El dolor de cabeza que sentía ni siquiera es necesario explicarlo, porque seguramente ya se imaginarán como es una resaca, o seguramente ya la habrán sufrido. La garganta me dolía muchísimo, y sabía que eso era por el esfuerzo que hice al vomitar. Sentía los ojos hinchados y los párpados pesados, y también sabía que eso era por haber estado llorando como una maldita magdalena. Bufé sentándome en la cama ya conocida para mí: estaba en la habitación de Brennett.
No llevaba mi ropa puesta, estaba vestida con una camisa blanca que me llegaba casi por las rodillas, y debajo de esta estaba simplemente vestida con mis bragas, porque el sujetador que recuerdo me había puesto no estaba en dónde debería.
Todos los recuerdos de las horas anteriores volvieron a mí de repente, haciendo que mi estómago diera un vuelco.
Tate, había intentado abusar de mí, en cierto punto lo había hecho; me había drogado y emborrachado y aprovechó eso para poder hacer de mí lo que quisiera. Me sentía mal por eso, muy mal, pero claramente no dejaría que de eso se enterara nadie, mucho menos mis amigas o mi hermano. No podía confiarme en nadie, no sabía de verdad como la gente podría reaccionar si yo decidía hablar. Ese era el problema: todos buscarían una forme de inculparme a mí, de hacerme quedar a mí como la que se lo buscó. El sistema siempre encontraba una manera de decirle al mundo que la culpa fue de la víctima.
Preferiría que Tate olvidara todo eso por haber estado tan drogado y borracho. Deseaba lo mismo para mí. Pero, Dios, si no hubiera sido por Eric, no quería ni imaginar qué me hubiera sucedido. Debía darle las gracias.
Me estiré en la cama, suspirando, para luego ponerme de pie y salir de la habitación. Bajé las escaleras de la casa de Brennett y el olor a café me inundó por completo. Mientras caminaba hacia la cocina me encontré con Zach, quien en realidad estaba durmiendo como un oso en el sofá de la sala.
Entré a la cocina, mis ojos se encontraron con la espalda marcada y los hombros anchos de Eric. Estaba preparando algo en la mesada de la cocina, iba sin camiseta y con unos pantalones de pijama de color n***o, descalzo. Suspiré antes de hablar, ya que de verdad estaba nerviosa.
- Buenos días. - dije entrando a la cocina. Eric se dio vuelta hacia mí; estaba masticando y llevaba una tostada con dulce de leche en una mano, y una taza de color azul en la otra. Me sonrió a penas e hizo una ceña para que me acercara.
Dudando un poco tomé una de las tazas que estaba encima de la mesada y la llené de café, todo aquello bajo la fija mirada de Brennett, quien estaba demasiado callado para mi gusto. Comí unas tostadas en silencio, al igual que él, y cuando estuve mentalmente preparada abrí la boca para agradecer a Eric lo que había hecho por mí.
- Oye, Brennett, yo... - empecé, pero me interrumpió.
- Te dije que te alejaras de él, Drake. - dijo en tono duro, mirándome seriamente, bajé la mirada por unos segundos -. Te advertí, maldita sea, te advertí que Collins era un hijo de puta, pero como siempre, vas y haces tus típicas estupideces. Sin escuchar a los demás.- de verdad que estaba muy enojado, lo que me enojó a mí también.
- Primero que nada: no me hables así. - escupí con veneno, me miró fulminante -. ¿En serio creías que te haría caso a ti? - pregunté sarcástica -. Eres la última persona en la que confiaría en mi puta vida, Brennett.
Sabía que tenía que intentar comportarme bien y simplemente agradecerle, pero ni siquiera me había dicho un "hola" y ya estaba tirándome mierda o enojándose conmigo. No me estaba dando tiempo para decir nada. Él más que nadie podía sacarme de mi buen humor.
- Por no confiar en mí pasó lo que pasó - espetó con furia -. Si yo no hubiera llegado a tiempo, seguramente estarías tirada desnuda en el medio del bosque.
- ¡No te pedí que me ayudaras! - grité enojada.
- ¡Pero me preocupé, ¿okey?! - golpeó la mesada con su puño -. ¡Y si no me hubiera preocupado por ti no quiero ni siquiera imaginarme lo que te hubiera pasado! - de repente, me di cuenta que estábamos demasiado cerca, mirándonos enojados y con odio en los ojos -. Maldita sea, Drake, ¿Por qué no puedes simplemente sonreír y agradecerme una puta vez?
