—Valentine—, la llamó Cuatro, siguiendo sus pasos de cerca. La tomó por la muñeca, logrando finalmente captar su atención y detener sus pasos apresurados—. Perdóname, ¿Sí?
—Te dije que no quería hacer esto...
—Yo...-
Se soltó de su agarre, que en ese momento quemaba su piel. Sintiendo la ira hervir en su sistema quitó la chaqueta de sus hombros, entregándosela al moreno a la vez que lo empujaba lejos suyo. Y se giró dispuesta a alejarse tanto como le fuera posible de todo y de todos.
Christina apareció, parándose justo frente a ella, con una expresión destrozada y lágrimas rodando por sus mejillas. Ni siquiera tuvo la valentía de mirarla a la cara, pues esto solo la hacía sentir peor.
—Christina...-
—No. Vete.
Y sin decir más pasó a su lado, empujando sus hombros con bastante agresividad. Siguió con su vista a la morena, la cual pasó frente a Cuatro que se hallaba en el mismo lugar, justo como lo había dejado. Detrás de Cuatro apareció la figura de Uriah -quien la buscaba con la mirada casi con desesperación.
Y no pudo soportarlo más.
Sollozó fuertemente, y dándose la vuelta empezó a correr hasta llegar a las escaleras. Subiría hasta el último piso. Y si quería tiempo para pensar, las escaleras eran su mejor opción.
Ni siquiera escuchó las pisadas detrás de ella, lo cual la alivió demasiado.
( . . . )
Creí haber encontrado una forma de escapar de ti. Pero nunca te vas. Nunca te cansas, ¿verdad? No, no lo creo.
"Por un segundo creí que te habías olvidado de mi". Resonó en su cabeza. Era un recuerdo, pero sonaba diferente, su voz parecía haberse distorsionado y casi sonaba macabra. Sabía que él jamás le había hablado así a ella, siempre era dulce y protector.
Recordaba que Jonathan y ella siempre fueron muy unidos, eran mejores amigos, de hecho, y por una estúpida pelea causada por otros niños: ellos dos terminaron mal... o mejor dicho, él.
Cómo olvidarte, cascanueces... te juro que por un tiempo creí haberlo superado, ya no estabas en mis pesadillas. Ahora estaba Will. Pero ya no eras tu. Me había librado de la culpa y yo...- ahora me vuelvo a sentir como la peor de las mierdas por lo que te hice.
—¿Y tu intimidante novio?—, escuchó a Uriah apoyarse en la pared, junto a ella.
—Debe andar por ahí, intimidando a alguien—, se encogió de hombros, sin mirar a su amigo, notando la rapidez con la que los recuerdos del fallecido Jonathan se disipaban. Intentó que su voz no sonara tan rota como estaba ella, sorprendiéndose por lo seca que se hallaba su garganta.
—¿Puedo acompañarte?
—No le veo el caso a preguntar si aún así lo harás, baboso.
El moreno rió, acercándose un paso a la castaña. Y en ningún momento juntaron sus miradas.
—Me gusta la altura. Desde aquí arriba todo se ve muy pequeño ¿me entiendes? Sé que sonaré como un tonto seguramente, pero a veces creo que veo luces más allá de la valla.
—Sí, como el más grande tonto que he conocido—, rió un poco, atreviéndose a recostar su cabeza en el hombro del muchacho.
Él también rió, y pasando uno de sus brazos por los hombros de la menor, entonces siguió hablando.
—Sé que dicen que allá afuera sólo queda tierra baldía y escombros pero... no podemos ser los únicos, ¿no crees, pecas?
—No, Uriah, no podemos ser los únicos—, se acercó más al muchacho, casi como necesitara esa pequeña muestra de afecto.
—Bueno. Y cada vez habrán más...—, se encogió de hombros, mirando a los ojos a la castaña, cambiando drásticamente el tono de voz que empleaba, esto llamó la atención de Valentine—. Digo, si se siguen reproduciendo como conejos, pronto este lado de la Valla estará sobrepoblado...- me corrijo, si Cuatro y tu siguen...-
—Oh, cállate—, golpeó su pecho con las pocas fuerzas que tenía, reprimiendo una carcajada—. No ha pasado nada entre él y yo.
—Bueno...—, hizo una mueca extraña, casi sin creerle—. El efecto del suero ya pasó pero supongamos que decido creer que quedaron residuos en tu sistema. Y yo... muy sabiamente decido creerte, hipotéticamente hablando, claro.
—El más grande de los tontos—, repitió con una sonrisa en sus labios.
Escucharon unos disparos en su dirección, lo siguiente que vieron luego de fijar sus ojos al origen de estos, fue a varios soldados bajar a gran velocidad por lo cables que conectaban al edificio de Verdad con otro en ruinas junto a este.
—Corre—, dijo Uriah casi empujándola.
—¿Dónde demonios están las armas?
—Primer piso. En una bodega. Te llevaré allá—, corrieron por toda la azotea, estaban a unos pocos metros de la puerta cuando un grupo de soldados apareció frente a ellos—. ¡Corre!
Pero esta vez sólo corrió ella hacia la puerta, girando su cabeza para ver sobre su hombro a Uriah, quien ahora distraía a los hombres... y recibía un disparo, y luego su cuerpo inerte caía al suelo con un golpe seco siguiéndolo.
Oh. No. No, por favor, no.
Su corazón se hundió en dolor, con la sola imagen de su mejor amigo muerto. Uriah...
Llegó a la puerta, cerrando a sus espaldas, procurando no recibir ningún disparo. Usó un hacha que reposaba junto a la puerta como bloqueo de la misma.
Y empezó a bajar a toda velocidad por las escaleras, en completa oscuridad, salvo por las luces rojas de emergencia que iluminaban intermitentemente el pasillo.
Bajó varias plantas sin dificultad, pero en una varias, niñas y mujeres salían corriendo por el pasillo, gritando aterradas. Luego escuchó los disparos nuevamente.
Habían entrado por otra parte.
Se hizo paso entre las mujeres y niñas asustadas, sin importarle empujar, pisar o golpear a ninguna. Debía llegar a la bodega con las armas y no tenía nada más en mente, pues la adrenalina la gobernaba y controlaba.
Entonces lo sintió, el fuerte ardor y el dolor al sentir que le habían dado. Antes de caer al suelo pudo ver el cuerpo Tris caer también a unos cuantos metros. Vio que el disparo se hallaba en el hombro de la rubia de ahora cabello corto.
Miró, antes de cerrar los ojos, que le habían dado en la muñeca.
Al despertar fue consciente de que realmente había caído en una simulación de sueño, sin embargo, fue solo entonces que supo que no habían pasado más de diez minutos. Se levantó del suelo en el que yacía, y miró a las otras mujeres acostadas, todas ellas tenían un disparo en alguna parte del cuerpo, no sangraban. Sólo estaban dormidas.
No está muerto. Pensó al instante con gran alivio, recordando a Uriah.
—Que no baje.
—Sí...—, escuchó a Tris afirmar hacia una niña pequeña que parecía muy asustada ya que el disparo no le había afectado en lo absoluto y a su madre sí.
—Andando—, tocó el hombro de Tris, llamando su atención.
—Todo va a estar bien—, le susurró con voz pasiva antes de levantarse y empujar gentilmente a la niña hacia el pasillo que conducía a las escaleras—. Solo, no bajes.
-V