La Montaña II

1950 Palabras
Ya he hecho la tienda de campaña y he disfrutado toda esta tarde. No puedo dejar de mirar como admiración a Vicente. Estamos pasando muy buen momento. Subir esa montaña ha sido lo mejor. —¿Estás disfrutando? —Pregunté con curiosidad. —Pues sí, es bastante maravilloso. Estas vistas, estos valles. Sin duda son sublimes y maravillosos. Creo que he dicho la palabra maravilloso muchas veces —Se río —Me encanta andar contigo. —Uy, qué romántico —Dije sonriendo. Me quité la ropa y desnuda entré a la tienda de campaña para acostarme en el pequeño colchón que teníamos para acurrucarme con él. Vicente Se abrazó conmigo y ahí empezamos a mirarnos con amor. —Esta pregunta te va a parecer extraña —Dije pensativa—Pero ¿podrías contarme sobre mi otra yo? de la chica que te enamoraste… Quisiera oír a ver cómo era. —¿Enserio? ¿Te gustaría saber cómo eras en otra línea temporal —Dijo mirándome curioso. —¿Sí, por qué no? —Dije riéndome. —Bien. Aquí te voy a contar—Dijo acomodándome —Tú eras una chica muy curiosa, aún lo eres. Pero eras bastante curiosa. Te apasionaba la astrofísica, la química, todo referente a la naturaleza, la biología. Eras bastante pues entregada esta materia yo era solamente un químico que andaba por ahí. A ti te interesaban los astros, la física cuántica, te interesaban los planetas del universo, la materia y todo lo que rondaba. Me fascinó esa parte de ti y nos conocimos mientras andaba en mi forma de lobo. Tú estabas con tu tía. Creo sí fue así como me dijiste —Dijo riéndose —Yo te vi antes en el McDonald’s. Desde ahí me empecé a enamorar. Eras tan hermosa como ahora. Y aunque se puede decir que fue amor a primera vista. No lo creo así. Porque después tú conociste a una chica, te hiciste amiga de ella. Básicamente, ustedes eran inseparables, uña y mugre. Yo quería acercarme a ti pero eras bastante aplicada, bastante inteligente, y no sabía cómo hacerlo. Además de que tu amiga decía una realidad de que es difícil que me enamore de ti. —Curiosamente, puedo recordar algo de ellos. Pero es un recuerdo vago y es lo soñé. Que bueno que lo que soñé es real. —Deberías hacerle caso a tus sueños de ahora en adelante —Dijo irónico. —Creo que sí. Continua. —Y la única forma que se me ocurrió de llegar a ti fue pues fingir que estaba herido frente en la puerta de tu habitación. Me viste y me entraste al cuarto, sanaste mis supuestas heridas y ahí hablamos un poco. —No creo que fue exagerado. ¿Digo, sí? Es bastante exagerado, podías hablar como una persona normal ¿sabías? —Yo quería sorprenderte. Tenía un poco de miedo de que me rechazaras y te hable de una forma estúpida. Me reí por su acción, pero seguí escuchándolo. —¿Y qué pasó después? ¿De ahí nos enamoramos? —Dije curiosa. —Nos conocimos mejor, hablamos por teléfono y todo iba bien, todo iba normal. Y luego bastante excelente. Nos acercamos mucho más hasta aquí. Te lleve a mi casa una noche. En que la Universidad estaba haciendo una actividad y no querías participar y ahí nos dimos nuestro primer beso. Fue una cosa muy linda. Después de ahí, te enteraste de que yo era rico y vivía solo. Confié en ti para revelarte eso. Y luego empezaron las luchas. —¿Contra que estaba luchando? Básicamente creo que yo tenía la vida resuelta. Si tenías dinero, claro. Parezco una interesada pero solamente digo la verdad. —Había otro hombre lobo de mi Manada que era Tyler. Te quería caer bien y quería hablarte. Para nada hacía y de la única forma que se te acercó fue de forma grotesca. Así que lo rechazaste, obviamente. Pero él quería tenerte así como con todas las chicas de la universidad. Bueno, no lo dejé. Y tú tampoco lo dejaste, ya que él te desagrado desde el principio. —Vaya, pero qué drama, pero qué intenso. Estaba muy intensa en esas épocas ¿no crees? —Si todo estaba de locos. Gracias a esas peleas y a que mi Manada te quería conocer y que si eras mi mate y esas cosas de lobos, pues no tenía mucho tiempo para Universidad y terminaron por sacarte del plan de becas y de la universidad. ahí tomaste una decisión y me casé contigo. Tu tía, al principio estaba un poco asustada por lo que había ocurrido con tu Universidad, pero salimos adelante. Te llevé a una Universidad prestigiosa, eres inteligente y no podía dejarte así. Estudiaste en Harvard y fuiste una excelente científica. Ambos nos graduamos juntos y fue el mejor día de nuestra vida. Vaya. Si que llegamos lejos. —¿Quién diría que pude destacar en inteligencia? Creo que es cuestión de práctica y dedicación. —Así debe de ser —Dijo irónico —Bueno mi reina, usted salió adelante y de eso me siento bastante orgulloso. —es algo de lo que es sentirse orgulloso, así que debería de mantenerlo en alto. ¿Quién lo diría yo estudiando en Harvard? Y claro, aunque hacemos cosas increíbles, pues Es un gran mérito estudiar en Harvard. —Eres una grande, preciosa, eres magnífica. —Qué adulador. Amor, nos miramos fijamente. Mientras nuestras miradas se deleitaban en lo que era el amor y cómo no hacerlo si estábamos preparados para tener un momento de pasión. // Las puntas de tus dedos se posicionan sobre mi muñeca derecha, recorren mi brazo erizando mi piel y llegan a mi hombro mientras que ligeramente muevo mi cabeza para que nuestras miradas se encuentren durante unos segundos. Se agita mi respiración. Me muevo para dejar mi cuello al descubierto, pero tus dedos ya no están ahí, solo siento el calor de tu respiración cuando, involuntariamente, me arqueo por el roce de tus dedos en mi espalda. Me entusiasmas, te deseo y solo puedo aferrar mis manos al borde del sillón. Cierro los ojos para grabar tus caricias en mi piel. Te alejas y me desconciertas, un minuto, hasta que siento tus manos en mis rodillas, subiendo hasta empujar levemente mi camisa casi abierta. Una de tus manos sigue por mi vientre, pasa por mi ombligo y acaricia el centro de mis pechos. Te detienes un momento y me observas, con mis ojos aún cerrados soy yo quien ahora se muerde los labios. Tu mano sigue el recorrido, acaricias mi cuello y la dejas ahí, sonrío y me besas. La excitación y el deseo se apoderan de nosotros. El peso de su cuerpo me empujó contra la pared, su mano rozó mi mejilla y siguió hasta enredar sus dedos en mi cabello con un fuerte tirón levantó mi barbilla dejando al descubierto mi largo cuello el primer beso lo depositó en el hueco que se forma justo al inicio de la clavícula. —¡Eres hermosa! Beso lento cada centímetro, provocando una sensación de placer que se expandía por mi cuerpo, una sensación de picor que se intensificó en la punta de mis senos y un fuerte calor que se apoderó de mi entrepierna, cuando por fin llego a mi boca mis labios lo esperaban con ansia con un suspiro que escapó cuando sus labios tocaron los míos, me beso lento primero y con más intensidad después. Sus labios abrieron los míos, lo dejé hacerlo. Hizo suya mi boca y la disfruto a placer mientras yo me entregaba de igual manera a saborear su lengua, sus labios, su calor. Con su mano libre tomó mi mano luego beso dulcemente mi muñeca, hizo un camino de besos sobre la palma de mi mano y cada uno de mis dedos hasta las yemas, introdujo uno a uno mis dedos en su boca, sus caricias eran suaves y se replicaban en otras partes de mi cuerpo luego puso su mano en uno de mis pechos lo tanteo como tantas veces lo ha hecho, primero acariciando el contorno luego una suave caricia sobre el pezón, un suave movimiento que me cortó la respiración, que sentí en mis entrañas, bajo por la línea de mi cuerpo, tomó mi trasero y me pegó más a él mientras su rodilla derecha se metía entre mis piernas, yo no podía pensar en otra cosa que no fuera ese duro musculo pegado, presionando y palpitando de una manera deliciosa contra mi parte más íntima. Me sentí humedecer gota a gota, poco a poco cómo lo hace el rocío matutino en los pétalos de las flores. Mis labios llovieron ante sus caricias. Mis manos se morían por tocarlo parece que me lee el pensamiento. —Tócame No me negué, mis manos cobraron vida propia y comenzaron por sus anchos hombros bajaron por su espalda y tocaron sus duras nalgas. Hacían ese mismo recorrido una y otra vez mientras su boca y la mía se encontraban y reconocían. Se separó de mí, sus ojos despedían fuego, vi algo en su mirada; era hambre, hambre de mí y eso aflojó mis rodillas. Sentí su aroma de hombre, fuerte como él, también un poco de sudor que en este caso me enloqueció, no pude aguantar para llevarlo a mi boca. Mi sexo brinco de ganas al escuchar su gruñido cuando lo introduje a mi boca, eso me hizo hervir por dentro y no pare. Empecé a besar toda su extensión, a lamer, pasé mi lengua por cada vena marcada en su polla, tomé con mi boca sus testículos metiéndolos y succionando despacio de ellos. Sus dedos se enredaron en mi cabello, acariciaba y sostenía mi cabeza pero me dejo llevar el control y el ritmo, acariciaba mi cabeza mientras le daba placer. Quería consentirlo, él me había consentido todo el día y ahora yo quería hacerlo. Me dejó ir hasta el final, sentí como se puso rígido, sentí sus piernas temblar mientras su espeso magma salía de lo más profundo de su ser en medio de sus gruñidos. Luego de unos momentos en que me pareció que sus piernas no lo sostenían tomó mi mano y me ayudó a levantar me condujo al sofá más cercano y con un suave empujón me tiró de espaldas a él. Sentí sus manos por mi cuerpo, acaricio mi espalda, mis nalgas fueron las preferidas. Recorrió mis muslos hasta las pantorrillas, luego fue su lengua, esa pequeña parte de su boca me sabe tratar bien. Sentí su nariz hundirse entre mis nalgas y su lengua jugueteando por mis pliegues me llevó al éxtasis de la misma forma que momentos antes yo había hecho con él. Entonces sus dedos y su boca tomaron el control me llevó por un viaje de placer hasta que su cuerpo recuperó la dureza y pudo penetrar mi cuerpo ansioso de él. —Te deseo, ya —Sí Sentí su peso sobre mi cuerpo. Entró en mí fácilmente, yo lo esperaba, mi cuerpo lo deseaba, mis labios palpitaban por él y lo cobijaron con mi humedad y calidez. De mi boca escapó un suspiro cuando sentí como me abría para él me llenó completamente y comenzó a moverse tranquilo conteniendo sus movimientos cuando yo lo que necesitaba era su descontrol sentir sus embestidas cada vez más fuertes, más profundas, más constantes… Me lo concedió, su ritmo cambió y poco a poco el placer me inundó de nuevo. Yo quería más, mucho más de él y él me lo dio, su cuerpo sudoroso cayó sobre mi espalda, sentí su corazón acelerado pegado a mí, su respiración estaba igual que la mía, descontrolada...
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR