Me senté con pesadez sobre el capo de su auto, sintiéndome estúpida por haber aceptado salir de la fiesta sola con él. No me iba bien cuando actuaba en un arranque de prepotencia y esas eran las consecuencias. Quería irme, pero no encontraba la movilidad de mis piernas.
Por suerte él se sentó al otro extremo, guardando las manos en los bolsillos de su chaqueta. Me miró serio unos minutos, y luego sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió. Dio varias caladas sin prestarme atención, parecía que estaba pensando en qué hacer o cómo actuar en frente de mí luego de lo que había pasado. Ya me estaba arrepintiendo de haber salido de la fiesta con él.
- ¿Quieres? - me extendió el cigarro. Arrugué la nariz un poco por le humo.
- No fumo - le dije. Rió un poco por lo bajo.
- Siempre hay una primera vez para todo.
-Pues no será hoy - espeté bruscamente.
Él asintió lentamente con la cabeza y cuando terminó su cigarrillo se sentó a mi lado. No nos mirábamos, simplemente estábamos ahí, en silencio.
- Quería pedirte perdón por... - empezó, pero lo interrumpí.
- Tate, no importa demasiado, ¿Okey? No saques el tema, por favor.
Estúpida, mil veces estúpida por estar en ese lugar. Me odiaba de sobremanera, quería levantarme y salir corriendo. Lo que menos quería era hablar del tema.
- Me equivoqué, fui un imbécil, un idiota, lo admito - ladeó la cabeza -. Estaba borracho, fumado y había consumido unas pastillas unas horas antes... No sabía lo que hacía. Fui un completo idiota. Te ignoraba en el colegio porque no quería que me rompieras la cara, o que me miraras con miedo como lo hiciste al llegar - lo miré -. Pero creo que no me quedaría tranquilo hasta decirte que lo lamento. Sé que no podrás perdonarme y no te juzgo, pero al menos quería hacerte saber que de verdad lo siento.
Suspiré. No, no lo perdonaba. Jamás perdonaría algo como eso, sería una idiota si empezaba a actuar como si nada hubiera pasado, o incluso dejaba que Tate me besara de nuevo, o cosas así. Sé que soy algo estúpida a veces, pero no tanto como para perdonar al chico que intentó abusar de mí.
- Si vuelves a intentar tocarme en tu vida, juro que te golpearé tanto que tu cabeza quedará deformada - le advertí, con los ojos filosos.
- Eso es un avance - se encogió de hombros -. No volveré a hacer nada, Val, lo prometo - sonreí apretando los labios -. Además, Brennett me romperá un hueso si intento algo contigo de nuevo - fruncí el ceño, mirándolo confundida, ¿Él que sabía de Brennett y yo?
- ¿Qué tiene que ver Eric en todo esto?
- Vamos, Val, soy idiota pero no ciego - me miró con obviedad -. Se nota que Brennett y tú tienen algo.
La respiración se atascó en mis pulmones por unos segundos, y me quedé mirando a Tate fijamente. Sí el estúpido de Collins se había dado cuenta de algo (que es nada en realidad) ¿Cuánto se tardarían los otros en hacerlo?
Solté una carcajada tratando de disimular.
- ¿Brennett y yo? - bufé -. Nos odiamos.
- No me mientas, Drake - enarcó una ceja -. Se nota a leguas que él está interesado en ti - me rasqué el cuello, algo nerviosa -. Y por como lo miraste cuando se besaba con Mikaela, estoy empezando a dudar si tú no sientes algo por él.
Esas palabras me hicieron pensar. ¿Yo sentía algo por Eric? Lo creía bastante imposible, a decir verdad, porque no nos llevamos bien, y que nos acostemos no implicaba en que sí o sí tienen que haber sentimientos de por medio. Jamás me había enamorado, nunca en mi corta vida, y no creía que Eric Brennett sea el primero en mi vida. Otra vez.
Además, no creía ser tan idiota como para ir a enamorarme justo de él, sabiendo a la perfección como era, la forma en la que se manejaba con respecto a todas las chicas a su al rededor, y sobre todo porque había dejado en claro que no cambiaría, y por mí menos. Eric era algo imposible, de eso estaba segura. No me enamoraría de él. Ni drogada, ni aunque eso terminara con el hambre o el calentamiento global. No.
- Es que... - empecé a decir, pero el tono de llamada de mi celular empezó a sonar. Lo saqué de mi bolsillo, pero antes de que pudiera ver quien era, Tate me arrebató el móvil de la mano -. ¿Qué haces, idiota? ¡Dámelo!
