Ya había pasado una semana desde la gran tragedia del carro de Alex, al final si tuvimos que decirle toda la verdad sobre el accidente porque el mecánico del taller nos dijo que sería casi imposible sacar el carro del taller en el mismo día porque tenía mucho trabajo y el carro de Alex sería el último en el trabajaría hasta ese fin de semana.
¿Cómo haríamos para esconderle la tragedia de su carro por tres días? No quedaba otra salida más que decirle la verdad.
Las cosas en el trabajo no estaban tan bien, desde que me mudé a California siempre había tenido el sueño de ser una gran actriz, sabía que las cosas no serían tan fáciles, muchas personas me recomendaron ir a Nueva York porque allí tendría más oportunidades, pero para ese tiempo no tenía tanto dinero como para estarme mudando a otro lugar, menos a Nueva York una de las ciudades más caras. Al final terminé viviendo en California y empecé a trabajar en un teatro que estaba en Los Ángeles, todos los lunes, miércoles y viernes había funciones en el teatro, presentábamos historias de libros famosos.
Debo admitir que pensaba que llegaría mi día en el que un gran productor de cine llegara al teatro, me vería actuando y realmente se convencería de que tengo un gran potencial por ser explotado y me contrataría y podría decir you´re the lucky one. Realmente habría deseado que las cosas sucedieran así de fáciles, así como lo describen en los libros, pero ese día jamás llegó
En vez de eso me quedé atrapada en esta ciudad y las deudas no paraban de llegar, en los últimos tres meses no había logrado pagar a tiempo el alquiler de mi apartamento y lo tuve que pagar unos días después con una pequeña cuota más por mi retraso, el mes pasado había llevado mi carro al taller dos veces porque de repente había estado fallando y tuve que gastar más dinero. Para empeorar las cosas, el teatro tampoco iba tan bien, desde que el año pasado pusieron un nuevo cine a unas calles del teatro la gente ahora prefiere ir a ver una película y no ver una obra teatral, la dueña del teatro; Alicia, es la que quizás esta peor de todos nosotros, a pesar de que el teatro no genera tantos ingresos ella debe seguir pagándonos a todos los actores, la decadencia del teatro había llegado hasta los oídos del H&C Bank que hasta han estado viniendo con ofertas para comprar el teatro y así poner una nueva sucursal del banco.
A pesar de todas las propuestas del banco, ninguna había logrado convencer a Alicia, quien seguía firme en no vender el teatro hasta escuchar la oferta que ella quería
Todos los días menos fines de semana, ensayábamos para las obras por las mañanas, siempre tratábamos de llegar lo más temprano para salir en la tarde temprano y así me daba tiempo de ir a mi segundo trabajo de medio tiempo, mi situación había llegado hasta ese punto que debía trabajar en un floristería para salir con los gastos del mes, tan mal estoy que ni siquiera el amor de mi vida se ha presentado a mi puerta.
-Mira, de nuevo los del banco buscando a Alicia – me dijo Alex en voz baja mirando hacia la entrada del teatro.
- ¿Quién ira ahora a decirle que Alicia no está? – preguntó Susan y casi inmediatamente todos respondimos con un firme ‘No’ sin embargo todos me miraron a mi solamente por haber respondido unos milisegundos después.
- ¿Y qué les digo ahora? – pregunté escondiendo una sonrisa – ‘Alicia no está interesada en su oferta a menos que le ofrezcan 5 millones’
- Pues no es mala idea, es lo que ella está esperando que le ofrezcan por este lugar – respondió Eli.
Me levanté del suelo y le entregué mi libreto de guion a Alex antes de empezar a alejarme del escenario, literalmente ya sabíamos quiénes eran las personas del banco que venían a buscar siempre a Alicia, siempre era una pareja un hombre y una mujer vestidos formalmente y con un maletín.
-Buenos días – les dije cuando estuve frente a ellos - ¿En qué puedo ayudarlos?
Ya estaba citando las palabras que ellos estaban a punto de decir, pero no fue nada de lo que esperaba.
- ¿Se encuentra la señorita Cristina Spencer? – su pregunta me tomó por sorpresa.
¿Por qué el banco me estaría buscando a mí?
- ¿Usted es Cristina Spencer? – esta vez habló la mujer, ella me miraba con una sonrisa un tanto amigable que de no haber sido porque son personas que trabajan para el banco hasta me habría agradado, pero ahora mismo su sonrisa me incomodaba.
Ya tenía muchas deudas como para que ahora viniera el banco a buscarme para decirme que les debo a ellos también.
-Sí.
- Solamente venimos a dejarle esta carta, es de parte de la gerencia del banco – el hombre me entrego la carta – Pase un buen día.
Después de eso ambos se fueron dejándome perpleja.
No perdí ni un segundo más y abrí la carta para leerla, realmente estaba esperando lo peor al terminar de leer la carta, pero en vez de eso una sonrisa de satisfacción se dibujó en mi rostro.
Era una disculpa por parte de la mismísima gerente del banco, al final de la carta decía que de ser posible me presentara en las oficinas del mismo banco al que fui la vez pasada para resolver el problema, ella misma sería la que me atendería.
Después de leerla fui hasta donde tenía mis cosas y la guardé, regresé con el equipo para seguir ensayando.
[…]
Ya habían pasado algunos días desde que recibí la carta, realmente no había una fecha estipulada en la cual podría acercarme al banco para resolver mi problema, podía ir cualquier día, así que ahora que había salido del ensayo en el teatro más temprano de lo normal todavía cuatro horas antes de ir a mi segundo trabajo así que tendría que aprovechar estas horas para ir al banco.
Al estacionarme cerca del banco me di cuenta de que había algunos trabajadores afuera retocando con pintura las paredes de afuera del banco, al entrar al banco el guardia de seguridad me atendió con tanta amabilidad que hasta a mí me pareció muy extraño, le dije sobre mi carta y el amablemente me guio a donde estaba la recepcionista del banco para que ella me ayudara.
-Por favor siéntese, en un momento la atenderá la gerente – me dijo la recepcionista con una gran sonrisa.
-Gracias – le respondí antes de irme a sentar.
Este era el primer banco al que iba en donde la gerencia estaba a cargo de una mujer, había notado un gran cambio por parte de casi todo el personal del banco a la hora de atender a las personas, todos los cajeros se veían que atendían a las personas con una gran amabilidad y paciencia, y de hecho la mujer que me había atendido a mí ni siquiera estaba ya.
Quizás la habían despedido.
-Señorita Spencer – se acercó a mí la recepcionista – Acompáñeme por favor.
Empecé a caminar detrás de la recepcionista, ella me guio hasta un lugar en donde solo podía entrar el personal autorizado, abrió la puerta de la oficina y me indico que entrara, la oficina estaba vacía.
-Enseguida vendrán a atenderla ¿Desea algo para beber? – me preguntó.
-No, gracias – le sonreí y ella hizo el mismo gesto antes de cerrar la puerta cuidadosamente casi sin hacer ruido.
Mientras esperaba empecé a ver toda la oficina, las paredes eran blancas y los muebles café oscuro, había una pequeña mesa del mismo color que tenía una planta, me detuve en el escritorio al ver la pequeña placa con el nombre de la persona que había allí escrito: Javier Huxley.
¿Qué no era una mujer la que me atendería?
Miré la carta que me habían enviado para asegurarme y estaba en lo correcto, la carta era de parte de la gerente llamada: Alejandra Méndez.
Ni siquiera me quedó mucho tiempo como para especular cuando la puerta de la oficina se abrió.
-Buenos días, disculpe por haberla hecho esperar, soy Javier Huxley un gusto atenderla señorita Spencer – me dijo el hombre que había entrado a la oficina, él me había estrechado su mano como saludo y yo la tomé.
En cuanto subí mi vista para verlo a los ojos sentí como mi estomago literalmente empezaba a sentir mariposas con solamente ver al hombre con aquella sonrisa mirándome directamente a los ojos.
Era un hombre bastante alto, piel clara, cabello n***o peinado hacia atrás, ojos café oscuro casi negros, cejas bastante pobladas, pero con forma, tenía barba completa lo suficientemente larga como para entrar en el clásico estándar de atractivo. Iba vestido bastante elegante, de traje n***o.
Desde mi perspectiva yo aquí sentada y él parado frente a mí sería lo suficientemente intimidante para cualquier persona de no ser por la hermosa sonrisa que me estaba dedicando que hacía que toda esa apariencia intimidante desapareciera con una simple sonrisa.
-Leí su carta con el inconveniente que tuvo con una persona de nuestro equipo, créame que desde la gerencia nos sentimos muy avergonzados por el problema que tuvo. Después de su notificación nos encargamos de hacer una investigación más a profundidad y nos dimos cuenta de que no había sido la primera vez que se había presentado ese problema con esa señorita, debido a todos esos inconvenientes nos vimos en la necesidad de despedirla para poder seguir garantizando la atención de calidad a nuestros clientes.
-Gracias por interesarse tanto.
Para ser sincera no pensé que mi carta llegara tan lejos.
Sin ni siquiera notarlo mi última oración la hice como un pensamiento en alto haciendo que él riera un poco y me mirara con media sonrisa.
-Me alegra haber podido ser yo quien arreglara este inconveniente – me dijo haciendo que yo me le quedara viendo como una tonta por unos segundos hasta que regrese en sí.
Su disculpa estuvo tan bien, seguramente era el pobre empleado del banco al que ponían a disculparse cuando la gerente tenía muchos asuntos pendientes.
-Con respecto a ese problema… Todavía no sé porque no puedo retirar dinero de mi cuenta bancaria – trate de verme lo más seria posible.
- No se preocupe, solamente fue por un inconveniente menor. Hace un tiempo tuvimos un inconveniente en otra sucursal de nuestros bancos… Creo que ya podrá saber a qué inconveniente me refiero – me dijo haciendo una pequeña mueca que me hizo sonreír por su espontaneidad.
Él se refería al robo que hubo en el otro banco.
-Debido a eso decidimos actualizar las tarjetas de crédito y debido de todos nuestros usuarios, debido a que usted abrió su cuenta bancaria hace un par de años, creo que sus datos no están actualizados porque no pudimos comunicarnos por correo ni por su número de celular, entonces por eso jamás le notificamos sobre esos cambios y sobre los problemas que surgirían si no se hacía el cambio de tarjeta.
-Entiendo.
- Debido a eso me retrasé unos minutos y me tomé la libertad de traerle su nueva tarjeta – con sus finos dedos me entrego la tarjeta y yo la tomé.
Creo que cualquier otra mujer que interactuara con Javier Huxley diría lo mismo que yo: Él es todo un caballero.
Yo no me considero una persona tan extrovertida con el valor suficiente como para coquetear con un hombre, pero este él hacía que yo quisiera pasar sentada en esta oficina hablando con él por el resto del día. No estaba exagerando cuando decía que nunca había sentido una conexión tan fuerte por una persona, es como si hubiera un gran campo magnético alrededor de él.
Ni si quiera lo conocía, pero si realmente existe el amor a primera vista, espero volverlo a ver.