Estaba gustosa de devolver el favor, justo cuando lo vi retorcerse de placer, me.esforce mas por tenerlo todo dentro de mi boca, entonces, como si sintiera mi mirada, abrió los ojos lentamente. Esos ojos que parecían desentrañar mis secretos más profundos me atraparon al instante. —¿Dormiste bien? —preguntó, su voz grave y aún cargada del peso del deseo. Asentí, aunque mi garganta estaba ocupada. Había algo en la manera en que me miraba, algo que anunciaba que este momento de calma estaba a punto de desvanecerse. Sin decir más, se levantó de la cama, estirándose con una naturalidad que no debería ser tan atractiva. Caminó hacia el armario, sacó algo que no pude distinguir desde mi posición, y luego volvió hacia mí con una determinación que me hizo contener el aliento. —¿Estás lista par