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- ¿Sabes por qué no lo haré? - di un paso hacia él, con la respiración agitada y enojada -. Porque no me importa quién mierda seas, o que mierda hagas por mí, o si me salvas de una jodida muerte: no me interesas Brennett.- dije aquellas últimas palabras mirando fijamente a sus ojos. El apretó la mandíbula, asintiendo un poco lentamente.
- ¿Y tú crees que si me interesas? - preguntó sarcástico -. Solamente te ayudé por Matt, porque no quería que tuviera una hermana que además de estar loca quedara traumada por una situación como aquella - apreté la mandíbula -. Me da igual si mañana te pasa un camión por encima, o si tu perro se muere o te da cáncer de pulmón... Tú me das igual, Drake.
- Arreglen sus cosas cuando yo no esté durmiendo en el jodido sofá de la sala de al lado, por favor. - escuchamos la voz de Zach, y entró a la cocina con el rostro dormido y el cabello completamente desordenado.
Me aparté de Brennett casi de inmediato, mientras trataba que mi pulso se calmara por la repentina discusión con el idiota. Zach caminó por la cocina como si nada, y mirando mis pies descalzos me di cuenta que estaba casi medio desnuda enfrente de dos hombres. Respiré profundamente y salí de la cocina con paso acelerado.
Encontré mi ropa en el baño, y para mi sorpresa estaba limpia. Internamente agradecí por eso a Brennett, y cuando ya estuve completamente vestida salí del baño y me encontré con Eric sentado en su cama, ya vestido y con la mochila a sus pies. Me miró.
- No fue lo que quise decir. - me dijo cuando pasé a su lado para buscar mis zapatillas, que en realidad eran la de mi hermano. Bufé.
- Si lo dijiste fue porque lo pensaste en el momento, Brennett. No importa demasiado. No importa en absoluto. - caminé hacia la puerta, y entonces él me tomó del brazo.
- Si no importara no te comportarías como una niña enojada y caprichosa, Val. - sonrió de costado, mirando mis labios. Puse los ojos en blanco.
Llené de aire mis pulmones y decidí dejar de lado mi gran y pesado orgullo.
- Iba a agradecerte, ¿okey? - admití, cruzándome de brazos -. Pero tú empezaste con todo tu malhumor y... Joder, me enojé. Lo lamento.
- Sé que no debí reaccionar así. Pero es que, ver todo aquello - hizo una mueca de asco, cerrando los ojos con fuerza -, como él te estaba tocando y tú le pedías que se detuviera... - me revolví ante el recuerdo. Eric suspiró pesadamente -. Casi lo mato, Val - mi sangre se heló ante sus palabras -. Lo estaba golpeando tanto que de verdad lo hubiera matado. Pero entonces te vi tirada en el piso, temblando y tan desorientada que... Me detuve para ayudarte - me miró con los ojos arrepentidos -. Perdón por haberte gritado. Todo lo que dije fue basura, no era verdad.
Mi corazón dio un vuelco ante sus palabras y entonces, sin poder evitarlo un segundo más, me acerqué a él de un solo paso y rodeé su cintura con mis brazos.
- Gracias. - susurré contra su pecho.
Sus fuertes brazos me rodearon a su vez, y me estrechó fuertemente contra su cuerpo. El olor a su fragancia me relajó un poco y era extraño lo cómoda que me sentía abrazándolo. Él me apretujó un poco más y apoyó su mejilla en mi cabeza unos segundos.
Cuando me aparté de él para mirarlo y agradecerle de nuevo, mi lengua se trabó dentro de mi boca. Sus ojos marrones me miraban fijamente, nuestros rostros estaban demasiado cerca, su cuerpo se sentía caliente contra el mío.
Fue entonces, cuando sus ojos viajaron de mis labios a mi boca dos veces, para luego quedarse fijos en mis labios. Eric empezó a inclinarse hacia mí, y mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho. Pero mi cerebro fue lo suficientemente listo como para volver a funcionar correctamente, ya que me enderecé y me aparté de él, dando un paso hacia atrás.
La decepción que tiñó su rostro solo duró unos segundos, pero estiró su brazo y me tomó de la mano con delicadeza.
- Espera, Val - dijo -. ¿Por qué no lo admites? - preguntó.
Tragué saliva.
- ¿Admitir que cosa?
- Que si te importo - respondió -. Que te gusto. - solté una gran carcajada.
- Lo único que me gusta de ti es tu pene, Brennett, no te emociones tanto.
Eric sonrió de oreja a oreja, a gusto con mis palabras, y me soltó el brazo. Bajé las escaleras de su casa con una sonrisa burlona en el rostro, no podía creer que había dicho esas palabras.
(...)
-¿Quién te gusta? - preguntó por centésima vez mientras entrábamos al instituto. Seguí caminando hacia mi casillero, con Brennett pegado a mi como una abeja a la miel.
- Nadie. Maldita sea. - maldije por lo bajo.
- ¿Quién te gusta? - volvió a preguntar. Respiré profundamente abriendo mi casillero, estaba a punto de golpearlo si no se callaba.
- Nadie, estúpido. Nadie me gusta.
- ¿Quién te gusta? - me giré hacia él exasperada, conteniendome. Sonreía de oreja a oreja.
- ¡¿Cuántas malditas veces vas a preguntar eso?! - le dije exasperada. Se encogió de hombros.
- Cuantas veces sea necesario hasta que digas mi nombre.
Me pasé una mano por la cara y suspiré cansada mientras cerraba mi casillero a mis espaldas.
- Y entonces, Val... - dijo -. ¿Quién te gusta?
- ¡Agh! ¡Ya cállate! - le grité y le pegué un cuadernazo en la cabeza con mi libro de matemática. Eric se frotó la zona dañada con una mueca de dolor y divertida en el rostro. Para mi suerte y mi mala suerte estaba de muy buen humor esa mañana, y cuando estaba de buen humor se volvía un pesado.
La campana sonó y lo primero que hice fue salir corriendo hacia mi primera clase. Me tiré en mi silla y reí un poco al ver como Lenn tenía la cabeza enterrada en sus brazos que estaban encima de su mesa. Estaba durmiendo con la boca abierta. Julie seguía mirándose al espejo arreglándose el maquillaje, y Les, bueno... Less a penas respiraba.
- No sé si tengo energías para salir otra vez... - dije acostando mi cabeza en mis brazos.
- Oh, claro que las tienes. Sobre todo porque esta será casi épica. - dijo Julie.
- ¿Ya pusieron las pistas? - preguntó Less.
- Si, ya estaban en el gimnasio cuando llegamos. - sonrió Julie. Yo estaba a dos segundos de morir y ella seguía hablando emocionada -. Una fiesta de disfraces en una casa abandonada.
- Ni drogada voy. - fue lo primero que dije al escuchar lo que Julie dijo.
- ¿Por qué? - dijo Less haciendo un puchero y alargando la E final.
- Entraré a esa casa y moriré de un infarto. No voy a ir. - dije negando con la cabeza. Soy demasiado miedosa y asustadiza, y si llego a ir a esa fiesta seguramente termine en el hospital por un jodido infarto.
- ¡Oh, vamos! Todas iremos. ¿O no? - Julie miró a Less y esta asintió con la cabeza rápidamente, luego miró a Lenn, quien seguía durmiendo - ¡Lenn! -gritó la rubia, haciendo que la susodicha se despertara de repente.
- ¿Q-qué pasa? - preguntó completamente adormilada. Puse los ojos en blanco.
- Que si vas a ir a la fiesta de esta noche. - le dije y ella me miró confundida unos segundos, como tratando de entender lo que decía.
- Ah, eso... Si, si. - agitó la mano en el aire, como espantando moscas y segundos después volvió a tirarse encima de su mesa y otros segundos después volvió a estar dormida.
El profesor entró al aula, y claramente yo aproveché toda la clase para dormir como un hermoso bebé.
La mañana fue normal y sin interrupciones, me crucé en los pasillos con Tate, pero él ni siquiera se giró a mirarme ni una sola vez, lo que internamente agradecí por completo. Brennett no volvió a molestarme ni una sola vez, Gregg dormía cada minuto que podía al igual que Lenn, Less y Matt no se cansaban de demostrar su amor, y Julie no se cansaba de buscar disfraces en Internet para la fiesta.
