Capítulo 8 — ¿Dónde está el traidor?

1331 Palabras
— Tranquila, no estoy desnudo… — Marcus tomó cuidadosamente las manos de la cara de Carmen, retirándolas. — ¿Ves?, uso un short y espero que pronto te acostumbres a esto, porque eres mi prometida, ¿recuerdas?… — Le sonrió amablemente haciéndole señas hacia las empleadas, mientras que Carmen intentaba recuperar el aliento. — Ahora, alguien puede explicarme, ¿qué es lo que sucede aquí? — Se… Señor… — Una de las empleadas dio un paso hacia adelante, también sonrojada y sin dejar de mirar el definido cuerpo de su señor. — Lo que pasa es que hemos encontrado a la señorita cocinando y limpiando el apartamento… No nos parece correcto, ¡es su prometida!, por eso hemos intentado convencerla de que deje de hacerlo… — Muy bien y tienen razón… — Asintió Marcus a la empleada. — Pero para la próxima, intenta mirarme a la cara cuando me hables, ¿está bien?… — Soltó Marcus haciendo que la mujer se pusiera de todos lo colores. — Lo… Lo siento… — ¡Pero no es justo! — Intervino Carmen, sintiéndose algo frustrada. — Yo solo quiero ayudar y quiero servir de algo, no puedo quedarme todo el día de brazos cruzados, Marcus, y también te quiero agradecer por… — Sí, lo sé y te entiendo, Carmen… Pero también debes aprender a ser paciente y a reconocer tu lugar en esta casa… Creo… Creo que sería bueno si… Deberíamos buscarte alguna actividad para hacer… — Pero, Marcus… — Quizás un nuevo trabajo o algunas clases… — La interrumpió Marcus. — Ahora, es domingo y es temprano… Antes de empezar mi día me gustaría tomar una ducha y desayunar, ¿ok? — Sí, señor… — Asintieron las empleadas y por poco Carmen hace exactamente lo mismo que ellas, por instinto. — Bien… Por ahora y por favor, luego de que Carmen desayune, enséñenle el resto de las instalaciones… — Le ordenó Marcus a sus empleadas. — Llévenla a dar un recorrido por la biblioteca, el gimnasio, los balcones, la piscina y el jardín… Quizás en esos lugares ella pueda encontrar algo con lo que pueda entretenerse. — Sí, señor… — Volvieron a asentir las mujeres y Marcus se dio la media vuelta para volver a su habitación. — ¡Oye, espera! — Lo detuvo Carmen, tomándolo por una mano, y cuando él se volvió a girar para quedar frente a ella, tan serio y para colmo, semidesnudo, Carmen volvió a enrojecer. — ¿Sí?, ¿necesitas algo? — Es que… Es que… — Carmen bajó la vista avergonzada, soltando rápidamente la mano de Marcus. — ¿Qué es lo que harás tú?, ¿por qué no nos acompañas a hacer el recorrido? Preguntó Carmen con cierto nerviosismo, era su primer día en ese apartamento y tenía algo de miedo de quedarse sola, sobre todo cuando en dl fondo, ella esperaba encontrarse con Bastian, quien podría llegar en cualquier momento. — Lo siento… — Marcus sonrió tiernamente, tomando la barbilla de Carmen para levantarle el rostro con delicadeza. — Pero hoy tengo varias cosas por hacer y estaré algo ocupado por unas cuantas horas… Estarás bien, te puedo asegurar que te estoy dejando en buenas manos y para cuando regrese, te dedicaré el resto de mi tiempo, lo prometo… Las dos empleadas suspiraron al escuchar la respuesta de Marcus, mientras que Carmen se sintió algo más aturdida. — Bien, te veo más tarde… — Concluyó Marcus, guiñándole un ojo para luego darse media vuelta y marcharse. * Era grandioso, las empleadas fueron muy amables con Carmen y le dieron un recorrido con lujos de detalles, especificando dónde ella podía conseguir las mejores novelas de romance en la biblioteca, además de las revistas de moda. También le enseñaron la hermosa piscina y como usar varias máquinas en el gimnasio y, ¡el jardín, oh, el pequeño y lindo jardín!, Carmen ya se podía imaginar pasando varias horas allí, consintiendo y cuidado de las hermosas plantas y flores que allí