Capítulo 5

1808 Palabras
Sarah iba delante de mí. Su cabello azabache, golpeaba el comienzo de su trasero. Siempre lo había querido así de largo. Lástima que siempre inventaba una excusa nueva y terminaba por cortármelo. Ansiedad le llamaba. Sus tacones rojos resaltaban con el vestido n***o que llevaba, ceñido al cuerpo como si de una segunda piel se tratase. Volteó y me atrapó mirándole el trasero, por lo que sonrió mirándome con aires de superioridad. — Amiga, si quieres quédate aquí. —Me señaló hacia una silla a la esquina. —Iré por unas bebidas. Asentí y hice lo que sugería. Lo que no pensé es que me encontraría a un ebrio sin remedio tan temprano. —Tienes puntos en la cara. — Dijo tras reírse como un demente, mientras me sentaba desgraciadamente a su lado. —Pecas, se llaman. — Sonreí de lado, intentando no tomarle tanta importancia. —¿Tomas? —Me acercó un vaso color fluorescente. —Estoy bien. Mi amiga irá por algo, gracias. —Eres muuuy bonita. — Prosiguió con dificultad y yo le examiné. Se veía de mi edad, cabello oscuro y ojos chiquitos color café. —Y estaaas buena. Escondí varios mechones detrás de mí oreja, al escucharle. Ya estaba empezando a inquietarme. Como era de costumbre estas fiestas no eran lo mío, siempre había un idiota mal parado por ahí. Gente estúpida haciendo de las suyas. Escanée el lugar, que colapsaba de gente que gritaba y exageraba cada uno de sus movimientos por el alcohol. Esto es un desastre... Un compañero de clase nos había invitado a su casa, por su fiesta de cumpleaños pero al parecer había invitado a toda la ciudad completa también. —Estas algo chiquita... — Su mano se posó en mi pierna. — ¿Qué haces? —La retiré de inmediato con algo de miedo y asco. —Platicar contigo. —No creo que a eso se le llame platicar... Me propuse a levantarme y su brazo me detuvo. —Ven para acá j***r. Estas muy tensa. Su agarre era fuerte, lo más probable es que fuera a dejar una marca en mi muñeca. Le pisé, con fuerza, toda la que podía, haciendo que no tuviera más remedio que soltarme y dejarme huir. Era un lugar grande. Salvo a eso, me escabullí lo más rápido que pude, entre la gente. ¡A la mierda! —Gritó alguien, al tropezarle y derramar su bebida. Apreté los ojos. ¿Es que no podía salir algo bien? — ¿Puedes ver por donde puñetero vas? Intenté ignorarle, pero fue en vano. Una presión en mi cráneo, me indicó que me jalaron gran parte del cabello con fuerza. Voltée desencajada.¿Qué mierdas le pasaba? Era la muy plástica de Sarah, sus ojos azules adornados con máscara de pestañas me miraban cabreados y segundos después, sorprendidos. —Pensé que era otra persona...—Su voz era fría. — No puedo creer que me hayas echo esta mierda. Miré hacia abajo confundida. Y ahí estaba el problema, había derramado el alcohol, en su fino vestido brillante. —Yo pensé que me buscarías...–Solté tratando de mantener la paciencia. Después de todo ella había sido la causa de que viniera, pero claro, si era insufrible. —Me olvidé. — Hizo un gesto con su mano, como restando importancia. —Dijiste que no me dejarías sola. —No es mi problema que seas una niña de papi, que no se pueda defender sola. Estaba empezando a enojarme.Sin embargo intenté respirar. —Sea lo que sea que te haya echo, creo que no está bien, el jalarme del cabello. —Yo hago lo que se me viene en gana, ¿Okey? Asentí, no iba a decir nada más pues de esa manera no haría más que empeorar las cosas. Era mejor mantenerme callada. Solo me iría, y todo estaría bien. — ¿A dónde vas? ¿Ya te irás como la puñetera niñata que eres? —Eso a ti no debería interesarte.—Grité buscando que me escuchara tras el estruendo de la música. Estaba detrás de mí, sentía su paso acelerado, pisándome los talones. —¿Qué mierdas te sucede? ¿Quieres de alguna manera llamar la atención? Tu madre es la actriz, tu no, tu eres una pobre inútil... De verdad intentaba no escucharle y de salir lo más rápido que podía de allí, intentaba mantener la calma, pero todo se fue a la mierda cuando sentí su mano volver a jalar de mi cabello. Para ese entonces, yo ya no me encontraba en mi mejor juicio. Escuché los gritos inundar el espacio, de pronto la música se escuchaba lejos, solo el palpitar con fuerza de mi corazón abrazaba mis oídos como una pequeña tortura. Una tortura difícil de explicar... Las miradas amenazantes, la gente corriendo y empujándose para observar el acontecimiento sucedido. No vi lo que hice, hasta que le admiré tirada en el suelo con un poso de sangre, debajo del cráneo. Había empujado a Sarah hacia una mesa de vidrio. No había visto aquella mesa pequeña de cristal y ya era tarde, demasiado para notarle. Me despertaron unas manos que conocía muy bien. Sus ojos llenos de angustia, eran el reflejo, de que llevaba el tiempo suficiente para deleitar mi descontrol. No sabía que había estado llorando hasta que sus manos sostuvieron mis mejillas y las secaban luego, con prisa. — ¿Otra vez lo de aquel día? —Musitó, y yo solo asentí, algo aturdida todavía. — ¿Cuándo has llegado? —Hace poco — Respondió echándome el pelo hacia atrás. — ¿Estás bien? ¿Te traigo agua o algo? —No necesito nada más — Susurré y recosté mi cabeza en su pecho. — Te quiero. Sus manos acariciaron mi desordenado cabello. — Yo no Vick. Sentí como si algo, me desgarrara por dentro. ¿Qué es lo que acababa de decir? — ¿Eh?