– 13 –

1043 Palabras
    Estábamos saliendo del pub con un par de copas en el cuerpo cuando lo vi.     Ahí estaba; gigante como lo recordaba. Ese hombre con su cámara en el hombro, el mismo hombre que Harry había golpeado contra el auto hace lo que parecían siglos atrás, ahí estaba imponente con su equipo, pero ahora no estaba solo, estaba acompañado de una persona que sostenía un micrófono sin logo. Miré a mi alrededor buscando alguna cara familiar de algún canal que había visto, alguna persona famosa, pero no había nadie, no estaban esperando a nadie más, me estaban esperando a mí.     Mierda.     —¿Qué sucede? —me preguntó Ana al notar mi rostro tenso. Miré hacia la salida haciéndole un gesto con la cabeza.     —Es la persona que Harry azotó contra el auto.     —Santa mierda, ¿el gorila?     —¿Cómo mierda sabían que estaríamos aquí? —dije en un susurro chillón, como si hablar bajo me ayudara a no ser vista por nadie.     —No lo sé, estos tipos saben todo —se disculpó Ana—. Tranquila No te soltaré, y caminaremos rápido —me dijo tomando mi brazo y apretándolo fuerte.     Había estado días tranquilamente paseando por Londres sin nadie que me molestaran, pero ahí estaban ellos, dispuestos a sacarme de mis casillas.     —Estos tipos ya colmaron mi paciencia —dije enojada, y sin querer admitirlo, asustada, sabía como actuaba ese grandulón.     Caminamos con paso seguro fuera del local, pero apenas salimos los hombres me abordaron como una pequeña presa en el medio de la jungla dejando a Ana atrás. No había visto a las otras personas que también nos esperaban con cámaras de foto, haciendo que los flashes nos cejaran.     —Carolina —dijo el del micrófono.     ¿Cómo mierda sabían mi nombre?     —Carolina, ¿aún sigues en contacto con Harry Styles?     Caminé rápido mientras el hombre me cortaba el paso.     —¡Ana! —grité.     —¿Cómo te sientes ahora que Harry volvió con su ex? —escuché.     Las preguntas salían rápidamente de la boca del tipo y de otras personas más, y aunque quisiera responderlas no había manera por la forma que hacían una pregunta tras otra sin esperar respuesta.     —¿Se acostaron?     —¿Cómo fue que conociste a Harry?     —¿Fuiste una mujer de solo una noche?     —¿Puedes darnos tu declaración de los hechos?     Todas las preguntas se acoplaban en la boca de los tipos con micrófonos y cámaras.     —Disculpe —dije detrás de la luz que me alumbraba hasta quedar a ciegas—. ¿Puede moverse para poder caminar por favor?     Pero el hombre no se inmutó en lo absoluto. Supe quién era; el único capaz de hacer contacto físico con el fin de obtener su noticia. Esa mano que ya conocía bien me cortó el paso cuando intenté girar en dirección opuesta para alejarme de su cámara y flash.     —¡Ana! —grité. Me estaba desesperando.     —¡Aquí estoy! —escuché a lo lejos en medio de las preguntas estúpidas que hacían que mi interior se retorciera en recuerdos de Harry.     Intenté caminar nuevamente pero choqué con su cuerpo por lo encandilada que estaba, golpeándome el rostro con su micrófono. Giré en 180 grados para caminar en la otra dirección, pero él y el robusto hombre de la cámara fueron más ágiles cortándome el paso nuevamente.     Era su presa y ellos disfrutaban la cacería.     Mi respiración comenzó a agitarse. Quería salir de ahí, quería escapar, quería que el hombre dejara de hacerme preguntas sobre Harry. Quería llorar, quería gritar, quería correr. Pero no podía. En un intento en vano giré nuevamente en mis talones y caminé un paso para escapar, pero algo chocó con mi cuerpo otra vez pues la luz potente de la cámara me cegaba por completo.     Unos brazos cubrieron mi cuerpo por completo, inmovilizándome. —¿Estás bien? —una voz ronca sonó cerca de mi oído.     Conocía esa voz demasiado bien.     Harry.     Las preguntas del hombre explotaron en sus labios, casi gritando por lo que acababa de ocurrir mientras los brazos de Harry me apretaban contra su pecho y los flashes de sus cámaras nos cegaban tanto que cualquiera diría que el sol había salido solo para nosotros dos.     Levantó mi mentón para inspeccionarme el rostro y cuando nuestros ojos se encontraron agradecí que me tuviese apretando fuerte, pues sentí que mis piernas cederían en cualquier momento.     —Agradecería de corazón —Harry habló fuerte, ronco e intimidante hacia las cámaras, aún con mi cuerpo entre sus brazos—, que dejaran a mi novia tranquila.     Mi corazón se detuvo por completo para luego comenzar a latir furioso.     ¿Qué mierda había dicho?     Tomó mi cuerpo y en un movimiento ágil esquivó al hombre gordo que ahora preguntaba cosas estúpidas y sonreía extasiado por las palabras que acababan de salir de los labios del cantante.     Palabras que ni siquiera yo me creía.     —Camina rápido —dijo bajo mientras su brazo aún cruzaba mi cintura y mis piernas cortas intentaban seguirle el paso—. Mi auto está a unas cuadras más allá.     —Harry… Ana está… —intenté girar y hablarle de mi amiga, pero su ceño fruncido me hizo callar al instante.     —Camina —me ordenó.     Y lo hice.     Cerré la puerta del copiloto mientras me ponía el cinturón de seguridad y los hombres seguían alumbrándonos con su cámara.     —¿Qué mierda fue eso? ¿Cómo supiste donde estaba? —dije volteando para verlo.     Harry prendió el auto y aceleró haciendo chillar las ruedas dejando a los intrusos atrás. Tomé el celular y le tecleé a mi amiga.     «¿Estás bien?»     «Lo estoy, ¿lo estás tú?»     «Sí, pero no sé qué mierda está pasando, avísame cuando llegues a tu hostal. No respondas ninguna pregunta que te hagan esos tipos, saben que eres mi amiga»     Mi teléfono vibró a los pocos segundos.     «Claro que no lo haré, pero Carolina, piensa bien lo que estás haciendo»     «Estaré bien, no te preocupes»     La voz de Harry volvió a escucharse.     —Dónde queda tu hostal. —No era una pregunta.     —Cuatro cuadras más adelante a la izquierda —respondí rápidamente pero mi cabeza seguía dando vueltas en confusión—. Harry, ¿qué mierda…?     —Iremos a buscar tus cosas —dijo seco y serio interrumpiéndome.     —¿De qué mierda estás hablando? Harry, por favor, baja la velocidad —me estaba desesperando nuevamente.     —Carolina. —Sus ojos me penetraron como una espada afilada mientras paraba en seco frente a mi hostal—. Calla, por favor, busca todas tus cosas y baja de inmediato —me ordenó serio.     —No, Harry. ¿Qué mierda está pasando?     —Nos vamos —dijo tranquilo aunque su voz aún sonaba molesta.     —¿A dónde mierda nos vamos? —le dije ya casi sin respiración—. Podrías decirme que carajo está pa…     —Nos vamos a Cheshire —dijo al fin—. Nos vamos a Holmes Chapel, a mi casa. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR