- Me estás por arrancar el maldito brazo. - refunfuñé entre dientes mientas trataba de seguir el paso de Eric, aunque eso no era necesario, ya que estaba a punto de arrancarme una extremidad, y yo estaba a punto de arrancarle los huevos. Los dos salíamos perdiendo, así que sería mejor que se tranquilizara.
- Solo cállate, Drake. - me espetó de forma brusca, mirándome unos segundos por encima de los hombros.
Puse los ojos en blanco y apreté la mandíbula, intentando no decir nada. Entendía que estuviera de malhumor, lo había forzado a llevarme allí. Joder.
Miré a mi alrededor cuando nos metimos entre muchísima gente y miles de autos y motocicleta. Las personas me miraban raro, como si yo fuera un cachorrito entre miles de tigres hambrientos, otros me observaban por unos segundos fijamente, tratando de reconocerme, y yo simplemente trataba de cubrirme el rostro con mi cabello.
Todos iban vestidos de cuero n***o, botas y ropa oscura, lo que, según ellos, definía que eran personas duras y problemáticas, lo cual a mí me parecía una maldita mierda. Aunque odiaba admitirlo, si conocía a alguna de las personas que estaban ahí, porque hace casi dos años, yo también asistía a esas mierdas de carreras callejeras, o peleas, incluso.
Las causas por las que conocí ese lugar y por las que decidí asistir eran... eran oscuras y demasiado deprimentes. Era una niña, una niña complicada que había perdido a su madre y que no encontraba un lugar en el mundo donde sentirse cómoda. Y de repente conocí a una chica unos años más grandes que yo fuera de una tienda, que aceptó comprar la cerveza por mí ya que ella sí tenia una identificación falsa. Decidió que le caí bien y me presentó a su hermano y sus amigos. Ellos me presentaron el turbio ambiente al que le llamaban "El Pozo" y desde ese momento, los meses que le siguieron, fueron los peores de mi vida.
Entre borracheras, autos de carreras, tipos asquerosos, mujeres con poca ropa, música demasiado fuerte, drogas, peleas clandestinas... todo se desvirtuó. Mis amigos mayores cuidaban de mí, por alguna razón se habían encariñado conmigo. Pero eso no quitaba que encontré mi propia forma de autodestruirme. Lo peor de todo era que me encantaba hacerlo, que se sentía bien.
Algunos rostros conocidos se me cruzaron, estaban casi todos iguales, pero con más tatuajes o con más piercings. Me fue imposible no reconocer a Mara, la primera amiga que tuve en ese lugar, estaba extasiada saltando entre el que solía ser mi grupo, con Jorge y Joe a su al rededor riéndose a carcajadas de las taradeces que hacía la castaña. Estaba vestida como todas las chicas del lugar: un short más corto que la mierda, ajustado hasta la manija, top con escote prominente, zapatos de diez a quince centímetros, maquillaje oscuro.
No quería admitirlo, pero extrañaba a Mara, y ahora que la veía me daba cuenta de ello. En su momento, ella estuvo ahí y me ayudó a darme cuenta de algunas cosas, me ayudó a salir adelante, a su manera, pero me ayudó. Fue la primera que me dijo que era tiempo de alejarme de esos lugares y encontrar una vida diferente, una vida en donde tuviera un futuro.
Lo que no lograba entrar en mi jodido cerebro era la pregunta: ¿Qué mierda hacía Brennett aquí, como mierda conocía el lugar? Por alguna razón, el hecho de que haya recibido una llamada de su "trabajo" simplemente me preocupaba más. ¿Qué clase de trabajo tenía allí?
De un momento a otro, Eric me atrajo hacia su cuerpo y rodeó mi cintura con su brazo, como en un acto posesivo y protector. Lo miré confundida, y noté que tenía la vista clavada en un cierto grupo de personas, personas que conocía, que todo el mundo en realidad lo hacía, porque, técnicamente, manejaban todo en este lugar.
- Recuerda lo que te dije. - me advirtió en voz baja dos segundos antes de llegar al círculo.
