Todo está listo, al fin. Todo está arreglado. Todo está bien.
Mi corazón late rápido en este momento. Estamos a punto de viajar en el tiempo ambos y no me puedo imaginar lo que haiga detrás. Tengo nervios, no sé qué me pueda esperar. No creo ser capaz de desempeñarme y hacer todo lo que hacia la otra yo. Me siento muy extraña para con esto. Miro a Vicente un poco preocupada y este solo me sonríe.
—No te preocupes, veremos como sale esto ¿okay? —Dijo sonriéndome —Ya te expliqué como harás todo, solo respira hondo y tratemos de buscar una solución.
—Lo sé. Y me siento fuerte pero esta situación me hace dudar. Aunque bueno, tengo que avanzar, ya hemos llegado lejos. Estamos aquí y ahora, solo hace falta prender esta máquina.
—Así se habla amor mío. Eres fuerte y valiente, yo te conozco bien. Podrás con esto.
—¿gracias por tu apoyo? —Dije sonrojada —Bueno, muchas gracias.
Esperábamos que la luna este en su punto más alto, para poder proceder. Esta noche, a diferencia de muchas, estaba más brillante y con bastantes nubes. Extrañaré bastante esta época, me hubiera encantado venir cuando taita estuviera viva.
Ya no era hora de lamentos. Ya debíamos de irnos.
La máquina se encendió, ya es la hora.
Agarré la mano de Vicente fuerte y este solo se sonrojo. El portal se abrió ante nosotros y sin más, pasamos. Sentimos como nuestros cuerpos se elevaban por un momento, al mismo tiempo que nuestra vista se nublaba y todo se veía extraño. Mis ojos lograron captar un momento el paso lineal hacia la otra línea, era muy diferente a un viaje en el tiempo normal. Poco a poco mis ojos lograron captar a mi reflejo nuevamente, pero este se desvaneció.
//
Llegamos. Todo estaba bastante diferente a como recordaba. Aun era de noche, vengan a ver estaba todo iluminado y la sierra de Bahoruco, en donde estábamos, parecía un basurero.
¿Qué carajos?
Bueno, supongo que no todo parece estar de acorde con la época.
—Bueno, aquí estamos en el año 1940 de mi línea temporal, donde se desata la segunda guerra aún —Dijo Vicente mirando el reloj.
—Esto se ve muy futurista. Creo que estamos en una línea temporal extraña —Dije fascinada.
Aunque claro, lo rustico de la época estaba, pero veía todo estos lados más… ¿desarrollado? Todo es muy increíble. Es como si estaba en el siglo XXI pero con aires del XX. Es que ni siquiera puedo reconocer tanta maravilla. Me siento feliz de que haya crecido mi pueblo pero… se siente raro a la vez.
—¿Aún existe la casa de taita en este lugar? —Dije observando todo, si parece ser lo mismo, pero no lo es.
—No. Vivimos en Harrisburg ahora, recuerda eso —Dijo él un poco triste.
—Qué pena —Dije lamentándome.
Fui rápidamente a dar una inspeccionada rápida, oía la voz de Vicente llamarme, pero quería asegurarme si aún estaba ahí la casa de taita. Creo que no pero…
Pero…
El lugar donde estaba la casa ahora es un edificio de supermercado.
—Oh no, taita. Tenia unas pocas esperanzas… quería que en esta línea temporal si existiera ella.
—No te vayas así de nuevo, por favor —Dijo Vicente un poco enojado.
—Lo siento —Dije triste.
—No te preocupes amor, al menos pudiste disfrutar esa casa a lo máximo. Eso si fue una gran ventaja —Dijo abrazándome.
Había algunos chicos en la calle, por lo general, todo esta solitario en la noche. Parece que hoy es día de fiesta. Nos miraban curiosos, mi vestimenta era un tanto diferente a la de ellos, es ropa pegada.
—Tienes razón. Aunque bueno, la profanamos mucho —Dije riéndome.
—Somos recién casados, que se puede esperar —Se rio con ganas.
Me dio un tierno beso en la calle y nos abrazamos con amor. Se podía ori unas risitas de fondo, así son los niños.
—¿Qué día es que elegiste para estar aquí al final? —Dije curiosa.
—Bueno, elegí una semana antes de… haya pasado la tragedia —Dijo un poco nervioso.
