Y ahora se hallaban en un salón grande, casi parecía un auditorio. Las sillas rodeaban una plataforma, y en esta habían varios espejos apuntando hacia el centro.
Jack inyectó a Cuatro primero, Valentine vio la cara del moreno contorsionarse ante el dolor que el suero le producía. Metió sus manos en los bolsillos de la chaqueta que Cuatro había estado usando, y se había quitado para el juicio.
Escondió sus manos, para evitar que los de Verdad vieran el temblor en ellas. Ocultó sus manos temblorosas por miedo a que estas la delataran.
Sin embargo era consciente de que ellos sabían leer el lenguaje corporal y seguramente ya se habrían dado cuenta de lo ansiosa y nerviosa que ella se encontraba. Por supuesto que ya habían notado -no solo el temblor de sus manos- sino el de todo su cuerpo.
—Que la verdad te libere.
Cuatro caminó hasta la tarima, situándose en la mitad de esta, tenía la mirada perdida, sudaba más que nunca y respiraba entrecortadamente.
—Tobias Eaton—, llamó Jack al muchacho, el moreno dio varias vueltas sobre su eje intentando mantener el equilibro, con su mirada vagando por la docena de espejos que reflejaban su propio cuerpo, y fijando su vista finalmente en Jack—. Has sido acusado de conspirar con los demás Osados en el ataque contra Abnegación, ¿Es esto cierto?
—Conspirar, no—, jadeó su respuesta—, pero sí ataqué. Estaba en una simulación controlada por Jeanine y el resto de los Osados que reclutó—, empezó a explicar luchando contra el dolor que le causaba el suero. Sus nudillos estaban blancos, las venas de sus brazos se marcaban y sus músculos estaban tensionados—. Valentine me halló, me liberó de la simulación y juntos...- luchamos para salir.
Cuatro gruñó de dolor nuevamente.
—¿Estas diciendo que Jeanine organizó el ataque?
—Sí—, dijo con la respiración errática. Un par de murmullos se escucharon en la sala.
—Para concluir—, Jack miró a Cuatro expectante—. Si sabías que Jeanine había corrompido Osadía, ¿Por qué no te fuiste? ¿Por qué te quedaste?
Tomó varias inspiraciones fuertes como si estas fueran a aminorar el dolor que sentía, y finalmente respondió: —Quería irme...- pero me enamoré de Valentine Reds.
Todas las miradas del lugar se posaron en ella, y sintió su corazón hundirse en su pecho.
—No quise dejarla—, Cuatro negó con la cabeza, sabiendo que ella lo observaba fijamente, así como él a ella, ignorando a todos los Veraces y Osados en la sala.
Jack miró a la castaña detrás suyo, fijándose en su cuerpo que temblaba en demasía y en sus ojos cristalinos. Y mirando nuevamente a Cuatro dijo: —Gracias por tu sinceridad.
Dando por terminado el juicio de Tobias Eaton.
Los Bocazas que miraban atentos al juicio repitieron sus palabras en un tono neutro y monótono:—Gracias por tu sinceridad.
—Tobias Eaton, este juicio ha concluido y se te encuentra inocente del ataque a Abnegación—, dijo fuerte para ser escuchado por todos.
Cuatro caminó hasta la gradería, en donde se hallaban los otros miembros de Osadía. Ella siguió sus movimientos con su mirada. Sintió la mirada de Uriah y de Christina sobre su nuca por unos momentos pero intentó ignorarlas para así no sentirse más abrumada aún.
—Valentine Reds, por favor—, llamó su atención Jack, ya con una nueva jeringa en su mano, listo para inyectar a la pecosa con el suero.
La aguja se insertó en su piel y pudo sentir el suero quemar bajo la piel de su cuello. Casi pudo escuchar la risa burlona del hombre al ver las marcas amoratadas en su cuello.
—Que la verdad te libere.
Vaciló antes de empezar a caminar a la tarima. Sintió su vista nublarse unos segundos, sus extremidades se sentían adormecidas y cada sonido se repetía como un eco en su cabeza.
Definitivamente no quiero hacer esto.
Se tambaleó hasta posicionarse en el mismo lugar en el que Cuatro había estado hacía unos minutos.
—Valentine Reds, Tobias dijo que lo liberaste de la simulación...-
—Umm... obviamente—, la altanería en su voz era palpable sin embargo Jack no le molestó aquello.
—¿Nunca estuviste dentro de la simulación?
—Dah...
—¿Cómo es esto posible?
—Porque soy divergente.
Varios murmullos resonaron por todo el salón.
Amm, por qué mierda acabo de decir eso... oh, claro, el maldito suero que el imbécil de Cuatro me hizo tomar. Pensó bastante molesta, y rodó los ojos. Pero es un lindo imbécil.
—Entiendo... y tu naciste en Cordialidad, ¿cierto?
—Sí. Me transferí...
—¿Y... nunca lastimaste a un compañero de Osadía o de Abnegación en tu vida?