Estaban sentados sobre capos de autos, bebiendo cerveza y fumando como chimeneas. Apreté la mandíbula con fuerza y me pegué más a Brennett, podía sentir sus dedos apretando fuertemente mi cintura.
Un hombre pelado y con barba blanca le sonrió a Eric, y luego le dio un trago a su cerveza, uno muy largo. Recorrí el grupo de personas con los ojos, había dos chicas y tres hombres, y algunos chicos como de mi edad, pero mis ojos casi se salen de mi cabeza cuando mi mirada se encontró con la de Tate.
Estaba enfrente de mí, riendo con una chica que estaba a su lado, y tardó unos segundos en darse cuenta de la presencia de Eric y de mí, y cuando me miró, sus ojos se abrieron como platos, y luego se dirigieron furiosos a Eric, matándolo con la mirada, pero Brennett simplemente tenía la vista clavada en el pelado, con expresión seria y neutral.
Recordé el nombre de ese tipo, Carrick... Creo que Carrick Delgado. El de su derecha, uno alto y fornido, moreno, era Ayala (creo que ese era su apellido) y el otro Adam. Eran unos malditos matones drogadictos, asquerosos, y bastante temerosos, pero lo peor, eran jefes de todo el maldito lugar, se creían Dios, literalmente, por tener unos autos, dinero y mujeres.
- Hasta que por fin traes tu culo aquí, Brennett. - le dijo Carrick, Eric puso los ojos en blanco -. La próxima que te llame, simplemente dejas cualquier mierda que estés haciendo - me miró -, o a cualquiera que te estés tirando - volvió a mirar a Eric -, y vienes. ¿Entiendes?
Quise sacarme la zapatilla y tirársela por la cabeza para que tuviera un tumor y muriera. Pero, como sabía que si hacía eso probablemente me quedaría sin órganos, opté, por primera vez en mi vida, cerrar la boca.
>
- Lo que digas. - casi le di una patada a Eric por contestarle de esa manera al jodido edificio que se hacía llamar persona, que estaba delante de nosotros. Pero, Carrick, en vez de romperle la cara, soltó una carcajada y negó con la cabeza, divertido.
Entonces, los ojos de Adam se posicionaron sobre mí, y yo, como buena retrasada, le mantuve la mirada por unos segundos, lo que hizo que él se acercara a nosotros. Respiré profundamente, llenado de aire mis pulmones, porque sentía que me caería en cualquier momento, y si no fuera por el fuerte brazo de Eric, hubiera caído hace rato ya.
Adam sonrió, llevando los ojos de Eric hacia mí unas tres veces.
- ¿Y esta guapa quién es? - preguntó mirándome.
Era bastante mayor que yo, con tatuajes en los brazos, barba oscura al igual que su cabello, que lo llevaba corto, y sus ojos eran verdes un poco oscuros, su sonrisa blanca y perfecta. Si no me diera miedo la forma en la que me miraba, incluso hasta me enrollaría con él. Claro, si tuviera cómo o con qué.
Eric apretó el agarre en mi cintura por unos segundos, pero luego cambió de pose y su brazo rodeó mis hombros. Yo estaba con los brazos cruzados y con el peso de mi cuerpo en mi cadera izquierda, mirando a Adam.
- Val. - le respondió Eric, como si fuera que yo no podía hablar, aunque en realidad no quería hacerlo. Él otro asintió, sonriendo, mirándome, se acercó un paso.
- ¿Corres, muñeca? - me preguntó, mirando sobre sus hombros unos segundos al que supuse era su auto. Por alguna razón, que me llamara así me hizo recordar a Gregg. Estaba deseando estar con Gregg en ese momento. Negué con la cabeza.
- No. - dije - Hace mucho no lo hago. - admití, encogiéndome de hombros.
- ¿Y no quieres ir de sumisa hoy? - me preguntó, enarcando una ceja, retador.
"Sumisa", en realidad quería decir de acompañante, así sea en un auto o en una moto. De sumisa, no podías decir nada, ni opinar de nada, mientras tu "amo" conducía, eras una copiloto que simplemente estaba allí para sacar los brazos por la ventana y gritar extasiada. A los conductores y conductoras no les gustaban los que gritaban de miedo o lloraban pidiendo que se detuvieran, no le gustaban que opinaras de su forma de correr, en general. Lo mío nunca fue cerrar la boca.
Abrí la boca para responder que primero muerta a hacer eso, pero Eric habló antes que yo.
- Está conmigo. - dijo brusco, mirando a Adam, este sonrió.
- Oh, vamos. - dijo, ladeando la cabeza -. No veo que tenga una etiqueta que lleve tu nombre.
Eric suspiró, cerrando los ojos con fuerza, estaba pensando en qué mierda hacer, lo sabía.
- La chica está conmigo, Adam. Es mía. No jodas. - respondió por fin, mirando seriamente a Adam. Casi dejo de respirar, casi, pero no sucedió. El de ojitos claros asintió lentamente, como comprendiendo algo. Algo que claramente yo no.
- ¿Ni para una vuelta? - preguntó, tratando de convencer a Eric. Él negó con la cabeza, firme.
- Ya oíste: es mía.
Y con esas palabras, Adam se apartó de nosotros y empezó a hablar con otra chica. Por unos segundos miré a Tate, quien nos observaba demasiado confundido, con el ceño fruncido. No dijo nada, simplemente bajó la vista a su celular, decidiendo ignorarnos, ignorarme a mí.
Quise decirle a Eric que se retractara de sus palabras, que yo no era un maldito terreno, o un objeto, como para que ande diciendo por ahí que era suya, cuando claramente eso no era verdad. Jamás sería de Eric, y él jamás sería mío. Son reglas, y no las puse yo, las puso la misma naturaleza.
Por un momento, un momento estúpido, me puse a pensar que mierda pasaría si yo me enamorada de Brennett. Claro, me imaginé algo así como que empezábamos a salir, y mis cuernos cada vez iban creciendo más y más. Pero luego caí en la realidad de que eso no pasaría. Ja, Eric Brennett jamás se pondría de novio, porque eso es como estar diciendo que le "pertenece" a alguien, y como el bien me había dicho una vez, Eric Brennett jamás pertenecería a alguien.
>
Miré a Eric, y me sorprendí al encontrarme con sus ojos marrones fijos en mí. Noté como tragó saliva, y sentí su corazón latir con fuerza contra sus costillas, o creo que era el mío, no lo sé. Pero lo que sí sé, es que unas enormes ganas de besarlo me invadieron, y eso no era para nada bueno. No, no, no. No tenía que querer besarlo, tenía que querer romperle la cara, pero, para mi gran mala suerte, no era así.
Me iba a acercar a su rostro, e iba a unir sus labios con los míos, pero antes de eso, una voz algo aguda, y que reconocía, resonó en mis oídos.
- Eric. - dijo.
Ambos nos giramos hacia la chica, que estaba con los brazos cruzados sobre su pecho, con una ceja enarcada. Iba vestida con unos jeans ajustados de color blanco, unos tacones negros y una blusa del mismo color. Su cabello oscuro volaba por el viento y sus labios rojos resaltaban aún más por las luces de los autos. Era un puto ángel, y la odiaba más por eso. Quería desaparecer, esconderme bajo tierra, o mejor aún, saltar encima de ella y romper su perfecto rostro.
>
Los ojos de Mikaela viajaron a los míos al mismo tiempo que el brazo de Eric se apartaba de mis hombros como si tuviera sarna. Lo detesté por ese gesto, tanto que quise arrancarle la nariz de un mordisco. Y las orejas, y los dedos, y los ojos. Quise arrancarle la cara.
- Mika, ¿Qué haces aquí? - preguntó él, confundido, mientras se acercaba un paso a Mikaela.
Ella sonrió angelicalmente, y cuando intenté buscar a Tate con los ojos, me encontré con que ya el grupete no estaba ahí.
- Soy tu ángel de la suerte, ¿Recuerdas? - preguntó con ese tono tan asquerosamente de ella. Escuché que Eric suspiró.
- Deberías irte a casa. Sabes que a él no le gusta que te metas entre nosotros. - no quería escuchar la conversación, pero lo estaba haciendo. ¿A quién se refería cuando decía él?
- Me mandó a buscarte. Quiere hablar contigo. - Mikaela se acercó un paso a Eric, acariciando su pecho -. Y sabe que soy la única persona que te convencería de eso. - me miró por unos segundos, retadora, antes de volver su mirada hacia él.
Detestaba aquello. Ver como Mikaela tenía todo el poder sobre Eric como nadie más. Me di cuenta que yo siempre digo que "Eric Brennett no le pertenecerá a nadie", o cosas como esas, pero estaba equivocada, y viendo aquello me di cuenta de por qué. Eric Brennett ya le pertenecía a alguien. Y no era a mí, si no a Mikaela Delgado. La Santa Puta Virgen tenía comiendo de su mano a Brennett, y seguramente siempre ha sido así, solo que yo no me di cuenta.
Eric suspiró, dándose por vencido, y se giró hacia mi, por fin recordando que yo estaba ahí. Casi le aplaudí en la cara con dos ladrillos por haberlo recordado.
- Me voy por unos segundos. - me informó. Enarqué una ceja, sin poder creerlo -. No voy a tardar. Solo... quédate aquí.
Y entonces se dio vuelta y sus dedos se entrelazaron con los de ella, y casi salto encima de ellos para matarlos, pero no lo hice.
Pensé que me moriría de aburrimiento ahí sola, y claramente no le haría caso a Eric, por el hecho de que me había dejado tirada como si fuera basura y se había ido con esa idiota, y para colmo sabía que la detestaba con todo mi ser, lo sabía y aún así se había ido. Me vengaré por eso, juro que lo haré.
Justo cuando iba a darme vuelta para ir a otro maldito lugar, sentí una fuerte nalgada en el trasero, una nalgada que me hizo soltar un grito, y entonces escuché la voz cantarina de Mara.
- ¡Maldita sea, mi mujer está aquí! - gritó alegre, me di vuelta y al segundo que lo hice ella me abrazó con todas sus fuerzas. Pude ver a Jorge y Joe caminar hacia nosotras sonrientes de oreja a oreja -. ¡Mierda, como te extrañé nena! ¡A ti a tu redondo culo bien formado! - no pude evitar soltar una sonora carcajada.
- Y yo extrañé tus golpes inesperados, hermosa. - le dije sonriente.
- La malhablada Val Drake ha vuelto al pozo, quien lo diría. - dijo Jorge cuando Mara me soltó por fin, lo abracé -. Y con un cambio de look. Esto merece una portada de revista, una nota en el periódico, una puta entrevista en los noticieros.
- El gordo Jorge ya no está tan gordo. - comenté divertida repasándolo con la mirada, recordando como solían decirle por tener unos cuantos kilos de más. Jorge soltó una carcajada y pasó una mano por su cuerpo, enarcando una ceja.
- ¿A qué si, eh? - habló Joe -. Jorge ha entrado en una dieta estricta, dirigida por Mara.
- Si yo hacía dieta, él también. - Mara le dio un codazo a Jorge, su hermano.
- Y tú cada día más guapa, Val, deja un poco para las demás mujeres de por aquí. - Joe me guiñó un ojo.
- Es momento de superarme, Joey-jo. - bromeé, guiñándole un ojo a Joe, él hizo un gesto de dolor, llevándose una mano al pecho. Solté una carcajada.
Cuando recién conocía a Mara y a Jorge, luego de unos días se sumó a nosotros Joe, quien era el más joven del grupo además de mi. Desde el principio estuvo coqueteando conmigo, intentando robarme uno que otro beso, ganándose un golpe por esos intentos, entre otras cosas. Siempre fuimos muy buenos amigos, a pesar de aquello.
