de ausencia, pena y soledad, pero también me diste a conocer que puede tornarse alegría felicidad y razón de existir. A ir más allá del placer, de la felicidad y del amor en si pero entre tanta dicha no me advertiste que. Que tal dicha se tornara cual droga para mi cuerpo. Que tu ausencia ya no sería dicha, que el no verte seria sinónimo de soledad y que un vicio mi corazón a batiría. Pero tampoco me enseñaste que el volverte a ver aria que mi corazón estallase en puro jubileo. Que mis sentimientos aflorasen, y que por el solo echo de contemplarte mi cuerpo seria recorrido por un halo de placer. Ha hora comprendo por qué no me enseñaste según qué cosas. Pues el hacer el amor se puede enseñar o aprender del uno y del otro. Pero el amar no se puede enseñar, debe brotar de lo más profundo de cada ser y exteriorizarlo, como nos dicte el corazón pero a la vez poner en ello todos nuestros sentidos. Pues el amor que nace entre dos puede ser algo vello pero a la vez peligroso. Vello si se sabe llevar y convivir con él. Peligroso si nos supera en la forma de expresar nuestros sentimientos. Sentimientos que pueden causar dolor en el ser amado creyéndonos que en realidad estamos dando amor. Por eso te doy las gracias a ti y a la vida. A ti por enseñarme como expresar mis sentimientos al hacer el amor y no estropear algo tan vello y hermoso. A la vida por haberme dado ese don de amar, sentir y gozar, en si gracias a la vida por tanto. Desde mi corazón, no sé cómo ni porque nacen sentimientos no buscados aunque deseados desde lo más profundo de mi ser, a ellos me remito y en ellos me envuelvo regocijándome cual niña con zapatos nuevos. Disfrutando a cada paso del sentir que me hace tan dichosa y feliz y a la vez queriendo vivirlo intensamente a cada latido que mi corazón marca, a cada paso y con cada respiración todo en mi nace cada día con más intensidad y con fuerzas renovadas. Mi deseo se acrecentaba por segundos y su voz tenue y melosa pero a la vez dominante y precisa, me dictaba como debía tocarme y acariciarme al igual que si me lo hiciera el y lo sentí, ¡si lo sentí en mí!, sus manos recorrían cada palmo de mi piel y su lengua resbalaba ensalivando cada pliegue cada rincón, los más recónditos y placenteros que ni yo misma conocía en mí. Me fue marcando un camino desconocido por mí y mis manos fueron deslizándose por mis rodillas y lentamente se fueron arrastrando por entre mis muslos apretándolos y acariciándolos fuertemente, el deseo en mi crecía y crecía, después me pedía que me estirara los pezones lo hice y ¡cielos! Todo me gustaba nunca me había acariciado así y aquello era genial me transportaba al cielo, después me dijo que los retorciera y los estirara a la vez mi boca gemía tanto que me mordía los labios, me recorría los costados con los nudillos de los dedos y mi piel se erizaba estaba temblando, en ese momento deseaba que me penetrara y me hiciera llegar al orgasmo pero cuando me vio tan excitada me frenaba y así alargaba el placer en mí. Así me hizo estar durante mucho rato, posteriormente hizo que me estirara de los labios vaginales primero de los externos, estaba tan mojada que mi flujo resbalaba por mis inglés, lo sentía espeso y rodaba a través de mis piernas, mis dedos entraban sin esfuerzo alguno a esa cueva en la que se centraban todos mis deseos, hizo que me metiera un dedo el medio de golpe y ¡cielos! ahí se desbocó el huracán que desde mis entrañas había estado controlando a base de ternura y pasión y después de agitarlo al ritmo que me marcaba me desate en un orgasmo increíble. Pero la cosa no quedo ahí, él no se conformaba con que yo gozara una vez seguía y seguía ordenándome que siguiera que metiera un dedo más y lo moviera más fuerte y seguido yo estaba extasiada sin fuerzas para seguir pero obedeciéndolo de nuevo seguí moviendo mis manos tocándome y dándome placer tal y como él me dictaba y al poco llegue a otro orgasmo aún más salvaje que el primero, él me decía te quiero, te quiero y sus palabras se introducían en mi mente haciéndome sentirme amada y querida a la vez yo también escuchaba sus gemidos de goce y pensé que no sabía cómo se podía controlar y así se lo hice saber, me dijo que para él era más importante hacerme gozar y sentirme, que llegar era como terminar y que no quería que aquello acabara. Seguimos así largo rato disfrutando de nuestros cuerpos tierna pero intensamente, tuve hasta tres orgasmos seguidos algo inaudito en mi yo que era una persona que me llevaba meses sin hacer el amor y sin tocarme, desde ese momento no se si podría pasar un día sin oír su voz sin sentirlo sin tocarlo sin sentir como mis manos y las suyas son cómplices de nuestros cuerpos y de cómo con el tiempo hemos alcanzado algo tan importante como la complicidad del amor, si del amor ya que estamos