Capítulo 32: "No te duermas..."

3831 Palabras
Mis manos me sostuvieron con fuerza desde el asiento del pasajero del auto de Adam, y solté un largo suspiro, soplando un mechón de cabello, haciendo que este volase hacia adelante y cayera sobre mis ojos nuevamente. No podía creer lo que acababa de pasar, ni que estuviera en el auto de uno de los Jefes, ni que el idiota de Eric me hubiera dejado así, tirada.  Escuché la risa de Adam a mi izquierda, y cuando lo miré horrorizada, esa risa simplemente aumentó. - ¿Qué mierda es tan gracioso? - le pregunté, entrecerrando los ojos, sintiendo como mi corazón estaba a punto de salirse por mi garganta. Adam se encogió de hombros, sonriendo divertido. - Tu reacción es graciosa. ¿No habías vivido algo así nunca o qué? - No tuve el placer de hacerlo hasta ahora. - ¿No conoces ya El Pozo? ¿No has estado ahí antes? Creo haberte visto con Mara y su hermano y ese tal Joe. Arrugué la frente. No pensé que este idiota, que está en la cima de la cadena alimenticia de las carreras, conociera a Mara, o a Jorge, y mucho menos a Joe. El Pozo estaba lleno de hombres con auto, y ¿Justo tuve que subir al de ese tipo? Bueno, mejor eso a terminar en la cárcel. - No tengo por que darte explicaciones. - espeté en tono brusco. Adam rió. - Bueno - sonrió de costado -, sentada en ese asiento te conviertes en mi sumisa, así que, tienes la obligación de responder lo que te pregunto. - bufé y puse los ojos en blanco ante sus palabras. - Y una mierda. - espeté - Yo no le pertenezco a nadie. Creo que una de las cosas que más odiaba en el mundo era ser dependiente, sobre todo si lo eres de alguien. Desde que tengo uso de razón siempre fui una chica que se las arregló por sí sola, claro, cuando ya podía hacerlo. Nunca pedí ayuda, ni me quejé de los resultados de algo que yo sabía había causado, ni mucho menos dependí de alguien. Me negaba a que eso cambiara. - ¿No que eres de Eric? - preguntó, ladeando la cabeza. Solté un suspiro, que más bien pareció un bufido cansado. - Ja, primero muerta. Adam arrugó la frente, confundido por mi reacción o por mis palabras. ¿Qué mierda le pasaba? Me observaba como si fuera bicho raro, como si tuviera un tatuaje de un sapo en la cara. Me observaba como si no entendiera, como si estuviera rompiendo una regla, un código o algo peor. - Wow, eso me dolió hasta a mí. - admitió apartando la mirada. - ¿Qué tiene? - preguntó confundida. - ¿No sabes el significado de esas palabras? - me miró sumamente confundido. Negué con la cabeza, encogiéndome de hombros y Adam suspiró -. Bueno, tendrás que pedir a Eric que te las explique. Me tengo que ir, rubia, nos vemos la próxima.  Le agradecí por haberme alcanzado, y literalmente, salvado el trasero, y luego me bajé de su auto, y a los pocos segundos de cerrar la puerta del acompañante, salió disparado por el asfalto, haciendo que sus ruedas rechinaran y me dolieran los oídos. Entré a mi casa con sumo cuidado de no hacer ruido, a pesar de que sabía que papá no estaba, Matthew podría estar aquí, y no tengo ánimos ni energías para lidiar con su extensivo cuestionario de preguntas. Entonces pensé que era muy raro entrar a casa y no encontrarla ahí, que era doloroso, y yo sabía eso, solo que nunca lo pensaba, o lo decía, o si quiera lo quería sentir. Era difícil entrar a casa y no encontrarme con mamá ahí, sentada en el sillón bebiendo algo, mirando la televisión o simplemente estando en algún lugar de la casa. En fin, sin ella todo era difícil, no importaba qué. > Me desvestí y me coloqué un short para dormir, quedando simplemente en sostén. Me lavé la cara en el lavamanos de la cocina y luego me tiré en mi cama como una bolsa de papas. Me quedé mirando la pequeña ventana de mi habitación, por donde entraba a penas la luz de la luna, pensando en qué estaría haciendo el idiota, si estaría con ella, si estaría preocupado por mí, o si simplemente estaría acostado de la misma forma que yo, pensando en qué estaría haciendo yo. Suspirando pesadamente apagué la luz, porque el sueño empezaba a dominar mis pensamientos. Creo que estuve dormida unos siete minutos, cuando sentí como que algo pesado cayó al piso, y luego escuché un gruñido de dolor, y