- Chica, ha pasado un siglo desde que no vienes. - me dijo Mara -. Ya no contestas los mensajes.
- Si los enviaras los contestaría.
- Okey, okey - Mara rió elevando los brazos al aire -. Perdí mi celular y no sé tu número, así que esperaba que fueras tú la que tratara de comunicarse. Además... - quiso seguir hablando, pero de repente unas bocinas sonaron, causando que todo el mundo grite. Los ojos de Mara se abrieron como platos, emocionados -. ¡Mierda! ¡Corran que ya va a empezar!
Y entonces Mara nos tomó del brazo y corrió a toda velocidad (arrastrándome) hacia la pista, de dónde todos los autos salían para la carrera.
La gente estaba más que emocionada y borracha, y me esforcé en no morir aplastada por los monstruos, pero de eso se encargaban Joe y Jorge, de proteger porque no muriéramos aplastadas.
Mara empujó a todo el mundo para llegar al frente, y cuando lo hicimos fue justo al mismo tiempo que la chica con poca ropa bajó el trapo blanco al suelo y los cuatro autos salieron volando por el asfalto, entrando a la ruta de la autopista. Los gritos me ensordaron por unos segundos, pero no tardé en entrar en confianza nuevamente, sobretodo porque Joe y Mara no se callaban ni un momento, poniéndome al tanto de todo lo que había pasado en este largo tiempo en el que no nos habíamos visto ni una vez.
Los escuchaba con atención, aunque una minúscula parte de mi cerebro viajaba al hecho de que Eric me había dejado tirada, se había ido con Mikaela y me había dicho que no me moviera de dónde estaba, cosa de la cual no hice caso. No sé por qué mierda sentía que me caería una buena por esto, primero porque lo veía bastante serio y preocupado cuando nos bajamos del auto, y sobretodo cuando estuvimos hablando con Carrick y los otros.
¿Dónde estará el idiota ahora?
De repente unas sirenas de policía empezaron a sonar, y los autos que estaba corriendo llegaron a la meta pero siguieron de largo, ya que las patrullas venían detrás de ellos. Mis ojos se abrieron como platos, y entonces se desató la tormenta. Todos empezaron a correr desesperados porque no los agarraran, y algunos oficiales ya tenían a varios hombres y mujeres tiradas en el piso, mientras le colocaban las esposas. No supe que mierda hacer, primero porque no veía a nadie conocido al rededor, ya que Mara y los otros dos ya estaban corriendo en dirección contraria a mí, gritándome que los siguiera, y quise hacerlo, pero mis piernas no respondieron. Y creo que no lo hicieron porque sabía que me mantenía ahí: Eric.
No sabía en dónde carajo estaba Brennett, no lo había vuelto a ver y eso me ponía nerviosa, casi me desesperaba por completo. Irme, abandonar este lugar sin él sería como estar traicionándolo, no quería hacer eso. Aunque lo detestara, tengo mis códigos de lealtad, y de algún modo u otro, soy leal a Eric.
- ¡Tú, rubia! - escuché que gritaron, me volví y me encontré con Adam en su auto, estaba todo sudado -. ¿Qué mierda haces? ¡Súbete y vamonos, maldita sea! - se veía de verdad muy nervioso. Los policías seguían agarrando personas.
- ¡No puedo! ¡No sé donde está Eric!
- ¡Él se ya se ha ido con Mikaela, muñeca! - me gritó -. ¡Súbete, mierda!
Fue como un golpe en el estómago, un golpe duro y fuerte, que me dejó casi sin aire, y la ira empezó a crecer en ese punto. Él se había ido, me había dejado, sin siquiera buscarme seguramente. Lo odio.
Me subí al auto con Adam sin pensarlo dos veces, y tuve que sostenerme con fuerza al asiento para no salir volando por el parabrisas, ya que él conducía como un desquiciado, pero prefería eso a que nos agarrara la policía.
No le perdonaría eso, jamás.
Eric había bajado todos los puntos que había subido conmigo en menos de dos segundos.