Capítulo 15: "Accidentes"

4775 Palabras
Tardamos unos diez minutos en llegar al lugar en el que Matt había tenido el jodido y estúpido accidente. No sabía en donde mierda se fue a meter el idiota, no había casas cercas - o por lo menos no en buen estado - y la carretera no era nada concurrida. ¿Había ido allí para enterrar un cuerpo o que mierda? Bajé del auto con mis orejas echando humo y me acerqué a mi hermano, que observaba su auto - que estaba estrellado contra un poste - con la cabeza ladeada y las manos en la cadera. - ¿Qué mierda sucedió, imbécil? - fue lo primero que dije al llegar a su lado. Su mirada se dirigió a mi y pude notar que en su frente había algo de sangre.  Fruncí el ceño enojada ante el hecho de que estaba lastimado, o en realidad no sabía si estaba enojada o preocupada por él. Mi corazón me latía con fuerza contra mi pecho e inconscientemente llevé mi mano a mi frente, en el mismo lugar donde Matt tenía el corte.  Mierda, quería odiarlo, pero no podía si estaba lastimado. Estúpido Matt. - Pasaba por aquí y un perro se cruzó en el camino - se encogió de hombros cuando Eric y Gregg llegaron a nuestro lado -. No iba a atropellar al pobre animalito, así que simplemente giré el volante y bueno... un poste apareció de la nada y chocó contra mi auto.  Me pegué la frente con la mano mientras bufaba, era impresionante el retraso madurativo que tenía ese chico, obviamente que solo cuando le convenía. Aunque digamos que yo también hubiera hecho lo mismo, prefería un auto roto y un corte en la cabeza a quedarme con la culpa de que maté a un pobre perrito.  Creo que al amor a los animales es de familia. Mamá también protegía a cualquier animal. Ella los amaba. - Te sangra la frente. - dijo con una mueca de asco y preocupación Gregg. - Gracias por tu gran análisis del asunto, Gregg, si no me decías no me daba cuenta. - respondió sarcástico Matt mirándolo con los ojos falsamente divertidos. - Okey, no sé por qué todos están tan malditamente de mal humor conmigo. Yo simplemente me dedico a existir, y parece que hasta cuando respiro les molesta. - los cachetes de Gregg se inflaron con aire y se cruzó de brazos, con una expresión de niño pequeño al que no querían comprarle un helado. - Tengo una solución para eso... - dijo Eric.  - ¿Cuál? - preguntó Gregg con ojos de cachorro. - Ahogate. - ¿Sabes? Ese si fue un comentario muy feo, Eric. Yo pensé que eramos amigos. - si yo creía que conocía gente exagerada, este chico sobrepasaba los limites. - Somos amigos, pero no te soporto cuando te pones idiota. - puso los ojos en blanco. Matt estaba tocándose la zona dañada al mismo tiempo que hacía una mueca de dolor, le pegué en la mano para que dejara de hacerlo y me observó con el ceño fruncido. - Idiota serás tu, zanahoria. - ¿Lo ves? ¡De eso estoy hablando! - puse los ojos en blanco, harta de la estúpida conversación que se desarrollaba enfrente de mi -. ¿Tienes un maldito trauma con las verduras a caso? ¿Te violaron con alguna puta zanahoria o qué?  - El único que terminará con una zanahoria en el culo serás tu, porque te juro que tomaré una y y yo mismo la mete... - ¡Cállense los dos, maldita sea! - interrumpí a Gregg, exasperada -. Tu eres un idiota - dije mirando a Gregg, me dedicó una sonrisa falsa -, y tu también lo eres. Y si no se callan en este momento, yo misma me encargaré de meter una sandia por sus culos, imbéciles. - mi voz sonó amenazadora y mis ojos se entrecerraron mientras miraba a los dos idiotas frente a mi. - Pero que comentario tan femenino - dijo entre dientes Gregg apartando la vista. - Eres tan tierna como un camionero. - me dijo con el ceño fruncido y los brazos cruzados Eric, le mostré mi dedo medio. - ¿Podemos dejar de hablar de estupideces? - Matt habló por fin -. Yo podría estar sufriendo de un derrame cerebral y ustedes están hablando de penetración verdural - puso los ojos en blanco. - No creo que esa sea una palabra... - Gregg miró con una mueca a Matt. - ¡Cállate! - gritamos al unísono Eric y yo, y nos miramos con odio por haberlo hecho. Mis ojos se dirigieron unos segundos al auto de mi hermano. Mierda, y esa cosa era tan hermosa y rápida, ahora papá tendría que pagar el arreglo y eso se veía que costaría al menos la mitad de su sueldo. Pobre mi papá, los dos hijos idiotas que le tocaron, y encima con amigos idiotas.  