sin pensarlo dos veces, con los latidos de mi corazón más que acelerados, encendí la luz de mi mesita de noche, preparada para romperle la cara a cualquier ladrón que hubiera entrado en mi habitación, pero entonces, su rostro apareció en mi campo de visión, y noté que la ventana estaba abierta. Lo miré fulminante, pero el odio se fue en cuanto vi su rostro. Estaba con la ceja cortada, un ojo algo morado, con sangre en el labio y la nariz. Maldita sea, estaba todo lastimado. Pero antes de que yo pudiera abrir la boca para decirle qué le había pasado, él se acercó a mí, tomándome por los brazos con fuerza y con los ojos bien abiertos, preocupados. Recién entonces me di cuenta que estaba de pie. - ¿Dónde mierda estabas, Drake? - preguntó con tono desesperado, no pude contestar -. Maldita sea, te dije que no te movieras de ahí. - no sé por qué sentí que estuvo a punto de largarse a llorar enfrente de mí, cosa que hizo que me desesperara -. Volví y no te encontré, no estabas por ningún jodido lugar y luego apareció la policía y de repente... - se detuvo y respiró profundamente, entonces me di cuenta que sus manos estaban temblando, casi como si estuviera a punto de morir de un ataque de nervios -. ¿Estás bien? ¿Te lastimaron, te tocaron, te hicieron una mínima cosa? Porque juro que si fue así yo... - Eric. Eric, cálmate. - lo interrumpí, colocando las manos en su pecho. Su corazón latía rapidísimo-. Parece que tu corazón va a salir de tu pecho. - Pues eso es lo que iba a pasar si no te encontraba aquí. - me miró fijamente a los ojos.  Me sentí como una mierda. Si me había buscado, pero yo, en un arranque de furia me fui con Mara y los demás, porque el se había ido con Mikaela. - Me enfurecí, ¿Okey? - admití de la nada, alejándome un poco de él -. Me dejaste tirada como si fuera una jodida bolsa de basura y te fuiste con esa idiota. ¿Creías que me quedaría ahí a esperarte, luego de que hicieras eso? ¡Ja! Si eso creías, pues entonces estás lejos de conocerme en absoluto. - Tenía que ir. - explicó. - ¿Por qué? - me estaba alterando demasiado, tanto que había subido el tono de voz. Me crucé de brazos, mirándolo con el ceño fruncido -. ¿Por qué mierda te fuiste así, sin más? Me dejaste sola con todos esos... tipos, no conocía a nadie. ¿Por qué? - Ya te dije: tenía que ir con ella. Tenía que hacerlo. - parecía tan sereno, tan clamado, pero al mismo tiempo un poco culpable, y lo odié y lo perdoné y lo volví a odiar, todo en dos segundos. - ¡Pero por qué! - grité -. ¿Qué mierda tiene ella de especial? ¿Qué te une a ella? No entendía porqué le estaba dando demasiado importancia a ese asunto, sobre todo sabiendo como eran las cosas en realidad entre Brennett y yo. No sabía si era porque me molestaba que me cambiara por ella, o por otra cosa. No quería ni siquiera pensar en lo que estaba pesando. No quería hacerme la puta idea de empezar a sentir algo por el estúpido de Eric Brennett. No quería, y no podía. Y creo que se debe más a la segunda. Eric se pasó la mano por su cabello, exasperado, y suspiró fuertemente, como tratando de no alterarse, como tratando de no empeorar las jodidas cosas en esta jodida situación. Luego de unos minutos, me miró casi tiernamente, y caminó hacia mi a paso lento. No podía apartar la mirada de su magullada, y jodidamente atractiva cara  - ¿Podemos por favor no pelear? - pidió y llevó las manos a mis caderas -. Estoy todavía bastante nervioso por no haberte encontrado ahí cuando regresé, y ahora que ya te tengo, lo que menos quiero hacer es pelear. Muchos sentimientos se mezclaron en mi pecho, y en mi estómago. Y odié eso. Lo odié porque no quería empezar a sentir lo que creía estaba sintiendo, porque era estúpido, completamente estúpido, horrible. Lo odié por la forma en que sus ojos me miraban, sin expresar nada, pero expresando todo al mismo tiempo, solo que yo no era lo suficientemente inteligente para saber entenderlo. Lo odié todo. Pero más me odié a mi misma por querer lo que quería en ese instante. Y lo quería a él. No puedo explicar si de una forma física o sentimental, solo podía esperar a que fuera simplemente física, porque si era algo sentimental, estaría metida en un jodido problema, no