El enojo que sentía William era muy grande por la manera en que Javier describiría a Briana, ya que luego de estos días de placer con ella y sumado a que estaba bajo su dominio la consideraba suya. El presidente debía tragarse todo lo que sentía ante Javier porque a pesar de todo él era inocente de lo que sucedía entre él y Briana a puertas cerradas. Aquel guardaespaldas con una sonrisa le confesaba todo lo que sentía acerca de Briana al presidente sin tener la menor idea en que ambos se habían convertido en amantes. William lo escuchaba muriéndose de la rabia apretando tanto sus dientes que parecía que se le iban a desgastar. «¡Ahhh, quiero matarlo pero no puedo!» Pensó William mirando con enojo a Javier. Javier miró al presidente fijamente y pudo observar que se veía un tanto molesto,

