Hoy he llegado al hospital donde trabaja Noah, “mi hermano” de en medio es un respetable cirujano oncológico y m*****o de la Sociedad Investigadora del Cáncer y las Enfermedades Raras de Suiza, también creó su equipo de investigación en el IBM Research sobre Biología del Cáncer y sólo tiene 30 años.
Me anuncio en la recepción donde ya me reconocen y camino hacia su modesta oficina de hospital. Lo que me encanta de Noah es esa sencillez que lo caracteriza, muy diferente de nuestro hermano menor con su estilo bohemio y relajado. Una sonrisa cálida para todos los que le rodean y la facilidad que tiene para acercarse a los demás, tan distante de nuestro hermano mayor. Francamente es el punto medio de los tres.
Mientras camino puedo divisar su figura que se me acerca enfundado en una bata blanca, con sus lentes de marco transparente que le quedan a la perfección. Noah bien podría pasar por modelo de revistas con toda la tranquilidad, esa forma sensual con la que despeina y peina su cabello hace suspirar a más de una. Apenas me ve, me regala una sonrisa seductora que bajaría las bragas de varias... y varios.
–¡Jack!– le llamo
–¡Rose!– me responde
Bueno, somos fans de Titanic, lo vimos incansablemente en casa cuando nos quedábamos solos, mientras nuestra madre, el abuelo y Andrew se encargaban de hacer los trámites de salud de papá. Noah nos cuidaba a Henry y a mí, este último odiaba la película pero bastante que se acurrucaba con nosotros en el sótano con la pantalla proyectora, hasta que rayamos el DVD de tanto usarlo… o quizá fue Henry quien lo rayó, ya no lo recuerdo.
Nos encontramos en la puerta de su oficina y me toma entre sus brazos en un abrazo profundo, como siempre, luego de darme dos besos, cada uno en una mejilla, me hace el ademán para que ingrese a su oficina mientras dice: –mujeres y niños primero.
Ruedo mis ojos y escucho su leve risa, ingreso quitándome el saco de mi acostumbrada ropa de trabajo de tres piezas y dejándolos a un lado junto con mi bolsa, Noah se acomoda en la abullonada silla de escritorio frente a su computador y yo arrastro otra hasta quedar sentada a su lado.
–Entonces, ¿a qué debo hoy tu visita? no me digas que ya elegiste y yo seré tu marido.
Ruedo los ojos ante ese comentario, no quería recordar que empezó a correr el tiempo para elegir.
–No estúpido… Ni que no te visitara, sabes que siempre estoy merodeando por aquí ayudando a espantar a las brujas esas que quieren devorarte.
Su estruendosa carcajada se mezcla con mi risa, me siento muy bien cuando estoy cerca de Noah.
–El corazón de una mujer es un océano de secretos– me dice haciendo otra referencia a la pélicula
–Lo sé, lo sabes, pero no estoy aquí por eso… El abuelo Finn– sentencio
Noah suelta un suspiro pesado y acomoda sus lentes en su fileño tabique, puedo leer que no sabe exactamente que decirme porque conoce bien las preguntas, incluso antes de formularlas.
–No soy su médico Amelie, no tengo acceso a su Historia clínica y ni siquiera se está tratando en este centro médico, la verdad, no sabía que estuviera tan enfermo y eso… me rompe el corazón… –su voz se entrecorta,sus ojos se cristalizan, Noah toma aire y continúa –no entiendo por qué no confió en mí que soy su nieto y estoy capacitado para buscarle una solución.
Ver su apesadumbrado ser me parte el alma, amamos al abuelo, todos, de eso no hay duda alguna, pero imagino cómo se está sintiendo Noah que desde la muerte de papá decidió ser médico para que nadie más en la familia sufriera. Me acerco a darle un abrazo por su espalda, Noah recibe mi cariño y toca suavemente mis antebrazos.
–Pero ya sabes exactamente que es, ¿o me equivoco?.
–Huntington– dice con tristeza
Eso me recuerda que papá también sufrió una enfermedad rara y por no ser tratada a tiempo no se pudo hacer nada y antes de él, la abuela que no conocí. Se prenden las alarmas en mi cerebro de pensar que alguno de ellos pueda pasar por lo mismo.
–Noah… Alguno de ustedes… ¿Puede sufrir lo de papá o el abuelo?
–Las enfermedades autoinmunes se transmiten de Madre a hijo, en este caso, la abuela y el lupus con papá, pero éste no fue transmitido a ninguno de nosotros, porque no van de Padre a hijos. El huntington es lo mismo, era muy poco probable de que pudiera haberlo sufrido papá y la probabilidad de que Andrew, Henry o yo lo suframos es casi nula.
–Pero, el Huntington es tratable… los síntomas me refiero…
–Así es, cuando es detectado a tiempo, pero cuando no, es imposible pararlo…
Me tumbo sobre la silla que arrastré al lado de Noah ya sin esperanzas, confiaba en Noah para que en alguno de sus experimentos pudiera alargar la vida del abuelo Finn de alguna forma y mientras, buscar la forma de que ese contrato perdiera validez. Pongo mis codos sobre su escritorio dejando que mis manos sostengan mi cara mientras él está a mi lado en su computadora.
–Entonces, no tengo opciones– esto lo digo más como una afirmación.
–Aún no veo por qué tienes tantas dudas– me dice mientras empieza a escribir en su computadora –No estamos emparentados en sangre y la sociedad que te conoce sabe perfectamente que no eres nieta biológica del Abuelo, es más, creo que hasta pensó que la prensa podía armar la historia de un amor de infancia que seguro atraerá más de uno y disparará la bolsa…
–Vaya, para ser médico sabes mucho de economía– le digo sarcásticamente
–He aprendido de la mejor, no lo voy a negar– me sonríe de lado con su expresión coqueta y sensual.
–¿A tí no te parece raro? que tu y yo…
–¿Intimemos?.. ¿Esa es tu preocupación si me escoges? ¿Soy tan poco cogible?
–¡Noooo! Por Dios Noah no es eso…– mi cara se ha puesto roja de la vergüenza, acabo de hacer sentir mal a Noah por algo que es… todo lo contrario.
Se vuelve hacia mí y me mira fijamente con mucha seguridad, acortando la distancia entre nosotros… Casi puedo sentir su aliento que se mezcla con el mío y mi corazón empieza una cabalgata que va a hacer que mi reloj inteligente empiece a chillar.
–Entonces… si te soy atractivo, confiable y… obviamente sensualmente inteligente… ¿Por qué no te casas conmigo?
Su pregunta me toma desprevenida y me ha dejado sin palabras… No me siento capaz de escogerlo porque de los tres, él es mi mejor amigo.
–Te has puesto demasiado roja, relájate, no era una propuesta propiamente dicha, solo quiero que tengas presente que no me alejaré de tu vida sin saber que estarás bien. Es todo cuanto quiero y si me eliges…pues… Tu saltas, yo salto ¿Lo recuerdas?
Me regala otra de sus sonrisas sensuales y tranquilizadoras, me relajo un poco y le doy un abrazo sincero pero me he puesto nerviosa al pensar que me iba a besar… Dios, se supone que no debería tener este tipo de pensamientos por mi mejor amigo y hermano… me siento… sucia
–¿Qué harás este viernes?– me pregunta
–Pues… fuera del trabajo no tengo ningún otro plan, ¿Por qué?
–Porque voy a invitarte a salir… espero que lleves tu hígado de camionero ese día
–¿Qué? ¿Crees que una mujer de primera clase no sabe beber?– no reímos ante la referencia que la frase encierra, el ambiente volvió a aligerarse de la manera como sólo Noah sabe hacerlo. Me levanto y me acuesto en la camilla que está a un lado de su oficina, quito mis tacones y simplemente me recuesto boca arriba como solía hacerlo en otras ocasiones que iba a verlo a la facultad y el me revisaba.
Como siempre se levanta de su asiento y toma su estetoscopio y empieza a ascultarme, pone el tensiómetro para medir mi presión arterial y luego presiona toda mi zona abdominal, sus manos están frías, quizá por el clima, pasando ciertas descargas eléctricas en la zona que toca, hace que me siente y pasa el su herramienta por mi espalda para escuchar mi respiración. Le miro de lado y descubro que su rostro tiene su sonrisa lobuna y su acostumbrada matadora expresión. Detallarle tan de cerca hace que inconscientemente me muerda mis labios al verlo tan varonil y cercano de mi, ese hermoso cabello rubio, su rostro enmarcado por sus lentes e incluso, puedo ver músculos debajo de la bata blanca que viste.
–Sácame una foto… te dura más
Noah me ha pillado… toso en respuesta y desvío nuevamente mis pensamientos sucios… no me había puesto a observarlo con los ojos de una mujer… Noah tiene buena madera, como sus otros dos hermanos.
Poco a poco va deslizando su mano hasta llegar a mi cintura que también revisa con su tacto, mientras va mirando el tablero del tensiómetro y el oxímetro en mi dedo.
–Tienes bien la presión y el nivel de oxígeno en la sangre, no se escuchan ruidos en los pulmones y el abdomen y flancos están depresibles, sin masas, pero no podría decir lo mismo de tu pulso ¿Hay algo que te esté poniendo nerviosa Amelie?
–Creo que hace un poco de calor en tu oficina, deberías mandar a arreglar el termostato– me incorporo rápidamente para bajarme de la camilla pero él con su imponente físico me lo impide
–No evadas mi pregunta Amelie, ¿te estoy poniendo nerviosa? ¿Estás contemplando la idea de yo como tu pareja?
Me sentía como si estuviera al borde de un precipicio, sin nadie que me ayudara a no caer, miro sus ojos azules tan claros y brillantes y luego sus labios… ¿Y si Noah fuera la mejor elección entre los tres?
–Tengo algunas rondas a pacientes que hacer– me dice recobrando su postura y poniendo distancia entre nosotros –puedes quedarte si deseas, nadie va a entrar a molestarte y no te preocupes por el abuelo Finn, ya me puse en contacto con el equipo médico que lo está tratando, el abuelo se ha negado a recibir más tratamiento, así que veremos de a poco como la enfermedad que trató de ocultarnos le ganará terreno… Tenemos que ponernos de acuerdo Amelie, quizá esos seis meses se convertirán en menos tiempo– Sin palabras asiento y el voltea a mirarme –Me encantó verte Rose…
Llega a su escritorio, toma el resto de sus herramientas médicas y se dirige con paso seguro a la puerta, cuando llega me mira por encima de sus lentes y me dice:
–Tu saltas, yo salto ¿Lo recuerdas?
Cierra la puerta y me deja con un mar de preguntas y las piernas de gelatina.