—Oh—Solo pude decir.
Bueno, se supone que es en esta semana que me van a matar… que cosas.
—¿Nos iremos a Harrisburg verdad? —Dije irónica.
—Ya lo haz dicho. Ahora necesito que superemos nuestra velocidad, quiero que lleguemos a Estados Unidos antes de amanecer —Dijo susurrándome.
—¿Cómo lo haremos? ¿nadaremos y correremos?
—Si —Dijo con determinación.
//
Nadamos, corrimos, seguía a Vicente a todos los lados por donde nos desviábamos. Por el momento, los electrochoques parecían dejarme en paz. Eso está bien. Harrisburg al parecer estaba muy lejos, no recuerdo haber viajado tanto en mi velocidad máxima.
Aunque solamente han pasado media hora, no puedo quejarme.
Mis habilidades tienen desventajas, se agotan rápidamente y tengo que beber sangre continuamente. Tuve que cazar dos ballenas en este trayecto. Estoy bien de fuerza, solo que si consumo sangre humana fresca estoy mejor.
—Llegamos —Dijo Vicente parándose de golpe, yo tuve que frenar de emergencia.
Casi me caigo.
—Joder, sabes que soy muy rápida —Me reí.
—Perdón bebé —Dijo riéndose también.
—Exactamente ¿dónde llegamos? —Dije curiosa.
—En Harrisburg. No estamos en la casa, pero si en el camino que nos lleva a ella.
Solo observaba campos y montañas, de alguna forma se me hacían familiares.
¿No son los lugares que vi en sueños?
Creo que sí, la chica de mis sueños pasaba por estos lugares. Percibía sangre humana por la zona, se me hacía bastante apetitosa.
—No tardo —le dije a Vicente y empecé a correr.
Encontré una chica, curioso, nunca había bebido la sangre de una chica. Esta parecía que andaba de fiesta, ya que estaba ebria. Me voy a lamentar por esto, de verdad.
Bebí su sangre de forma desesperada y sin darme cuenta, la asesiné.
Oh, no.
Mierda, tenia que hacer algo estúpido ahora. Me puse las manos en la cabeza mientras veía el cadáver ya tirado. Que estúpida soy.
—¿Sabes que es una estupidez lo que acabas de hacer? —Dijo Vicente detrás de mí.
—Si, lo es. Aún no controlo mi sed de sangre. Supongo que soy una villana en todo esto —Bufé cansada.
—Okay, vámonos. Hablaremos en la casa.
Vicente se transformo en lobo y me montó encima para llevarme a toda velocidad a lo que sería, una hermosa choza de madera.
//
Esta casa… está muy guay. Es acogedora, como una cabaña, solo que se ve mas moderna. Tiene su chimenea y todo. Parece de ensueño.
—Tu tienes una particularidad, sabes decorar muy bien —Dijo Vicente riéndose —No pensé que volvería a estar aquí —Dijo nostálgico.
—Tenemos una hermosa casa—Dije feliz.
—Bastante hermosa. No me imaginaba estar aquí contigo ahora, sinceramente —Dijo riéndose.
Me dio un tierno beso en la boca y yo empecé a saborearlo. Parece que la sangre que había digerido me estaba haciendo efectos hormonales, ya que me sentía más caliente de lo normal.
—Te he echado de menos, y es que no puedo estar sin ti —dijo él.
Sentí miedo de responder, de romper aquel hechizo. Como si el comprendiese mi temor, me estrecho entre sus brazos. Sentía su pecho contra el mío, sus latidos se confundían con los mios y me invadió una sensación cálida y acogedora. Me sentía a salvo, tranquila en sus brazos.
—Quiero que seas solamente mía— me dijo mientras me besaba la frente.
Cogí su cara entre mis manos, respondí a esa frase con un beso, prometiéndole que lo seria por siempre. Comenzó a acariciarme la espalda suavemente, recorriéndola de principio a fin. Pasé mis manos por su pelo, bajando por su cuello hasta llegar a su pecho, me detuve para mirarle una vez más a los ojos. Le amaba, más que a nada en este mundo, y lo añoraba. El también a mí, nuestro amor no se había desvanecido, seguía vivo.
