—Qué gusto verlos.
—¿Qué tal, Uriah?—, por fin Cuatro pudo saludar al moreno -pues al parecer la efusividad de los Osados iba en torno al muchacho, dejando a la pecosa de lado, saludando a su mejor amigo.
—Bien, aunque no es fácil pasar desapercibidos—, movió sus hombros restándole importancia. Y a pesar de su piel morena tenía un sonrojo bastante evidente, causado por la imagen mental de su mejor amiga y Cuatro en un momento tan... íntimo.
Christina se acercó a ella corriendo. Sorprendiéndola en el acto.
—Hey—, saludó bastante alegre.
—Hola.
—¿Has sabido algo de Will?
Un nudo se formó en su garganta pero intentó disimular la culpa que se colaba en su rostro, mirando hacia otro lado. Esquivando los ojos cansados, hinchados e irritados de Christina.
—No...
—Debió pasarle algo. O él ya me habría encontrado...
—Cuidé bien de él...—, Tris apareció detrás de Christina con una pequeña sonrisa en su rostro—. Recién llegué, pero desde hace media hora no se ha metido en problemas... así que, supongo que cumplí—, casi rió Tris al ver la mueca atónita de la castaña.
—Dios...—, murmuró ocultado una gran sonrisa que se estaba empezando a formar en su rostro. Envolviendo a la rubia y a la morena en un breve abrazo.
Entraron al edificio, a la cabeza iban Cuatro y Tori hablando.
—¿Cuántos Osados tenemos?
—Cuatrocientos setenta y cinco.
—¿Nada más?—, dijo él casi sin creerlo.
—Los demás siguieron a Max...-
Fue lo último que escuchó pues la escandalosa risa de Uriah a su lado la distrajo; seguramente estaba bromeando con Marlene pero Valentine no tenía mente para nada más allá de Jeanine Matthews.
—¡Alto!
Varios hombres armados los rodearon de pronto. Tanto ella como Cuatro sacaron sus armas, las cuales habían camuflado debajo de sus prendas. Y ahora todos se apuntaban entre todos.
—Wow... tranquilos, vienen con nosotros—, Tori se apresuró a explicar alzando las manos en señal de rendición.
—Sabemos quiénes son—, habló el mismo hombre, entonces notaron que él estaba detrás de la castaña y sostenía su arma justo en la sien de ella. Le quitó el seguro a esta y habló firme: —Bajen sus armas.
Ambos -Valentine y Cuatro- se miraron unos segundos, casi se preguntaban el uno al otro qué hacer en esa situación. Y con un suspiro rendido Cuatro cedió, bajando su arma, y dejando esta en el suelo justo frente a él, ella imitó su acción con un poco más de desconfianza.
—Muy bien—, alzaron las manos mostrando que estaban desarmados finalmente. Varios hombres los tomaron con fuerza de los hombros y codos, juntaron sus muñecas, amarrándolas así—. Tranquilo—, se quejó el moreno al hombre que estaba encargado de amarrar sus manos, ganando a cambio que él apretara más el amarre.
Los escoltaron por todo el Lobby, subieron varios pisos y los llevaron hasta una oficina.
Ésta estaba vacía, a excepción de ellos y un gran escritorio ubicado de forma que la luz del ventanal diera siempre hacia éste. Entró un hombre, vestido con los colores de la facción y de aspecto a******o.
—Soy Jack...-
—Sé quién eres—, interrumpió Cuatro ya algo fastidiado—. Y no somos un peligro.
—Eso es lo que tu crees, aunque no es lo que pienso yo—, afirmó él, dejando reposar algo en la mesa, los miró a ambos y paseó su vista por toda la sala—. Aunque sí sé que los están buscando, por insurgencia criminal y conspirar en el ataque a Abnegación—, tecleó un par de cosas y los hologramas de sus expedientes se mostraron frente a ellos.
—Son mentiras—, escupió la castaña tan rápido como pudo. Mirando a Cuatro y luego nuevamente a Jack.
—Si fueras Verdad creería tu palabra—, tecleó algo y esta vez estos hologramas desaparecieron—. Pero dadas las circunstancias deberé entregarlos al Consejo. Podrán presentar su caso allí.
—Mejor matarnos ahora. Si Jeanine nos encuentra no llegaremos vivos al juicio.
