Cap. 11

1366 Palabras
—Abre—, Tris sacudió la puerta desesperada. —Es evidente que está cerrada con llave, Tris. Erudición no es lo tuyo ¿o sí? Veré cómo abrirla, busca otra forma de entrar, me pareció ver otra puerta cuando llegué, por el pasillo de al lado—, jadeó moviendo algunos mechones rebelde de su castaño cabello detrás de sus orejas. —Bien...—, la rubia asintió y salió corriendo, obedeciendo a la castaña. Escuchó pasos rápidos pero pesados detrás de ella, y sosteniendo el extintor que estaba a su lado, se giró rápidamente, dispuesta a usar el pesado objeto como defensa. Antes de lanzar el contenedor metálico, notó que el autor de esas pisadas era Uriah. —Maldita sea—, jadeó aliviada. —¿Por qué estamos despiertos? —Somos divergente—, tragó duro golpeando la cerradura de la puerta con el extintor. Uriah le arrebató el contenedor de las manos para intentar forzar la cerradura él mismo, y ella no se negó, porque ambos sabían que él tenía más fuerza en ese momento. Sabía lo cansada que estaba la castaña; o, al menos, lo intuía por las bolsas en sus ojos y su piel mucho más pálida que de costumbre. Valentine no se veía bien, y a Uriah le preocupaba en sobremanera. —¡Oigan!—, ambos reconocieron inmediatamente la voz imponente de Eric, al girar sobre sus ejes lo vieron caminar hacia ellos con un arma en alto—. Pero miren quien decidió aparecer. Me da mucho gusto volver a verte. La cercanía de Eric le resultaba repulsiva. Estuvo a punto de vomitar cuando el aliento caliente del hombre chocó con su mejilla a causa de la poca distancia que los separaba. Y quiso escupirle, pero se contuvo. Los tomaron a la fuerza, como era de esperarse, amarraron sus manos por detrás de sus cuerpos y los empujaron hasta un salón de piso de madera en el que se encontraban de rodillas Tris, una niña pequeña y un hombre. —Te dije "intenta entrar por otro lado". No: "abre el infierno"—, escupió casi con burla viendo a Tris. Eric la empujó con fuerza haciéndola quedar en sus rodillas, borrando todo rastro de burla de su rostro. —Muy bien, amigos—, empezó a hablar el rubio—. Sabemos que están nerviosos, sólo haremos una inspección rutinaria y luego nos iremos. Caminó alrededor de la sala con su usual cinismo y complejo de superioridad. —Hola...—, casi pudo palpar el odio en la voz de Eric. Presionó un botón y puso un extraño artefacto frente a la cara de un hombre; del aparato sonó un "Divergente: diez por ciento"—. Vaya... casi eres normal. Qué aburrido. Y le disparó. Sin mirarlo, sin pensarlo. A sangre fría. Seguidamente caminó hasta una niña, fue hasta que habló que pudo reconocerla. La misma con la que Tris había estado hablando cuando ella despertó. —Hola, linda—, Eric la saludó. Su voz sonó tan cínica y aterradora que logró erizarle los vellos de la nuca. —No debí...- —, sollozó. —Temo que tampoco eres tu—, dijo luego de oír un "Divergente: cuarenta por ciento". —La chica dijo que no bajara las escaleras. Sí, el "no bajes" le había entrado por un oído y salido por el otro. —Debiste hacerle caso—, le quitó el seguro a su arma y apuntó a la cabeza de la pequeña de rulos. La va a matar. Oh... mierda. Debería hacer algo. ¿Debería...? No. Tris saltó y atacó a Eric, intentó ahorcarlo aún con sus manos atadas. El muchacho se defendió obviamente; y siendo él mucho más fornido, grande, fuerte y experimentado, le ganó a Tris. La tomo del cuello, apretando con fuerza, cortándole la respiración a la muchacha. —Suficiente—, espetó Max bastante enojado, quien se había mantenido callado a un lado de la sala, casi entre las sombras—. Jeanine dijo que debemos probarlos a todos. Y Eric la soltó de inmediato, se levantó del suelo pero antes de alejarse le propinó una fuerte patada en el abdomen. Por supuesto que sí, como