- Es de mala educación atender el móvil cuando estás hablando con alguien - dijo, divertido. Oh, estaba por arrancarle las bolas en cualquier minuto. Odio con mi vida que toquen mi celular. Antes de que pudiera hacer algo, Tate ya había contestado -. Celular de Val - dijo sonriente mientras intentaba tirarme encima de él para sacárselo - Lo siento pero... - me dio un manotazo en la cara y se puso de pie rápidamente alejándose de mi - Ella no está disponible en este momento... Está ocupada conmigo... Soy Tate - podía escuchar una voz hablando furiosa desde la otra línea, Tate bufó -. Tranquilízate, hermano, está en buenas manos - me guiñó un ojo, puse los míos en blanco -. No me amenaces... ¿En serio? - dijo sarcástico - Veremos... Me tengo que ir, Val está ansiosa - soltó una carcajada antes de finalizar la llamada. Me arrojó el celular, y juro que casi me da un infarto al verlo volar por los aires, pero por suerte lo atajé antes de que se hiciera mierda en el suelo. Tate se volvió a sentar a mi lado.
- ¿Quién era? - pregunté. Mi móvil no dejó de vibrar en mi mano, pero no le di importancia.
- Eric - respondió simple, encogiéndose de hombros. Mis ojos se abrieron como platos al escuchar ese nombre. Maldita sea, maldita sea, maldita sea.
- ¿Y q-que te dijo? - no sé por qué me había puesto tan nerviosa en ese momento.
- Estaba muy alterado. Quería saber en dónde estabas - tragué saliva -. Y después dices que no está interesado en ti...
Mierda, Brennett. Cada vez me confundes más, ¿Qué carajo quieres de mí?
( . . . )
Fue el mejor sábado de toda mi vida. Me la pasé durmiendo como una morsa toda la mañana, toda la tarde y toda la noche, y al levantarme el domingo mi humor solamente mejoró al sentir el olor de waffles entrando por la puerta de mi nueva habitación. Imaginen mi cara: una sonrisa de drogada, vestida con un short más corto que las relaciones de Taylor Swift. un top deportivo y mi cabello, como siempre, hecho un nido de pájaros.
Entré a la cocina con mi estómago rugiendo, y toda mi hermosa felicidad de domingo, toda mi alegría y toda mi paz se fue al retrete cuando me encontré con Less y Matthew desayunando. Me quedé parada en dónde estaba, con la boca por el piso y una ceja enarcada. Matt, al verme me sonrió de oreja a oreja, en cambio Less se volvió un tomate. Entonces caí en la cuenta de que mi hermano estaba sin camisa y con un pantalón de dormir y ella estaba con una camiseta de él.
Que asco. Que asco. Que asco. Yo no estoy presenciando esto. Definitivamente yo no estoy presenciando el desayuno de mi hermano y mi mejor amiga después de haberse acostado. Diosito, llévame ya.
- Yo solo... - apunté a mis espaldas -. Ya me voy.
- No, no - dijo mi hermano poniéndose de pie -. Quédate a desayunar con nosotros - me tomó por los hombros y me sentó con fuerza en una banca.
- Es que no quiero interrumpir - quería irme. Definitivamente quería irme.
- No interrumpes en nada - Matt llevó un pedazo de pan a la boca. Era un animal cada que comía, Less ni siquiera me miraba -. Estábamos hablando de esta noche. Less no quiere quedarse, pero yo le insistí en que...
- ¿Esta noche? - pregunté confundida, interrumpiéndolo. No resistí más y empecé a devorar lo que se me cruzaba por enfrente. Tomé cuatro waffles y los llené de dulce de leche. La gloria pura.
- La cena de despedida para papá - me dijo, formulé un "Ahhhh" con la boca llena -. Van a venir uno de sus amigos del negocio y eso, quizás hasta venga la tía Stephanie - puse los ojos en blanco al escuchar su nombre -. Dice que no quiere incomodar porque es entre amigos y familia y bla, bla, bla - dijo mi hermano refiriéndose a Less. Pusimos los ojos en blanco al mismo tiempo.
- Técnicamente ya eres familia - le dije a Less -. Eres novia de Matt, lo que te hace mi cuñada y la nuera de papá. Así que tienes que venir para que te conozca.
- ¿Y si no le caigo bien? - Matt y yo pusimos nuevamente los ojos en blanco.
- Deja de copiarme - dijimos al mismo tiempo y volvimos a poner los ojos en blanco. Maldita sea -. Si me caes bien a mí, es seguro que le caerás bien a mi padre.
- Para que le caigas bien a Val ya es demasiado - le di un golpe a Matt en la cabeza.