se encontraban. * Habían pasado varias horas desde que Marcus se fue y las empleadas habían dejado a Carmen sola por un rato para tomar sus actividades de trabajo regulares en el apartamento, cuando repentinamente un timbre sonó. Carmen se asomó en la sala, no había nadie y el timbre seguía sonando en la puerta, mientras que ella dudaba, ¿debía abrir?, pero y, ¿si la regañaban?, ¿y si era Bastián? Un pequeño escalofrío le recorrió el cuerpo. El timbre volvió a sonar con más insistencia, al tiempo que también se agregaron fuertes golpes en la puerta, Carmen no pudo resistir más e intentando mantenerse calmada, ella fue a abrir la puerta para encontrarse con quién su corazón ya esperaba, por quién el pulso ya le daba saltos antes de siquiera verlo, Bastián. — Carmen… — Exhaló él apenas la vio, acercándose para rodearla entre sus brazos con fuerza, apretándola contra su pecho. Carmen se quedó en shock, no es que Bastián no la hubiera tocado antes, claro que él sí lo había hecho, muchas veces y de formas inimaginables, pero él nunca antes la había abrazado. Por lo menos, no de esta manera, no con esa ansiedad, con esa intensidad y con ese calor, como si necesitara de ella. — Bastián… — Musitó Carmen y eso fue como un botón que lo hizo reaccionar, haciendo que se separara de Carmen repentinamente. — ¿Dónde está? — Preguntó Bastián entrando al apartamento, pasándole, por un lado, a Carmen. — ¿Qué? — Carmen se giró sobre los talones, viéndolo confundida. — Marcus, quien se supone que es mi sobrino, mi familia, ¿dónde está el traidor? — Especificó Bastián, mostrándose ceñudo. — Él… Pues él no está, dijo que tenía algunos asuntos que arreglar y salió hace bastante tiempo… — Explicó Carmen sintiéndose en el fondo, un poco decepcionada. Bastián no había ido por ella, dejando todo y su compromiso. Él solo había ido para pelear con Marcus, por su orgullo herido, pero, ¿qué había sido lo de antes?, ¿ese abrazo tan cálido?, ¿el frío Bastián era capaz de emanar calidez?, el mismo que ahora parecía ignorarla y estar más interesado en Marcus. — Ese mocoso infeliz, cree que puede hacer lo qué le da la gana… — Mascullo Bastián con la mandíbula apretada. — ¿Qué? — Carmen se cruzó de brazos, intentando controlar los pequeños temblores de su cuerpo, el solo tener a ese hombre cerca la hacía reaccionar de mil maneras. — ¡Señor! — ¡Señor Hidalgo! — Las dos empleadas de Marcus finalmente se asomaron, inclinándose, sorprendidas ante tan grande e inesperada visita. — El señor Marcus no está, ¿pero en qué le podemos servir? — ¿Podemos ayudarlo en algo? — Sí, ¿podrían informarme si saben cuándo volverá Marcus? — Preguntó Bastián con mucha seriedad. — No creo que sea pronto… — Explicó una de las empleadas. — Sí, él dijo que tenía que visitar varios lugares y atender diferentes asuntos y que le tomaría algo de tiempo… — ¡Mald!ción! — Gruñó Bastián apretando la mandíbula. — Esperaba poder arreglar esto de hombre a hombre… — ¿Qué? — Ambas empleadas lo observaron extrañadas. — Bien, déjenme solo con la señorita Carmen… — Ordenó Bastián, como si se tratara de sus propias empleadas. — Oh, señor, eso no sería bueno, sí… — ¿¡Qué no escucharon!?, ¡Mald!ción!, ¡ahora parece que ya nadie quiere respetarme y obedecerme! — Voceo Bastián, evidentemente alterado. — Bastián… — Lo llamó Carmen para intentar calmarlo, pero parecía que al escuchar la voz de ella, él se puso peor. — ¡Salgan de aquí inmediatamente y me dejan solo con Carmen, antes de que las saque a patadas y las deje sin trabajo! — Gritó Bastián con autoridad. — Si… Sí, señor. — Las dos empleadas salieron disparadas, sintiéndose nerviosas. Y apenas estuvieron solos, Bastián se giró sobre los talones para quedar frente a Carmen.
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