Esmeralda no había alcanzado a salir del todo. Se volvió misteriosa y cerró la puerta con cuidado. Se sentó precavida en la cama del viejo. - ¿Por qué sentiste eso, viejito? -Porque mientras estuvimos almorzando me miraron todo el tiempo y me di cuenta de que ellos también hubieran preferido una porción de milanesa con puré y tuvieron que conformarse con la pechuga hervida, las batatas y el calabacín. Sentí como que en ese momento pasé a ser tu preferido y no quiero que, en definitiva, ellos tengan algún recelo hacia mí. En cierto sentido el viejo estaba con la razón. El gesto de Esmeralda luego de esta confesión de Simón fue elocuente y dejó en el aire la interpretación de que el viejo había dado casi en la tecla. Tal vez Esmeralda en su ambición desmedida no dimensionó aspectos de esa