El hundió su cabeza en mi cuello, me lo besaba tiernamente, y yo lo agarré y lo atraje hacia mi fuertemente. Ante mi reacción, sus besos tiernos dieron lugar a unos muchos más salvajes. Notaba su lengua y como me mordía. La pasión nos invadió, estábamos hambrientos el uno del otro. Me deje llevar, sentía un torrente de sensaciones, amor, tranquilidad, placer...
Heche la cabeza hacia tras dejando mi cuello totalmente al descubierto, el seguía besándolo. Abrí los ojos y vi las estrellas. Lo más hermoso era sentirlo, sentir la pasión y que todos esos puntitos de luz a lo alto del cielo fuesen testigos de toda esa pasión que ahora nos invadía.
Le quité la Camiseta y recorrí su espalda y su pecho desnudo lentamente, tenía la piel muy suave. Besé sus hombros, el aroma de su piel me enloquecía. Comenzó a desabrocharme la camisa despacio. Esta finalmente calló.
—Te deseo— le dije al oído con suavidad.
Mis palabras eran ciertas, demasiado ciertas. Él sonrió como un niño pícaro y me tomo en brazos para después arrodillarse. Yo quede encima suya, notaba su m*****o muy excitado bajo sus pantalones. Me besaba el pecho y acariciaba mi piel, me estremecí de placer por ello. Empezamos a movernos como si estuviéramos haciendo el acto s****l, y note mis ropa interior muy mojada.
Él se dejó caer hacia atrás con la espalda en la arena, me quite el sujetador y el agarro mis pechos. Nos miramos con complicidad, los dos nos decíamos todo el amor que nos teníamos con solo mirarnos. Sonreí y el me agarro de la cintura para tumbarme encima suya, me cogió el pelo y me beso. Seguíamos moviéndonos, frotando nuestros cuerpos el uno contra el otro. Me dio la vuelta, ahora era yo la que estaba sobre el piso.
La notaba fría de bajo de mí, pero no me importaba, estaba demasiado caliente. Siguió besándome, bajando por mi cuello, recreándose en mis pechos y luego recorriendo mi estómago, sus manos desabrocharon mis vaqueros. Seguía bajando y pronto estaba completamente desnuda.
Le agarré el pelo y lo conduje hasta mi coño, empezó suavemente a acariciarme el clítoris. Se humedeció los dedos con su boca mirándome apasionadamente, acto seguido mientras seguía mirándome note como sus dedos entraban en mi v****a, se movían despacio, cerré los ojos y me deje llevar, sentí su lengua moviéndose en mi clítoris.
Arquee la espalda de placer, estaba gimiendo. Poco a poco aumento el ritmo. No tarde en tener el primer orgasmo, acto seguido me incline para terminar de desnudarle, agarre su polla y comencé a masajearle, notaba como se excitaba cada vez más, se mordía el labio de placer y verlo me excitaba más a mí. Me la metí en la boca y se la comí con pasión, notaba como se estremecía.
Estaba a punto de correrse así que me beso la cabeza y me invito a tumbarme de nuevo en el piso de la casa. Estaba encima de mí y yo tenía mis piernas completamente abiertas deseando que me penetrase. Empezó a hacerlo despacio poco a poco, primero solo la puntita, la sacaba y cada vez metía un poco más. Note su polla grande dentro de mí, ese m*****o grande y caliente.
Nos movíamos suavemente, acariciándonos la piel y besándonos. Aumentamos el ritmo, ahora me penetraba salvajemente. Los dos gemíamos de placer. Llegue a mi segundo orgasmo, uno muy intenso y prolongado. Pocas veces había experimentado uno como aquel, fue como una explosión de placer. El no tardo en correrse, note todo su fluido caliente dentro de mí.
Volvimos a recomponernos, pero era tarde, el deseo nos consumía por más.
(Vicente)
Te pedí que te dejaras puesta la camisa que solo el sostén te quitaras, al hacerlo tu mano regreso a sostener mí ya duro m*****o, lentamente los comenzaste a acariciar, mi mano fue tocando tu abdomen y fui subiendo poco a poco, al llegar a tus senos la mano que todavía tenía libre la fui acomodando delicadamente en uno de tus senos, mi caricia te puso aún más roja, mi rostro cambio a un tono igual al tuyo, con mi pulgar comencé a apretar suavemente el hermoso pezón que sobre salía, tu mirada se dirigió al espejo que estaba detrás de mí y lograste ver como eras tocada sensualmente, no solo sintiéndolo sino también viéndolo, lentamente comenzaste a usar más los espejos que nos rodeaban, sintiendo un poco de curiosidad, tomaste mi mano y la apartaste de tu seno, la comenzaste a bajar, con la otra mano subiste hasta donde pudiste la falda, dejando al descubierto las panties hermosas.
