Cap. 17

1603 Palabras
—La perdimos. —¡No! ¡No! ¡Manténgala con vida!—, gritó con desespero, porque simplemente no podían perder a otra divergente al cien por ciento. —Hemos perdido al sujeto de prueba número ocho—, informó otro Erudito, observando las pantallas; fijándose específicamente en la frecuencia cardiaca. Jeanine Matthews suspiró, ya resignada. La habían perdido, y con ella todos los avances para abrir la caja de los fundadores. —Busca consuelo en tu facción, Edd—, murmuró hacia el pelirrojo pero sin despegar sus ojos del cuerpo sin vida de Valentine Reds -aún tenía sus mejillas rosadas. Se dirigió ahora a Max: —Que se reanuden las búsquedas. ( . . . ) El cuerpo de la muchacha, yacía en una camilla, con una sábana celeste sobre su extensión, cubriendo su cuerpo sin vida. Condujeron la camilla por los pasillos, directamente hasta las celdas. Posicionaron la camilla justo frente a la celda de Cuatro y le abrieron la puerta al muchacho. Eran unos cínicos, sin lugar a dudas. Tobias sintió que su corazón se hundía en su pecho y un nudo se instalaba en su garganta, cortándole la respiración abruptamente. Sintió un oleada de escalofríos recorrerlo. Y un doloroso malestar apoderarse de su cuerpo.  No podía ser verdad. Era imposible... Sabía que era un cuerpo, y sabía que era ella, sin embargo intentó convencerse de que estaba equivocado; errando garrafalmente. Era ella. Valentine. Incluso con la sábana cubriendo toda su contextura, lo había deducido: viendo las curvas que se formaban en el crecimiento de su pecho y cómo la tela bordeaba sus caderas. Era ella, la reconocería como fuera. Por el borde de la camilla, se salía una de sus manos: dejándole ver la cicatriz vertical en la pálida muñeca que él conocía bien; confirmando su teoría. Peter retira la sábana, descubriendo el rostro de ella. Sus mejillas aún están rosadas, en su nariz, boca y oídos hay hilos de sangre seca, la bolsas bajo sus ojos se ven más oscuras que nunca haciéndole entender que no ha dormido bien y que debía estar cansada, y... su fleco, siempre bien peinado, pero ahora se halla corrido hacia un lado de forma brusca. Sabía que tendría que verla alguna vez. Lo quiera o no. Trago con fuerza y respiro igualmente con fuerza; me lleno de valor. Me acerco y la miro. Está usando mi chaqueta, le queda gigante, se ve adorable. Amo cuando usa mi ropa. Sus ojos están cerrados y su boca está entreabierta, y por un segundo, pienso que sólo está dormida. Quiero creer que solo está dormida, porque se ve calmada, tan calmada. Pero bien en el fondo sé que no está dormida, una voz en mi oído me recuerda que no está descansando. No me quiero derrumbar, pero lo hago. La rabia creció en su interior. Ella había muerto a causa de ellos. La habían asesinado vilmente. Y ahora él volvía a estar sólo. Había perdido lo que más le importaba en el mundo; su razón de ser. Golpeó a Peter, arrinconándolo, sosteniendo el cuello de su camisa; la ira brillaba en sus ojos. Los guardias que escoltaban al ex-Osado, tomaron a Tobias con fuerza de los brazos, inmovilizándolo y alejándolo de Peter con brusquedad. Entonces pasó. El aire volvió a los pulmones de la muchacha, y se removió en la cama intentando respirar. Entre jadeos y gemidos se sentó en la camilla, sosteniendo su estómago con una mueca de dolor, respirando con fuerza intentando recuperar el aire que había abandonado sus pulmones minutos atrás. Cuatro giró su cabeza, mirándola. Una oleada de alivio e irremediable felicidad lo invadió de improvisto. —Cuatro—, lo llamó Peter. Hizo un movimiento con la cabeza y siguió hablando: —El truco que tu haces... El moreno, justo como había hecho Peter, golpeó a los guardias en la cabeza usando la suya; entendiendo el mensaje que el más joven le había querido transmitir. Los guardias se defendieron con era de esperarse, pero esta vez Peter intervino, ayudando al moreno. Una vez los guardias estuvieron en el suelo, inconscientes, Cuatro se acercó a la castaña, sin poder evitar notar que ya había acomodado su cabello. La abrazó con fuerza, sin llegar a lastimarla; como si ella fuera a desvanecerse entre sus brazos. No quería perderla, no soportaría perderla. —Oye, no estuvo tan mal... primero me robé un paralizante de la enfermería, luego se lo inyecté cuando estaba como loca por ti—, empezó a explicar Peter, tomando las armas de los inconscientes guardias—. Yo les advertí que era muy astuto...- Unieron sus frentes, aún si creerlo. Valentine no podía creer que él estuviera ahí; ahí, con ella, ahí por ella. Tobias aún no asimilaba que ella no estaba muerta, que no le habían quitado su pequeño trozo de cielo. —Eres real—, afirmó ella con la respiración todavía entrecortada, aún así había sonado como una pregunta. Tobias juró que su corazón se había saltado un latido. —Sí, soy real—, sonrió de lado, mirándola a los ojos. Estaba viva. Estaba viva, maldita sea. —¿Qué haces aquí?—, cuestionó extrañada, tal vez todavía afectada por haber estado muerta hacía unos minutos. —Moriste ahí dentro—, le informó con voz queda pero sin poder ocultar la sonrisa que tiraba de las esquinas de sus labios, juntando sus labios con sus mejillas. Besó todo su rostro, feliz de saber que no la había perdido. —Muy bien, chicos, podemos hacer esto luego—, Peter intervino, mirando la escena entre atento e incómodo . Cuatro la ayudó a incorporarse en la camilla: —¿Estás bien?—, dijo aún preocupado, besó su frente y se separó, tomando el arma que Peter le tendía. —Fantástico. Mira cómo salto—, murmuró sarcástica limpiando la sangre de su rostro con la manga de la chaqueta que usaba. —Yo creo que está bien...- —Gracias, Peter—, dijo, quitando la sábana de su cuerpo a la vez que se ponía en pie de un salto, interrumpiendo al nombrado. —Ya estamos a mano—, respondió Peter restándole importancia, haciendo referencia a la simulación cuando ella no lo quiso asesinar. —Bien. Vámonos. Debemos irnos antes de que Jeanine vea que estás...- —No, no, no. La caja. Vamos por la caja. —¿Qué?—, cuestionaron ambos muchachos al unísono. ¿Realmente quería regresar por la caja que indirectamente la había matado minutos atrás? —No hay tiempo para ir por un souvenir. —Cuatro, escúchame—, se acercó al moreno, ignorando el comentario anterior de Peter—, la caja no es lo que Jeanine cree. No conocí a los Prior pero estoy segura de que habrían destruido la caja si no se tratara de algo tan importante. Tris lo sabía y murió protegiéndola...- Tobias pareció pensarlo unos segundos, y luego miró a Peter. —¿Hay otra entrada al laboratorio? —Puedo desactivar las alarmas desde la sala de control...- —Entonces hazlo, sí. —De acuerdo... ¿lo hago ahora?—, murmuró, algo perdido. —Sí... te pusiste de nuestra parte, quieras o no. Entonces debes protegernos—, Tobias sacó un arma de la parte trasera de sus pantalones y se la tendió a la castaña. Sabía que era de las que le había quitado a los guardias, las había visto varias veces ya. —Andando—, dijo y empezó a trotar por los pasillos, dejando atrás a Peter, quien aún los miraba atónito. —Fantástico—, escupió sarcástico y corrió detrás de ellos de mala gana. ( . . . ) —¿Es esa? —Sí... —Bien. Tómala y vámonos. Cuando el metal frío tocó sus manos, vaciló. Pensó que era casi ridículo llevarse la caja; estaba a una simulación de ser abierta y en el Hangar de los Abandonados no la podrían abrir. La mejor opción era abrirla, quisiera hacerlo o no. —Valentine...—, apuró impaciente, viendo sobre su hombro a la muchacha estática frente a la caja. Pasos apresurados se escuchaban por los pasillos, y esto sólo aumentaba su impaciencia—. ¡Valentine! ¡Debemos irnos, ya! —No puedo. Mi... amiga, murió protegiendo esta caja, sus padres también. Puedo abrirla y sé cómo hacerlo... —Si no nos vamos ahora, no podremos salir después. —Tal vez suene como una estupidez pero... debo hacer esto primero. —Una estupidez muy grande...- —Pero necesito que confíes en mí—, se acercó al muchacho manteniendo el contacto visual. Tomó una de sus manos, apretando esta de forma reconfortante, dándole con su toque la seguridad que necesitaba. Un simple roce con el que le quería decir que no moriría. Que no lo dejaría sólo. —Confío en mi novia—, sonrió de lado. Sus azules ojos brillaban de alegría, y sin poder evitarlo esa alegría se le contagió y le sonrió igualmente. Escucharon los pasos más cerca y luego la voz de Max. Ella corrió, parándose en el círculo, nuevamente los cables la rodearon y se enterraron en su piel. Cuatro corrió, cerró la primera puerta, deteniendo a los guardias que se acercaban a ellos con velocidad, la segunda puerta se empezó a cerrar cuando una voz monótona habló. Con un demonio, debía abrir esa caja antes de que entraran a la sala. Sus vidas dependían de la última prueba. La última simulación. La más difícil para Valentine. "Iniciando: simulación de Cordialidad". -V
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