Cuando llegué a casa lo primero que hice fue hablar un rato con mi padre por teléfono, él estaba en Inglaterra y volvería recién la semana entrante. Me di una ducha de unas veinte horas y dormí entre cuatro o seis, así que cuando me desperté de la siesta lo primero que hice fue ir a buscar mi disfraz al sótano.
Como soy de las personas que ahorran recordé que tenía un disfraz de un Hallowen de hace pocos años. No gastaría dinero en otro simplemente por una puta fiesta de disfraces de mi Instituto. Me iría con lo que tenía y listo.
Mientras subía la escalera con una bolsa en dónde estaba la ropa me crucé con Matt.
- ¿Sabes de que te vas a disfrazar? - me preguntó.
- Si. - respondí sonriente -. ¿Recuerdas el disfraz de color verde que una vez nos compró mamá? - le dije, los ojos de Matt se abrieron como platos.
- ¿Usaras el disfraz de Luigi? - asentí -. Val, ese disfraz lo ocupaste cuando tenías catorce años. Te quedará en el dedo gordo del pie.
- Ay, no exageres. Si me andará. - le di un pequeño toquesito en la punta de la nariz y subí corriendo las escaleras hacia mi habitación.
Y... Matt tenía razón. El jodido disfraz si me entraba, pero dejaba más piel fuera de la que recordaba cuando lo usé a los catorce. La falda acampanada con varias capaz de tela cristal era de color azul y quedaba bastante corta, la que supuestamente tenía que ser una camiseta ajustada color verde ahora era un top ajustado color verde, los tirantes por suerte si quedaban bien al igual que el gorro verde, en mis pies llevaba unas zapatillas blancas y unas medias verdes hasta dos dedos debajo de la rodilla. Parecía una prostituta salida de un maldito vídeo-juego.
- ¡Vámonos ya! - gritó Matt desde el piso de abajo. Suspiré antes de tomar mi celular y salir corriendo de mi habitación. Mi hermano iba disfrazado de algo que parecía ser un vaquero. Matt me vio atentamente cuando llegué a su lado -. ¿Por qué no te disfrazaste de monja? Eso hubiera sido más fácil... - se quejó mi hermano como un niño pequeño abriendo la puerta de la casa.
El viaje en auto hacia la supuesta casa abandonada se basó en miles de recriminaciones de Matthew sobre el hecho de que la ropa que llevaba puesta era dos talles mas chicos, que seguramente me daría neumonía por estar tan desabrigada, y claramente, no se cansó de repetir: "Si veo que alguien se acerca a ti, lo mataré y le cortaré el p**o", así de tierno es mi hermano.
La casa era en realidad una mansión enorme de madera vieja y desgastada. Música electrónica sonaba a todo volumen, la gente gritaba y saltaba exaltada con sus disfraces y vasos de alcohol en la mano. No me pasó desapercibido el hecho de que Matt colocó su mano en mi cintura en una señal de protección, y prácticamente me escondió dentro de su chaqueta cuando los ojos de Tate se encontraron conmigo. Simplemente aparté la mirada y seguí caminando dentro de la casa.
Una escalera tenía pinta de estar a punto de romperse si alguien mas subía por ella, las paredes de madera eran tan finas que seguramente si las golpeabas tu puño traspasaría, y tuve la sensación de que la madera del piso se rompería en cualquier segundo.
Caminamos hacia una barra improvisada en un rincón de la que supongo era la sala, y segundos después de que nos dieran nuestros tragos Less corrió hacia mi hermano y lo envolvió con los brazos, besándolo en frente de mí. Iba disfrazada de algo que parecía ser una sexy bailarina árabe. Estaba muy hermosa, pero sería mucho más hermosa si dejara de meterle la lengua hasta la garganta a mi hermano.
- Esas piernas valen un millón de dólares. - escuché la voz de Brennett a mis espaldas, y logré entender a penas lo que decía. Me giré hacia él y mis ojos recorrieron su torso desnudo, llevaba unos guantes de boxeo colgados en el cuello, unas zapatillas deportivas y unos shorts flojos. Supuse que estaba vestido como un boxeador o algo. Me sonrió -. Tengo la sensación de que ese disfraz terminará tirado en el piso del baño. - me guiñó un ojo coqueto, puse los ojos en blanco.