Sin saber cuál era tu curiosidad hasta que terminaste de colocar mi mano sobre tu zona rosada, nuevamente tomaste mi m*****o y lo volviste a acariciar, mi mano que dentro de tus panties estaba comenzó a acariciar gentilmente esa hermosura rosada, te comencé a besar, pero al rato me pediste ver como eras acariciada por mi mano, tu cuerpo se llenó de mil emociones al verte ser tocada gentilmente, tu respiración fue terriblemente rápida, no tenías una mirada directa hacia el lugar porque era cubierta por tus panties.
Al no poder más dejaste de acariciar mi m*****o y me permitiste hacerte llegar a ese punto agradable de satisfacción, tu mirada apartabas de los espejos pero rápidamente la volvías a posar sobre ellos, tu curiosidad te mataba, verte ser tocada fue una sensación satisfactoria, cada vez más te ponías aún más colorada, tu excitación reflejada sobre el espejo nos excitaba cada vez más, tu cuerpo tembloroso sentía terminar y dejar escapar un grito de total placer.
Al terminar mi caricia, te levantaste y removiste tus pantis lentamente, cubierta por la blusa que llevabas puesta, sin perder de vista como mis ojos te comían, te demostraban mi deseo total por hacerte el amor, al terminar de quitarte la ropa faltante te paraste frente a mí y me preguntaste si me gustabas, sin dudar te dije que sí, haciendo que te agacharas y nos besáramos un largo rato, finalmente te sentaste en la cama y me pediste que me pusiera detrás de ti, y que te hiciera temblar con mis dedos.
Sentados ambos ahora en la cama, comencé a mover mis manos a tus senos, después a tus hombros, suavemente, muy delicado baje a tu ombligo, y lo talle con mis dedos, mis labios daban interminables besos a tu cuello y tus hombros, fui subiendo mi mano derecha, acariciando en todo el camino hasta tu boca, al llegar moví mi dedo delicadamente alrededor de tus labios, haciendo que abrieras tu boca, aproveche a meter mi dedito y acariciar tu lengüita, cerraste suavemente tu boca, tu lengua y labios acariciaron mi dedo, como lo hacías a mi m*****o, esa sensación fue tan grata, que hizo sentir celoso al ser que se levantaba más de entre mis piernas, tu podías sentir el leve roce que le daba a tus pompas, tu mano alcanzo a este ser que se alzaba y lo comenzó a agitar suavemente, saque mi dedito de tus boquita y lo fui rozando a lo largo de tu cuerpo pasando por en medio de ti, hasta llegar a tu hermosa zona, mi dedo todavía húmedo por tu saliva fue rozando los labios que cubrían la hermosura de tu interior.
Pose mi mano en toda la sensibilidad de tu zona, escondiéndola de tu mirada, abría y cerraba mi mano dándote una caricia tremenda, justamente en mi mano fui sintiendo como iban incrementando de tamaño los labios que rozaba, te recostaste sobre mí y me pediste que te viera al espejo, ambos volteamos a ver el espejo, podía ver cómo te acariciaba y como tú me acariciabas, nos comenzamos a besar sin dejar de acariciarnos, los gemidos no faltaron, la respiración se incrementaba y se cortaba en lapsos anormales.
Lentamente fuiste abriendo más y más tus piernas, mis ojos se sintieron dichosos a poder ver el color de tu interior, que hermoso color rosado, la húmeda que mis dedos te había ocasionado le daban un resplandor delicioso, nuevamente soltaste al ya no más poder mi m*****o endurecido, tus piernas ya no podían cerrarse, tus ojos junto a los míos se clavaron al espejo, con voz cortante me decías que ya casi, que ya estabas a punto de alcanzar esa satisfacción.
Gritando más y más, gimiendo debido al placer, mi mano te cogió un seno y lo acaricie para darte aún más sensibilidad, ambos viendo al espejo con una excitación terrible, tu boca temblaba mis labios se hacía de agua, mi apetito por ti incrementaba, tus senos se movían debido al movimiento brusco de las contracciones delicada v****a, mi dedo que entraba y salía de dichosa parte sentían como apretaban tus contracciones, no quería parar ni tu tampoco, la suavidad de tu interior la tocaba mi dedo y solo me decía que debía seguir más y más y más, de repente ambos vimos terminar aquella caricia que en vez de dejarnos cansados nos dio aún más fuerzas para seguir.
Con tu voz sensual me dijiste que te hiciera el amor como nunca antes te lo había hecho, siguiendo tus deseos que ya ratos se habían hecho mis deseos, me aparte de tu espalda, te recosté lentamente en la cama, procure no entrar en ti hasta que hubiera tocado con mi lengua todo tu cuerpo, me acosté a tu lado y bese tu rostro sin parar, tus labios me volvían loco, tu boca tenía un sabor delicioso, nos abrazamos fuertemente.
Comencé a besar tu cuello cuando tú me dijiste que llegara rápido a tus senos, al estar sobre ellos me pediste que besara tus pezones y que los acariciara gentilmente, no solo hice eso, también bese y lamí alrededor de las hermosas aureolas, baje y baje, besando sin parar, tu ombligo me atrajo y me dispuse a hacerlo mío, mis labios lo rodeaban, mi lengua lo lamía sin fin, tu abdomen fue presa de mis besos, baje y hasta llegar a tus pies te pedí te dieras vuelta que quería besar el otro lado de tu ser.
Tu cuerpo yacía boca abajo en la cama, mis ojos se deleitaron con tal espectáculo, subí besando por tus piernas hasta llegar a tus hombros, me quedé admirando tus pompas, solo podía pensar en lo hermosas que se miraban, luego mi boca se hico nuevamente agua, volteando a ver tus nalguitas solo pude decirte lo deliciosas que se miraban, con miedo a que te enojaras, debido a mi comentario
Me acerque lentamente, cuando tú me dijiste que no me preocupara, que lo único que quieres es gozar a mi lado, me acerque a ti, mi lengua y labios se postraron en tus pompas, sin fin las bese, bese cada rincón de tus pompas, no sabía hasta donde parar, sin darme cuenta hice que te levantaras, al abrir mis ojos vi esa hermosura rosada que mis dedos habían tocado hace un momento, no pude esperar más, tu sobre tus rodillas y manos, me acerque más por detrás, separe con suavidad los labios de tu deliciosa hendidura y me puse la tarea de secar los jugos de mi amada esposa.
No podía creer lo que mi lengua hacia tus manos flaquearon quedándote recostada sobre ellos, los únicos que te soportaban eran tus piernas que ya habían comenzado a flaquear también, tu palabras me motivaron aún más, al decirme que querías que yo siguiera con mi caricia pero que tus piernas ya no podían soportarte más, me pediste que me acostara boca arriba, me dijiste que te sentarías en mi pecho por el momento, que solo querías que yo siguiera con la tarea que me había puesto, me pediste que te avisara si no te gustaba la posición que tomarías.
Luego de decirte que lo haría, te moviste hacia delante, mis ojos miraban venir más y más cerca esa hermosura rosada, me acercaste más y más esa preciosidad, hasta colocarla en mis labios, todavía sentada en mi pecho mi lengua comenzó sin fin a tocar todo lo que mis ojos miraban. La tarea estaba por terminar, cuando todo volvió a estar como estaba, humedad por todos lados, pero no podía decir que no había sido delicioso porque si lo había sido.
Lentamente te levantaste y te moviste a mi m*****o, con tu voz sensual me dijiste que deseabas tener mi pene en tu boquita, sería el uso de las palabras la que me puso a mil, no podía creer lo que me habías pedido con esas palabras, de mi mente no salían las palabras "quiero tener tu pene en mi boquita", al saber que tú ya te me habías adelantado a mi respuesta, me puse de un color rosado, la caricia sin fin era tan deliciosa, interrumpiéndote te pregunte si de verdad lo querías tener en tu boquita, sin decir nada, pude sentir tu respuesta con tu lengüita, cada ondulación de mi m*****o sentía las caricias de tu boca, haciéndome el fuerte te dije que ya quería estar dentro de ti, con una sonrisa hermosa sacaste de tus labios mi erguido m*****o, y te dispusiste a practicar la sumisión conmigo.