- Tiene razón - dijo Less. Casi le escupo en la cara por haber estado del lado de Matt y no del mío. Maldita traidora, dominada, tarada.
Luego de desayunar y dejar a los dos tórtolos besándose en la cocina fui directo a mi habitación. Miré el piano de mi madre por unos segundos, y repasé internamente si tocar un rato o dormir otro rato más. Me ganó el hecho de que hace como mil años no tocaba. Y así se pasó la tarde, con las melodías favoritas de mi madre sonando por todo mi cuarto, con recuerdos de ella en mi mente y con un poco de nostalgia en el corazón. Mis dedos parecían moverse solos encima de las teclas, como si a pesar de los años no hubiera olvidado como hacerlo. Mis dedos la recordaban en las teclas, era lo único que tenía fijo en mi cerebro de su recuerdo que no desaparecerían con el tiempo.
Estaba tirada en mi cama cuando el tono de mensajes de mi celular me hizo abrir los ojos.
Eric: ¿Dónde mierda estás?
Fruncí el ceño al leer aquello. Quería dejar el mensaje sin contestar, quería ignorarlo y mandarlo a la mierda, pero sabía bien que no lo haría. Odiaba a Brennett por volverme una chica que en vez de pensar con su cabeza, pensaba con su v****a. Maldita sea.
Yo: ¿Te importa, a caso?
Eric: No, no me importa, y por eso te estoy preguntando.
Yo: Ja, ja.
Eric: ¿Estás con él?
Yo: ¿Con quién?
Eric: No te hagas la estúpida. ¿Estás con Tate?
Me mordí el labio inferior con fuerza, pensando en qué mierda hacer, si decirle la verdad o provocarlo. Claramente, como buena idiota, me fui por la segunda opción.
Yo: No te pongas celosito, Brennett.
Eric: ¿Te lo estás cogiendo?
Yo: La tiene más grande que tú, cariño.
Eric: Te dije que te alejaras de él.
Yo: Tú te acuestas a Mikaela y no digo nada :). Déjame hacer lo que me canten los ovarios.
Eric: ¿Quién está celosa ahora?
Yo: Solo no quiero que me transmitas alguna enfermedad :)
Eric: Esto ":)" Solo demuestra cuán enojada estás ;)
Yo: No me importa nada que tenga que ver contigo, bebé.
Eric: ¿Estás con él ahora?
Yo: ¿Con Tate? ¿Tanto te importa el hecho de que haya estado con él?
Eric: Dios... Voy a matarte cuando te vea, Drake.
Eric: Y no de la forma que te imaginas, nena. Te dejaré sin aliento, y terminarás rogando por más ;)
Yo: Ja, ja, ja. Brennett, nene, el que terminará rogando serás tú ;). Me tengo que ir.
La tarde pasó rápidamente, y con ella mi humor simplemente fue empeorando. Matt había contratado un catering y la mesa de la sala estaba llena de comida y perfectamente armada. Yo me estaba terminando de cambiar cuando escuché el timbre, lo que quería decir que ya estaban llegando los amigos de papá.
Como era algo informal, simplemente me vestí con una falda acampana color negra, una media negra a rayas, botas color rosa, una camiseta común y una camisa de jean encima. No me maquillé y dejé mi cabello suelto y después de unos minutos salí de mi habitación.
Habían bastantes hombres en la sala de estar charlando a gritos, mujeres en la cocina hablando sobre la comida, mi hermano hablando con Less mientras la miraba de una forma muy tierna, que me provocó diabetes. Caminé por mi casa y entré a la sala para saludar a todos, mi padre estaba con una cerveza en la mano y cuando me vio me sonrió de oreja a oreja.
- ¡La princesita Val! - gritó Bob, uno de los mejores amigos de mi padre poniéndose de pie y rodeando mis hombros con su brazo -. ¿Cuándo creciste tanto, niña malcriada?
- Si te pasaras por aquí de vez en cuando no estarías sorprendido - le dije riendo y le di un golpe en el estómago - Hola a todos - dije saludando a los amigos de mi padre. Conocía a todo, menos a tres.
- Val, te presento a mi nuevo socio, Richard Collins - dijo apuntando a un hombre con un poco de barba y cabello oscuro. Me sonrió amigable e hice lo mismo -. Vino con su hijo, él está...
- Aquí - dijo la voz de un chico entrando a la sala. Cuando vi a Tate mis ojos casi se salen de mi cabeza. Me sonrió alegremente -. Hola, Val.
- Hola - sonreí un poco tensa, mi padre sin darse cuenta de la situación.