Mi celular vibró mientras los tres tarados decidían que iban a hacer. Era un mensaje de mi padre, justamente. ¿Dónde están tu y tú hermano? Estamos estudiando para un examen de física en la casa de Gregg, volvemos dentro de unas horas. Claro, mentir por mensaje de texto si me salía, pero cuando tenía que mentir seriamente cara a cara no podía. Me dirigí a los chicos. - ¿Y? - Gregg irá por el remolque y un mecánico o algo, nosotros nos quedamos aquí cuidando al auto y a tu hermano. Pero más al auto. - me respondió Brennett. - ¿Te sientes bien? - pregunté algo preocupada mirando a mi mellizo, el me observó sorprendido. - Solo tengo un maldito dolor de cuello, pero fuera de eso estoy tan fresco como una lechuga - Matt se cruzó de brazos. Asentí mirándolo fijamente, con rostro pensativo. ¿Sería muy profundo ese corte en su frente? Mi hermano me miró sonriendo divertido y con los ojos entrecerrados -. Estás preocupada por mi... - ¿Qué? - miré para otro lado haciéndome la desentendida.  - Te preocupas por mi... - sonrió con aire ganador y enarcó una ceja -. ¿Lo ves? Si me quieres. - ¡Claro que me preocupé, idiota! - le di un golpe en el hombro -. Eres mi jodido hermano, literal eres un yo pero con pene, ¿Cómo carajo no me iba a preocupar por ti? - mi ceño estaba fruncido. Matt me miró con una sonrisa de niño pequeño, y de la nada sentí como sus brazos se envolvían al rededor mi espalda y me abrazaba con fuerza contra él. Lentamente le devolví el abrazo. Era la primera vez que nos abrazábamos después de dos años, más o menos. Se sentía demasiado extraño el hecho de que de alguna forma nos estuviéramos demostrando cariño. Pegué mi rostro a su pecho e inhalé profundamente, y cuando lo hice, pude sentir como una fragancia conocida para mi entraba por mis fosas nasales. Maldita sea, ese era el perfume de Less. Recordé el por qué de mi enojo con Matthew y me aparté de el lo más disimulada posible mientras me pasaba una mano por el cabello. Tendría que hablar de esto con él en algún momento. - Volveré dentro de media hora, más o menos. Con la grúa. - dijo Gregg antes de dirigirse a su auto y subirse en el.  Vimos como se alejaba por la carretera hasta que desapareció de nuestra vista. Me giré hacia Eric y Matt y ambos me miraron y sonrieron sin mostrar los dientes al mismo tiempo. ¿Por qué no me fui con Gregg? Maldita sea, ahora tenía que esperar con estos dos idiotas de compañía. - Tengo más hambre que la mierda. - habló Matt acariciando su estómago. - Aquí hay una pizzeria - Eric apuntó a su espalda con su pulgar. Miré sobre sus hombros y en la vereda de enfrente había un letrero que decía "Pizzeria Tom". No había demasiada gente dentro, pero no confiaba de que las pizzas fueran buenas en un lugar como ese, ya que por fuera se veía mal cuidado. - No traje dinero. - informé mientras empezábamos a caminar hacia el lugar.  - Yo tampoco. - escuché la voz de Matt a mis espaldas mientras entrábamos al lugar y nos sentábamos en una mesa que estaba cerca de la puerta y pegada a la ventana. Matt se sentó enfrente mío y puse los ojos en blanco cuando Brennett tomó asiento a mi lado con una sonrisa de costado mientras me miraba. Joder. - Descuiden, yo pago. - mis ojos viajaron a Eric, era la primera vez que escuchaba algo como eso salir de la boca del idiota que estaba al lado mio. Cuando sus oscuros ojos se conectaron conmigo, me sonrió al mismo tiempo que guiñaba su ojo izquierdo. Aparté la vista bufando y revoleando los ojos cuando una camarera de unos cien años se acercó a nosotros. - ¿Qué van a pedir? - preguntó bruscamente, como ya harta de tenernos ahí. Su voz había sonado casi robotica, tanto que daba miedo hasta mirarla.  - Dos pizzas medianas y tres coca-colas. - dijo Matt. - No tengo ganas de comer pizza. - me quejé. Eric puso los ojos en blanco. - Entonces pide otra cosa. - me susurró demasiado cerca.  - Una hamburguesa con papas fritas, y en vez de la coca-cola un agua mineral. - sonreí achinando los ojos y apoyé mis codos en la mesa. - Entonces serían dos pizzas medianas, una hamburguesa con papas fritas, dos coca-cola y un agua mineral. - habló la señora anotando algo en su libreta. - Y de postre helado de chocolate. - creo que amé a Brennett cuando dijo aquello. La mujer nos miró con una ceja enarcada, sin poder creer que adolescentes de nuestra edad comieran tanto.  - Es que estamos a dieta. - comenté encogiéndome de hombros.   - Si, se nota.  - dijo la vieja mujer sarcásticamente mientras se alejaba hacia la cocina y gritaba la orden.  - Pero que vieja tan amargada - comentó Matt mirando la espalda de la que era nuestra camarera. Se puso de pie y mi mirada lo siguió -. Iré al baño para limpiar esto - explicó apuntando con su dedo la macha de sangre en su frente. Asentí mientras veía como el caminaba hacia una puerta de color n***o que decía "Hombres" con una letra blanca desprolija. Entre Brennett y yo se formó un silencio algo tenso. Mis ojos viajaban por el piso y el techo para no tener que mirar su rostro atractivo e idiota. Escuché como su silla era arrastrada más cerca de la mía, y vi de reojo como su codo se apoyaba en la mesa cerca de mi brazo. Tragué saliva y lo miré con el ceño fruncido. El tenía una de sus típicas sonrisas en su rostro, esas sonrisas del chico que sabe que es atractivo y que sabe que podrá tenerte a sus pies cuando quiera.  > - Así que... ¿Cómo va ese asunto? - preguntó, clavé mis ojos en los suyos. - ¿Cuál asunto? - dije sin entender. Él puso los ojos en blanco. - El asunto de tu virginidad. - comentó divertido. Mis ojos se abrieron como platos y sentí como mis mejillas se encendían.  Maldita sea, ¿Por qué me sonrojaba cada vez que Eric hablaba sobre eso? El sonrió sabiendo el efecto que tenía sobre mi. Quise arrancarle los ojos con dos tenedores. - Eso no te incumbe, imbécil. - me crucé de brazos y recosté mi espalda por el respaldo de mi silla. Eric se encogió de hombros e imitó mi acción. Maldita sea, Matt, ¿A caso se estaba masturbando en el baño, o que mierda? ¿Por qué tardaba tanto? - ¿Porque no tomas el camino fácil para ganar la apuesta, Val? - su voz sonó peligrosamente baja, como si quisiera tener una conversación seria y algo subida de tono conmigo. Lo observé sin entender a lo que se refería. - ¿Qué dices? - en su rostro apareció una sonrisa de lado. Miré su boca, tenía los dientes malditamente blancos y perfectos. Todo esto sería más fácil si tuviera la dentadura desviada o algo por el estilo. Pero no, el idiota era de verdad malditamente atractivo y me volví loca por admitirme a mi misma que me parecía demasiado guapo para mi bien.  - ¿Por qué no te acuestas conmigo y te liberas del asunto de la apuesta, cariño? - sus ojos marrones se clavaron en los míos, sus pupilas estaban dilatadas y me observaba de una forma seductora. Tragué saliva sin poder creer lo que estaba diciendo. ¿Quién mierda se pensaba que era yo? ¿Una más de sus chicas de una noche y ya? No entendía porque solo el pensamiento me molestaba tanto, pero si estaba segura de que era un maldito idiota. - En mi puta vida me acostaría contigo, Brennett - espeté mirándolo con asco -. ¿Quién mierda querría tener sexo contigo? Eres un jodido idiota. - Todas quieren tener sexo conmigo, Valerie - sonrió engreído, se inclinó un poco más hacia mi -. Y tú no eres la excepción de eso- quise contestarle, pero mi cerebro de repente estaba seco, completamente seco. Lo miré atónita y con el entrecejo fruncido. Sentí una de sus manos viajar a mi muslo y subir lentamente por este -. Admítelo. Tal vez me odias y todo pero, en el fondo sabes que lo más fácil es acostarte conmigo. Es más, quieres hacerlo. Hasta yo quiero hacerlo. Sabes que sentimos la tensión - su mano se detuvo cerca de mi entrepierna, y sentí como sus dedos apretaban un poco mi piel. Me llené de furia y lo miré fulminante.  Estúpido, mil veces estúpido. - No quiero acostarme contigo - susurré con veneno en la voz, pero mi tono no me convenció ni a mí. Él me miró incrédulo con diversión en sus ojos marrones mientras hacía una mueca divertida, casi sonriendo. - Si quieres - su rostro se acercó al mío y la respiración se me cortó. Estaba tan malditamente cerca que si se movía un poco más, nuestros labios se chocarían -. Es más, deseas hacerlo - su mano volvió a acariciar mi pierna -. Lo estas deseando ahora. - Me sorprende la confianza que tienes en ti mismo - sonreí, sin gracia, colocando mi mano sobre la suya -. Pero déjame decirte que no todo el mundo gira alrededor de ti, o de tu v***a. - escupí con odio apartando con fuerza su mano de mi pierna. Mi ceño fruncido viajo a la puerta del baño al mismo tiempo que Matthew salía de el ya con la frente limpia.  - ¿Está todo bien? - preguntó mirándome confundido mientras se sentaba en su silla. - Todo perfecto. - contestó Eric con diversión en la voz. Mis ojos examinaron la herida de la frente de mi hermano, un pequeño tajo de unos centímetros estaba en el lado izquierdo de su frente, se notaba que no era profundo, lo cual me dejó mucho más tranquila. - Aquí está su orden - escuché la voz de la mujer de repente mientras dejaba un plato con una hamburguesa del tamaño de una casa, papa fritas y un agua enfrente de mi, luego dejó una de las pizzas en medio del plato de mi hermano y el idiota y la otra enfrente de mi -. Que lo disfruten - nos dijo sin ganas alejándose de nosotros.  Empecé a devorar mi comida, y me sorprendió el hecho de que estaba malditamente delicioso, demasiado, a decir verdad. Concentré toda mi bronca y enojo en mis dientes mientras masticaba con fuerza las papas y la hamburguesa. No estaba de ánimos para matar a Brennett, y lo mejor en estos casos de odio es ignorar si no estas dispuesta a ir presa por un homicidio. Simplemente no podía creer lo que dijo, de la forma en la que lo dijo y como sus ojos me miraban. No me dio asco, o bueno, no tanto, me enojó mucho, pero sentí otra cosa que no sé como explicarla. Aún podía sentir su colonia entrar por mis fosas nasales por la cercanía de nuestros rostros hace minutos atrás, aún podía sentir su mano en mi pierna, y por alguna estúpida razón algo dentro de mi estaba demasiado curioso respecto al tema. Cuando la apuesta se creó todas dijimos que no importaba con quien lo hacíamos, solo teníamos que hacerlo. ¿Por qué no puedo acostarme con Eric a pesar de odiarlo? No, claro que no, sería como pisar yo misma mi dignidad y orgullo. Pero, si lo pensaba mejor, era la salida más fácil a todo esto de la apuesta de tener que mostrar mis pechos a todo el instituto... Pero acostarme con Eric me convertiría instantáneamente en una más de "las que pasaron por Eric Brennett", en el colegio. Lo que sorprendentemente les hacía ver mal a las chicas y no a él. Aunque, ¿A mí que mierda me importaba lo que pensaban los demás? ... Maldita sea, todo esto es una jodida mierda. - Val, ¿Te pasa algo? - la voz de Matt me sacó de mis pensamientos y lo miré confundida mientras el se llevaba la cuchara con helado de chocolate a su boca. Aparté la vista y seguí comiendo mi helado.  - ¿Por? - pregunté tratando de parecer confundida. De reojo noté como Eric sonreía mientras llevaba la cuchara a sus labios. Sus labios... mierda, eran malditamente sexys y deseables.  > - Tienes tu cara pensativa. Nada bueno sucede cuando tienes esa cara. - puse los ojos en blanco ante el comentario idiota de mi idiota hermano. - No es nada. Solo quiero irme a casa y tomar un baño - me encogí de hombros mientras mis ojos viajaban a la camarera, que ahora estaba atendiendo a un hombre casi de su misma edad que había entrado hace unos minutos para pedir algo para llevar, ya que por lo que escuché de su conversación, era taxista de tiempo completo y tenía que cumplir su deber de trabajador para pagar las hipotecas. ¿Que? El hombre de verdad que habla  muy fuerte. - Le hablaré a Gregg - dijo Matt y sacó su celular, marcaba un numero y lo llevaba a su oreja. Eric se inclinó hacia mi disimuladamente. - Si quieres podemos tomarlo juntos - Susurró. Lo miré con odio y el enarcó una ceja divertido y sonriendo. Mi mano viajó a su rostro y lo aparté con fuerza de mi, el rió y mordió la palma de mi mano antes de que la apartara. Puse los ojos en blanco. - Dijo que viene en unos minutos. Al parecer los idiotas de la grúa estaban más que ocupados hoy - me dijo mi hermano poniendo los ojos en blanco al mismo tiempo que yo. - ¿Al menos podemos salir y esperar afuera? Ya siento que me ahogo aquí dentro - miré de reojo a Eric, que soltó una pequeña risita antes de meter una mano en el bolsillo de su pantalón, supongo buscando su billetera. Su sonrisa desapareció de repente y su mano viajó a su otro bolsillo, sus ojos se abrieron como platos. - Oh, mierda... - susurró cerrando los ojos. - ¿Qué? - le dijo Matt. - Olvidé mi billetera en tu casa - respondió el ahora mirándome. Mis ojos se abrieron como platos, alarmados. Tenían que estar jugando conmigo. Me pasé una mano por el cabello nerviosamente. - ¿Qué? ¿Y cómo mierda vamos a pagar? - susurró Matt ahora con algo de preocupación en la voz. Eric miró para todos lados nerviosamente, mientras en su rostro se estaba reflejando que mierda hacer con todo lo que estaba pasando. Unas ganas inmensas de descuartizarlo invadieron mi cuerpo, en serio, estaba a dos segundos de matarlo si no decía nada. - Tengo una idea - dijo y lo miramos atentamente -. Es algo loco, pero nada imposible.  - ¿Que? Habla ya - los tres estábamos algo inclinados sobre la mesa mientras susurrábamos. - Podemos levantarnos disimuladamente e irnos lentamente hacia la puerta como si pasara nada - creo que era la idea más estúpida que había escuchado. Los ojos de Eric viajaron hacia la vieja mujer camarera, que estaba dándonos la espalda mientras anotaba algo en su libreta -. La camarera no se dará cuenta. Es eso o quedarnos toda la noche aquí lavando los platos.  - Ahg, los odio tanto... - susurré cerrando los ojos mientras me ponía de pie lentamente sin apartar la mirada de la vieja bruja. Los otros dos idiotas imitaron mi acción y sin hacer nada de ruido empezamos a caminar hacia la puerta, que por suerte no estaba nada lejos de nosotros. Mis manos agarraron el picaporte de la puerta de vidrio y la abrieron lentamente, y todo hubiera salido bien si la campanilla encima de nuestras cabezas no hubiera sonado. La camarera se dio vuelta hacia nosotros rápidamente, con los ojos arrugados y verdes fulminantes. - ¡Ustedes tres! ¡Vuelvan aquí! - ¡Corran por sus vidas! - gritó Matt y salió corriendo de la pizzeria. Eric y yo nos miramos con los ojos como platos y salimos corriendo también, con la vieja gritando de fondo. - ¡Rufianes! ¡Adolescentes rufianes! ¡Regresen y paguen su comida! - se escuchaba la diabólica voz de la mujer detrás de nosotros. Pero había un maldito problema en todo esto, no teníamos a donde mierda ir. - ¡AL TAXI, AL TAXI! - gritó Matt corriendo con los brazos elevados sobre su cabeza mientras corría con toda velocidad hacia el taxi amarillo que estaba estacionado un poco lejos del local.  Sin pensar demasiado, o mejor dicho, sin pensar, me subí en el asiento trasero, Eric se sentó a mi lado y cerró la puerta. Matt en cambio corrió hacia el asiento del conductor y cuando ya estuvo ahí encendió el auto. Me sorprendió el hecho de que la llave estuviera ahí. No me entró en la cabeza de que lo que estábamos cometiendo era un delito.  - ¡Eh, mi taxi! - escuchamos que gritó el viejo. Miré sobre mis hombros con la respiración acelerada y vi como aquel viejo corría hacia nosotros con un trozo de pizza en la mano. - ¡Arranca, imbécil! - gritó desesperado Brennett.  El auto avanzó a toda velocidad por las calles y mi nariz chocó contra el asiento del acompañante que estaba enfrente mio. Maldita sea, si seguía golpeándome así de fuerte la nariz ya me parecería a Voldemort dentro de poco.  Matt conducía como todo un loco por las calles, mientras que Eric estaba respirando entrecortadamente al igual que yo. Joder, eramos unos malditos ladrones de pizzas y taxis. Cuando salimos de la carretera vacía varios autos empezaron a aparecer conforme nos acercábamos al centro de la ciudad. Noté que las manos de Matt estaban casi temblando, y tuve miedo que el idiota entrara en pánico y nos hiciera chocar contra una pared por un estúpido y repentino ataque de parkinson.  Ya me estaba sintiendo mal por el pobre hombre taxista, el no había hecho nada. - ¿Y cómo le devolveremos el auto a ese hombre? - preguntó Eric. - Iremos a la empresa para la cual trabaja y lo dejaremos ahí y luego nos iremos como si nosotros no hubiéramos hecho nada. - Matt respondió encogiéndose de hombros.  - Todo esto es tu culpa. - le dije a Eric enojada y le di un golpe fuerte en el brazo. - ¿Por qué? - preguntó confundido. - Tú dijiste "Descuiden, yo pago" - hice una mala imitación de su voz - ¡¿Y con qué pensabas pagar si no tenías dinero?! ¡¿Con tu culo?!  - ¡A ver, val, yo no sabía que no tenía mi billetera conmigo, ¿si?! - me gritó enojado -. Además, esto es su culpa. Por no soportar unas horas sin comer. ¡Si nos hubiéramos quedado esperando a Gregg nada de esto hubiera pasado! - mi boca se abrió indignada. -¡¿Qué clase de imbécil tienes que ser para ofrecer pagar la comida sin saber si tienes tu billetera contigo?! - grité, observando como el rostro de Eric iba tornándose rojo de la furia. Abrió la boca para contestarme, pero Matt se adelantó. - Shhh, ¿Escuchan eso? - dijo, con el ceño fruncido, mirando por el retrovisor.  Nos quedamos callados por unos minutos y escuché a lo lejos la sirena de policía. - Mierda... - susurré. - ¿Si sabes que todos los taxis tienen un chip de rastreo, no? - preguntó Eric entrecerrando los ojos. - ¿Y POR QUÉ MIERDA NO ME LO DIJISTE ANTES? - gritó enfadado Matt mientras aceleraba un poco. - ¡Pues pensé que lo suponías, idiota! - respondió este más enojado todavía -. Solo deja el maldito auto en algún lugar y salgamos corriendo. Matt bufó y cuando estaba a punto de doblar en una curva, una patrulla apareció de la nada haciendo que mi hermano pisara el freno con muchísima fuerza, lo cual hizo que mi cabeza volara hacia adelante y que mi nariz chocara con el asiento nuevamente. Sentí un líquido rojo bajar por una de mis fosas nasales. Joder, ya había terminado de romper por completo mi nariz. - ¡Bajen del auto y coloquen las manos en donde pueda verlas! - gritó por el megáfono el policía mientras apuntaba con su arma hacia el vehículo.   - Puta madre. - dijimos los tres al unísono mientras bajábamos del auto lentamente y elevábamos las manos por encima de nuestras cabeza.  - Brennett. - dije cuando mirando de reojo hacia mi costado mientras tres policías se acercaban a nosotros. - ¿Si, linda?  - Juro que voy a matarte después de esto. - fue lo último que dije antes de que uno de los hombres tomara con fuerza mis manos y me esposara las muñecas detrás de mi espalda. Mierda... *** - Según una de las leyes tengo derecho a una llamada - le dije al guardia que estaba en su escritorio sentado en una silla con los pies arriba de la mesa. Este me miró sin energías y revoleó los ojos cuando le sonreí con el rostro entre dos de los fierros de la pequeña celda en las que nos tenían encerrados hace como media hora, o un poco más.   - Larry, lleva a la chica a hacer su llamada - dijo el hombre hacia uno de los guardias que estaba recostado por una pared. El tal Larry asintió y caminó hacia mi. Abrió la celda y me tomó con fuerza de los brazos mientras la cerraba nuevamente con llave. Miré de reojo a Matt, quien estaba tirado en el piso con los brazos apoyados en sus rodillas, y luego mis ojos viajaron a Brennett, quien estaba de pie recostado contra la pared y con su cabeza apoyada en los ladrillos rojos de la celda. Sus ojos se posaron en los míos por unos segundos antes de desaparecer. - Que sea rápido - me dijo Larry y me soltó justo cuando llegamos a un teléfono. Lo miré con una ceja enarcada al darme cuenta de que era un teléfono que llevaba monedas. El puso los ojos en blanco y sacó tres monedas de su bolsillo para luego dármelas. Sonreí sin mostrar los dientes y achinando los ojos. - Gracias, Larry - le dije y el volvió a revolear los ojos. Marqué el único número telefónico que sabía de memoria.  - ¿Hola? - contestaron desde la otra linea. - Hola, papi... - respondí con la voz más angelical que pude. De reojo vi que Larry sonreía y negaba con la cabeza. - ¿Val? - dijo confundido - ¿Qué sucede? ¿Por qué la llamada apreció como número privado? - Pues... Con Matt tuvimos un problema... - no sabía como mierda decirle lo que estaba pasando. Lo escuché suspirar. - ¿Qué sucedió? - preguntó como cansado. - Papi, ¿Recuerdas que te dije que iba a estudiar con unos amigos? - Si. - Bueno, necesito que nos saques de la cárcel. - ¿QUE? - aparté el teléfono de mi oreja repentinamente por el grito que había dado mi padre. Miré a Larry con los ojos como platos. - ¿Tu lo escuchaste? - le susurré, él asintió lentamente sonriendo un poco. - ¿EN LA CÁRCEL? ¿CÓMO QUE EN LA CÁRCEL? ¿QUE DEMONIOS HICIERON? - creo que era la primera vez que escuchaba una grosería salir de la boca de mi papá. - No fue nada malo... - susurré. - SI NO HUBIERA SIDO NADA MALO NO ESTARÍAN EN PRISIÓN. - Ay, papá, no seas exagerado. No estamos en prisión, es solo la cárcel - creo que mi intento de tranquilizarlo no funcionó una mierda. - ¿En que comisaría están? - pude escuchar como se ponía de pie arrastrando la silla, seguramente de su oficina. - Mmmmm, la que está cerca de la casa de Gregg - contesté. - Juro que los mataré a los dos cuando los vea - espetó furioso. - Yo también te amo, papá - dije y luego escuché el tono del teléfono, lo que quería decir que me había cortado. Mierda, hasta mi propio padre me corta las llamadas. Miré a Larry con algo de preocupación en los ojos. El negó con la cabeza mientras me agarraba las muñecas y empezábamos a caminar.  - Creo que me caerá una buena... - susurré. - Eso ni lo dudes - me respondió Larry antes de cerrar nuevamente la celda. ¿A caso siempre tendría este tipo de suerte en mi vida? 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR