Al siguiente día, me dirigí a la cocina, no por hambre sino por dolor, tenía unos calambres horribles en el vientre. —Buenos días —Saludé a todas en la cocina. —¡Oh, su majestad! Disculpe el desorden hacemos pan de maíz. —No, por favor, descuida, la cocina debe ser como un lienzo, y el desorden es necesario, expresa el verdadero arte al cocinar. Me acerqué a ellas al verlas hacer mi pan favorito. —¿No les molesta que pase con ustedes el día? —No, si a usted no le molesta —Contestó una de las cocineras más adulta. Después de observarlas un momento, me di cuenta que hacían más trabajo de la cuenta. Había otra manera de cocinar el pan de maíz sin tanto esfuerzo. —Ya veo, eso dificulta la preparación. Todas me veían perplejas. —Por favor, pasen ese mandil. Les mostraré como hacer u