–Me separé de su pecho, tal vez y no le había escuchado bien, tal vez y estaba todavía en el trance del sueño. —Te amo Vick, no te quiero. El alivio reinó en mi sistema. —Eres de lo peor. — Le pegué en el brazo. – Eso no se hace. – solté aún con las lágrimas corriendo por mi rostro. Aunque quisiera, no las podía detener, eran muchas sensaciones horribles mezcladas. —¿Lo soy? —Preguntó haciéndose el tonto, mientras yo volvía a recostarme. —Pues sí, asustas a uno. El sonrió fugazmente y me miró luego con preocupación.– No llores más mi vida. Me encantaba su sonrisa. Joder, estaba demasiado loca, como era posible que tras tener una pesadilla tan fuerte y horrible, él me convertía en la niña más feliz con simplemente su presencia. —Eso intento. —Admití secando mi rostro con la palma de mi mano. —Te traigo buenas noticias. —¿Sí?— No sabía de qué se trataba pero me encantaba que aún así con tantos rollos que tenía en su casa, siempre lograba encontrar algo para obsequiarme, para hacerme sentir especial. — Te traje algo. — Su boca besó la cima de mi cabeza, antes de sentarme nuevamente. ¡Lo sabía!— Pensé. Me tenía muy mal acostumbrada. Le observé muy quieta, aunque no reflejando lo que sentía en ese momento, estaba emocionada. —Me costó mucho encontrarlo...— Hizo una pausa, antes de sacar algo de su bolsillo. — No sabía cómo te gustaría. Yo asentí, y su mano se extendió finalmente contra la mía. El objeto estaba en medio de nuestras manos, no era capaz de verle todavía. ¿Un collar, unos pendientes, tal vez un dije? Ya estaba loca por saber de qué se trataba. — Mírame. —Lo hice, tal vez fueron solo unos segundos, pero mi vientre cosquilleaba ante lo gratificante que era observable.— Tal vez sea muy pronto, y apenas seamos un par de mocosos, lo que sea...—Noté como su garganta pasaba saliva. Yo asentí para darle ánimos a que continuara, no podía mantener paciencia en momentos como estos. — Quiero que seas tú. Parpadée, dos veces. Las conté porque estaba jodidamente nerviosa. No entendía de lo que me hablaba y a la vez sí, pero se me hacía algo difícil de procesar, de creer... Simplemente creía, que era otro más de mis sueños. Sí él no me pellizcaba, yo lo haría en cuestión de minutos. —Quiero que seas honesta conmigo, ¿Está bien? — Volví a asentir. — Por esta vez, quiero que seas jodidamente egoísta. Quiero que pienses en ti, y en lo que sientes. No importa que pase conmigo. — Mis labios temblaron en una sonrisa. Sus últimas palabras, se escucharon tal niño pequeño. —¿Lo prometes? Besé su mano libre. Lo entendía. Con aquel simple gesto, sus ojos lo comprendían. Pasaron solo segundos, cuando su mano se separó de la mía, temblando. Su palma dejando ver un anillo de pequeños cristales. Cristales que iban en tonos pasteles rosa, cristales que reflejaban todo su amor por mí. No pude evitarlo, mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas. Pero estás eran lentas, eran llenas de amor y de mucha ilusión. Era tan poco y tan gigantesco su significado. —Quiero casarme contigo. Quiero ser yo, quien te bese todas las mañanas, pero ahora mismo no puedo hacerlo...—Su mano ahora, introducía el pequeño pero perfecto círculo lentamente y con delicadeza por mi dedo. — Es un anillo de promesa. Un anillo que significa, que tarde o temprano, viviremos juntos, y serás la mujer que tanto soñé para mi vida. Mis ojos abordaban solo lágrimas, mi cara debía ser un tomate de tanto llorar. —Te amo Vick, como un loco ama a otro loco. Y temo tanto, que tú no lo hagas, pues no soy ni la mitad de lo que te mereces. —Su mano se deslizó por mi mejilla. —Pero me jode en lo más mínimo, imaginarte de la mano de otro que no pueda ser yo, quiero estar contigo. Era casi una súplica. Él sin dudas no entendía cuán importante era para mí. Me abalancé hacia su cuerpo. Le abrazaba con temor, con nervios, con mucha felicidad. Estaba tan rota y a la vez tan completa, mientras estaba junto a él. Su cuerpo temblaba y su corazón desbocado, me confirmaba que me amaba. Que lo que decía era, nada más que cierto. Me separé a centímetros de su rostro. — ¿Estás seguro de esto? —j***r, que si no lo estoy...Me tienes la mente jodida Vick, no hay otra cosa en la que piense. Yo reí. —¿Entonces? — Preguntó nervioso. —Es una locura Santiago. Su mandíbula se tensó.—Si no quieres no voy a presionarte Vick, yo... Entonces le interrumpí.—Pero voy a hacerlo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR