Eran cerca de las siete de la tarde y esperaba a Ana sentada en un café mientras escribía en mi pequeña libreta las cosas que me faltaban por hacer. No eran muchas, ya que el día anterior cuando dejé a Harry en mi habitación me la había pasado tachando cosas de la lista haciendo que se redujera solo a un par, aunque mi mente y todo mi ser estaban en Harry y la bella mujer.
—Disculpa el retraso —me dijo Ana sentándose en la silla del frente.
—No te preocupes, ya pedí tu café —le dije levantando la vista de mi pequeña lista.
—Eres la mejor.
Un joven se acercó con dos cafés y dos tartas de fruta.
—¿Algo más? —preguntó el chico y ambas negamos.
—¿Has visto las noticias de farándula? —me preguntó una vez que se deshizo de su abrigo.
—¿Esas que dicen que Harry y su ex están más enamorados que nunca? —le respondí con una felicidad fingida—. No me importa.
—Claro que sí.
—No, realmente no —mentí—. Ni siquiera sé quién es ella.
—Bueno. Salieron hace unos años pero no funcionó, no sé si en ese tiempo fue por —Ana bajó la voz acercándose un poco más a mí—, el contrato —terminó de decir acentuando la palabra con sus dedos.
—Fuera por eso o no, hacen una bonita pareja, ambos son extremadamente apuestos, no pasará mucho tiempo para que se vuelvan a enamorar.
—Harry dijo que te quiere a ti, no a ella —dijo rodando los ojos.
—Y yo te dije que no hay nada que se pueda hacer, aunque me llamara en estos momentos y me declarase su amor eterno no podría hacer nada más que apagar el celular y seguir con mi vida, y él con la suya.
—¿Y cómo te podría llamar si borraste tu contacto de su teléfono?
—Sabes a lo que me refiero. —Entrecerré los ojos.
—Psicópata —me dijo divertida—. Si te llamara en estos momentos y te declarara su amor estarías saltando en un pie y lo sabes —me acusó.
—Eres un dolor en mi trasero.
—Como sea, lamento como terminaron las cosas, Harry parecía un buen tipo.
Mi mente comenzó a repasar todos los momentos que pasamos juntos y como corroboraba que realmente lo era. Era una de las mejores personas que había conocido; cariñoso, atento, divertido y hermoso hasta el punto de lo ridículo.
—Ugh —dije ahora incapaz de alejarlo de mi cabeza—. Tomémonos estos cafés y vamos por un trago.
—¡Olvida el café y vamos ahora! —me dijo Ana. Levanté las cejas, sorprendida, y soltó un suspiro sonoro.
—¿Jake? —le pregunté por su ex. Asintió en una combinación de cansancio y malestar.
—No ha parado de molestar, ahora que sabe donde estoy no me sorprendería que pescara el primer vuelo hasta aquí.
—Y dices que yo soy psicópata.
—Él y tú se llevarán de maravillas, digo, entre psicópatas se entienden —se burló. Le lancé su abrigo, divertida.
—Vamos a beber, ¿sí?
Estamos sentadas en la barra, en el lugar donde ya parecía nuestro de las veces que habíamos ido. Yo tomaba una cerveza mientras Ana se había decidido por un trago más fuerte, ya que su celular seguía prendiéndose intermitentemente por los llamados y mensajes obstinados de su exnovio. De vez en cuando veía como respondía algunos brevemente y volvía a dejar su celular lejos seguido de un suspiro sonoro.
—Deja eso de una vez, vinimos a olvidarnos de los hombros, ¿recuerdas? —la reté.
—Tienes razón, lo siento —dijo guardando su celular en su bolso y me miró—. Entonces, ¿está decidido?
—Está decidido —respondí.
—¿No puedes cambiar el pasaje e irte más adelante? Digo, tú misma me dijiste que no importará si faltas unos días.
—Sé lo que dije, y es así, pero realmente no tengo nada más que hacer aquí, lo pasé bien, conocí esta hermosa ciudad…
—Y a un hermoso hombre —me interrumpió, y la miré con los ojos entornados.
—Buena gente —continué—. Pero ya es momento de marcharme, como dije, ya hice todo lo que tenía que hacer. —Miré como Ana hacía una mueca extraña—. ¿Qué? No estamos muy lejos, podemos seguir viéndonos allá.
—Sí, eso está claro, si no te iré a patear el culo, solo que…
—Suelta —la apresuré, siempre alargaba las vocales cuando quería decir algo que yo no quería escuchar.
—¿Estás segura de que no quieres hablar con Harry primero? Digo, ¿Sabe que te vas mañana?
Mi estómago hizo algo raro, pero con una mano imaginaria le pegué fuerte para que dejara de hacer lo que siempre hacía cuando el tema de Harry salía a colación.
—Sabe que tengo pasajes para mañana, Ana, y no, prefiero que las cosas se queden como están —concluí. Asintió sabiendo que era lo último que hablaría del tema y de él.
—Entonces, un brindis por habernos conocido en tan raras circunstancias. —Ana levantó su vaso y lo hice sonar con mi botella para luego darle un abrazo apretado.
—Muchas gracias por todo lo que hiciste por mí —le dije cerca de su oído, me miró extraño después de separarnos.
—No hice nada, tonta, y no vengas con esa porquería de empezar a despedirte ahora que me pondré a llorar como un y quiero guardar mis lágrimas para cuando te acompañe al avión —me dijo con una sonrisa radiante.
—¿Tú qué piensas hacer ahora? ¿Cuándo tienes tu pasaje de vuelta?
—No tengo mucho que hacer ahora que te vas, así que pasaré un par de días más y volveré a casa —me respondió despreocupadamente.
Me pareció conmovedor que pensara en mí, aunque me dejó un sabor amargo su afirmación, no sé por qué, puede que sea el hecho que me sentía culpable por no quedarme unos días más para estar con ella, pero lo dejé pasar, mis vacaciones habían terminado y las de ella también hace unos días pero decidió quedarse unos días más conmigo.
Había perdido a Ana unos minutos cuando fui al baño y volví solo para encontrarme con dos taburetes vacíos y sin mi celular o mi pequeña cartera. Pero antes de que pudiera preocuparme escuché la voz de mi amiga a mis espaldas. Giré y vi a Ana sentada en una pequeña mesa con mis pertenencias junto a dos hombres mientras su brazo flaco me hacía señas para que me acercara. Llegué hasta ellos y me senté en la silla que sobraba.
—Ellos son Tom y Chris —dijo apuntando a cada uno mientras decía sus nombres.
La miré con cara de, ¿qué mierda estás haciendo? pero solo me respondió con un guiño coqueto.
—Un gusto.
—Tom me hablaba de cómo esa linda pelirroja había captado su atención —Me miró y yo levanté las cejas, sorprendida por lo poco sutil de su comentario. Supongo que los tragos se le habían ido un poco a la cabeza—. Esa pelirroja eres tú, Carolina.
—Lo entendí —dije acercándome un poco a ellos para tenderles la mano para luego hacerlo con mi amiga.
—Mira, antes que me mates recuerda que es tu última noche aquí y ya me dijiste que Harry pasó al olvido. Al menos haz el intento de pasarla bien y si no, hazlo por mí, este tipo está que arde de lo guapo que es —me dijo bajo y suspiré derrotada.
Tenía razón.
Apenas volvimos a retomar lo que estaban hablando Ana se sentó un poco más cerca de Chris y no me quedó de otra que mirar a Tom.
—¿Así que eres de Latinoamérica? —me preguntó con su acento inglés.
—Así es.
—He estado ahí, es muy bonito y…
Mientras intentaba prestarle atención a Tom tenía que reconocer que Ana había hecho un buen trabajo encontrándolos, pues eran bastante apuestos. Tom tenía el pelo rubio y ojos azules como el mar, su rostro era terso y su nariz puntiaguda, mientras que Chris tenía el pelo oscuro y ojos cafés, pero sin duda era el más guapo de los dos, y ese acento los ponía en otro nivel de chicos guapos.
No suenan como Harry.
Escuché una voz molesta en mi cabeza.
Él es cantante, tiene que tener una buena voz.
Sabes a lo que me refiero.
Y lo sabía.
Cansada de las malditas voces en mi cabeza que solo hablaban de Harry le dediqué toda mi atención al hombre que tenía a mi lado.
Sorprendentemente no la estaba pasando nada de mal. Tom era un chico gracioso y con un humor bastante ingenioso y sarcástico. Habíamos hablado de los lugares que habíamos visitado; él en Chile y yo en Londres, contándonos anécdotas y pequeñas historias de viaje.
—¿Dónde se metió mi amiga? —le dije al notar que ni ella ni Chris se encontraban a nuestro lado. Tom sonrió.
—Quizás están conociéndose mejor en un lugar más oscuro —reí e hice una mueca de asco al captar lo que había dicho. Tomé otro sorbo de mi botella cuando noté que Tom me miraba sereno.
—¿Pasa algo? —pregunté.
—¿Puedo darte un beso? —soltó sin aviso alguno.
Mi mente se fue en menos de un segundo a unos ojos esmeralda penetrantes.
¿Qué mierda tenían estos ingleses que pedían permiso para todo?
Esos ojos seguían mirándome en lo profundo de mi ser, pero no podía dejar que lo hicieran, y sin pensarlo dos veces asentí.
El rostro de Tom se acercaba como en cámara lenta, mientras esos ojos se iluminaban más, mostrando ahora un ceño fruncido, una mandíbula apretada, unos labios perfectos. Pestañeé para encontrarme con otros labios cerca de los míos, a punto de tocarse.
—Lo siento. —Me alejé de repente—. Lo siento, no puedo —me disculpé. Me miró confundido pero luego armó el puzle en su cabeza.
—Tienes novio —dijo volviendo a su posición.
—No, no lo tengo, solo, no puedo.
Tom me miró por unos segundos más y me regaló una sonrisa plena.
—Lo entiendo, no te preocupes, todos hemos pasado por algo así —dijo tranquilamente y me sorprendí por su reacción.
¿Acaso sabía por lo que estaba pasando?
¿Me había reconocido?
No le di más importancia al asunto. Le sonreí de vuelta y seguimos hablando de cualquier cosa, pero esos malditos ojos seguían apareciendo cada vez que cerraba los ojos, cada vez que mi mente no estaba cien por ciento concentrada en lo que decía Tom.
Ahí estaban, tentando, jugando, acechando.
Malditos ojos hermosos.