Arrugo un poco mi entrecejo cuando la claridad azota mi rostro. Sé dónde estoy, sé que día es hoy pero me niego a despertarme. Estoy tan cómoda, tan relajada, como no lo había estado en tantos meses que quisiera que este momento fuese eterno. Pero no, como una adulta que soy tengo una vida de la que debo hacerme cargo. Así que a regañadientes abro los ojos y lo primero que observo es a Ethan que pasa frente a la cama, con una toalla en su cintura y otra secando su cabello. —Buenos días, bella durmiente. Me tomé el atrevimiento de ordenar tu desayuno— Hace un gesto con la cabeza indicando que mire a la mesa de la sala de estar. Yo me alzo en brazos, echo un vistazo al lugar y me pongo de pie. Del piso tomo su camisa para cubrirme. Y sigo mi camino hasta el sofá. Me dejo caer, destapo la

