Abrió los ojos de golpe, sobresalta. Desde la Iniciación en Osadía no había podido volver a dormir como antes, ahora cualquier mínima cosa la sacaba de su sueño -gracias al pequeño recuerdo de el chico al que Peter le había sacado un ojo a mitad de la noche. Dormía en un constante estado de vigía.
Había sentido una mirada encima suyo, cosa que -honestamente- le parecía casi aterrador. Y justamente por eso había despertado.
—Perdón, no quise despertarte, siempre me gustó verlo dormir—, se excusó Evelyn mientras se acomodaba en la silla, fijando su vista en Cuatro, que yacía acostado junto a Valentine, profundo.
Él se encontraba acostado con un brazo envuelto alrededor del cuerpo de la menor y el otro debajo de la cabeza de la castaña a modo de almohada, su boca quedaba junto al oído de Valentine, por lo que podía escuchar cómo pequeños ronquidos escapaban de sus labios esporádicamente, sin embargo, no era algo que le incomodase. Le parecía tierno, de hecho.
—Entonces se irán a Verdad en la mañana...—, afirmó y se movió hacia ella, estando aún más cerca. Hbaló después en voz baja, como se se tratase de un secreto de suma confidencialidad—. Escucha, yo solo quiero lo mejor para Tobias.
—Apenas lo conoces...—, repuso sintiendo su lengua enredarse sobre sí misma; aún víctima del adormilamiento.
—Te gustaría creer eso, ¿verdad? Pero en el fondo te asusta saber que lo conozco demasiado bien.
—No me asusta.
—Claro que sí, te asusta que vea lo que realmente eres. Un arma letal.
—No...
—¿No? Pregúntale a ellos—, se alejó con una expresión enojada y en un parpadeo Evelyn había desaparecido.
—Nos mataste, tortuguita—, escuchó esa voz que conocía bien y que sabía que sólo se hallaba en sus sueños. Era su madre.
—Nos mataste—, dijo otra voz, esta estaba a su lado. Giró entre las cobijas a pesar de que el peso en su abdomen limitara sus movimientos. Miró a su lado donde yacía un inerte Will, con un disparo en su pecho y con su boca manchada de sangre seca. Tenía una mirada de locura, de rencor.
Una mirada que la atormentaría toda su vida sin problema alguno, de así desearlo.
( . . . )
Despertó de un brinco, con lágrimas corriendo por su cara, y el sudor empapando la gran camiseta verde militar, de Cuatro.
—Hey...—, susurró él con la voz mucho más profunda que de costumbre, aún medio dormido y claramente preocupado al ver a la castaña en ese estado—. ¿Estás bien?
Sus ojitos bailaron hacia él, empañados en lágrimas. Asintió con la cabeza, no confiando mucho en su voz. Luego de un rato, aclarando su garganta, se forzó a responder.
—Sí... sí—, susurró con la voz rota y temblando. Limpió su cara se acomodó mejor entre los brazos del moreno; ahora escondiendo su rostro en el pecho de él.
Tobias ya estaba durmiendo cuando ella se acomodó, sin embargo, casi como un reflejo o un instinto, su agarre alrededor de la cintura de la menor se hizo más intenso, pasando su mano por debajo de su camisa.
Y ahora, su cabeza había quedado sobre la de ella, apoyando su mentón en la coronilla de la castaña.
Respiró con fuerza, intentando llenar sus pulmones del aroma que él emanaba, logrando que la piel del mayor erizara cuando el aire cálido chocaba contra la piel de su cuello.
( . . . )
Ese día había decidido usar la misma ropa que el día anterior pues a su parecer no estaba tan sucia y no le apetecía usar la ropa de algún abandonado.
No había comido nada y esto le estaba pasando factura. Pues, sí bien habían despertado algo tarde, no había querido comer ni siquiera un trozo de pan, sumándole el sol abrasador que los cubría y la actividad física... bueno, lo más seguro es que en algún momento caería al suelo sin conocimiento.
Sin embargo, se forzó a seguir el paso de Cuatro. Saltando entre los escombros. Y tal vez no era el mejor camino, pero era su mejor opción si no querían que los soldados Eruditos de Jeanine o los soldados Osados de Eric los encontrasen.
Cuatro iba a la cabeza, seguido de cerca por Valentine -apenas- y por último Edd, quien lucía realmente exhausto.
—¡Oigan! Yo no iré con ustedes—, habló el pelirrojo deteniéndose. Ambos Osados miraron al muchacho, deteniendo también su andar.
—¿Qué?
—No iré con ustedes...-
—Escucha, pequeño trozo de mierda, no te salvé el culo en el tren y mucho menos he tenido que velar por ti casi toda tu maldita vida, como para que ahora te nazcan alas y decidas ser un alma libre. Ni siquiera sabes cuidarte—, alegó, algo enojada por las palabras del pelirrojo que respiraba como si un pulmón le hubiese colapsado.
—Escucha... yo... lo siento, ¿sí? Pero no entiendo...-
—Bueno, entonces no veo el por qué escogiste Erudición...-
—No entiendo su plan—, terminó algo fastidiado con la actitud de la muchacha. Sí, ahí estaba ella siendo ella. Lo volvía loco—. Encontrarán a los Osados, ¿Y luego qué? Atacarán Erudición, derrocarán a Jeanine. Lo siento pero yo no estoy hecho para esas cosas... yo iré a ver qué era lo que los Prior ocultaban en Abnegación...-
—Edd, no queda nada en Abnegación.
—Lo sé...—, fue lo último que le dijo antes de darse la vuelta e irse.
Cuatro siguió andando, sabiendo que ella lo seguía de cerca.
( . . . )
Bajaron por una escalera improvisada, Cuatro primero, luego ella. Cuando él tocó el suelo, le tendió una mano para ayudarla. Y bien sabía que ella era capaz sola, pero también sabía que necesitaba sentir que no estaba sola. Porque lo tenía a él.
Él siempre estaría para ella.
—¿Estás bien?—, dijo, viendo cómo ella caminaba sin siquiera dirigirle la mirada.
Oh, no. Estoy hecha un desastre y sólo quiero corroborar que Uriah esté a salvo. Pero sí, de maravilla, mira mi sonrisa. Estuvo tentada a responder, pero solo se mordió la lengua y guardó silencio por unos segundos.
—Sólo quiero llegar a Verdad.
—Hey—, la tomó del brazo logrando que por fin lo mirara a los ojos desde la partida improvisada de Edd hacia Abnegación—. Sientes que Edd era tu responsabilidad, pero él tomó su decisión.
—Siempre tuve que cuidar de él. Toda mi niñez me la pasé cuidando de su culo pelirrojo, para que no se metiera en problemas... era mi responsabilidad. Y él evitaba que los problemas en los que yo me metía no fueran tan graves...
—No puedes proteger a todos...
—No puedo proteger a nadie—, rió sin gracia, mirando la mano de Cuatro que seguía envuelta alrededor de su brazo. Él ni siquiera lo pretendía y aún así lograba calmar la ansiedad en ella.
—Nadie puede hacerlo. No es tu culpa que se haya ido. Nada de esto es tu culpa—, se acercó más para intentar hacer contacto visual, sin mucho éxito—, Johanna tenía razón... perdónate a ti misma.
Él le dedicó un pequeño asentimiento con la cabeza, enfatizando su última frase como un interrogante. Y ella respondió a él de la misma forma, dándole una afirmativa. Esta vez, mirándolo a los brillantes ojos azules que la enloquecían.
—Gracias.
Unos camiones aparecieron por la esquina de unos edificios, y acompañando estos venían varios soldados Osados y Eruditos. Cuatro movió sus labios sin emitir sonido alguno un "debemos irnos". Y empezaron a correr.
( . . . )
Estaban a tan sólo unos metros del edificio de Verdad e incluso a esa distancia podían distinguir al gran grupo de Osados sentados en las escaleras. Eran ruidosos, por supuesto que eran ellos.
Y en cuanto los vieron acercarse a paso rápido al edificio de Verdad, casi corrieron a ellos para recibirlos.
Vio a Tori, a Marlene, a Hector, a Shauna, a Lynn, a Christina, a Zeke y a...
—¡Uriah...!—, casi corrió a abrazarlo, sintiendo su corazón hundirse en su pecho. El alivio que la invadió fue simplemente tranquilizador, como una droga, como... Suero de la paz.
—¡Cuatro!—, gritaron varios Osados al verlo acercarse rápidamente acompañado de Valentine.
Y ella aún seguía colgada del cuello de su mejor amigo. Feliz de haberlo encontrado con vida.
—Oh... pecas, no tienes idea de lo preocupado que estaba—, murmuró también abrazándola.
—No te haces una idea de cómo estaba yo, pequeño desgraciado—, rió un poco separándose de él.
—Oh... y tienes mucho que explicarme, caliente—, señaló levantando una ceja en dirección al cuello de la castaña. Haciéndole caer en cuenta de que su cuello estaba lleno de marcas rojas y moradas con la forma de una boca.
Una en específico. La única que besaría su cuello.
-V