–¡Anda!, pero si ese fue un día triste para ti, ¿no sería mejor que lo olvidaras? –¿Qué dices?, eso sería al principio, no te lo voy a negar, pero luego fíjate la clase de vida que me has hecho llevar, ¿te imaginas qué clase de vida hubiera yo llevado si no, llegas a aparecer tú en mi vida?, pero ¿de qué día en concreto querías hablar? –me preguntó. Flora estaba sentada en su sillón, ese que formaba parte del mobiliario del comedor desde hace no sé cuánto tiempo. Creo que estaba en aquella habitación como las losas del suelo, como siempre, porque el resto de los muebles sí que habían cambiado con el tiempo, pero su sillón, ese nunca quiso desprenderse de él, y ¡claro, tenía su razón!, no era su sillón, si no que antes había sido el sillón de Marcial, su marido, y ¡claro, tenía su explic

