Son las dos de la tarde de nuestro último día en Alaska. Cada vez que pienso en el hecho de que son mis últimas horas en este lugar siento hasta ganas de llorar. Voy a extrañar todo, literalmente todo. Extrañaré la nieve, extrañaré el paisaje del bosque y el recurrente olor a pino en la cabaña, extrañaré la cabaña, incluso extrañaré el frío, mi excusa para abrazarme a Ethan en las largas noches que, a su lado, parecían durar solo minutos. Quiero que Alaska sea nuestro para siempre. Sacudo mi cabeza repetidamente, me estoy volviendo loca. Te estás volviendo loca, Chrys. Entre Ethan y tú no hay ningún para siempre. Mejor me concentro en el ahora, que además no quiero hacer el ridículo frente a todos. Siento que mientras más embarazosos sean mis pensamientos, más rápido se reflejarán en mi