- ¿Por qué no me sorprende que estés medio desnudo? - pregunté entrecerrando los ojos.
- Nunca es mal momento para presumir tu físico. - sonrió encogiéndose de hombros.
- Tampoco me sorprende lo modesto que eres, Brennett. - solté un bufido dándole un trago a mi vaso. Sabía malditamente bien.
- Dejemos de hablar de mi maravilloso físico, y vayamos a lo importante - me miró divertido -. ¿Quieres hacerlo? - solté una gran carcajada.
- Tienes una gran falta de tacto.
- ¿Por qué? - se estaba divirtiendo con la conversación.
- No llegas simplemente y le dices a una chica si quiere hacerlo contigo. - puse los ojos en blanco.
- Normalmente me funciona con todas - sonrió, encogiéndose de hombros. Me miró fijamente -. Tengo demasiadas ganas de arrancarte esa falda. - dijo acercándose a mí, tomando un puñado de la tela cristal de mi falda entre sus dedos. Acercó su rostro al mío, acariciando su nariz con la mía lentamente mientras miraba a mis ojos -. Y tengo la sensación de que tú también quieres eso.- sus labios besaron mi mejilla izquierda y la mano que estaba en mi falda trepó por mis muslos y acaricio mi trasero.
- Después. - dije apartándome de él, quitando su mano. Me sonrió de oreja a oreja.
- ¿Eso es un sí? - preguntó en tono pícaro y divertido. Sonreí acercándome a él lentamente, mis labios rozaron su barbilla y mordisquearon el lóbulo de su oreja.
- Recuerda que yo elijo, Brennett.- le susurré al oído. Rió y asintió ladeando la cabeza. De repente me tomó de la mano y empezó a caminar conmigo a rastras entre toda la gente.
- ¿A dónde vamos? - le pregunté. Se giró un poco para verme de reojo mientras seguía caminando. La mansión literalmente era enorme.
- Tú te vienes conmigo. La última vez que te dejé sola las cosas no terminaron bien. - escuché a penas que dijo.
Seguimos caminando un poco más, empujando los cuerpos sudorosos que saltaban de aquí para allá, y cuando Brennett dejó de estirarme, sin darme cuenta caí en una superficie acolchonada. Miré a mi al rededor y caí en la cuenta de que estaba sentada en un sofá color n***o, con varias personas sentadas en el piso, Brennett a mi derecha, un chico al lado de este y una chica pelirroja. Todos me sonrieron y yo hice lo mismo. Solamente tenía dos rostros conocidos en el pequeño círculo, el de Gregg y el de Eric. Y nada bueno saldría de la combinación entre esos dos idiotas y yo.
- ¿Y bien? ¿Qué hacían? - preguntó Brennett dándole un trago al vaso de color azul en su mano.
- Decidimos jugar a verdad o reto. - dijo un chico con cabello dorado, sonriendo picaramente. Eric bufó y yo me recosté en el sofá cómodamente.
- ¿A caso tienen diez años? - pregunté soltando una risa sarcástica.
- Muñeca, esto no son los típicos juegos de niños. - me dijo Gregg guiñándome un ojo.
- Okey, juguemos. - dijo la pelirroja a mi lado y el círculo de las diez personas gritaron extasiadas.
Definitivamente fue el mejor juego del mundo. Las preguntas que hacían los chicos eran tan íntimas que te daban gracia, no tenían miedo de decir cualquier cosa o de hacer cualquier cosa. A una chica de cabello color azul le tocó mostrar sus pechos, claramente mi boca calló al piso cuando lo hizo. Eric a mi lado soltaba carcajadas cada dos segundos y bebía todo lo que podía, pero para mi sorpresa en ningún momento estuvo ebrio. A Gregg le tocó terminarse toda una botella de cerveza, a Eric le tocó confesar si alguna vez había hecho un trío y su respuesta fue: "Pfs, he estado con más de dos chicas al mismo tiempo". Esa repuesta, aunque no me agradó demasiado, me hizo reír muchísimo. A uno de los chicos que estaban ahí les tocó confesar si alguna vez se acostó con alguien mayor, y claramente si lo hizo, y cuando le preguntaron quién, resultó ser que fue con la mamá de su mejor amigo. Luego, a uno lo retaron a besarse con dos chicas al mismo tiempo, y así lo hizo.
