Desde que hablé con Harry en el almuerzo ignoré sus llamados durante el resto del día hasta que Morfeo hizo de las suyas ya entrada la noche.
Como le había prometido a mi amigo y a Ana después de contarle, no había derramado una lágrima por lo que había sucedido, y estar haciendo un montón de cosas en el día me ayudó a no pensar en Harry o en la mujer bella que lo abrazaba.
Un sonido en la puerta me sacó del noveno sueño que tenía esa noche. Miré mi celular y la hora, eran las dos de la mañana.
Supe de inmediato quién era.
Sopesé la idea de dejarlo tocar mi puerta hasta que se aburriera, pero sabía que no era tan mala persona para dejarlo así. Levanté mi trasero cansado y me tomé mi tiempo en abrir. Me lavé el rostro, me puse mi bata y me dirigí hacia la puerta, abriéndola solo un poco.
—Carolina, por favor, deja explicarte.
Una alarma en mi cabeza se encendió cuando lo oí hablar arrastrando las palabras.
Estaba ebrio.
—Mierda, Harry… —dije, pero su cuerpo me interrumpió cuando empujó suavemente la puerta entrando a la habitación. Suspiré preparándome mentalmente a lo que venía—. Pasa, por favor —le dije sarcásticamente.
—No es lo que parece, si me dejas explicarlo lo entenderás —su voz sonaba irritada, lo que hizo que el enojo que tenía en mí, el que ayudaba a cubrir lo que realmente sentía, se agrandara.
—Harry, escúchame.
Giró su cuerpo borracho para quedar de frente al mío. Su camisa blanca con los botones hasta la mitad de su pecho mostrando parte de sus tatuajes hizo que dudara por unos segundos. Miré hacia otro lado y tomé fuerzas.
—Harry escúchame —repetí calmada—. No necesito que me des explicaciones, solo necesito que te vayas, no quiero tener problemas.
—¡Por la misma mierda! —se escuchó, y salté por lo fuerte que salieron esas palabras—. ¡Estoy harto! —Comenzó a caminar como animal enjaulado en mi habitación, luchando con las palabras, luchando por lo que sentía, pasando su mano por su cabello y sus labios—. ¡Estoy harto de que me digan lo que tengo que hacer, maldita sea!
Supe en ese mismo momento que ya no me hablaba a mí, supe que se estaba descargando al mundo, a su vida en general.
—Harry…
—¡No puedo hacer nada, no puedo hablar nada, no puedo pensar en nada que no sea en lo que me dicen esos malditos!
Me agarraba las costillas con fuerzas aún cerca de la puerta, inmóvil, mientras veía como Harry se desmoronaba frente a mí. Siguió hablando fuerte, moviendo los brazos y peleando contra el universo. No sabía que hacer, no sabía que decir, no me había imaginado eso, no estaba preparada para eso.
—¡Harry, detente! —grité al fin. Pude ver como su pecho se movía con violencia y sus ojos vidriosos y ebrios me miraban enojados.
—Ellos me dijeron que lo hiciera, Carolina, es todo parte de los ratings —dijo al fin sentándose en mi cama, derrotado—. Yo no quería, tienes que creerme, pero tuve que hacerlo, está en mi contrato —su voz ronca sonaba ahora como un susurro y mi corazón se partió, no en uno, no en dos, sino que en miles de pedazos al verlo así.
Tan roto.
Me acerqué cautelosamente y me senté a su lado.
—¿Qué fue lo que te dijeron que hicieras? —le pregunté calmada.
—Tengo que hacerle creer al mundo que estoy con ella y no contigo como lo creían hace unos días. Estando con ella no perderé fans, si perdemos fans baja la venta de discos. —No me miraba, estaba avergonzado.
Algo en mí se volvió a apretar. Levantó su cabeza, sus ojos esmeraldas y vidriosos me penetraron de lleno y pude ver el cansancio en ellos.
—Es mejor así —comencé a decir—, mira, lamento todo lo que ha pasado, solo te he causado problemas con tu trabajo y realmente no quiero…
—No la besé —me interrumpió—. No la besé, Pecas, sé que en esa maldita foto parece como si lo hiciera, lo sé, porque era lo que tenía que hacer, pero no lo hice, no pude.
Cerré los ojos para calmar lo que su voz y esas palabras me provocaban, pero sabía lo que era mejor para ambos, sabía lo que tenía que hacer.
—Harry, te creo.
—Tengo que seguir viéndola —me volvió a interrumpir, su lengua aún arrastrando las palabras—. Tengo que verla mañana para desayunar, para almorzar y luego para cenar.
—Harry, haz lo que tengas que hacer —hablé tranquila y sus ojos se clavaron en los míos con un dejo de esperanza en ellos—. Pero debes saber que yo no estaré ahí para presenciarlo.
Pude ver como algo en él se rompió y me pateé por dentro.
Me volví a repetir mentalmente que todo lo había provocado yo, que yo era la culpable de sus males, que si no hubiese respondido ese maldito twitt las cosas serían diferentes para él.
—Pecas…
Lo detuve acariciándole el rostro demacrado y borracho, pero aún perfecto, haciendo que el pequeño contacto produjera cosas en mí que odiaba.
Quería besarlo, quería abrazarlo y decirle que todo estaría bien, que estaría ahí para él, pero no podía, no solo por lo que estaba pasando, sino que por todo lo demás, por todo en general. Yo era una plebeya y él era de la realeza, viviendo en mundos diferentes, viviendo en países diferentes. No tenía ni pies ni cabeza y aunque una parte de mí quería con todas las fibras de su ser crear un cuerpo para conectarnos, no se podía, y lo sabía, lo sabía bien.
—Quedémonos con el buen recuerdo de habernos conocido —le dije mientras pasaba mi mano por su cabello desordenado—. Fuiste un amigo en un país extranjero cuando no tuve ninguno, una escapatoria a mi mundo cotidiano, y le agradezco a la vida por haber tomado ese asiento en el avión y haberte conocido. Quedémonos con eso. —Sus ojos se cerraron a mis palabras mientras mi mano se ahuecaba su mejilla—. Te quiero, Harry, pero ambos sabemos que no hay nada que se pueda hacer.
El músculo de su mandíbula saltaba mientras mi mano lo acariciaba intentando calmarlo. Su ceño se tatuaba en su frente haciendo que me odiara por dentro, pero estaba segura de mis palabras, estaba segura como nunca lo había estado en la vida, sin poder evitarlo había encontrado un espacio en mi corazón en todos los días que estuvimos juntos, guardando su lugar ahí. Lo quería, lo suficiente para dejarlo ir.
Sus ojos se abrieron para encontrarse con los míos que luchaban para que las lágrimas no los abordaran. Nos miramos por lo que pareció una eternidad y otra alarma se encendió en mí.
—Harry, ¿cómo llegaste hasta aquí?
—En mi auto —dijo sin apartar la vista de mis ojos y lo odié por haber manejado en ese estado.
—No te irás de aquí hasta que se te pase la borrachera, no lo permitiré —sentencie.
Harry asintió triste. Ambos sabíamos que no sería como la última vez que pasó la noche aquí. Me acerqué a las almohadas de mi cama y le hice un gesto para que apoyara su cabeza en ellas mientras yo hacía lo mismo. Quedando ambos de frente acostados en la cama, tal cual habíamos estado la noche anterior, pero en un contexto totalmente distinto, haciendo que el recuerdo de esa noche quedara solo como eso; un simple recuerdo, distante y triste por como tuvieron que terminar.
Luché con todas mis fuerzas para no acercar nuevamente mi mano y acariciarle el rostro pero fallé miserablemente. Sus ojos se volvieron a cerrar bajo mi contacto mientras acariciaba todo rostro con la yema de mis dedos, suavemente, intentando grabar ese rostro perfecto, su piel tersa, sus ojos, sus pómulos, su mandíbula hermosa y pasando mis dedos por sus labios.
Suspiré.
Esos labios.
Cerré los ojos alejando con pesar mi mano para dejar que todo se fuera de una vez por todas, pero algo presionó mi boca con delicadeza.
—Yo también te quiero —sentí la voz rasposa de Harry contra mis labios.
—Buenas noches, Styles.
—Buenas noches, Pecas —me dijo volviendo a su posición.
