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2204 Palabras
    Subí al auto de Harry sin saber realmente lo que hacía, pues mi mente un poco alcoholizada no procesaba las cosas tan rápidamente. Estaba a punto de ponerme el cinturón de seguridad cuando todo me golpeó de frente.     —No —dije al fin. Harry me miró con las manos en el manubrio—. ¡No!     Intenté abrir la puerta del auto pero me detuvo.     —Carolina —dijo suplicante.     —No, Harry. —Me giré para encararlo—. No puedes llegar como si nada ha pasado y esperar que me vaya contigo a Chesdiraire.     —Cheshire —me corrigió tranquilo.     —No es el maldito punto. No puedes esperar que suba a tu auto así como así. Tú estás con ella, y todos lo saben ahora, tú lo sabes, ella lo sabe y yo lo sé, y tú ya tienes tu… Harry, me voy mañana, tengo un vuelo que tomar… —Pero sus labios hicieron callar los míos con un beso cargado de todos los días donde no nos habíamos besado.     —No estoy con ella, ni quiero estarlo —dijo ronco con su mano en mi nuca.     —Pero… —dije con un susurro leve.     —Terminé todo lo que tenía que hacer —me devolvió cerca de mis labios.     —¿Y eso qué tiene que ver conmigo?     —Allá no podrán molestarnos, te lo prometo.     —Harry, no sé si sea buena idea. —Aún intentaba procesar todo lo que estaba pasando.     —Tú dijiste que me querías, ¿no? ¿Qué querías estar conmigo? —Sus ojos esmeralda me miraron serios, pero podía ver en ellos una pizca de ansiedad.     —Sí, pero…     —Bueno. Allá no nos molestarán.     Mi cabeza trabajaba a mil por hora intentando alinear todos los pensamientos que se galopaban con lo que acababa de ocurrir.     Harry quiere estar conmigo.     Harry quiere arrancar conmigo.     Y como un fuego artificial mi pecho comenzó a llenarse de calor.     Pero algo en mí seguía alarmada.     —Tengo que volver a casa mañana.     —Y cancelarás en vuelo. ¿No fuiste tú la dijo que no te extrañarían si faltabas unos días?     —Sí, pero…     —Basta de peros, estás aquí ahora, y estarás conmigo los días que tengas que estar. —Su voz ronca me convenció por completo, y en mi mente el ticket de avión se había hecho añicos mientras los tiraba por doquier.     Asentí, pero seguí mirándolo fijamente con la pregunta que me quemaba por dentro.     —¿No te meterás en problemas por lo que dijiste?     —¿Qué eres mi novia? —Negó con la cabeza—. Ya no me importa, lo eres. —Me miró serio, pero pude ver en sus ojos cierta duda.     —¿Y qué te hace pensar que quiero serlo?     —¿No quieres serlo? —Ese dejo de preocupación ahora se extendió por todo su rostro.     Intenté mirarlo a los ojos lo más seria que pude, pero no engañaba a nadie, no podía esconder la felicidad que me provocaba el saber que quisiera ser mi novio.     —No si no me lo preguntas debidamente. —Le sonreí ahora entregada completamente, pude ver como soltó el aire de sus pulmones relajado y tomó una de mis manos.     —Pecas. —Sonrió—. Mi Pecas, ¿quieres ser mi novia? —preguntó regalándome esa encantadora sonrisa que tanto había extrañado.     Acorté el pequeño espacio que nos separaba y rocé mis labios con los suyos.     —Sí, quiero —respondí, y sentí como sonreía contra mis labios. Me separé un poco de él para verle el rostro—. Pero solo me quedan un par de días aquí, así que no creo que sea posible. Lo siento, pero hay que ser realistas en esto.     Pude ver como hacía un pequeño puchero como un niño de cinco años volviendo a llenar sus pulmones.     —Pecas —volvió a decir—. ¿Quieres estar conmigo hasta que tengas que volver?     —Eso lo acepto.     Harry sonrió mientras su mano tatuada tomaba mi nuca haciendo que me acercara para volver a besarlo. Esa vez, haciendo que la temperatura del auto subiera un par de grados.     No me importaba no ser la novia de Harry, sabía que no se podía, aunque me moría de ganas de poder serlo. Sabía también el lío que se armaría por la declaración que hizo en frente de ese hombre gigante y su cámara y las otras personas que se encontraban ahí. Pero no me importaba, no me importaban los mensajes de odio que recibiría, no me importaba los canales de televisión mostrándonos abrazados mientras él decía que soy su novia, solo me importaba estar con él, aunque fueran por los pocos días que me quedaban en su país.     Con eso me bastaba.     Con eso era feliz.     La radio sonaba baja mientras me concentraba en hacer una lista mental de todo lo que había ocurrido en los últimos días, intentando convencerme de que no estaba en un sueño profundo y que no iba a despertar por la mañana con un sentimiento de vacío en el pecho al enterarme de la realidad.     —¿Quién es Ana? —la voz de Harry hizo que saliera de mi ensimismamiento. Sonreí para mis adentros, no estaba soñando.     —Es una amiga que me hice la tarde que nos juntamos por última vez en el café. Nos hemos juntado todos los días después de eso.     —No lo habías mencionado. ¿Cómo se conocieron? —me preguntó intrigado.     —En un pub, dijo que me había visto en las fotos que salieron a la luz y comenzamos a hablar.     —¿De la nada?     —No fue tan así, se acercó para disculparse por ese grupo de fanáticos y fanáticas que me mandaron cosas hirientes, ya que ella es una gran fan de ustedes, y como me reconoció y vio mi rostro de muerta quiso acercarse para levantarme el ánimo —dije con una sonrisa, y vi como Harry sonreía al camino.     —¿Es de aquí?     —De Estados Unidos. Terminó con el psicópata de su novio y arrancó por unas pequeñas vacaciones, pero la sigue molestando con llamados y mensajes. Estar juntas nos ayudó a distraernos de todo lo que ha pasado. —Apenas dije eso el rostro de Harry cambió—. Muere de ganas de conocer a Louis y ser el amor de su vida —dije para cambiar el tema.       —Algún día se lo presentaré, y a ti igual, ya le he hablado a los chicos de ti y quieren conocerte. Conocerás a los dos.     —¿Dos? —pregunté confundida.     —No conocerás a Liam —dijo fingiendo seriedad.     —¿Por qué no a Liam? —Lo miré extrañada, y él me regaló un rostro de seriedad fingida.     —¿El del pelo bonito? ¿Al quien quieres contactar en tus días? No señor.     Reí recordando el primer día en que nos conocimos.     —Es adorable, nada más, si vas a preocuparte de alguien hazlo con el de pestañas largas —lo tenté.     —No es divertido —me dijo con una sonrisa—. Eres mía. —Me miró y le devolví la mirada con una ceja arqueada—. Por los días que te quedan —me recitó taciturno.     —¿Qué hay con tu ex y todo eso de; están más enamorados que nunca? —pregunté sin dejar nada fuera. Harry suspiró fuerte mientras sus ojos se posaban en la carretera.     —También lo viste, ¿huh? Ya te lo dije, Pecas, era todo una mentira, ella también lo sabe, y todos los que nos rodean.     —No me hace sentir mejor. No si el mundo entero no lo sabe.     Mi estómago comenzó a hacer cosas raras al pensar en Harry y en todos los problemas que tendría, pero antes que mi preocupación tomara forma su mano tomó la mía.     —Hey, no te preocupes, ¿sí? Sé lo que hago, y sé lo que quiero, y es a ti. —Volvió su vista a la carretera mientras negaba divertido.     —¿Qué? —pregunté al verlo hacer eso de la nada.     —No sé que fue lo que me hiciste, pero me tienes idiotizado, sin mencionar que no dejo de ver pecas por todos lados.     Mi corazón se agrandó al escuchar esas palabras roncas.     —¿Será porque hay muchas pecosas en este mundo?     —Ninguna como tú. —Volvió a regalarme un pequeño apretón cariñoso mientras tomaba mi mano nuevamente—. Ahora —dijo buscando algo en su bolsillo y el color subió a mis mejillas cuando me pasó su celular—. ¿Serías tan amable de volver a poner tu número?     —Lo siento —le dije arrugando la nariz.     —Intenté llamarte ese día cuando desperté en tu cama; solo. —Me miró reprochándome—. Pero me di cuenta de que ya no te tenía en mis contactos.     —Lo siento, pero tenía que hacerlo. No te preocupes, no hurgué en nada, solo borré mi número.     —No me preocupaba eso, te lo aseguro, no tengo nada que esconder. Solo me preocupaba el hecho que no te podría contactar, al borrar tus contactos se eliminó el número de la mensajería por ser un número extranjero, y todas tus redes son privadas.     Y con eso volví a poner mi número. Tomé su cámara y saqué una fotografía frontal donde estiraba mis labios en forma de beso y lo guardaba junto con mi contacto. Harry me miró con una sonrisa, complacido.     —Así tendrás un beso mío cada vez que te llame —le dije entregándole el celular.     —Mucho mejor que la fotografía con mi lengua afuera. Ahora, relájate que son unas horas hasta llegar a mi casa. —Y volvió a mirarme regalándome sus hoyuelos hermosos, su sonrisa torcida y sus ojos esmeraldas.     