- Él es Thomas Miller - un hombre de ojos verdes y cabello rubio me saludó con la mano -. Seguro lo conoces, es el padre de...
- Mi padre - y entonces Gregg entró a la sala con una cerveza en la mano. Tragué saliva al verlo, y sus ojos filosos se clavaron en Tate por unos segundos. Me iba a morir en cualquier momento. Alguien por favor ayúdeme a salir de esta ahora mismo.
- Y él es Robert Brennett - mis ojos se cerraron con fuerza al oír ese apellido, y como el universo me odia Eric entró a la sala con un vaso de agua en la mano. Enarcó una ceja en mi dirección, y juro que me tuve que contener para no gritar de frustración.
Maldita sea, se me juntó el ganado. ESTÁN LOS TRES EN MI CASA. ESTO ES DEFINITIVAMENTE UNA ALERTA ROJA. ALERTA ROJA. ROJA COMO TOMATE. AUXILIO JESÚS. LIBERAME DE ESTO.
- ¡La cena está lista! - gritó una mujer regordeta desde el comedor.
Mi mirada estaba clavada en mi plato, y mi estómago estaba cerrado, pero yo comía de todas formas, porque todo estaba malditamente delicioso. Tate estaba sentado al lado de su padre, quien estaba enfrente de mí. A mi lado estaba Less y al lado de Less estaba Matt, a su lado estaba Gregg y enfrente de Gregg estaba Eric. No sé por qué, pero ninguno de los tres apartaba su mirada de mí, y eso me ponía más que nerviosa.
Solo a mi me pasa esto. Solo a la desgraciada de Val Drake le puede suceder algo como esto. Es decir, ¿A qué otra chica se le junta en ganado en una cena de despedida para su padre? Solo a mí. Y esto es solo una señal del destino que me dice que no tengo que estar con más chicos, que tengo que morir sola y con cuatro perros y tres gatos. Juro que nunca más en mi vida me besaré con alguien que sea hijo de amigos de mi padre. Esto es malditamente insoportable.
Estaban hablando de no sé que cosa cuándo escuché mi nombre.
- Val... - dijo mi padre.
- ¿Eh? ¿Yo qué? - pregunté sin entender, todos en la mesa rieron un poco.
- ¿Conoces a los chicos? - preguntó una mujer morena bastante joven. Miró a Eric, Gregg y Tate sonriente. Tragué saliva.
¿Qué si los conocía? Mi lengua los conocía más que yo, para ser sincera.
- Emmh...
- Somos amigos - dijo Tate, sacándome del incómodo momento. Tomé agua.
- Es más amiga mía que tuya - Gregg dijo mirando retador a Tate.
- Pfs, idiotas... - susurró Eric llevándose el vaso de agua a su boca.
Salvenme de esto. Ahora.
- ¿Entonces tienen relación? - preguntó mi padre. Casi me atraganto.
- La suficiente - respondió Tate. Estaba segura que mi rostro estaba más duro que una piedra.
- Bastante - Gregg me sonrió.
- Ni se imagina... - dijo con una media sonrisa Eric.
- ¿Val? - todos me miraron. Abrí la boca unas tres veces para hablar.
- Está todo muy rico... - sonreí, desviando el tema -. ¿El postre?
- Mierda, me olvidé de eso - se disculpó Matt. Mi padre se encogió de hombros.
- Yo puedo ir a comprar helado - me ofrecí. Necesitaba salir de eso ahora.
- Buena idea - dijo Bob -. ¿Quien la acompaña?
- Yo voy - dijo Tate poniéndose de pie.
- Siéntate, Collins - habló Eric -. Yo la acompaño.
- Estacionen sus vacas - dijo ahora Gregg. Estaba deseando desaparecer -. Yo voy con ella.
- No jodan. Yo lo dije primero - se quejó Tate. Me contuve para no golpear mi cabeza contra la mesa.
- Te mato si no te sientas de nuevo - advirtió Gregg.
Eric puso los ojos en blanco, tomó su chaqueta que estaba colgada en la silla, caminó hacia mí y me tomó del brazo con algo de fuerza. Todos nos miraban sin entender en absoluto lo que estaba ocurriendo. Bah, ni siquiera yo entendía.
- Vamos, Drake - dijo obligándome a ponerme de pie.
Eric no me soltó del brazo hasta que me tiró en el asiento del acompañante. Estaba muy furioso, y se le notaba a leguas, y lo furioso lo ponía algo agresivo, lo cual me ponía agresiva a mí. Mi brazo dolía, y Brennett manejaba como un loco de remate.
- ¿Qué mierda te pasa, estúpido? ¡Casi me arrancas el brazo! - grité enojada.
- Al menos me contuve para romperle la cara a alguno de esos imbéciles. - su mirada estaba fija en el camino.
- ¿Quién carajos te crees que eres, imbécil? - le di un golpe en el brazo, enojada -. Dime cual carajo es tu problema, retrasado idiota come caca.
- ¡Tú eres mi maldito problema, Val! ¡tú! - su voz resonó en el auto y me hizo quedar sin aliento - Eres una maldita terca, y me vuelves malditamente loco. Y encima... ¡Ahg! Te detesto, Drake, juro que te detesto.
Por alguna razón, una razón muy desconocida, esas dos palabras me dolieron un poco, pero solo un poco.
- El sentimiento es mutuo, Brennett - respondí en un tono de voz bajo, tajante. Al darme cuenta que estábamos en la heladería me bajé del auto dando un portazo. Sentía muchas ganas de llorar, y me odié por eso.
Las calles estaban vacías y la noche oscura y un poco fría, lo cual simplemente me deprimía mucho más. ¿Qué mierda me estaba pasando? ¿Por qué quería llorar? Seguramente era por la frustración, siempre que estoy frustrada lloro a mares, y llorar hace que me frustre más y que simplemente llore muchísimo más.
Escuché sus pasos a mis espaldas. Quería golpearlo hasta dejarlo sin aliento. Lo estaba odiando.
- ¡A dónde mierda vas! - gritó.
- ¡A la puta heladería! - me tomó del brazo por sorpresa y me giró hacia él. Su ceño se frunció al ver mi rostro, y sus ojos se ablandaron un poco.
- ¿Estás llorando? - preguntó sin entender.
- No, estoy sudando por los ojos - respondí sarcástica. No me había dado cuenta que las lágrimas habían empezado a caer.
- ¿Por qué lloras? - tragó saliva.
- Me estoy conteniendo para no romperte la cara.
Odiaba cuando los demás pensaban que estaba llorando porque alguno de sus comentarios me habían dolido o lastimado, cuando en realidad estaba conteniendome para no partirles algún hueso.
- No quise decir eso - puse los ojos en blanco.
- Claro que quisiste decirlo, Eric - sorbí por la nariz -. Porque es lo que sientes. Me detestas. Está bien, yo también te detesto a ti.
- ¿Y por qué no te alejas de mí y ya está? - preguntó confundido. Me encogí de hombros en respuesta.
- ¿Y tú? ¿Por qué no te alejas de mí? - miré a sus ojos. Las ganas de partirle el rostro seguían presentes.
- No puedo hacerlo - respondió simple. Fruncí el ceño.
- ¿No puedes o no quieres? - ladeé la cabeza.
- Las dos - sonrió de costado sin mostrar los dientes -. No quiero hacerlo porque eres la única que me desafía y que al mismo tiempo quiere estar conmigo a pesar de detestarme. Nunca había estado más de tres veces con nadie, todas se hartan de mí y de mi actitud, pero tú... - llené de aire mis pulmones cuando sus dedos acariciaron mi mejilla -. No puedo alejarme de ti. Y no puedo hacerlo porque... - me miró a los ojos por unos segundos -. Porque...
- ¿Porque...? - lo miré expectante, él abrió la boca para hablar, pero no dijo nada. Suspiré -. No importa.
Me zafé de su brazo, me di vuelta y di unos pasos hasta que lo escuché hablar nuevamente.
- Drake - me llamó.
Me di vuelta para encararlo, y en cuanto lo hice, sus labios se estamparon con los míos. No reaccioné por unos segundos, pero luego sin pensarlo le devolví el beso. Sus manos viajaron a mi rostro, y mis brazos rodearon su cuello, acercándolo más a mí. Su lengua pidió pase a mi boca, y sin dudarlo se lo permití.
Era la segunda vez que nos besábamos, y puedo jurar que lo recordaba igual de gratificante que la primera vez. Besar a Eric era, seguramente, la primera maravilla del mundo. Sus labios eran perfectos y experimentados, sabían lo que hacían, como moverse sobre los míos, tal parecía que nuestros labios estaban hechos para estar juntos uno con el otro.
Genial, ya me puse toda poética.
- ¿Val? - al escuchar mi nombre, me aparté de Eric y me di vuelta.
Mis ojos se abrieron como platos cuando me encontré con su rostro. Me miraba sin comprender, casi un poco enojada. Llevaba una bolsa de plástico en la mano, y no apartaba su mirada de la mía.
Maldita sea.
Lenn acaba de encontrarme besándome con Eric.
Me caería una buena.