Al ponerte sobre mí, tus piernas separaste lentamente, con la ayuda de tu mano guiaste al ser que acababa de estar en tu boca a tu interior, tu rostro se volvió colorado al haberte visto introducirte mi m*****o a través del reflejo del espejo, lentamente te levantabas y bajabas, comenzamos a sellar nuestra noche con la más grata sensación, el roce era lento pero delicioso, ambos podíamos sentirlo así, mis manos lleve a tu cintura para ayudarte a subir y bajar, tus ojos seguían clavados al espejo de enfrente y los míos al espejo de un lado.
Ambos concordamos que hacíamos el amor bien hermoso y delicioso, ambos excitándonos más y más continuamos el ritmo con el cual habíamos iniciado, no nos detuvimos para nada, el fin del roce se sentía cerca, con tu voz sensual y excitada me decías que esperarías hasta que ambos estemos por terminar, que querías llegar hasta el fin a mi lado, mi sonrisa te cautivo y por fin despegamos los ojos de los espejos, y ahora los clavamos a nosotros, tu admirabas y tocabas mi pecho y rostro, mientras que yo admiraba y tocaba hasta donde alcanzaba, tus senos fueron el límite mayor y tus muslos el menor, el roce ya me había puesto al borde, te lo dije inmediatamente, en tu rostro se miraba lo mucho que te habías aguantado hasta llegar a nuestra terminación juntos, no pudimos más y gimiendo con fuerza dejamos escapar la sensación grata de nuestros órganos.
Quedando rendidos respirábamos con fuerza, dándonos besos sin fin, en mis suspiros, te decía con fuerza que TE AMO, perdí la cuenta de cuantas veces te lo dije, acaricie tu espalda y nos cubrimos con la sabana, al estar abrazados juntos, te diste vuelta y me preguntaste si me había gustado, mi sonrisa roja te dijo el sí, luego de preguntarte lo mismo, salió otra pregunta, con miedo me preguntaste lo que más me había gustado, pero que te lo dijera con las palabras científicas y correctas, me sonreí y te dije lo picara que eras, pensando en que no te lo diría estabas cuando te lo dije, colorada por escucharlo, me preguntaste si lo haría en ese momento a tu lado, los papeles había cambiado, ahora el rojo era yo, después me dijiste que tú también querías hacerlo, me decías que siempre lo habías querido hacer a mi lado, así que mi respuesta fue que sí, que estaba bien y que como siempre te cumpliría todo lo que pidieras.
Tu sonrisa colorada fue hermosa en ese momento, con rapidez quitaste la sabana que nos cubría, me acosté a tu lado derecho, mirándote a los ojos me quede, a lo lejos logre ver como ibas bajando tu mano hasta tu hendidura, tus ojos se desviaron de mi rostro para ver bajar mi mano a mi m*****o, sonriendo entramos en un trance sensual y nos comenzamos a acariciar por el otro frente a frente, en qué momento dejamos de hacerlo, no sabría decirte, pero solo sé que después fue mutuamente tu a mí y yo a ti, así pasamos la noche hasta rendirnos al placer de nuestros cuerpos, en ambos había una sensación de satisfacción por haber compartido algo más que una sensación, pusimos nuestros cuerpos a la merced del otro.
Después de esa noche, las cohibiciones desaparecieron, ambos nos hablábamos con mucha sinceridad y sin titubear. Las noches de amor y placer eran increíbles, algunos días que ni siquiera nos tocábamos y disfrutábamos, aprendimos a usar no solo el tacto para satisfacernos mutuamente, ya usábamos todos nuestros sentidos, sin duda alguna fue ese aniversario en el que nos entregamos mutuamente por primera vez de tal manera, desde entonces cada noche es igual, pasamos de 2 a 5 horas disfrutando de nosotros en la recamara, cada noche llegamos ansiosos para gozar mutuamente, ya no hay tabúes para nosotros, no hay nada de lo que no hayamos hablado, es increíble como compartimos ese momento, tú lo sabes bien, que delicioso es gozar con alguien a quien ama tanto, es sin duda la experiencia más hermosa, sé que es la primera vez que hicimos todo esto pero sé que no será la última.
//
Acurrucados, jurándonos amor eterno y estando más que acaramelados, sentimos unos pasos en la puerta y nos miramos. Miramos al frente y la persona que estaba enfrente era la última que podíamos pensar.