-No grites por favor –Dije presa del pánico. El detuvo el auto y me miró asustado -Perdón, perdón mi amor –Dijo abrazándome –Joder, cuando voy a dejar de arruinar todo. -Quiero ir a casa –Dije después de unos segundos. –No quiero que vayas a enfrentar a ese señor Ignacio. No quiero. -Pero Megan –Respondió frustrado. -Promételo Ignacio. Promete que no iras. El asintió suspirando –Lo prometo Megan, pero prométeme tu que si lo vuelves a ver me vas a llamar y vamos a ir a la policía. -Lo prometo –Dije para calmarlo. La siguiente sesión de terapias siento que avanzamos un poco más, Ignacio se abrió con respecto a lo que sentía con Gastón, joder, que era mucho. Ni siquiera se me habría pasado por la cabeza. Una vez terminada la sesión, me llevó a mi trabajo y me acompañó hasta mi o

