El amanecer del séptimo día había llegado. Ya estamos llegando a lo que sería nuestro primer destino. Emocionada por esto, pues me bajé del barco y agarré a Vicente, llevamos nuestras cosas tranquilamente. Estábamos en un puerto a Estados Unidos, no sabía qué lugar. Pero sí cerca de Canadá.
Los demás escogieron un rumbo, si nosotros nos encaminamos a las montañas, Vicente ya había caminado por esos lugares y conocía más o menos guiándose, ya el conocía mas o menos ese lugar.
Para mi todo es raro ya que la cuestión es que en el siglo 21 todo está diferente. Yo creo que todo está lleno de edificios en este momento y todo está muy muy transcurrido, pero ahora lo que veo son montañas y una que otra casa. No es muy bonito que digamos el estados unidos de ahora que el del siglo 21.
Caminamos un rato hasta tratar de salir de la vista de todos, ya que estaba amaneciendo. Teníamos que buscar un lugar para que el sol no me queme a la hora de caminar tenemos que salir también en la noche. Para que nos sea mucho mejor.
Nosotros encontramos una cueva antes de salir el sol. No era una cosa muy cómoda, pero lo bueno es de que más abajo había una especie de Arrecife natural y como solo necesitábamos la sombra, estaríamos bien por un buen rato.
De seguro viven osos aquí.
Nos establecimos un poco sin desempacar tanto y nos sentamos mientras nos mirábamos con diversión. La nieve cubría poco a poco los campos que veíamos, aun no estaba bien asentada.
—Qué bueno que te alimentaste muy bien, estaremos caminando un buen rato. Hasta encontrar la cabaña que te hablo.
—¿Exactamente es una cabaña tuya? ¿Tú la hiciste?
—Bueno, era la cabaña de mi abuelo —Dijo sonrojado.
—Tu ¿abuelo? Interesante. De verdad. No sabía que tenías descendencia de Canadá.
—Sí, De hecho mi abuelo vivía por acá en esas zonas, ya sabes. Era un ermitaño, se podría decir. Trabajaba como un minero de carbón y depende del oficio. Esa es la casa de mi abuelo, mi padre vivió ahí y mis tíos y todo lo demás. Pase mis primeros años de vida ahí hasta que nos mudamos a otro lugar, ahora conocido como Seattle, De Estados Unidos.
—Y por quien tenías riquezas si tu abuelo era trabajador en una minería de carbón y si tu padre aprendió el oficio opino que igual…
—Mi mamá. Ella era de una familia de clase alta. Le dio un trabajo a mi papá y ahí ambos emprendieron negocios rentables.
Espera.
—tú contaste una historia cuando estábamos con Scarlette. Cuando estábamos en la misión. Contaste acerca de la historia de una chica de la que te enamoraste porque su familia es de clase alta y no querían que estén juntos y por tu color, claro, también te rechazaron. ¿paso en realidad? Me llego ese pensamiento porque hablaste de tu madre —Dije curiosa.
—Sí y no —Dijo pensativo —La historia en si paso, pero no soy yo quien estaba enamorado. Era la historia de mis padres, mi madre se llamaba Havana y mi padre, Jorge. Es un amor tan lindo e impresionante que solo de recordar cuando me contaron su historia me pongo la piel de gallina.
—Qué bonito. Me da ternura el hecho que hayas tenido unos padres maravillosos. Es algo de admirar.
—Permíteme, bella dama ¿si puedo robarle un beso?
—No me tienes que pedir un beso y más si me vas a robar. ¿Por qué no lo haces?
—¿Okay? —Dijo irónico.
Se acerco lentamente hacia mi y empezó a besarme con ternura, con cariño, con calma. Una calma tan enloquecedora que me hacía besarlo con pasión y deseo. Pero no, quería hacerlo lento, suave, tranquilo. Disfrutando todo su ser en mi boca.
Empezamos a besarnos mientras subía la temperatura y así estuvimos por un rato. Hasta que se elevo las cosas un poco.
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Se desprendió de su vestido ofreciéndole sus prietas carnes, su firme cuerpo, sus redondas caderas ya maduras, sus senos turgentes…
Él le acarició la espalda, estremeciéndola, apretó sus nalgas fuertemente, ella podía sentir su dureza, se incorporó y de repente ella fue amazona y él caballo salvaje al que había que domar. Se sentó sobre su enhiesto pene, introduciéndolo muy lentamente en su húmeda v****a, podía escuchar como él rechinaba sus dientes de placer. Y comenzó la pelea, caballo-jineta…
Sus senos se movían acompasadamente al ritmo de cada embestida, él los apretaba, los pellizcaba, los halaba, haciendo que su deseo creciera más y más... Cuando estaban a punto de alcanzar el máximo paroxismo, él les dio vuelta para quedar encima de ella, y acometiéndola con salvajes empujes, acabaron juntos en una comunión de fluidos, agua de mar, arena y sal y con sus nombres pronunciados en gritos que hacían competencia al graznido de las aves en su vuelo matutino…
Aquí estamos tú y yo en una noche cualquiera de un día cualquiera como si el tiempo nunca se hubiese ido, como si la magia no hubiese desaparecido; el tiempo nunca se paró y por eso nuestros corazones se aceleran, nuestras miradas se funden en una, estamos atrapados…, atrapados sin poder escapar, prisioneros de nuestra sed de amar, de nuestra sed de follar.
No hay nada capaz de calmar nuestras almas hambrientas de sexo. Desde que estamos separados nuestras almas han seguido unidas, echándose de menos, sintiendo esa desesperada ausencia.
Nuestro nuevo encuentro no ha sido fortuito, hemos quedado a la entrada de esta cueva oscuro que nos dará la intimidad y el cobijo necesario para abandonarnos al arte de amar. Uno frente al otro nos vamos aproximando lentamente, de nuestras bocas sale el vaho del frio del invierno pero eso nos da igual.
—Cuanto te he echado de menos, te digo con todo mí ser; he estado solo contigo, dentro de mi mente y en mis sueños he besado tus labios y he amado tu cuerpo mil veces —Dijo Vicente entre besos.
—Y yo a ti —respondo deseosa— te he deseado cada segundo de nuestra ausencia, eres todo lo que siempre he deseado y mis brazos están abiertos a ti porque tú sabes exactamente que decir y sabes que hacer y yo…, yo…, quiero decirte tantas cosas…, te amo.
—¿Qué soy yo sin tu amor? —pregunto suavemente— te he tenido tantas veces pero de alguna manera quiero más.
—¿Y yo sin el tuyo mi vida? — respondo sin dudar.
Tímidamente, como si fuésemos dos principiantes, nos damos la mano y nos dirigimos al interior de la cueva, su oscuridad nos engulle, estamos atrapados.
Una vez en su interior nos dejamos llevar por los besos.
Mi lengua busca la tuya al igual que la tuya busca la mía, nuestras lenguas se unen en un baile húmedo, de sabor intenso, nos abrazamos sin parar, nos besamos sin cesar, nadie nos ve, estamos solos en este callejón, solos tú y yo, atrapados por el deseo y la pasión.
Atrapados en nuestro universo, en nuestro mundo de sensualidad, en la magia de nuestros seres, de nuestras almas, en el movimiento de nuestros cuerpos, en el tacto de nuestras manos, en el sabor de nuestras bocas, en el aroma de nuestra piel.
Apoyado en la pared, tus manos inquietas tocan por debajo de mi abrigo mis piernas, acariciándolas, haciendo una sensual lectura de mi piel y lentamente, poco a poco, van subiendo hasta descansar en mi culo.
Tus manos son tan sensuales, tan apetecibles. Sigues subiendo por mi espalda sintiéndola a través de mi abrigo hasta que llegas a mi nuca, donde tus dedos se deleitan ofreciéndome el placer de las caricias, ofreciéndome todo un sueño, ofreciéndome lo que tanto deseo.
Mis manos lentamente te bajan la cremallera de tu abrigo y te lo quitas tirándolo al suelo.
Sigo con mis besos alimentándome de tu ser al igual que tú te alimentas del mío.
Como una vampiresa hambrienta absorbo tu energía, te chupo el cuello, te muerdo, te deseo, he deseado esto tanto tiempo.
Tu polla esta erecta por el placer visual que me proporcionas, por el placer que me haces sentir, erecta por el placer de tus besos, erecta por el calor de tus abrazos.
Suavemente…, despacio…, te bajo el pantalón, dejando tu m*****o al descubierto, no llevo nada debajo al igual que tú y empiezo a notar el calor de tu polla. Con mi mano izquierda te sujeto los huevos y con mi mano derecha tu polla.
Poco a poco recorres con tu lengua tus hermosos labios para mantenerlos húmedos mientras me miras a la cara, te vas arrodillando…, poco a poco abres tu boca para atormentarme y excitarme acercándola a mi polla, respiras en ella y la soplas con tu aliento caliente, sacas tu lengua y me tocas el glande…, me atormentas…, quiero más.
Abro mi boca más y más y poco a poco tu m*****o desaparece en ella, empiezo a comerte la polla, con mi mano esparzo mi saliva y tu líquido pre seminal por toda tu polla, no paras de mirarme. Continúo mi larga lamida sobre la punta de tu polla extendiendo tu líquido seminal con mi lengua.
—¡No dejes de mirarme y disfruta! — te digo con mi mirada de deseo.
Después de un rato comiéndome la polla te ayudo a levantarte y seguimos besándonos, de pies…, frente a mí…, lentamente te subo la falda y coloco tu coño caliente y húmedo sobre mi polla, lentamente empiezo a entrar en ti, siento tu calor, el fuego me abrasa, la humedad de tu sexo me quema la polla.
—¡Uh, que gustazo sentirte de nuevo!
Empezamos a movernos despacio…, sin prisa…, tu polla entra y sale de mi coño perfectamente lubricada, llena de nuestros cálidos fluidos, la noto tan caliente, expandida en todo su esplendor.
De repente…, paramos de movernos y nos quedamos unidos…, quietos…, disfrutando del momento, noto como de mi polla sigue escapándose líquido pre seminal, pero no importa, seguimos besándonos.
—Dame tu lengua—te digo lleno de excitación — ¡uhhhh más…, así…, así…, que buena esta, que bien sabe! ¡quiero más! ¡quiero estar unido a tu lengua toda la eternidad!
Continúas besándome, recorriendo con tu lengua, esa lengua perfecta, los lóbulos de mis orejas para continuar bajando por mi cuello; sigues poco a poco, bajando lentamente, por todo mi cuello y a la vez me vas desabrochando mi sensual vestido hasta que dejas mis tetas al aire, las besas…, te las comes…, las lames, las disfrutas… ¡uhhhh…, que gustazo!
—¡uhhhh, así…, que bien me comes las tetas! —Respondo excitada— ¡qué bien lo haces, como lo echaba de menos!
Con mi polla dentro de ti, empiezo a tocarte el coño con mis dedos, lo acaricio notando nuestros sexos y empiezo a follarte de nuevo, sé que te gusta que te toque el coño mientras estas llena de polla; ahora mis manos pasan a agarrarte tu culo para apretarte con fuerza contra mi polla.
Muevo mis caderas de forma sensual, haciendo pequeños círculos, me follo tu polla con gusto mientras tú me aprietas con fuerza y deseo mi culo sin dejarme escapar.
—¡Tírame del pelo! ¡vamos!, a que esperas! — te digo apresurada; sin dudarlo me estiras del pelo a la vez que noto como tu polla entra todo lo que puede en mi coño quedando atrapada no la dejo escapar.
—¡Quiero tu leche dentro de mí! — te digo deseosa de más; ¡necesito sentir el calor de tu semen! ¡vamos estoy ardiendo de placer, derrámate dentro de mí!
—¿Eso quieres?, ¡me gusta que me lo pidas y lo sabes al igual que sabes que yo sé que te gusta que me corra dentro de ti! ¡qué buena estas!, ¡qué bien hueles! ¡si sigues así…, la tendrás, tendrás toda mi leche en tu interior!
Mis movimientos son cada vez más fuertes, apretándote con fuerza contra mí, en algunos momentos parece que me vayas a atravesar el coño con tu polla. Nos agarramos de las manos. ¡Exclamas…, gimes…, noto que estas a punto de correrte, noto el calor de nuestros miembros y yo estoy contigo hasta el final!
Esta es una ocasión especial en la que nuestros mundos son completamente iguales y estamos preparados para la explosión final. No podemos aguantar más el inevitable derrame de nuestros fluidos internos, por eso nos venimos juntos, a la vez, siendo un solo ser nos vaciamos en un orgasmo increíble.
—¡Vamos córrete!
—¡Yo también me corro nena!
Esta fue una de las mejores corridas que hemos tenido.