Todos los presentes confesaban lo más vergonzoso que les preguntaban, y realizaban los retos más locos. Todo era color rosa hasta que llegó mi turno.
- Val. - dijo una chica de cabello rubio, la miré sonriente - ¿Verdad o Atrevimiento?
Como estaba feliz y aventurara esa noche escogí lo segundo.
- Atrevimiento. - respondí frotándome las manos. La rubia sonrió malvadamente.
- ¿Te atreves a... - miró a mis costados con una sonrisa -... besar a Jenna? - completó la oración mirando a la pelirroja a mi lado. Mis ojos se abrieron como platos y me quedé mirando a la rubia con cara de reproche y sorprendida -. Recuerda que si no lo haces son dos tragos de vodka.
Bufé pasándome una mano por el rostro. No quería beber demasiado, y mucho menor terminar ebria esta noche. No sabía qué mierda hacer, uno porque las mujeres no me atraen y dos porque jamás me he besado con una chica. Jenna bufó a mi lado.
- Ally, mira su cara, ¿En serio crees que...? - no la dejé terminar esa oración, porque sin pensarlo dos veces pegué mi boca con la suya. La pelirroja me siguió el beso muy a gusto, su lengua se entrelazó con la mía y una batalla comenzó. Me sorprendió muchísimo el hecho de pensar que de verdad me estaba gustando ese beso, y más me sorprendió que ella lo siguiera tan rápido.
Sentí una mano en mi muslo, apretándolo con algo de fuerza, acariciándolo. Al principio creí que la tal Jenna estaba haciendo aquello, pero al darme cuenta de que lado estaba sintiendo la mano, caí en la realidad de que Brennett era el que estaba acariciándome. Y eso de verdad me puso mucho.
Me separé de la chica y elevé las manos al aire sonriente.
- ¡Tarán! - grité y todos los presentes empezaron a aplaudir. Sin duda alguna, ese había sido el beso más sexy que había dado en toda mi vida.
- Esa escena vivirá por siempre en mi cabeza. - dijo Gregg mirándonos sonriente.
- Fue como porno lésbico pero en vivo. - dijo un moreno. Solté una carcajada. Eric se acercó disimuladamente hacia mí, y mordisqueó el lóbulo de mi oreja antes de susurrar con voz ronca y sexy:
- Quiero hacértelo aquí y ahora, Drake.
Sonreí y aparté mi rostro, mirándolo de reojo perversamente. Eso era exactamente lo que yo estaba deseando, quería que el se volviera loco por mí, que me deseara tanto que literalmente hiciera que me rugue.
- Okey... - dije - Thom. - apunté al rubio -. ¿Qué elijes?
- Verdad. - respondió simple.
- Eres un aburrido. - puso los ojos en blanco el moreno.
- Vete a la mierda.
Pensé unos segundos la pregunta.
- Si tuvieras que acostarte con alguna de las presentes aquí, ¿Con quién sería? - enarqué una ceja, retadora. Thom tomó de su cerveza sonriente, mirándome.
- Después de ese caliente beso que acabamos de presenciar... - sonrió -. Me acostaría contigo.
Solté una carcajada al igual que todos los presentes, todos menos uno. Sentí uno de los brazos de Brennett rodear mis hombros, él miraba fijo a Thom con una media sonrisa falsa.
- Olvídalo, rubiecito, ella está apartada. - le dijo Eric, fruncí el ceño mirándolo.
- ¿Ah si? - dijo Thom sarcástico -. Te reto a ir a besar a Mikaela. - dijo de repente Thom, mirando sobre sus hombros, en dónde a unos metros se encontraba la susodicha, disfrazada de ángel. Puse los ojos en blanco, esa en vez de ángel era un maldito demonio.
¿Mikaela, Mikaela? La misma Mikaela que era presidenta del club de castidad - bueno, no literalmente pero era un chiste interno del instituto -. No creía que Brennett fuera a aceptar hacer ese reto, ya que no le gustaría pasar verguenza frente a todos, porque ella lo rechazaría, ¿no?
Eric bufó y se puso de pie, apartando su brazo de mi hombro y empezando a caminar entre la gente hacia Mikaela. Fruncí el ceño al ver como ella lo recibía, con una sonrisa gigante, un pequeño abrazo y un beso en la mejilla. ¿Desde cuándo esos dos idiotas eran tan unidos? Todos observaban atentamente como Eric hablaba con la chica, le sonreía y reía con ella. Fruncí el ceño sin comprender nada.
