Irene y Alfredo lo llevaron a su habitación y plácidamente se desplomó en un sueño liviano con una gota de dolor a medio caer en su mejilla derecha. Irene le solicitó a Piedrabuena tenerlo con ellos el día de navidad. El director no se opuso y Simón permaneció con su familia disfrutando a su manera de sus nietos. Llegada la noche Alfredo lo trasladó nuevamente al establecimiento. Ahí, Alba y Rosalía, lo estaban esperando desesperadas por sentarse a conversar un rato con él e interiorizarse de todos los pormenores en su estancia en lo de Irene. Después de una charla extensa Simón pidió ir a su habitación. Había sido una jornada pesada para él. En un sólo día se apartó de su rutina habitual y eso le acarreó algunos malestares menores que lo llevaron a su cuarto sin cenar y sin su clásico té
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