—Qué suerte que conseguiste es pistola. Ambos sabemos que no sirves de mucho sin ella—, se burló Eric poniéndose en pie, retando peligrosamente a Tobias.
Corre, Eric, porque acabas de abrir el infierno.
Cuatro fijó su atención en él, claramente había herido su ego. O eso parecía pues en menos de nada la pistola resbaló por el suelo, lejos de ambos.
Uriah apareció finalmente al lado de la pecosa, con las manos libres. Le sonrió en una señal tranquilizadora y ambos se dispusieron a mirar la pelea, sabiendo que lo más inteligente era no intervenir.
Era algo personal. Y tenían que arreglarlo.
Cuatro se acercó a Eric.
Ella no pudo evitar pensar que el aspecto de Cuatro era realmente intimidante, parecía un animal salvaje enjaulado, listo para a****r en cualquier momento. Tenía esa mirada.
Eric lanzó un golpe hacia la cara del moreno, siendo él más rápido había logrado atrapar su brazo e impulsándose con los tobillos tiró con fuerza de la extremidad del rubio, haciéndolo chocar contra una columna cercana. Realizó un movimiento tan rápido que Valentine ni siquiera tuvo tiempo para analizar, pero este causó el crujido del brazo de Eric. Le había roto el brazo.
Lo tumbó al suelo y empezó a tirar de una de sus piernas, arrastrándolo por todo el salón, finalmente llevándolo de regreso a la sala en la que estaban los divergentes como rehenes, hacía unos minutos.
Soltó su pierna, cuando estuvo en el suelo a la mitad de la sala. Caminó frente a Eric con una postura firme pero algo vacilante. Parecía pensar algo, estaba nervioso, ella lo pudo ver en su rostro y sus manos.
Cuatro caminó de lado a lado, parándose finalmente frente a Eric, retándolo con frivolidad y odio puro.
Él tenía esa costumbre, recordó ella, cuando está nervioso o muy enojado, abre y cierra sus manos, repetidas veces, haciéndolas puños y luego estirando sus dedos para liberar el dolor que le causaba apretar con tanta fuerza las mismas.
Un hombre le tendió el arma que hacía un rato había tirado. Dos hombres aparecieron y amarraron las manos de Eric por su espalda.
—¿Crees que ahora está a salvo? Pues te equivocas—, habló intentando ganar la atención de Cuatro, o mejor dicho, tiempo—. Jeanine no parará hasta encontrarla.
—¿Por qué? ¿Qué quiere con ella?—, se acercó él, con el arma bailando entre sus dedos. Amenazante—. Dime.
—Ella es la persona que necesita Jeanine. Es el sujeto perfecto—, explicó el rubio con simpleza como si todo se tratara de un maldito juego sencillo de comprender..
Cuatro le quitó el seguro al arma. En todo momento manteniendo la mirada fija en los ojos avellana de Eric.
Oh... mierda.
—¿Pretendes asustarme?—, se burló el rubio imprimiendo socarronería en su voz, pero esto era solo para ocultar el miedo que le causaba tener un arma pegada a su frente.
—Eres responsable por la muerte de cientos—, jadeó el moreno, con el ceño fruncido—. Sabes bien cómo se castiga.
—Hey. Aprendí a vivir con sangre en mis manos. Pero, ¿tu podrás?—, casi se burló, esta vez con una mirada seria.
No. No sabe. No lo retes, Eric, no sabemos si puede y no queremos saberlo. Pensó sintiendo un nudo de ansiedad formarse en su estómago, este se apretó cuando vio a Cuatro tomar una inspiración y levantar el arma.
Y disparó. Y quien alguna vez fue Eric, había quedado en el pasado.
El salón se empezó a llenar de Osados y Veraces. Los Osados claramente enojados, y los demás meramente confundidos.
—Saben lo que significa—, dijo Cuatro a los Osados que se acercaban, formando un círculo alrededor de la escena; y todos parecieron comprender—. Gracias por tu ayuda.
Jack salió de entre la multitud y caminó hasta el moreno, sabiendo que se dirigía a él.
—Quisiera poder hacer más...
Él asintió en un gesto agradecido y miró a Christina y Lynn que estaban justo frente a él, entre las personas.
—Es hora de a****r.
—No somos suficientes—, sonó la voz de Tori.
—Lo seremos—, dijo con un suspiro rendido. Miró sobre su hombro a la castaña que mantenía su vista fija en Eric aún sin creer lo sucedido segundos atrás, y soltó :—Lo seremos con los Abandonados.