Osadía o Abnegación. Fue claro. Ahí no entra Cordialidad...
—Sí. De Osadía—, jadeó, sintiendo su garganta cerrarse estrechando el paso del aire a sus pulmones, causando en ella un inevitable mareo que -sabía- a largo plazo se convertiría en una fuerte migraña.
Las miradas de sus compañeros estaban sobre ella. Ahora sentía que estaba nuevamente en su Pasaje de miedo, rodeada de personas.
Y el aire le faltaba aún más.
—¿Y de Cordialidad?—, agregó Jack como si casualmente lo hubiera olvidado.
—Sí...-
Un recuerdo que le había tomado años reprimir apareció en su mente. Y si bien no estaba relacionado con el ataque a Abnegación, el Suero le había obligado a confesarlo. Porque Jack había preguntado "en tu vida" y esas tres palabras la habían obligado a mencionarlo.
—¿A quiénes? Dime sus nombres.
Se retorcía de dolor a causa de los efectos del suero. Y las pesadas lágrimas no tardaron en hacer acto de aparición, bajando por sus mejillas salpicadas de pecas.
—No quiero...—, sacó una de las manos de los bolsillos. Aprovechando que la chaqueta era grande y cubría bien su piel, pasó su mano por su abdomen y empezó a pellizcar la zona.
Bastante ansiosa como para responder. Queriendo con cada fibra de su cuerpo no responder.
Cuatro pudo ver lo que ella hacía. Notó que había logrado hacer la zona cerca de su ombligo sangrar. Y no sabía si sentirse mal por haberla obligado a someterse al brutal suero de la Verdad o enojado por verla hacerse daño a sí misma.
Agachó su cabeza, intentando cubrir su rostro con su cabello; así nadie la vería vulnerable, nadie vería lo débil que era.
—¡Sus nombres! ¡Dilos!
—Yo...- no...—, gimió y lloriqueó sintiendo su cuerpo arder por debajo de su piel.
"—Espero que entiendas que lo que hiciste fue muy grave—, Johanna dijo paseándose por su oficina. Esta vez estaba enojada, demasiado.
—Pero...-
—No hay pero que valga aquí. El muchacho está en la enfermería y los doctores no tienen ni idea de si pasará de esta noche.
—Él me golpeó—, lloró mirando sus rodillas bañadas en sangre. Posó sus manitas sobre su regazo, las cuales también estaban teñidas de rojo—. Me empujó y me dijo que era mala. Yo no quise hacerlo. Él me estaba provocando. Yo...-
—Te perdono—, Johanna susurró y luego nuevamente un par de manos la sostuvieron y una aguja se enterró en su piel.
( . . . )
—No lo logró.
—¿Q...- qué?
—Murió. Jonathan no pudo soportarlo. Murió en la madrugada.
Lo maté."
—Jonathan—, escupió el nombre y por un instante dejó de sentir dolor. Pero volvió, esta vez peor aún. Y sabía que debía explicarlo así que habló—. Jonathan Dübell de Cordialidad. Lo golpeé hasta que tuvieron que separarnos...- estuvo en la enfermería y...- al día siguiente me dijeron que había muerto. Murió en la madrugada a causa de los golpes. Yo...- lo maté.
El a******o asintió, atento.
—Entre más te resistas, más doloroso es el efecto—, insistió Jack viendo cómo la muchacha guardaba silencio aún sintiendo el dolor. Sin embargo, s expresión se había suavizado sin dejar de ser seria.
—Maté a Will—, susurró, regresando su mano al bolsillo de la chaqueta pues ya no sentía la piel de su estómago; así que sólo se limitó a apretar las manos con fuerza, logrando así enterrar las uñas en las palmas de sus manos—. Quiso dispararme y yo...- lo maté primero.
Cuatro miraba atónito a la muchacha, sintiéndose culpable. Ella escuchó a Christina quebrarse y aquello solo la hizo sentirse peor.
Miró a Cuatro a los ojos: —Es lo que les pasa...- a las personas que me quieren...- mueren o las lastiman. No puedo perdonarme. Es lo que es.
—Gracias por tu sinceridad—, entonces Jack supo que la pecosa había tenido suficiente.
Y el público repitió con la misma voz monótona de antes: —Gracias por tu sinceridad.
Miró hacia su costado, buscando alguna mirada que la reconfortara, sin embargo sólo halló los ojos de reproche bañados en lágrimas de Christina; la mirada fría de Tris; la expresión atónita de Uriah; y un par de ojos azules que -en ese momento- no pudieron sentirse más fríos.
Salió corriendo del enorme salón. Huyendo nuevamente, ni siquiera deteniéndose un segundo para escuchar al líder de los Veraces declararla culpable o inocente.
Realmente aquello la tenía sin cuidado en ese momento. Quería correr y esconderse de todas las miradas que solo le reprochaban lo pésima persona que era. Las miradas que solo le gritaban "asesina".
-V