Capítulo 6

1319 Palabras
Fabiola —No te preocupes Fabi, ya se le pasará. Sólo dale tiempo. —Lo sé Rosi, es sólo que... —sollozo y me enojo conmigo misma por ser una estúpida sentimental—, yo la necesito. Es mi mamá. —Yo la entiendo Fabi, créeme. Cuando pienso en que algo como lo que te está pasando a ti, pueda sucederle a mi Sara, bueno, duele. —No quise defraudarla. —Ella no está decepcionada de ti, lo está con ella. Nosotras las madres tendemos a culparnos por los errores de nuestros hijos. Siempre queremos lo mejor para ustedes y, cuando eso no sucede, sentimos que les hemos fallado. —Eso es tonto, mi madre no me dijo que fuera y... y... me acostará con el primer imbécil. —No, pero es así como nos sentimos. —¿Qué debo hacer entonces? —Ve y habla con ella. Me quedo pensando por un momento en esas palabras, me imagino que el bebé que llevo dentro pueda ser una nena y que pase exactamente por lo mismo y no, definitivamente no quiero eso para ella o él. Me aseguraré de que nunca pase por esto, le hablaré y le haré saber que es muy valioso o valiosa y que no debe permitir que nadie haga dudar de lo que vale y de lo que merece. Definitivamente una noche con un idiota como Nicolás no es lo que merecemos. —Gracias Rosi. —De nada cariño, estamos para eso, para apoyarte. —Tú, las chicas... incluso Fernando, han sido de gran apoyo. —Porque te queremos —murmura Manuela entrando a la oficina—. Eres una de nosotros, nuestra hermana del alma, jamás te abandonaríamos. —Así es —replica Tere viniendo tras manu—. No llegamos a este mundo juntas, pero que se muerda el codo el que sea, si no permanecemos y nos vamos de esta vida, juntas. —¿Abrazo? —pregunto, casi a punto de llorar. —Obvio que sí —ríe Rosi. Nos fundimos en un caluroso abrazo. —Las quiero chicas. —¿Qué es esto? —pregunto aferrándome al pomo de mi puerta. —La cena —responde Fernando, encogiéndose de hombros. El olor de la lasaña llega hasta mi nariz y mi estómago empieza a rugir como el rey león. —Pero... —¿Cómo se enteró que tenía ganas de comer Lasaña? —Lo adiviné. —Sonríe y con delicadeza, me empuja dentro para el poder pasar—. ¿Qué tenemos para beber? Parpadeo confundida. Camina hacia mi cocina y deja la comida sobre el mesón; como si esta fuera su casa, abre la nevera y saca un jugo y una gaseosa en lata. Toma dos platos de i cocina, cubiertos y regresa con todo, en una bandeja, hacia la sala. —¿Sofá verde o sofá blanco? —pregunta. Señalo el suelo y sonríe—. Bien pensado. Deja todo en la mesa de centro y toma los cojines para dejarlos en el suelo. Destapa la refractaria y el olor se intensifica, haciéndome caminar hacia él y la celestial comida. —¿Es mixta? —Si nena, también tiene queso y salsa extra. —Dame eso —ordeno cuando mi estómago empieza a convertirse el Hulk. Extiendo mis manos y recibo mi porción de lasaña. Fernando ríe entre dientes, nos contemplamos por unos segundos antes de empezar a devorar nuestra cena. Tomo el control remoto y busco algo en la TV, dejo The Big Bang Theory. Contra todo pronóstico, Fernando y yo disfrutamos la cena y reímos con los episodios de la serie, incluso, continuamos con otra serie hasta muy entrada la noche. —Deberías ir y acostarte —murmura Fernando cuando bostezo por cuarta vez. —Sí. —Asiento y le permito que me ayude a levantarme—. Buenas noches —murmuro. En mi cuarto, me abrazo a mis almohadas y me dejo ir, en un profundo y tranquilo sueño. —Buenos días. Me detengo en seco camino a la cocina. —¿Qué?, ¿cómo?, ¿cuándo? —balbuceo a medida que bebo de la imagen frente a mí. Fernando está usando mi delantal de cocina mientras apila panqueques en un plato. El café y jugo de naranja se encuentra listo en la isla, junto a las galletas y papaya picada. —Es el desayuno, no te preocupes, no dormí aquí —dice cuando mis ojos van hacia el sofá—. Me fui después de que quedaste dormida, tomé tus llaves y regresé temprano para prepararte el desayuno. David está resfriado y Manu no puede venir, Rosi pasó y te dejó Pan recién horneado y Tere no tarde el llegar para desayunar contigo. ¿Eh? Frunzo el ceño tratando de procesar sus palabras. ¿No se quedó pero volvió para preparare el desayuno? ¿Desde cuándo sabe cómo me gusta mi desayuno y que muero por la papaya? Tomo un vaso y me siento en los taburetes como si esto no fuera real. Bebo un poco y... ¿Le agregó miel? ¿Cómo sabe también eso?, Fernando me mira y sonríe, termina el último de los panqueques y los trae hacia mí. Dejo que me prepare un plato con huevos, papaya, dos panqueques y un poco de café en leche. —Los huevos están deliciosos —murmuro sin saber que más decir. —Gracias. —Toma asiento frente a mí y se sirve un poco para él sin papaya, la odia. —¿Por qué? Deja el tenedor en el aire y me mira. El brillo en sus ojos me sorprende un poco y la intensidad en ella me hace removerme un poco en mi lugar. Mi corazón comienza a latir rápidamente, y me permito trazar con mis propios ojos, cada uno de rus rasgos. —Ya te lo he dicho Fabi, me equivoqué y estoy dispuesto a redimirme una y otra vez. —Yo... —suspiro y le ordeno a mi corazón detener el ritmo violento—, estoy cansada de discutir, cansada de intentar odiarte. —Su mano se extiende y toma la mía, me alejo cuando intenta acércame a él—. Pero eso no quiere decir que tú y yo seremos algo. No. Eso no sucederá Fernando, puedo perdonar todo lo que me heriste, puedo dejar de pensar y dejar de guardarte rencor, incluso puedo compartir una amistad contigo, un desayuno, una cena; pero no puedo compartirte mi corazón. —Fabi... —No, déjame terminar —suspiro y lo miro fijamente—. Voy a ser mamá Fer, hay un bebé que necesita de mí y no puedo exponerme a más drama. Te agradezco estar aquí, preocuparte por mí y velar por mi bienestar; pero si estás haciendo esto para llevarme a tu cama... olvídalo. No me interesa siquiera eso, ni relación alguna. —Espera. —Hay una frialdad que se cuela en su voz y e hace abrir un poco los ojos—. Ni siquiera pienses eso. No, no voy a permitir que confundas lo que siento por ti con que sólo es un deseo de meterme entre tus pantalones. Yo... eres importante para mí Fabiola, y me maldigo a mí mismo cada día por lo idiota que he sido contigo. Yo no te quiero sólo en mi cama, te quiero en mi vida, de la manera que tú lo permitas. —Abro mi boca para decir algo pero niega y no lo permite—. Lo entiendo, lo acepto ¡j***r! —maldice y frota su rostro—. ¿Puedo ser tu amigo? Muerdo mi labio y pienso en su pregunta. Mi corazón sigue acelerándose por él, mi cuerpo sigue estremeciéndose por él, mi mente continua pensando en él... pero ahora debo pensar por dos, debo cuidarme, protegerme, y luchar; por mí bebé, por mí. —¿Amigos?, eso es lo que más necesito ahora.
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