- ¿Y esos dos qué? - le susurré a Jenna a mi lado. Esta me miró de reojo con una media sonrisa.
- Eric y Mikaela salieron un tiempo el año pasado. Fue todo algo intenso. - esa noticia me chocó por completo; no tenía una puta idea de que esos dos habían estado juntos. Y por lo que sé, Eric no salía con nadie -. La relación iba bastante bien, Eric decía que estaba bien con ella y esas cosas. Pero de repente solo terminaron, y Eric... Bueno, el siguió siendo el mismo idiota mujeriego que siempre, y ella la misma Perra Cristiana de siempre. - Jenna se encogió de hombros. Observé como Brennett apoyaba una de sus manos en la cadera descubierta de la morena, se acercaba unos pasos a ella y le hablaba muy cerca del rostro. Tragué saliva, algo furiosa.
- ¿Y por qué terminaron? - pregunté.
- Nadie sabe con exactitud - me respondió la pelirroja. Eric cada vez se acercaba más a ella -. Pero todos dicen que terminaron porque ella era demasiado... - buscó las palabras adecuadas -... Virgen para él.
Y cuando Jenna terminó de decir aquello, Eric estampó sus labios con los de Mikaela. Ella no tardó en seguirle el beso apasionadamente. Las manos de él viajaron a su pequeña cintura y la pegaron contra su torso desnudo. Se besaban apasionadamente, sabiendo perfectamente que territorio estaban pisando en ese momento.
Internamente, muy internamente, me llené de rabia por estar viendo aquello, y no sabía por qué. Mikaela, como siempre, tenía un punto a favor y estaba un paso más adelante que todas. Ella había logrado estar con Eric, no por mucho tiempo, pero lo había logrado. Y eso era algo que nadie más en su puta vida lograría, y menos yo.
Me puse de pie y me alejé del grupo excusándome diciendo que iba al baño. Pasé cerca de esos dos, que seguían devorándose, y sin pensarlo dos veces subí corriendo la escalera de la antigua casa. Con bastante dificultad encontré el baño, y para mi suerte cuando entré, todo estaba más limpio de lo esperado, incluso, no parecía que ese baño perteneciese a una casa tan mal cuidada.
Me miré en el espejo unos segundos, tratando de descubrir el por qué de mi reacción al ver a Brennett besarse con otra. No entendía, lo había visto besarse o coquetear con miles de chicas más frente a mis narices, y ninguna de esas veces me había afectado. Lo que al parecer me molestó fue el hecho de que justamente con Mikaela fuera a besarse.
La puerta del baño se abrió de repente, Brennett entró al lugar y luego cerró la puerta con seguro. Me di vuelta hacia él, apoyando mis manos en la mesada del lavabo. Me miraba confundido y con las pupilas dilatadas, y no sabía si era por el alcohol o por otra cosa.
- ¿Qué mierda haces? - le pregunté seca de mala manera. Se acercó a mí con una media sonrisa.
- Yo cumplo mis promesas, nena. - me dijo y una de sus manos acarició mi brazo desnudo, luego sus ojos se clavaron en los míos -. Cuando dije que ese traje terminaría en el piso del baño lo hacía de verdad.
- ¿Y qué te hace creer que lo haré? - pregunté mirando fijamente a sus ojos, volvió a sonreír.
- Por el hecho de que me deseas tanto como yo a ti. - respondió.
Y en eso tenía razón. Me subía al lavado y abrí mis piernas, lo tomé de los hombros y lo acerqué a mí bruscamente. Eric sonrió en mi cuello, mientras lo besaba y lo mordisqueaba suavemente, mis uñas arañaban su espalda desnuda y tocaban sin ningún tipo de vergüenza su marcado abdomen.
Sus labios de a poco fueron bajando por mi cuello hasta llegar a la zona de mis pechos, fue entonces cuando apartó los tirantes del camino y me quitó la camiseta sin ningún tipo de problema, y cuando lo hizo me quité mi brasier, quedando medio desnuda ante sus ojos. Me miró a los ojos unos segundos, sonriendo, antes de empezar a besar y acariciar mis pechos lentamente. Suspiré en su oído, mientras mi mano viajaba lentamente hacia su entrepierna. Podía sentirlo duro en mi entrada, cuando sus caderas se movían hacia adelante.