—Eso lo dudo mucho. Jeanine nunca invalidaría al Consejo.
—¿Estás seguro?—, lo retó ella con veneno en su voz—. ¿Quién la detendrá? ¿tu?
—La ley faccionaria debe obedecerse—, dijo serio. Le hizo una señal a los hombres que los retenían y acto seguido fueron empujados hacia la puerta de la oficina, intentando llevárselos por un pasillo.
Los hombres empujaron con fuerza sus cuerpos, forzándolos a moverse, sin embargo Cuatro se mostraba reacio a esto, oponiendo resistencia.
—No, no, no... espera—, forcejeó con uno de los hombres hasta que logró liberarse de su agarre por unos segundos, permitiéndole regresar sobre sus pasos algunos metros.
Un hombre, para nada agradable, pateó la rodilla de Cuatro, haciéndolo caer al suelo, al tenerlo allí, casi indefenso y a su merced, nuevamente pudieron controlar sus movimientos.
—¿Puedo hacerte una pregunta?—, logró hablar y gruñó del dolor a causa de la presión que uno de los hombres ejercía sobre él.
Los hombres que se suponía escoltaban a Valentine fuera, se detuvieron a ver la escena.
—Seguro—, el hombre respondió mostrándose sereno.
Uno de los hombres apuntó su arma a la cabeza de Cuatro, listo para disparar en cualquier momento. Y un nudo se instaló en la boca de su estómago al ver al muchacho en tal situación.
Jack miraba a Cuatro expectante, como si se tratase de un espectáculo.
—Jeanine cree que en Erudición gobiernan mejor porque son inteligentes—, empezó a hablar el moreno entre jadeos a causa de la presión que ejercían los guardias sobre él—, ¿no crees que en Verdad juzgarían mejor por ser tan honestos?
—Lo admito. Sí pienso eso—, habló el hombre aún con su vista clavada en Cuatro.
—Y piensas que si el juicio se hace en Verdad sería inherentemente más justo que en Erudición—, preguntó sin embargo sonó casi como una afirmación.
Jack pareció considerar sus palabras unos segundos. Le hizo una seña al guardia y este levantó a Cuatro del suelo de un tirón. Ubicaron a la castaña junto al moreno casi al instante.
—Sí. Pienso que un juicio aquí se haría con toda justicia. ¿Quieres que le pida al consejo que le otorgue el poder judicial a Verdad?
—No—, habló inmediatamente el moreno, con una mirada seria—. Para su Iniciación ustedes administran un suero de la Verdad, ¿Correcto?
Oh, no te atreverías...
—No hablamos de esas cosas con otras facciones.
—Es una respuesta evasiva—, puntuó Tobias casi como si lo estuviera exponiendo.
—La evasión no es deshonesta.
—Pero tampoco es honesta—, regresó con el mismo tono de antes, pero ahora con una pequeña sonrisa imperceptible tirando de la comisura de sus labios -eso había sido una pequeña victoria.
Mantuvieron las miradas fijas el uno en el otro, una guerra nuevamente. Y con un suspiro Jack cedió: —Sí, poseemos ese suero.
—Bien. Úselo en nosotros.
Oh, claro que lo hizo.
—Cuatro—, jadeó casi sin creerlo.
—Si somos culpables nos entregaremos al Consejo, ¿de acuerdo? Sino, habrás salvado dos vidas y tendrás dos nuevos aliados—, intentó tranquilizar a Valentine, sin embargo eso sólo logró asustarla aún más.
¿Y qué si revelaba cosas que no debía? ¿Y qué si esas cosas ponían a Jack y los Veraces en su contra?
—Muy bien. Pero entiendan que el suero puede ser brutal, fue diseñado para candidatos que están predispuestos a la honestidad. Notarán que no todos hallan tan sencillo contar sus secretos.
Yo, por ejemplo.
Y entonces, con la decisión tomada, fueron escoltados fuera de la oficina, los condujeron por una pasarela larga, a un lado se hallaba una pared blanca y al otro un gran ventanal.
Valentine miró hacia el exterior, vio a Christina seguirles el paso con una mueca de preocupación.
—No quiero hacer esto—, regresó su mirada a Cuatro.
—Estaremos bien. No tenemos secretos que valgan la muerte—, la intentó tranquilizar sin mucho éxito, ya que él se hallaba igualmente aterrado.
-V