Pestañeé varias veces para acomodar mi visión a la pequeña luz que entraba por mi ventana. Mi corazón se apretó cuando vi a Harry tal cual lo había visto antes de cerrar los ojos y dormir, sus manos juntas entre de sus piernas y su rostro plácidamente dormido hacía que pareciera un niño de nuevo, sin preocupaciones, sin ningún drama en su vida y mi corazón se volvió a romper después de todas las veces que se rompió la noche anterior.
Sabía lo que tenía que hacer.
Me deslicé cuidadosamente por la cama hasta que mis pies tocaron el suelo y me dirigí al baño. Una vez afuera comprobé si Harry seguía dormido, tomé mi celular, mis cosas y arranqué una hoja de mi cuadernillo donde anotaba todo.
Eres una persona maravillosa, Harry, que no se te olvide.
Me siento afortunada de haberte conocido.
Siempre te recordaré.
Carolina. X.
Terminé de escribir secándome una pequeña lágrima que había salido revoltosa por nuestra pequeña despedida unilateral. Puse la nota cerca de sus pertenencias que se encontraban en la mesita al lado de la cama y un impulso recorrió mi cuerpo al ver su celular. Lo tomé rápidamente haciendo el menor ruido posible implorando que no tuviese clave. Respiré tranquila cuando mi dedo cruzó por la pantalla y las aplicaciones salieron a la luz. Me metí a su agenda y busqué mi nombre.
Ahí estaba; Pecas, junto a mi número de celular y la foto que me había sacado de improvisto una tarde en su habitación de hotel. Volví a mirarlo tendido en mi cama y otra lágrima salió mientras borraba mi contacto y volvía a dejar el celular en la mesa. Sabía que podría escribirme por otras aplicaciones, pero también sabía que no se arriesgaría a hacerlo públicamente, ya que todas estaban privadas.
Esto es lo mejor.
Ese mismo día había decidido en cortar toda relación con Harry Styles, aunque eso también significara cambiarme nuevamente de hostal para no correr el riesgo que apareciera nuevamente a altas alturas de la noche tocando mi puerta.
Tomé mis pertenencias y salí de la habitación. Eran las ocho de la mañana, y aunque mi cuerpo me gritaba por seguir en la cama no me quería arriesgar a tener que enfrentarlo nuevamente, porque sinceramente no sabía si sería capaz de mantener mi promesa.
Así sería mejor para los dos.
Ese día me dediqué a pasear como zombi por diferentes lugares, no porque realmente los quería ver, si∫no porque quería cerciorarme de no encontrar a Harry en mi hostal cuando volviese así que debía distraerme haciendo cualquier cosa. Pero sabía la verdadera razón; era porque ya sabía que Harry estaría con esa bella mujer mientras yo caminaba por las calles de Londres.
Miré la hora en mi celular y decidí que era hora de volver. Metí las llaves de mi habitación en la manilla y la giré lentamente, no sabía que esperar, una parte de mí sabía que no encontraría a Harry ahí, no podía haberse quedado todas esas horas esperándome, pero otra parte, la cual odiaba, me gritaba diciendo lo feliz que estaría si lo encontrara. Cuando entre la habitación estaba vacía.
Estúpida, así es mejor.
Me retó la voz racional en mi interior.
Después de un largo baño tomé mi computador para matar el tiempo, pero mi parte masoquista tecleó el nombre de Harry en el buscador. Un par de noticias salieron a relucir, noticias de hace menos de dos horas junto a nuevas fotos de él. Fotos que hicieron que la decisión que había tomado la noche anterior tomara más fuerzas que nunca; fotos de la mujer bella y alta junto a él, y más titulares;
¿Ya formalizaron la relación?
Harry es visto nuevamente con su novia.
Ambos lucen felices.
Las palabras arrastradas de Harry se escuchaban tenue en mi cabeza;
Tengo que verla mañana para desayunar, para almorzar y luego para cenar.
Mientras otra más fuerte me volvía a reclamar que todo era pauteado, que él realmente no quería hacer las cosas que le decían. Pero no podía escucharla, no podía escuchar a ninguna de las voces que se formaban en mi cabeza, debía sacar a Harry de una vez por todas, haciendo que se quedara solo como un bello recuerdo de mis vacaciones, nada más.
Así será mejor.
Me volví a repetir, prometiéndome que sería la única voz que escucharía desde ese momento en adelante, convirtiéndolo en mi mantra.
Y comencé a arreglar mis cosas para cambiarme de hostal una vez más.