En menos de nada los Osados tomaron todo lo que pudieron cargar, de la armería, y se encaminaron a la salida del edificio de Verdad.
—Oíste a Eric, Jeanine no dejará de buscarte. Es la única opción—, dijo Cuatro, caminando a su lado.
Salieron del edificio de Verdad, ellos dos a la cabeza, seguidos a unos metros de distancia de los otros Osados que cargaban las armas.
Esto puede terminar como una remarcable victoria o una terrible m*****e.
Pero de algo estaba segura: prefería quedarse con la duda que arriesgarse a averiguarlo. Sin embargo sabía que eso no sucedería.
( . . . )
—Valentine Reds—, leyó Jeanine.
—Así es.
—Pero sigue fugitiva—, dijo con desdén—. Bueno, por lo menos podemos trabajar con Prior.
—La estamos buscando—, Max respondió neutro—. Pero ya tenemos la solución...
Entonces, escoltados por varios guardias entraron a la habitación Peter y Edd.
—¿Peter, verdad?—, habló Jeanine mirando a los jóvenes—. ¿Y tu eres...?
—Edd...-
—Bien. Y Jeanine, primero quiero decirle que es un honor por fin conocerla en persona...
( . . . )
—Felicidades, madre—, escupió con tono neutro Cuatro, evitando a toda costa el contacto visual—. Conseguiste tu guerra.
—Sé que deseas que hubiera otra manera...
—Pero no la hay.
—Soy el menor de dos males ¿no es cierto?
—Más te vale serlo.
( . . . )
—Soy de Osadía pero no soy un imbécil. Sin ofender, Max.
—¿Cómo saco a Reds de su escondite?
—Es Cordial de nacimiento. No soportará la presión, si se le aplica la adecuada.
—Te equivocas—, intervino Edd, las miradas de ambos parándose en él—. Ella nació en Cordialidad, sí, pero jamás ha sido de ahí. Nunca perteneció a Cordialidad.
—Explícate.
—Ella no hará el bien por inercia. No lo hará a menos de que no gane algo, o que sea por conveniencia. Hacer el bien no está en ella. Ella es más del tipo malo, es un hueso duro de roer. Y no se inmutará en hacer algo bueno a no ser de que le afecte directamente.
—¡Hey! Tengo una idea—, Peter habló.
( . . . )
—Hey.
—Hey...
—Estaba buscando a Marlene—, dijo Uriah con la vista perdida entre la gente.
—Deberías ponerle un rastreador—, dijo citándolo, recordando que el día anterior al ataque él había dicho exactamente lo mismo en referencia a Cuatro.
El moreno rió, haciendo varias muecas en un intento por sacarle una sonrisa a su amiga.
—¡Marlene! ¡Baja de ahí!
Varios gritos resonaron por todo el lugar. Gritos de terror. Entonces vieron a todas las personas rodear una construcción inacabada. En la parte superior de esta vieron a tres personas
Una de ellas, la ya antes mencionada, Marlene. Valentine se abrió paso entre la multitud, seguida de cerca por Uriah.
Y si bien no era la persona más bondadosa y generosa de la ciudad, sí se preocupaba por sus amigos. Y en ese momento Christina y Marlene estaban al borde de la muerte.
Miró a su derecha, notando a Tori. Le hizo un asentimiento y empezaron a correr, sorteando entre las escaleras y barras metálicas que conducían hasta la parte superior de la construcción.
—La traidora. Valentine Reds. Deberá ser entregada a Erudición o cada día habrá nuevas muertes—, decían con voz monótona los tres chicos.
Están en una simulación.
Estaban a un paso del borde, tenían sólo dos segundos para llegar o morirían.
Tori saltó y tomó con fuerza a Marlene. Cuando Christina estuvo a punto de caer, Valentine se lanzó y tomó su mano, evitando que su cuerpo cayera. Entonces la tercera persona, la que ni siquiera conocía se desplomó. Y con un chasquido, que seguramente fue producido por su cuello quebrándose, se generó también un silencio sepulcral en todo el gigantesco hangar.
—Christina—, jadeó, intentando subirla, pues ella estaba colgando del borde de la construcción.
—Valentine—, despertó y empezó a moverse desesperada. Intentando subir.
Cuando Christina estuvo arriba, se quedó abrazada a Tori, quien intentaba reconfortarla.
Ella se recostó en el suelo, con la cabeza colgando por el borde. Se fijo en el cuerpo del muchacho y en la sangre que lo rodeaba, se fijo en Cuatro que acababa de llegar. Y sus miradas conectaron, y por un breve momento ambos pudieron sentir el miedo del otro solo al unir sus ojos.
-V