solo con él, sino conmigo misma también. Miré sus ojos. - ¿Qué estamos haciendo? - pregunté. Pero la pregunta que rondaba por mi cabeza en realidad era: ¿Qué me estás haciendo? Eric se encogió de hombros, tragando saliva, y un pequeño fuego de furia empezó a crecer dentro de mi pecho, y ese fuego se convertiría en una fogata si no lo golpeaba, o si no lo besaba, y por como estaba su rostro, opté por la segunda opción. Su lengua se enredó con la mía al instante, sus manos me atrajeron a su cuerpo con fuerza, y las mías viajaron a su cabello, luego a sus hombros, su espalda, su cuerpo. Sus manos acariciaron la piel de mi abdomen, y luego viajaron a la parte trasera de mi muslo, y como si estuviera hecha plumas me levantó, e instintivamente enredé mis piernas en su cadera.  Nos dejábamos de besar, y eso no se si era malo o bueno, porque me estaba gustando besarlo, me estaba gustando todo de él en ese momento, lo cual simplemente me enfureció más. Y todo eso se mezcló con la excitación del momento, no sabía como carajos sentirme. No quería saberlo, tampoco.  Nuestros labios se separaron y comencé a besar su cuello al mismo tiempo que el me desprendía el sostén y lo tiraba al piso. Estaba completamente agitado, jadeando en mi oído, apretándome contra él, y de un momento a otro estábamos acostados en mi cama, él encima de mí. Rodeé su cuerpo con mis piernas y moví las caderas contra las suyas, sintiendo su erección en mi entrada, y me di cuenta de que él estaba demasiado vestido para aquel momento, por lo que de un tirón le arranqué la camisa, y luego le desprendí el jean.  Gemí en su oído cuando su boca viajó a uno de mis pechos, mordisqueando y lamiendo, hasta que mi pezón se puso duro bajo sus dientes. Arqueé la espalda ante su acto, y luego sentí como su boca iba descendiendo mientras me quitaba el short y las bragas al mismo tiempo y los arrojaba por ahí. No me di cuenta de lo que estaba por hacer hasta que sentí sus húmedos besos en la parte interna del muslo, casi llegando a mi sexo. Levanté la cabeza. - ¿Qué estás haciendo? - pregunté, causando que elevara la vista hacia mí, me miró sin comprender. - ¿Sexo oral? - preguntó falsamente confundido. - ¿Cómo? - casi sentí que palidecí -. O sea, ¿Ya, ahora? Ya me había acostado con Eric, él ya me había visto desnuda, y yo a él, pero esto es otra cosa. Que su boca vaya a mi v****a si me incómoda un poco, y no sé por qué. Claro, porque su pene si puede ir ahí, pero su boca no, ¿Cierto? Ni yo misma te entiendo Val, y eso que soy tú.  - Lo vas a disfrutar, nena. - sonrió antes de bajar la cabeza. Puse los ojos en blanco. - Si, eso lo... Ay, mierda. - jadeé ante la sensación de su lengua en mi centro, cerré los ojos y arqueé la espalda. De repente dejó de hacerlo. - ¿Paro? - preguntó, divertido. Abrí los ojos como platos. - ¿Qué? No, no. Tú sigue.  Y así lo hizo, y juro que no sé por qué mierda dudé de que lo hiciera. Su lengua pasaba por mi clítoris, sus labios besaban, chupaban, haciendo que practicamente se me diera vuelta la cabeza, y cuando uno de sus dedos me penetró y empezó a moverse dentro y fuera de mí, fue lo suficiente para que acabara en su boca, gritando y gimiendo, con la respiración acelerada.  Lo sentí encima de mi, y luego de eso sus labios besaron los míos, y estos estaban completamente mojados, y sabían entre dulce y salado, y me gustaba, él me gustaba en ese momento.  Tardé unos segundos en recomponerme, pero cuando lo hice no perdí el tiempo y adentré mi mano en su jean y su bóxer, tomando entre mis dedos su m*****o. Apretó la mandíbula, cerrando los ojos con fuerza, y un ronco gemido se escapó de su garganta. Seguí moviendo mi mano de arriba a abajo, haciendo que Eric jadeara cerca de mi rostro, mirando con atención cada una de sus expresiones. - Voy a acabar. - anunció, y entonces me detuve.  Se quitó los pantalones, el bóxer y los arrojó al piso junto a las otras prendas, sus ojos recorrieron mi cuerpo desnudo y acelerado, pero de un momento a otro arrugó la frente, enojado y se rascó con fuerza la frente.  - ¿Qué pasa? - pregunté. - No traje condón. - contestó con tono casi dolorido, molesto. No lo pude creer en el momento en que lo escuché. Tenía que ser una maldita broma.  - ¿Que no trajiste condón? - No. - ¡Pero eres Eric Brennett! ¡Como ley de vida tienes que tener un condón encima todo el maldito tiempo, joder!  - Puta madre, ya lo sé. - se pasó una mano por la cabeza. - Hagamoslo sin condón. - dije sin pensar. Eric me miró con los ojos abiertos como platos, como si me hubiera salido otro ojo. - ¿Qué? - Tranquilo, no me embarazaré ni nada - me miró aterrado, nervioso. Respiré profundamente e intenté recordar la última vez que tuve el periodo -. No estoy en mis días fértiles.Tomaré la píldora y listo. Me observó algo inseguro. - ¿Segura?  - Sí.  - ¿Segura segurísima? - Que sí. - Porque si dentro de un mes vienes y me dices que tienes un atraso o... - No pasará. - puse los ojos en blanco -. Ven aquí. Me sonrió divertido, se acercó y volvió a besarme, y nos estuvimos besando y tocando unos segundos más, hasta que los dos estuvimos completamente listo para hacerlo. Se posicionó bien entre mis piernas, y entró en mí de una manera lenta, que me fue quitando el aliento de a poco. Gruñó en mi boca, y yo suspiré al sentirlo bien adentro.  Estaba sintiendo que aquello no era solo sexo, o por lo menos no para mí. Y eso me confundió aún más, y las dudas que crecieron en mi cabeza fueron apagadas por sus embestidas, por sus profundas y duras embestidas, que me quitaron el oxígeno, que me dejaron embobada por minutos que parecieron horas.  Arañé su espalda justo antes de acabar nuevamente, y luego de eso sentí algo cálido entrar en mi cuerpo, que rodeó todo mi vientre, y segundos después el cuerpo un poco sudado de Eric se desplomó sobre el mío de una manera suave, como si aún en ese estado estuviera consciente de no aplastarme y robarme aún más la respiración. Estuvimos así unos segundos, completamente unidos, y cuando logramos recuperarnos, el se apartó de mí y se acostó en la cama a mi lado, rodeando mis hombros con su brazo, y yo sin pensarlo me giré hacia él, lo abracé, enrollé una de mis piernas con las suyas y apoyé mi cabeza en su pecho. Podía escuchar el constante latir de su corazón. Estaba tranquila. Pasaron unos minutos hasta que hablé. - ¿Por qué te fuiste con ella? - pregunté y lo escuché suspirar. - No puedo decirte. - Okey... - quise apartarme de su cuerpo, pero él tomó mi brazo y me volvió a colocar de la misma manera. - Oye, no. - dijo - No quiero que arruinar esto. Porque aunque no lo creas hace tiempo que no me siento así de tranquilo y relajado. Yo también sentía lo mismo. Era como si algo en mis hombros hubiera desaparecido, no del todo, pero ya no pesaba ni dolía tanto. - Okey... - respiré profundamente -. ¿Al menos me dirás como terminaste trabajando para ellos?  Suspiró y miró al techo. Lo pensó unos segundos antes de empezar a hablar. - Me emborraché en un bar hace unos meses y terminé teniendo una pelea con un tipo - explicó -. Lo molí a golpes. Sus amigos tuvieron que separarme de él - lo escuchaba atenta -. Resulta que ese tipo era Adam, y Carrick estaba allí. Él vio todo y me dijo que - lo sentí temblar un poco bajo mi cuerpo -. Me dijo que tenía buena técnica, que podía aprovechar eso para hacer dinero. - ¿Por qué aceptaste? - En ese momento era lo mejor para mí - contestó, su tono era apagado -. No quería seguir dependiendo del dinero de mi padre. Quería lo mío y poder escapar de él y sus reproches o amenazas y... - se detuvo y respiró profundamente -. Soy algo así como su guardaespaldas, entre otras cosas. Es buen dinero, todo es seguro, no te preocupes. Pedirme que no me preocupara era imposible. Por supuesto que me preocuparía, estaba arriesgando muchas cosas metiéndose con ese tipo de gente. - Son peligrosos, Eric - susurré, abrazándome más a él sin poder evitarlo -. El Pozo no es un lugar exactamente sin riesgos. - Lo sé, pero... - se detuvo y entonces me movió para que lo mirara. Tenía el ceño fruncido -. ¿Y tú como se supone que sabes tanto? Mi sangre se heló. No quería hablar al respecto, pero él había cedido y había contestado mis preguntas. - Tenía una amiga que iba allí todo el tiempo y me llevaba con ella - admití, él me observó sorprendido -. Ella y su hermano me enseñaron a conducir.  - Val, no me digas que... - No, yo no voy a ese lugar. Ya no más - lo interrumpí -. Fue un año demasiado difícil, pero ya lo dejé atrás. - ¿Lo prometes? - me miró fijamente, con el semblante serio. - Sí. - Está bien. Ninguno de los dos dijo nada más, porque no fue necesario. De a poco, en el silencio, el sueño se fue apoderando de mi cuerpo, y estuve a punto de caer dormida cuando lo escuché hablar. - No te duermas...  - ¿Por qué? - pregunté soltando un bostezo. - Quiero hablar. - Lo haremos en la mañana. - No sé si podré quedarme. Casi sentí una puntada en el pecho por esas palabras, casi, pero me contuve, sobre todo para no propinarle un golpe en la entrepierna por decir aquello. No le dices a una mujer que no puedes quedarte a dormir con ella luego de haberse acostado. > Suspiré ante ese pensamiento. Era cierto, no podía decir nada porque no tenía que hacerlo. Ya estaba, me tendría que conformar con tener solo aquello de su parte. - ¿Quién te trajo? - preguntó. Dudé en decírselo. - Adam... - Mierda, Val... No podrás hacerme caso una jodida vez en tu vida, ¿Verdad? - negué con la cabeza, con una media sonrisa en el rostro. - No soy tuya. - recordé entonces las palabras que él había dicho en El Pozo, y entonces apoyé la barbilla en su pecho y lo miré. Sus ojos marrones, algo cansados y golpeados se encontraron con los míos -. Y ahora que lo recuerdo... ¿Por qué dijiste eso enfrente de Carrick, Adam y Ayala? - Eric sonrió de costado, divertido y negó con la cabeza. - No querrás saber. - ¿Y por qué no? - ahora simplemente quería saberlo más. - Porque querrás golpearme o algo peor. - hice un sonido de negación con la boca y puse los ojos en blanco. - No haré nada, lo prometo. Pero dímelo. - Eric suspiró. - En El Pozo, cuando le dices a otra persona que alguien "es tuyo", es algo así como... - ladeó la cabeza -... Como estar diciendo que no pueden tocarla. Como estar protegiendo a los que quieres. - ¿Y por qué? - Porque sería como una violación a las reglas. - explicó -. En ese lugar respetan mucho lo que tiene que ver con las relaciones, aunque no parezca, y si estás con alguien, seriamente, tienes que hacerles saber a los demás que es tú chica, para que la respeten. - asentí lentamente, comprendiendo -. Verás, ahí cualquiera puede estar con cualquiera, no hay reglas, no hay dramas, ni problemas. Pero eso desaparece cuando te enamoras y empiezas a salir con otra persona, en este caso una mujer, por ejemplo. Te unes con ella, y entonces ella se une contigo, y ya no puede correr con nadie más, ya no puede ser sumisa de nadie, y nadie puede tocarla, porque sería algo así como un pecado. - Entonces que tu hayas dicho eso... - empecé pero me interrumpió. - Nos uní. - dijo, y luego se encogió de hombros -. No quería que nadie te hiciera nada, o que pensaran si quiera en hacerlo, y estaba enojado en ese momento, y entonces Adam se te acercó, y pedirte que fueras su sumisa fue como estar pidiéndote permiso para acostarse contigo. - parecía enojado mientras decía aquello -. Pero no estoy diciendo que no puedas acostarte con otros que no sea yo, simplemente... - suspiró -. Ese lugar, ese mundo en el que viven, del cual yo también formo parte, es peligroso, nena. No quiero que te metas entre ellos. No de nuevo. No necesitas salir lastimada de esto que no tiene nada que ver contigo. No perteneces al Pozo. Suspiré, entendiendo de que Eric lo dijo para protegerme, no por querer unirnos de verdad. Pufs, es algo obvio que no era para querer unirnos de verdad, era simplemente para que ninguno de esos idiotas se pasaran conmigo, y seguramente lo hizo porque se sentía responsable de mí por haberme llevado ahí, no porque le interesara que me acostara con cualquiera de ellos, o con cualquier otro. - Okey, protector - dije soltando una risa seguida de un suspiro -. Yo estoy cansada y quiero dormir, y si quieres irte hazlo ahora, porque si me llegas a despertar en medio de la madrugada te rompo la cara. Eric soltó una pequeña carcajada y negó con la cabeza divertido. - Me iré cuando te duermas. - anunció. No tardé mucho en quedarme dormida en sus brazos, con millones de preguntas formulándose en mi cerebro. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR