—Hija despierte, o se nos hará tarde. —Tengo mucho sueño… Había tenido una noche muy mala, me había movido como nunca de un lado al otro; y cada vez que lo hacía, eso provocaba que me despertara y me diera cuenta que al amanecer aguardaba el día menos esperado. —Mi niña, debe darse prisa. —Bien Sarbelia, pero un momento más o uno menos no hará diferencia. Nada evitará ese condenado matrimonio. Mentiría si dijera que mis pensamientos no se elevaron a Jon en más de una ocasión cuando no podía dormir. Recordar ese rostro, sabiendo que nunca más podría verlo ante mí, me hacía sentir torturada. Varias veces, mi mente se sumía en aquella posibilidad de haber aceptado su proposición en el campamento de Carmina. ¿Me habría devuelto igual a mi padre? O ¿Quizá me habría raptado, pero ésta ve

