La obra no tan perfecta II

1116 Palabras
—Si. Ya sabes el rubio de ojos azul con... —empezó a explicarme detalladamente al rubio, como si no supiera quien es. —¡Si se quién es! —chillé—. Sólo que no entiendo por qué él haría... Tal, cosa. Por encima del hombro de Nial (que es sólo un par de centímetros más alto que yo), una cabellera rubia y sin peinar apareció en mi campo de visión. Ayden venía caminando por el aparcamiento, con su ego a mil, desplazándose por el parqueo como si el mundo le perteneciera y con la confianza de un personaje literario. Al ser tan alto y caminar tan rápido, llegó a nosotros en cuestión de segundos. —Nial... —Ayden miró a Nial desde toda su altura mientras se acomoda la corbata gris al cuello—. Buen día —volvió a fijar su vista en mi—. Creo que tengo algo tuyo. —Si, buenos días... —intenté empujarlo, pero fue inútil. El muy tonto pesa como quinientas libras—. Ya vete... No, espera... Miré la mano que estaba sacando de su bolsillo... ¡Mi teléfono! Palpé mi mochila con desesperación buscando ese objeto con forma rectangular tan importante para mí como el oxígeno, pero no lo sentía. Ayden me hizo caso omiso, en cambio, le hablaba a Nial como si fueran los amigos más íntimos. —¿No tenías que estar ensayando y vistiéndote para la obra esa? —le pregunta, al fin dejando su corbata quieta. —Si, pero ahora estamos algos ocupados —dije, haciéndole señas de que se largue, pero este me volvió a ignorar. —No, enserio, ¿Qué hacen aquí? —preguntó con una sonrisa inocente en su rostro, mientras le ponía una mano en el hombro. Aunque generalizaba la oración, solo miraba a Nial. Nial también sonrió, pero podía ver en su cara que estaba a punto de mearse o salir corriendo. O cualquiera de las anteriores. Cobarde. Cuándo existiría un hombre que no le tuviera miedo. Digo, no daba miedo. Pero sus dos metros de altura dejan mucho que desear. "Y en el caso de Nial, salir corriendo", se burló mi cabeza de él. —Yo, no... —empezó a tartamudear Nial mientras una fina capa de sudor empezaba a cubrirle la frente—. No... —¿Al baño dices? —lo "ayudó" Ayden mientras le quitaba la mano del hombro—. No te preocupes. Adelante. Sin haber terminado bien el «Hasta pronto», Nial salió disparado como un rayo hacia la escuela, perdiéndose entre los estudiantes. —Entonces te gustan los gallinas —rió Ayden, volviéndose hacia mí. Mientras el rubio se burlaba deliberadamente de mis gustos, invertí ese tiempo en cruzar todo el estacionamiento y llegar a mi casillero para buscar buscar varias cosas que necesitaba. También miré el reloj para ver cuánto me faltaba para llegar a tiempo. Dos minutos justos. Me da tiempo. —...seguro que sí —cuando Ayden se dio cuenta que no le estaba prestando atención, frunció el ceño en mi dirección, mas confundido que molesto—. ¿Acaso me estás oyendo, Conejita? Suspiré, cerrando el casillero sin ganas, apreté mis cosas contra mí y me volteé. —No, Ayden, no me entran tantas cosas juntas en la cabeza. Tengo cosas que hacer, ahora si me disculpas... —pasé entre él y mi casillero para irme, pero a último momento me giré hacía él—. Y lo que haga con mi vida no es de tu incumbencia, Ayden. Él frunció el ceño. —Te estoy intentando proteger. —No lo necesito y no te lo pedí. Él negó lentamente. —No lo entiendes, Ginebra, Nial es un idiota, va a hacerte daño. Me encogí los hombros. —No es de tu incumbencia. —Eres tan... —dio dos pasos hacia mi—. Eres imposible. —Entonces eso significa que no soy para ti. Ayden frunció aún más el ceño, pero ahora también parecía incómodo. —Estoy intentando protegerte porque me importas... —murmuró. Alce una ceja, incrédula. —¿Te importo? Él asintió lentamente, pero al yo no hacer o decir nada, negó. —No me malinterpretes, prácticamente crecimos juntos, es normal que sienta que debo protegerte. Eres como mi... Hermana pequeña. Lo miré fijamente y aunque por dentro se me había roto hasta el circulamiento correcto de la sangre, sonreí falsamente. —Si, como un hermano mayor. —inevitablemente una risa amarga salió de mi—. Que pases lindo día, Ayden. Me di vuelta sobre mis propios pies, ignorando las palabras de Ayden. Corrí en dirección al anfiteatro para no llegar más tarde a la obra. Muy tonta fui al olvidar que Ayden aún tenía mi teléfono. °~~~~~° No había tenido tiempo para ir a buscar mi teléfono y quitárselo al ladrón de Ayden. Aunque realmente no me lo robó, pero creo que entendieron. Así que sólo había sido, ponerme ropa, luego ensayar como dos líneas porque luego... ¡BANG! Empezó la obra. Estaba muy nerviosa por lo que podía pasar en el escenario, aunque realmente no tenía de que preocuparme, la obra me la sabía de pies a... Bueno, sí sé de qué va y eso cuenta. Puedo oír a otros personajes decir sus líneas y espero mi turno pacientemente para hablar, mientras choco inconscientemente los tobillos hasta que llega mi turno. Después de hablar durante casi cinco minutos y tres cambios de escenario, al fin llega el momento, el más esperado. En esta parte se supone que yo, Lizzyie McGuire, después de haber recibido la noticia de que voy a casarme, va con su madre (representada por una compañera de mi clase llamada Emily) al restaurante del pueblo para conocer a Sir. Ángel III. —Oh, hija Lizzyie —exclamó "mi madre", dramáticamente—. Es momento de que lo conozcas, de que conozcas a tu futuro marido y espero que enserio algún día puedas perdonarme. Miré al lugar que ella señalaba. Al principio no reconocí al personaje. Cabello rubio, ceja alzaba, sonria burlona, dos metros de altura y.... ¡Ahh! Miro con horror como Ayden se adentra al escenario con traje y cazadora medieval y sombrero gracioso. ¡No, no y nooo! ¿Qué hace aquí? Veo como sus labios se mueven, y sé por obvias razones que está diciendo sus líneas, pero yo simplemente no puedo hablar. —¿Qué haces aquí? —grito con horror, interrumpiendo su diálogo. Ayden frunce el ceño en mi dirección. —Recién acabo de leer el guion, pero estoy seguro de que esas no son tus líneas —lo escucho murmurar. Y de algo estoy segura... Repruebo sí o sí.
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