En un acto de valentía mi mano se adentró en su pantalón y su bóxer, y cuando acaricié su m*****o, lo escuché gruñir en mi cuello. Mientras una de sus manos tocaba mi trasero y sus labios besaban mi mandíbula, no dejé de acariciar su erección en ningún momento, provocando que gimiera quedamente cerca de mis labios.
- No quiero acabar en mis pantalones, nena. Detente. - me dijo con la voz entrecortada, apartando mi mano de su entrepierna lentamente. Se alejó un poco de mí, para observarme atentamente. Sus manos se adentraron en mi falda y como si mi ropa interior fuera de papel la rompió entre sus dedos, tirándola al piso del baño.
- ¿Siempre tardas tanto en hacer las cosas, Brennett? - pregunté ladeando la cabeza, él rió y sacó un preservativo del bolsillo de su pantalón, luego lo bajó hasta las rodillas y se lo colocó rápidamente, como si no fuera nada.
- Veremos quien tarda esta vez. - fue lo que dijo antes de penetrarme sin previo aviso.
Gemí en su oído cuando lo sentí dentro. Empezó a mover sus caderas al igual que yo, primero lentamente. Una de sus manos estaba posicionada en mi cadera, para empujarme con fuerza hacia él, siguiéndolo en sus embestidas, y la otra bajó lentamente hacia mi punto G, y empezó a acariciar esa zona que estaba sensible gracias a él.
Gemidos escapaban de mi boca mediante las embestidas se hacían más fuertes y rápidas, el gruñía y suspiraba cerca de mi boca, pero no me besaba jamás, algo que yo le había dejado en claro la primera vez que lo hicimos.
Con sus movimientos fuertes y bruscos, más sus dedos mágicos entre mis piernas, no tardé en llegar al orgasmo. Nuevamente, un orgasmo provocado por Eric Brennett. Él acabó dentro del condón unos segundos más tarde que yo.
Nos quedamos unidos unos minutos más, tratando de normalizar nuestras respiraciones. Una fina capa de sudor cubría su cuerpo y mi rostro, y cuando estuvo completamente recuperado salió de mí. Sonreí, pasándome la mano por el cabello, enviándolo hacia atrás. Me vestí rápidamente, mientras Brennett se sacaba el condón y lo tiraba en el basurero. Nuestras miradas se encontraron, y sonrió, una sonrisa que pareció bastante genuina.
Bajé de la mesada y cuando me agaché para tomar mis bragas blancas del piso, Eric se adelantó y las tomó antes que yo.
- Yo me quedo con estas. - me dijo sonriente, guiñándome un ojo.
- El humor te cambió... - le dije divertida.
- A ti también. - me miró fijamente -. Una sesión de sexo nunca está demás, nena.
Sonreí asintiendo, de acuerdo con sus palabras. Las dos veces que me acosté con Brennett me gustaron, y puedo asegurar de que si seguimos haciendo esto lo seguiré disfrutando. Pero tengo el maldito presentimiento de que todo esto terminará mal. Tanto de mi parte como de la suya.
- ¿Y qué dices? - me preguntó, recostándose sobre la pared, cruzando sus brazos.
- ¿Sobre qué? - dije confundida. Eric sonrió.
- ¿Quieres tener sexo casual conmigo? - enarcó una ceja, sonriendo de costado, yo fruncí el ceño.
Sabía lo que significaban aquellas palabras. Nosotros nos acostaríamos de vez en cuando, sin ningún tipo de compromisos, sucedería cuando estuviéramos aburridos o hayamos tenido un mal día. Sería algo como dar y recibir al mismo tiempo.
Sabía que Eric ya había tenido miles de experiencias así, que su vida en sí era sexo casual. No sabía del todo si estaba preparada para aquello, porque una cosa era acostarme con él porque yo lo deseara, pero no quería sentirme como un juguete. Sé que no tiene mucho sentido, pero... es que soy algo complicada, como se darán cuenta.
Suspiré antes de contestar.
- Solo no te enamores de mí, Brennett. - fue lo que dije en tono divertido antes de salir del baño.
Así que ahora Eric y yo seríamos... sexo casual.