enamorados y somos una pareja que aunque en la distancia estamos unidos por sentimientos que son grandes y hermosos y con la necesidad de tenernos en un futuro, a veces lloro de emoción y de alegría al comprender lo grande de lo que sentimos y de cuanto lo disfrutamos y solo deseo el momento de poder estar con él para poder darle físicamente todo mi amor y mi deseo y realizarnos como pareja espero que sea pronto y que podamos vivir manteniendo esta felicidad que nos une y compartir este sin fin de pasiones que nos llevan a un solo camino lleno de goce, de goce de amor // Hoy mientras dormías te observé detenidamente. Me preguntaba cuánto más podría sucumbir a tus encantos, cuánto más podría vivir de tu aire sin sentir que me consumía lentamente. La respuesta era clara. Siempre. Tanto tú como yo sabemos que inevitablemente para bien o para mal estoy ligada a ti de tal forma que necesito cada día, y exponencialmente una dosis de ese néctar de tu ser. Estabas completamente desnudo, las sábanas tapaban parte de ese torso masculino que me vuelve loca. Tenías una expresión dulce y una media sonrisa dibujada en tu rostro. Tuve que reprimir mi deseo de saltar ferozmente sobre ti y apoderarme de tus caricias, vestirte con mis besos húmedos que tanto te gustan. Los bordes de la almohada se marcaban débilmente en la piel de tus mejillas. Besé tu frente, perlada por un sudor cálido y experto seductor. Sabes que me encanta tu olor a macho, ahogarme en él, que sea lo único que respiro cuando estoy contigo. Hiciste un pequeño movimiento general. Las sábanas dejaron entrever tu pene inmerso en sueños. Me estremecí y mi cuerpo dejó de responder racionalmente. Me quité la ropa y me tumbé junto a ti. El frondoso vello de tu pecho rozó tiernamente mis senos. Mis pezones relajados en el calor de la habitación se tornaron erectos, como dos botones. Tomé tu mano y la puse sobre uno de mis pechos. La agarré con firmeza, haciendo movimientos circulares sobre él. Fue entonces cuando creo que empezaste a despertar. Pegaste tu cuerpo al mío, y la misma mano que acariciaba mi pecho y pellizcaba mi pezón excitado bajó recorriendo mi vientre hasta el comienzo del clítoris. Tuve un espasmo. Tenía la v****a especialmente lubricada, tus dedos se deslizaban sobre ella con una increíble facilidad de movimiento. El sonido de la humedad de mi entrepierna, el tacto de mi piel y el saberme cerca y entregada a ti hicieron crecer tu pene. Llevé una de mis manos a tu entrepierna y acariciando la cara interna de tus muslos subiendo lentamente te arranqué 3 suspiros contados. Cuando llegué a tus testículos y me centré en ellos lanzaste un grito ahogado como prueba del inmenso placer que te proporcionaba. Seguí la ruta y encerré entre mis dedos tu grueso e hinchado pene. Mi mano se movía acompasada a tu respiración. Todos los días recuerdo como susurras en mis oídos cuales y como son tus preferencias. Haciéndome saber lo mucho que te gusta que te acaricie. Tu mano seguía buscando entre mis muslos, mientras te estremecías de placer entre mis brazos. Uno de tus dedos se abría paso por mi cálida cueva. Más tarde fueron dos. . . Me incorporé y me arrodillé frente a ti, que seguías tumbado y embriagado. Abrí mis piernas y me coloqué justo encima de ti. Llevé la cabeza de tu pene a mi boca, la rodeé con mi lengua y fue introduciéndose poco a poco. Mis labios hacían una agradable presión en toda su extensión. Desde la base hasta la cabeza. Tus manos acariciaban mi pelo, guiándome por el camino hacia tu placer. Me levanté de nuevo y caminando sobre mis rodillas me acerqué más a ti, hasta que noté entre mis piernas el calor de aquel pene ensalivado dispuesto a invadir mis entrañas. Bajé con sumo cuidado, la penetración fue perfecta, el deslizamiento firme y suave. Paré un instante y nos miramos a los ojos. Tus manos se posaron en mis caderas y comencé entonces el vaivén. Arriba, abajo...arriba...abajo... movimiento circular para mejor acceso. Qué lentitud y que sutileza, me elevas al séptimo cielo pero me asustas. . . Me asustas porque me veo indefensa cuando no te tengo, me veo perdida, perdida al igual que me pierdo en los terribles orgasmos que me desencadena tu cuerpo. Disfruto mirando tu rostro, sabiendo que te gusta que te acaricie tanto como a mí me gusta. Sabiendo que cada beso es compartido con esa intensidad que me mueve por dentro. Sigo subiendo y bajando sobre ti, ahora tus manos agarran las mías, me apoyo en ellas para continuar...estoy a punto de...ahora te siento, esa descarga que me quema por dentro, mi cuerpo se contrae y un escalofrío recorre mi espina dorsal. Tras el éxtasis me tumbo sobre tu pecho. Ya pueden pasar segundos...minutos...u horas. No me arrepiento. Ya es 31 de diciembre.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR