Fernando
—¿Cómo va la causa? —pregunta Sebas golpeando mi espalda.
—Somos amigos.
—Puaj —resopla y se ríe—. ¿Amigos? Mierda, Fer, te han Friendzoneado.
—Deja de burlarte, imbécil. Has algo productivo.
—Hay mucho provecho en burlarme de ti.
—Lo que sea —gruño y continuo revisando la nómina del personal.
—¿A ella le gusta este cantante... el de "Y cómo es él"? —pregunta con una sonrisa.
—¿José Luis Perales?
—Ese mismo.
—Sí, a Fabi le gusta toda esa música.
—Bien —responde. Lo miro levantando una de mis cejas esperando el punto de todo esto—. Mi madrecita santa me comentó anoche, que ese señor vendrá el próximo fin de semana, el concierto será en el teatro del centro.
—Fabi está embarazada, idiota. No puedo llevarla a un concierto.
—Espera, no me digas idiota antes de que lo sepas todo. No será un concierto de despeluque ni nada de eso, al contrario. Habrá mesas dentro del teatro, algo así como "cena y música".
—Oh bueno, eso es diferente.
—Sí. Entonces, si te dijera que tengo dos boletas en primera fila para que invites a tu querida pelirroja, ¿Me rogarías perdón por decirme idiota?
—Puede ser —respondo peleando con una sonrisa. Sebastián es un imbécil.
—Empieza a rogar, hombre. Hazlo.
—Te compartiré la bonificación. —Sus ojos se abren y sonríe.
—Por eso digo que soy un idiota. Te entregaré las boletas esta noche, nos veos jefecito.
Río entre dientes y niego con la cabeza mientras lo veo retirarse de mi oficina. Continuo revisando los informes de comisiones y descuentos cuando mi móvil suena.
Es un mensaje.
Fabi: Necesito un amigo, ¡Ahora!
¡Sálvame! ¡Mi casa se hunde! ¡S.O.S!
—¿Qué mierda? —Marco su número inmediatamente, me levanto de mi escritorio y camino hacia la puerta—. Contesta, cariño. Vamos bebé, responde.
La llamada se va a buzón y entro en pánico. Tomo mi abrigo y las llaves, corro hacia el ascensor casi que tumbando a todos a mi paso, y bajo rápidamente hasta mi auto.
Decido llamar a Manu.
—Hola, zumbambico.
—¿Dónde está Fabi?
—¿Cómo que donde está?—pregunta. Arranco el auto y voy a toda marcha a casa de mi pelirroja—. En su casa.
—Me acaba de enviar un mensaje pidiendo ayuda y no responde cuando la llamo.
—Mierda, ¿Le habrá pasado algo?
—No lo sé. —Freno bruscamente cuando no logro pasar el semáforo en verde.
—Llamaré a mi suegra para se quede con David y ya voy para allá.
—No, quédate con tu esposo, ya estoy en camino. Si algo ha sucedido te llamaré. —Además, ya estoy a pocas cuadras de su apartamento.
—No puedo quedarme aquí tranquila.
—No puedes dejar a tu convaleciente esposo.
—¿Ya estás ahí? No colgaré hasta que no me digas que ella está bien.
—Un segundo. —Esquivo otro auto y volteo en la esquina de su cuadra—. Estoy... —Aparco frente a su edificio y salgo rápidamente del auto—, aquí.
—Ve, rápido. —Escucho a mi cuñado devolviendo el hígado al fondo y alejo el teléfono para evitar caer en las escaleras—. ¡David! cariño.
La llamada muere.
Subo corriendo las escaleras al segundo piso y a paso apresurado me acerco a su puerta. Lo primero que noto es el agua y luego la señora Miryam con una escoba.
—¿Qué...
—Inundación —responde la ancianita con una mueca de disgusto—. Tu amada rompió la llave de paso y aquí nos tienes.
—j***r.
—Lo has dicho querido.
Entro al inundado apartamento, Fabiola se encuentra escurriendo como loca el agua y uno de sus vecinos trata de arreglar la llave rota.
—Hermosa ¿Qué sucedió? —Me acerco a ella y la froto sus brazos.
—Estaba moviendo los muebles de la cocina —jadea—, y no vi la llave ahí. La he roto y mira como ha quedado el lugar —llora.
—No llores, cariño. Eso le puede pasar a cualquiera. —me aparto y quito mi corbata.
—No estoy llorando —dice, lleva sus manos a sus mejillas y seca sus lágrimas—. Sí, estoy llorando. —Y llora más—. ¡Malditas hormonas!
Sonrío y beso su cabeza. Le pido que se cambie la ropa húmeda y se quede fuera de esto mientras trato de solucionarlo.
—¿Cómo va? —pregunto al vecino que está sobre el desastre.
—No muy bien, ya he quitado el agua en todo el edificio pero... necesitamos un plomero.
—Déjame ver. —El hombre me permite observar el daño. Analizo todo y me doy cuenta que sólo necesito una nueva mariposa, tubo, pegante o silicona.
Le pido al hombre que me ayude a comprar lo que necesito y mientras regresa, escurro el agua y acomodo los muebles uno sobre otro. Fabi sale un poco más calmada de su habitación y ayuda con el agua.
—Lamento haberte enviado un mensaje, pero no sabía a quién más acudir —murmura. Su rostro permanece mirando hacia la escoba—. Manu está ocupada con un David enfermo, Rosi llevó a Cintia a una de sus consultas y Tere —suspira—. ¡Teresa no sabe ni cambiar un bombillo, sola! —vuelve a llorar. Se ve tan linda que no puedo evitar lanzarme sobre ella y atraerla a mis brazos. Entierra su rostro en mi pecho y se aferra a mi camisa—. Todo está mojado, y es mi culpa.
—Calma nena. Lo resolveremos.
—Huele horrible.
—Es la humedad. No puedes quedarte aquí.
—Debo quedarme aquí.
—No. Este lugar es un desastre. Ve, empaca algo, te quedarás en mi casa.
—¿Qué? ¡No!
—Fabiola, mira como quedó tu apartamento —La aparto un poco y abro mis manos, señalando el desastre total—, el lugar no es habitable ahora. Huele y tiene humedad, tus muebles están mojados, tu cama, todas tus cosas.
—Está bien, peor me quedaré con algunas de las chicas.
—Ni hablar, Manuela está incubando un virus en su casa, Rosi tiene muchas personas en sus manos ahora y Tere... sí, no creo que puedas dormir tranquila con ella y sus "amigos" de fiesta cada noche. Además, su casa solo tiene una cama y...
—¡Ewww!
—Exacto.
—Pero...
—No hay más que decir. Ve.
Estrecha sus ojos hacía mí y pienso que va a mandarme a la mierda pero da un vistazo a su casa y suspira.
—Está bien.
Después de arreglar la llave, llamar para que nos ayudaran con los muebles mojados, llamar a Manuela y terminar de secar el lugar, Fabi y yo nos dirigimos a mi casa. Intento pensar en el estado de la misma en el camino.
Creo que doña Abigail fue ayer a hacer aseo y comprar los víveres. Espero que sea así, o de lo contrario, tendré que ir de compras.
—Entra. —Enciendo las luces y suspiro aliviado cuando veo que todo está en orden. Fabi duda en el marco de la puerta, pero le sonrío y la empujo suavemente—. Has estado aquí antes, puedes tomar el cuarto de la izquierda.
Yo la preferiría en el mío, pero "sólo amigos". Debo recordarlo.
—Gracias —murmura y camina hacía su nueva habitación.
—Prepararé algo de comer.
—Está bien.
Abro la nevera y ¡bingo!
Está bien abastecida. Tomo unos tomates, papas, filetes de res y cebollas. Prepararé un bistec para los dos.
Fabi regresa y se sienta frente a mí, en el taburete de la cocina, ofrece su ayuda pero niego. Está noche ella es mí invitada, su teléfono suena y se aleja para hablar con las chicas.
Veinte minutos más tarde, la cena está lista.
—Delicioso —espeta con emoción tomando el primer bocado—. Me encanta.
—Me alegra saber eso —respondo. Me delito con la cena y con verla comer.
Terminamos y juntos lavamos los platos en un cómodo silencio.
—¿Quieres ver algo?
—Claro. —Se ubica en mi lugar favorito del sofá y toma la manta que me regaló mi hermana mayor el año pasado.
—Hmm, ¿Quantico?
—Síiiiiiiiii... ¡Ryan te amo!
Ruedo los ojos pero sonrío. Dejo la serie y nos concentramos en lo que sucede.
Dos horas más tarde, Fabi se siente muy cansada y decide ir a dormir. La acompaño ya que realmente se ve cansada y me preocupa que tropiece.
—Buenas noches Fer, gracias por todo.
—Con gusto cariño. Ve, descansa. —Deposito un beso en su frente y me dirijo a mi propia habitación, deseando con toda mi alma que junto a mí, en mi cama, estuviera ella y no mi estúpida almohada.