Luego de dejar el apartamento de Amelie llego a mi PH, en el distrito de dos de Zürich, al lado occidental del lago. Es un hermoso apartamento en Kreis con vista al lago del lado contrario al de Amelie. Asalto el minibar y tomo mi botella de Macallan 18 años madurado, fuerte, como me gustan. Me sirvo un trago puro que deslizo por mi garganta y mientras el calor de éste empieza a hacer estragos en mi sistema, me sirvo otro contemplando la noche que cae y hace bajar la temperatura.
No esperaba esta sucia jugada del abuelo Finn. Él más que nadie conoce mis secretos y la debilidad que representa para mi Amelie.
–¡Puta madre abuelo, maldita sea!– camino de un lado al otro bebiendo ya directamente desde la botella.
El aire me falta y no me hallo en este apartamento, no esta noche, en definitiva beber solitario no me ayudará, así que tomo mi chaqueta y me dirijo hacia el extremo norte del distrito, donde son muy comunes los salones de cocteles elegantes y los bares modernos que atraen a una multitud después del trabajo.
–Un poco de sexo sin compromiso me relajará– me digo a mi mismo, tomo las llaves de mi auto y no me importa que ya esté un poco intoxicado, voy rumbo al norte.
Llego al bar y me acomodo en la barra, pido mi bebida. A pesar de ser martes hay muchas personas en él, gente que sale de su trabajo y que desea calentarse o simplemente disfrutar de un trago con unos amigos. A lo lejos un rubia platinada, delgada me hace caras… se muerde sensualmente su labio inferior y cruza sus piernas mostrándome sus muslos a través de la abertura de su falda, es de mi agrado visual, así que llamo al mesero y le envío un trago mientras sigo con mi bebida haciendo contacto directo con ella.
Espero…
Ella recibe mi recado y levanta sus cejas haciendo un ademán de brindis mientras toma sensualmente de la copa, le respondo y sé que mi trabajo ya está hecho. Me giro y sigo con otro trago mientras muchas mujeres se acercan a coquetear conmigo. Luego de unos minutos la rubia se levanta de su mesa y se sienta a mi lado.
–Y dime preciosa…¿Qué tan rudo te gusta?
–¿Qué tan rudo estás dispuesto a llegar?– me responde con una mueca descaradamente coqueta
–No tientes al diablo preciosa si no vas a poder con su fuerza.
Termino mi trago y dejo sobre la barra el dinero de lo consumido, la tomo de la mano y la llevo hasta mi auto, creo que he bebido demasiado, sin embargo poco me importa si llego vivo o no a mi destino.
La rubia sube y arranco mi Mercedes de color rojo edición limitada haciendo chillar sus ruedas, cosa que parece encantarle porque suelta una carcajada mientras mete su mano en mi entrepierna.
–Vaya, vaya… que agradable sorpresa– me dice mordiendo su labio inferior.
Ladeo una sonrisa y sigo conduciendo mi auto hasta el motel más cercano antes de chocar con algo debido a mi tamaña irresponsabilidad de conducir en este estado. Cuando al fin llegamos a la habitación, la tomo con fuerza y la tumbo sobre la amplia cama de la suite de motel.
–Entonces no bromeabas cuando me dijiste que te gustaba rudo– me dice con un tono sensual que empieza a producirme náuseas
Agarro sus mejillas con una sola mano y ella me clava su mirada sensual, entreabrebiendo los labios esperando que la bese.
–Sin besos– le digo y hace una mueca de decepción, no me importa lo que piense, yo no beso a nadie.
Sigue tratando de provocarme, lleva uno de mis dedos a su boca y lo lame como una paleta de helado dulce, pero en serio, no produce ningún efecto, desliza su mano en mi entrepierna y empieza a masajearla con la intención de ponerla dura.
–Desnúdate– Le ordeno y la suelto con fuerza
Hace lo que le pido, contoneándose y mostrándome su lencería, yo me desprendo de mis ropas ignorándola, ciertamente lo que hace no me excita, busco en mis bolsillos los preservativos que había comprado previamente y los dejo a la mano.
–No te quites los tacones– le ordeno y ella asiente mordiendo sus labios y dándome una expresión lasciva… no quiero verle la cara, me desconcentra –De espaldas– le vuelvo a ordenar con mi voz fría y obedece.
Tomo su cabello con una mano y con la otra la someto hasta tenerla en cuatro. Enredo su pelo, aumento la presión en él, nalgueo su trasero sin piedad, hasta dejar estampada mi mano en su glúteo cretino, ella grita del dolor y el placer que le produce mi castigo, lo sefgundo lo sé por el fluido que empieza a generarse en su entrepierna, en otro momento estaría duro pero ahora no. Debo hacer un esfuerzo sobrehumano para que mi hombría se levante… maldito alcohol… Ella está excitada, mojada, expectante… Toma sus manos y me abre su trasero para que tenga acceso fácil. Cuando logro al fin que mi comprañero de lucha se despierte, luego de enfundarlo entro de un solo movimiento, hasta el fondo, ella emite gemidos y pide por más fuerza, embato sin piedad su coño mojado, muerdo sus hombros y espalda, sigo repartiendo nalgadas a su trasero y sus gritos de placer a llenan la habitación. Con la mano libre tomo su cuello y aprieto, ella parece quedarse sin aire, su rostro enrojece.
–Si, así, más duro…
Me dice casi ahogándose. Odio su voz… me desconcentra… poso mi mano y la callo, grita y gime a través de la barrera que le he puesto. Continúo dándole con fuerza, sus tetas rebotan y las tomo con mi otra mano libre, magreándolas, pellizcando su pezón, cacheteandolas, sintiendo como se erectan con mi trato. Sigo acallándola sin dejar de arremeter contra su humanidad.
La cargo sin salir de ella para tumbarla de espaldas por completo en la cama, la monto y ella gustosa me levanta el trasero para un mejor acceso, aprisiono sus manos detrás de su espalda y continúo dándole sin descanso, estoy duro como una piedra pero no estoy sintiendo el más mínimo placer, sus gritos siguen inundando el espacio, la forma en que empieza a apretar mi m*****o me indica que está cerca del orgasmo.
–Si, sigue, castígame más…
Otra vez su fastidiosa voz que me llena de ira, la tomo del cabello con fuerza y parece gustarle más de lo que creí, sigo dandole todo mi falo con fuerza.
Abro su culo y ella automáticamente me lo levanta como brindándolo en bandeja de plata, saco mi m*****o de su v****a y cambio a su otro orificio que arremeto sin piedad, esta vez son sus gritos de dolor y su intento de escapar lo que me obliga a tomarla fuerte de la cintura y la aprisionarla en esa exquisita tortura, para ella.
Mi mano baja hasta su clítoris y empiezo a estimularlo, ella grita suplicando porque no me detenga, pidiendo en medio de guarradas que no pare… ¿y quién mierda dijo que me voy a detener? meto dos dedos en su interior y la follo con mi mano mientras mi v***a sigue destrozando su culo enrojecido por las nalgadas. Continúo hasta que se derrama, su respiración se vuelve arrítmica y escucho su risa ahogada y llena de placer… Maldición… tengo ganas de vomitar.
Salgo de ella y la aparto con desdén, me quito el preservativo y entro a darme una ducha con agua fría, al parecer hoy no tendré el desahogo que necesito.
Suspiro…
Salgo del baño y la rubia se encuentra tumbada en la cama desnuda con las piernas abiertas y los tacones aún calzados.
–Vístete– le ordeno
–La noche es jóven– me responde con su pose de “fem fatale” y relamiendo sus labios –Todavia hay muchas cosas que podemos hacer.
–Dije: Vístete– le digo tajante
–Pero no vi que acabaras– me reclama –Déjame darte las gracias por tu excelente servicio.
Ya esta estúpida colmó mi paciencia, odio la insistencia ante una negativa, la tomo del brazo con mucha fuerza, se queja y patalea pero no la suelto –Dije que te vistieras y de verdad me enfurece tener que repetir las cosas.
–¡Eres un maldito imbécil!– me grita y la libero de mi fiero agarre. Ella empieza a recoger su ropa y a vestirse enojada. Hago lo mismo sin importarme un comino cómo se siente.
–Toma un taxi– Aviento unos euros en la cama, ella grita y reclama que no es ninguna prostituta, que no necesita mi dinero, sigo caminando sin prestarle atención a su perorata, tomo mi chaqueta y abro la puerta de la habitación.
–¡Te crees la gran cosa maldito estúpido!– me grita mientras termina de vestirse y yo salgo del lugar dejándola sola.
Tomo mi auto, llego nuevamente a mi PH y saco otra botella de mi whisky, no enciendo ninguna luz, solo la que se cuela a través del gran ventanal. Quise olvidarme esta noche de todo lo que pasó hoy, buscar la forma de detener este maldito contrato que el abuelo Finn creó sólo para torturarme.
–¡Maldita sea mi suerte!– restriego mis manos desesperadamente en mi rostro y cabello. –¿Por qué debe casarse? y ¿Por qué con alguno de nosotros? y… ¿y si ella me escoge? ¡maldita sea!
Aviento al vacío lo primero que veo, algo se rompe pero me importa tres hectáreas de v***a lo que haya sido. Sigo tomando directo de la botella y la intoxicación empieza a hacer estragos en mi cabeza, empiezo a verla a ella, a su rostro de porcelana y sus esmeraldados ojos.
–Amelie… Amelie… ¿por qué tenías que ser tú?