—¿Gabriela? —preguntó la tía de Ji.
—¿Si? —respondió sorprendida.
—¿Por qué estás asi?... Piensas de porque estas aqui, ¿no es así?
—La verdad, no entiendo nada. —respondió Gabriela. Su tono era vago.
—A veces no es bueno hurgar en los detalles pequeñuela, solo cierra los ojos y confía en tu esposo, y no lo digo por que lo conozco desde que nació, sino por que sé que mi Ji es un buen muchacho, él es bueno como el mismo pan. —inquirió tía Miley.
—Si —respondió la chica sin mucho ánimo.
—Conozco al abuelo de Ji, Joau Yin es terco y le gusta poner su deseo en las personas, seguro Ji está aplanando el camino para ti.
—Ese es el detalle, no quiero que nadie me ayude a aplanar ningún camino, solo quiero ser yo misma y ser aceptada —explicó Gabriela, tia Miley suspiró al oír lo que dijera.
Por la tarde la joven salió a caminar en un parque cercano a la vivienda de tía Miley, siendo una zona de casas exclusivas, el parque quedaba en un lugar muy bien arborizado sobre la misma circunferencia.
Sin darse cuenta, tanto el señor Joau Yin como Gabriela terminaron en la misma zona del parque.
Después de que la joven hubiera caminado un largo trecho, se sentó debajo de un enorme árbol centenario, solía ser el lugar favorito del anciano el abuelo de Ji.
Al ver a la joven sentada en su lugar favorito, a Joau le llamó la atención que alguien más estuviera ahí.
—Oye jovencita, ¿Que haces en mi espacio favorito? ¡Retírese ahora mismo! —exigió sin dudarlo.
Gabriela volvió a ver al anciano y sonrió sin tomar en serio su exigencia. Ella incluso habló con mucha paciencia.
—Abuelo, diría que tanto tu como yo podemos disfrutar de la sombra de este árbol centenario, pero le diré una cosa, me iré solo por respeto a su edad y no porque crea que usted tiene la razón.
Al anciano le causó gracia ver marcharse a la jovencita, pensó que la chica era agradable y graciosa, el anciano pensó en ese momento en su propio nieto y creyó que emparejados serían lindos, entonces dijo a su conductor.
—Llámala, deten a la joven —su hombre de confíanza titubeó pensando que iba a castigar a la chica, pero el abuelo Joau aclaró del porque quería hablar con la joven.
—No te preocupes, solo quiero invitarle a descansar aquí abajo del árbol. —el conductor se apresuró detrás de Gabriela.
Unos minutos después regresó con Gabriela, el anciano miró a Gabriela y le dijo que se sentara en una silla reclinable, le pasó agua mineral refrescante, luego de eso se dió cuenta que Gabriela se había dormido sentada, se rió de lo confiable que se mostraba y murmuró.
—¡Qué chica tonta y confianzuda!
—Es tan confiada, no sabe que intenciones podríamos tener, y ella duerme ahí sentada.
Veinte minutos después Gabriela ya estaba despierta y se veía repuesta, ella dijo:
—Abuelo, gracias, usted ha sido muy amable de dejarme descansar, ahora ya puedo irme a trabajar.
—¿Vives cerca? —preguntó el anciano y Gabriela respondió honestamente.
—Estoy hospedándome cerca, pero decidí salir a tomar un poco de aire. Caminé mucho, pero ya estoy repuesta las energías.
Se inclinó reverenciándose al señor Joau y caminó alejándose del lugar.
—¡Espera, quédate un poco más! —la chica se detuvo y volvió para mirar al abuelo con escudriño.
—Señor, ¿que intenta? le informo que estoy casada.
—Tu, ¿tan joven, y ya casada? —el viejo Joau estaba asombrado.
—Si, bueno no era mi intención casarme, pero yo con quién ahora es mi esposo coincidimos en un trabajo en Francia, debíamos volver el mismo día en la madrugada, pero estuvimos en la última reunión con unos socios, todos eran hombres de negocios.
—Ya nos íbamos, pero no sé que sucedió, amanecimos juntos en el hotel esa persona y yo. Al saber lo que había sucedido no pude soportarlo, huí de ahí antes que él despertara.
—Hace poco nos volvimos a encontrar, el hombre me dijo que yo debía hacerme cargo de él, que debía casarme con él. —el anciano se rió, pero no de manera burlesca.
—Que triste tu historia —dijo Joau, pensativo.
—Si, muy triste... —dijo Gaby mirando hacia los árboles.
—Primera vez que escucho decir a un hombre que una mujer se encargue de su honor.
—¿Es malo acaso? —preguntó la chica.
—No, no me refiero a eso, pero creo que a esa persona le gustas mucho y no sabe como decírtelo y te salió con semejante cosa de que debes hacerte cargo de su honor.
—¿Crees que los hombres no tienen honor que cuidar? —el anciano se suspendió en el acto, pues la pregunta de Gabriela lo había dejado en ascuas.
—Pues eso depende, depende en mucho que clase de persona sea ese hombre. —dijo Joau sonriendo a la joven, ella ya le había agradado.
Al irse Gabriela, la cara del anciano quedó inmerso en sus propios pensamientos, él se dijo entre murmullos.
—Ella haría una buena pareja para mí querido nieto, si tan solo no fuera una extranjera como la madre de mi querido Ji.
—Señor, si me permite darle un consejo, yo creo que ella es linda.
—Depende si es linda para qué —gruñó al conductor.
—Esa arpía de Miley vive cerca de por aquí, ¿no es así? —le hizo la consulta a su conductor y su sombra.
—Si señor.
—Seria bueno darle una visita inesperada —dijo Joau.
—¿Que tiene en mente señor? —este se suspendió de su agarre y dijo en sentido irritado.
—Mi nieto ha estado muy fuera de sí, me temo que la arpía de Miley le sabe algo, quiero descubrirlo.
—Pero señor, ya ha oído la frase de que quien busca encuentra ¿es lo que quieres?
—Probablemente —respondió, y miró con ojos fulminantes.
Mientras tanto...
En su enorme mansión ubicado en la mejor zona de la ciudad, Aiony Lee estaba frente a su padre y abuelo. Ella casi hablaba a gritos partidos.
—¡Abuelo fui muy humillada en esa casa! —lloró quejándose.
—Si hubieras visto como fui tratada en esa casa, no se los perdonarias a nadie de esa familia —dijo sintiéndose agraviada.
En ese momento entró su medio hermano Ricky Lee, él tomó una manzana del centro de la mesa y dijo jugando en broma a su hermana Aiony.
—Ay, ya veo que encontraste a una nueva víctima, ¿cómo podrías decirlo así eh, eres una loca?
—Ricky no empieces a mortificar a tu hermana —regañó el abuelo.
—Jajaja abuelo, ¿que le hice? solo dije la verdad, Aiony es tan infantil, cree que debe gustarle a todos y así no funciona el mundo. —dijo el hombre mientras le pegaba mordiscos a su manzana verde.
—Como Ricky es un bastardo, él me tiene envidia, por eso dice lo que dice, pero yo estoy segura que él estará a favor de cualquiera y no de mi.
—Tu lo que estás es loca, ¿por qué te envidiaría a ti infeliz? mírate, das lástima buscando a un hombre comprometido. —dijo Ricky.
—¿Que has dicho? Eres un grosero y petulante —gruñó Aiony muy enojada.
—Explica eso de que está comprometido el joven heredero, el nieto de los Kim no tiene novia, eso todo el mundo lo sabe. —vociferó el abuelo Lee.
—Bien, crean en lo que quieran, después no digan que no se los advertí —dicho eso, dió la vuelta para desaparecer de la vista de todos.
El abuelo Lee marcó el número móvil del abuelo se Ji Yasuf Kim, él estaba nervioso de que esta unión no se llegara a dar. Respondió su asistente, este le pasó el mensaje al señor Lee.
—El señor Kim está con una visita y no puede atender ahora su llamada. —dicho eso, colgó la llamada.
El abuelo Lee se sintió muy agraviado, y aunque se le explicó que estaba atendiendo una visita no lo creyó. Bueno era su problema si le creía o no.
Joau Yin estaba a punto de descubrir una nueva verdad al llegar a casa de Miley.
Su prima que hacia mucho tiempo atrás, no hubiera creído verlo llegar a la entrada de su casa, pues él no solía visitar a la residencia de la señora Miley. Quien viera llegar al anciano fue la misma Gabriela quien se sorprendió.
—Señor, ¿usted aquí? No me gusta que me siga, le recuerdo que soy una mujer casada —dijo mostrando agravio.
—¿Usted aquí? —pronunció el anciano mirando a Gabriela de pies a cabeza, solo él podía saber lo que su mente maquinaba.