Miraba por la ventanilla del auto viendo nada más que n***o cuando recordé a Ana. Tomé mi celular y le escribí, sabiendo que aunque fuera tarde estaría esperando mi mensaje.     «Resulta que me quedaré unos días más, pero no en Londres exactamente»     Mi celular vibró a los pocos segundos.     «Así de fácil eres, sabía que la única persona que podría convencerte era él. Espera, ¿dónde carajo estarás estos días entonces?»     «En Holmes Chesdiraire, o algo así»     «¡¿Holmes Chapel?! ¡¿Estarás en su casa?!»     «¿Cómo sabes dónde queda su casa?»     «A veces se me olvida que vives bajo una roca, ¡todos lo saben! ¡es cultura general! Dejándose de bromas, solo te pediré algo; usa tu cerebro y no tu entrepierna, por favor»     «¿No puedo usar las dos?»     «Sé donde queda Holmes Chapel, Carolina, no me tientes»     «No seas un dolor en mi trasero, te escribiré para saber como van las cosas»     Dejé mi celular reposando en mis piernas cuando el segundo azote de la noche me tomó por sorpresa.     —¡Mierda! —casi grité soltando el teléfono, haciendo que Harry me mirara con preocupación mientras mi celular volvía a vibrar.     —¿Qué bicho te picó? —me preguntó divertido.     —¡Mierda! —volví a maldecir—. ¡Nos vamos a tu casa!     —Creí que ya habíamos establecido eso —dijo sin entender lo que pasaba.     —¡A tu casa! —giré para mirarlo—. ¡Tu casa! ¡Donde está tu madre! ¡Conoceré a tu madre!     Harry soltó una risa exquisita al entender mi repentino ataque de pánico.     —Sí, mi madre y Gemma estarán en casa.     —¡Mierda! ¡No estaba preparada para esto! ¡No estoy preparada para esto! ¿Saben que voy? ¿No les molestará que una extraña se aparezca en su hogar? ¿Qué pasa si me odian? ¿Qué pasa si no les gusta que vaya a su casa? —hablaba rápido y chillón hasta que la risa de Harry se hizo más aguda, disfrutando realmente de como me desmoronaba frente a él.     —Cálmate, saco de nervios. Saben de tu existencia, no te preocupes, estarán felices de conocerte.     Tomé mi frente con una mano esperando que mi cabeza no explotara ahí mismo dejando mis sesos repartidos por el auto.     —Mierda —susurré.     —Eres adorable. —Harry estiró su brazo hasta tomar la mano que tenía apoyada en la frente para bajarla y entrelazar sus dedos con los míos—. Te amarán, lo prometo.     —¿La chica que hizo que su hijo tuviese problemas con su trabajo? No lo creo. —Mi estómago comenzó a dar vueltas rápidamente—. Creo que voy a vomitar.     —Mi madre fue la de la idea —soltó.     —¿Qué dijiste? —Miré a Harry quien asentía feliz.     —Ella me dijo que te trajera. Así que no te preocupes, ¿sí? Duerme un poco que aún queda mucho para que lleguemos, no hay nada de que preocuparse.     Respiré profundo para tranquilizarme. Tenía razón, estaba siendo un saco de nervios. Tomé mi celular y leí el último mensaje que me había llegado de Ana.     «No quiero que te hagan daño»     «Sé lo que hago»     Le respondí al instante, sin importar haber sonado como una idiota.     Apoyé mi cabeza en la ventanilla e intenté dormir con el corazón en la garganta y un nudo de todas las emociones instalados en la boca del estómago.     Voy a conocer a la madre de Harry y a su hermana.     Esto está pasando demasiado rápido.     No son nada, Carolina, es como si llevara a una amiga a su casa, no seas patética.     Me reprochó una voz en mi cabeza.     Pero sabes que no eres simplemente una amiga.     Escuché a otra voz.     ¡Basta!     Grité silenciosamente en mi cabeza para callar a todas esas voces que me hacían parecer una loca.     Aunque mis nervios estaban a flor de piel, resolví que seguir pensando en ello solo haría que quisiera abrir la puerta y lanzarme fuera del auto mientras Harry aún conducía como tal película de acción. Procuré pensar en otra cosa.     Max     El maldito nudo se apretó un poco más transformándolo en uno ciego. Pensar en Max y en como se enteraría de lo que ha pasado gracias a las r************* no ayudaban a calmarme, sino que tenían el efecto totalmente contrario.     Debí haber tomado en serio esa maldita clase de relajación que tomé por puntos extras en la universidad.     Ahora serían de mucha ayuda.     Una mano grande y larga se apoyó en mi muslo haciendo pequeñas caricias con sus dedos, cerré los ojos al tacto de Harry y de a poco los nudos repartidos por mi cuerpo fueron soltándose, pateando a esa clase de relajación en el trasero. 
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