siempre, tomando ventaja de su posición privilegiada, de las armas y de las a******s que le impedían a Tris moverse. Claro, Eric, porque es algo que cualquier persona haría. "Divergente: cien por ciento". —Es ella. Es lo que estábamos buscando—, dijo Max autoritario—. Que suba a un vehículo. Le avisaré a Jeanine. —Mentiras—, escupió Eric sin creerle una palabra. Realizó nuevamente la prueba y esta vez quedó casi sin palabras. Casi—. Si crees que tienes suerte, te equivocas... desearás estar muerta. Bueno. Genial. Tienen su divergente... y nosotros seguimos atados. Miró a Uriah que tenía una expresión seria, desafiante. Sabía que su mejor amigo no se dejaría amedrantar y mucho menos intimidar, era muy orgulloso para eso.  Los hombres en la sala empezaron a moverse y a organizarse en una formación que les permitiera proteger a aquel que estuviera en el centro. En este caso: Tris. Antes de salir, Eric miró a los dos muchachos que seguían arrodillados y a la niña que estaba agachada a un lado llorando. Su atención cayó en los adolescentes. —¿Una mano?—, rió la castaña, moviendo sus manos aún atadas, imitando a su mejor amigo -no mostrándose débil. Uriah rodó los ojos con burla. Todos los soldados estaban ya formados y demasiado concentrados en sus cosas como para prestarle atención a ellos. Eric se acercó, bastante fastidiado y enojado; tenía su usual mueca de superioridad y cinismo, y su sonrisa ladeada y cargada de sarcasmo. Voy a destrozarle esa perfecta sonrisa de niño mimado. Pensó con rabia, entonces vio al muchacho arrodillarse frente a ella dispuesto a decirle algo. Le quitó el seguro a su arma listo para matarla, sin embargo ella no se inmutó. Ni siquiera parpadeó. Mantenía su sonrisa triunfante en el rostro, lo cual sólo lo enojó más. —¿Miedo, Eric?—, rió levantando una ceja; y se maldijo internamente al saber que seguramente él no había podido ver el gesto a causa del fleco que cubría su frente y cejas. —¿De ti, Cordial? No me hagas reír. —Dispara entonces—, lo retó, sabiendo que no lo haría. Lo sabía, estaba segura. Muy segura, ¿verdad? Sintió la mirada atónita de Uriah sobre ella. —Hey, niña s*****a, tu intimidante novio me matará si se entera que le coqueteas a la muerte bajo mi supervisión—, intervino Uriah algo asustado. Eric rió sin gracia. ¿Muy segura, verdad? Sin embargo, él hizo algo peor que dispararle: la escaneó con el detector-de-divergentes, como había decidido llamar a aquel aparato. "Divergente: cien por ciento". Y se sintió palidecer. Tragó duro. Su cuerpo tembló como una hoja. —Wow... pero mira qué gran cosecha. ¿O no, granjerita?—, se burló el rubio levantándose, con la mueca de prepotencia y superioridad ampliándose en su rostro. Mierda. En vista de que Max no estaba cerca, Eric salió a buscarlo, acompañado del gran grupo de soldados ya formados. Tris iba en el centro, siendo protegida por ellos, o mejor dicho, evitando que escapara. Las llevarían una por una. Y habían regresado ya por ella, pero Valentine no estaba exactamente segura de querer cooperar. Iba caminando por el mismo salón por el que desapareció Tris cuando de imprevisto una figura fornida y ágil atacó a Eric. Un borrón de colores oscuros tumbó a Eric al suelo con un golpe seco. Cuatro. —Suéltalo—, ordenaron varios guardias en voz alta. Se levantaron rápido del suelo y él caminó hacia la castaña. Soltó sus muñecas mirándola a los ojos, tenía una mirada de culpabilidad que sólo logró hacerla sentirse mal. Cuatro se iba a alejar, pero no se lo permitió, tomó sus muñecas para evitar perder la cercanía que en ese momento la apaciguaba. —Gracias. Él no profirió palabra alguna solo le dedicó una breve mirada, para asegurarse de que estuviera bien. -V
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