Cap. 4

1700 Palabras
Corrieron por el bosque, huyendo de los soldados que los perseguían, esquivando varios disparos en el camino. Corrieron, sintiendo el ardor en sus músculos, sus cuerpos quemar, su pulso golpear detrás de sus orejas, sus respiraciones pesadas a causa del esfuerzo y el latir desbocado de sus corazones en el pecho. —¡Escuchen!—, Cuatro gritó sobre el sonido de los disparos y de la bocina del tren. —¡¿Qué?! —¡El tren!—, jadeó sosteniendo con fuerza el arma -que le habían quitado a uno de los soldados al bajar por la ventana, entre sus brazos—. Hay que alcanzarlo. ¡Corran! Y apretaron el paso, esforzando sus cuerpos más allá de sus propios límites.  —¡No pares!—, gritó el moreno a la vez que se detenía en el centro del claro disparando hacia los árboles. Obedeció. Y corrieron por el gran campo libre directo hacia las vías del tren. Edd estaba exhausto, jadeando por un poco de aire; Valentine sentía la adrenalina recorrerla y prefería mil veces eso a estar en Cordialidad bebiendo Suero de la paz, rodeada de imbéciles e hipócritas. Cuatro sudaba, su respiración era errática, sin embargo no estaba cansado, en absoluto, es más: se sentía vivo. Edd se estaba quedando atrás, por supuesto Valentine lo notó. Sin detener su paso, se acercó al pelirrojo y lo arrastró, tirando de él por su camiseta. Forzándolo a correr a su acelerado ritmo. Y el pelirrojo no lo iba a negar, estaba haciendo su mayor esfuerzo para no tropezar con sus propios pies. —¡Cúbreme!—, volvió a gritar el moreno, esta vez corriendo hacia las vías del tren donde se encontraban los dos ex-Cordiales esperándolo.  Valentine alzó su arma, y disparó hacia los soldados de Eric que ya se asomaban por entre los árboles -importándoles poco estar descubiertos en un tiroteo. Sonrió de lado cuando vio a Eric asomar un poco su cabeza por el borde de un árbol; por supuesto descargó el arma solo en Eric. El tren estaba peligrosamente cerca, y ella tuvo miedo de que Cuatro no alcanzara a cruzar a tiempo, sin embargo mantuvo su postura firme y disparó sus últimas balas hacia Eric y su séquito de orangutanes. Justo cuando el tren estaba casi encima de ellos, Cuatro saltó, cruzando las vías de una vez. Edd pensó por unos segundos que ahí terminaba todo, sin embargo al ver que ellos empezaban a correr nuevamente, a la par del tren, los imitó, sintiendo que caería inconsciente en cualquier momento. Valentine subió y de un tirón abrió la puerta. Ayudó a subir a Edd -nuevamente tirando de él por su camisa- y por último al moreno. Se recostaron en una de las paredes, recobrando la respiración, descansando un poco. Todavía se escuchaban los disparos de los soldados, y estaban seguros de que todos los disparos estaban chocando en la estructura metálica que era el tren que los resguardaba. Sus músculos estaban acalambrados, dolían y su garganta ardía, pero... con un demonio, cómo amaba la adrenalina. El sonido de algo golpear el suelo llamó la atención de los tres. Dirigieron su vista en la dirección del sonido y de allí sólo vieron a un muchacho caminar hacia ellos. Un Abandonado. —Woah...  a eso le llamo una entrada triunfal—, se burló el muchacho acercándose a ellos. Y antes de que si quiera se pudieran inmutar, ya estaban rodeados de Abandonados. —Abandonados—, jadeó Cuatro aún recuperando la respiración. Tomando inconscientemente una postura defensiva y casi amenazante. —¿Cordialidad?—, preguntó casi burlón él—. No lo creo. Tu porte es de Osadía—, señaló a la pareja y luego fijó su vista en Edd—. No tengo ni idea de qué sea éste. "Éste" es sin duda alguna, un imbécil. —Oye, sólo queremos llegar a la ciudad, es todo—, habló el moreno, intentando negociar. —Una lástima. El tren es nuestro. Y por su culpa se dañó la carga. Un silencio incómodo reinó en todo el tren. Cuatro y el Abandonado se quedaron viendo fijamente a los ojos por unos largos segundos y Valentine no pudo evitar pensar en lo ridículos que se veían ambos intentando intimidar al otro. ¿Es en serio? —Ustedes son Abandonados, ¿cierto? Y esos son rollos de tela de Abnegación—, saltó Edd, intentando alivianar el ambiente pesado en el que estaban sumidos—. En Abnegación las usan para hacerles ropa...- —Dices que te estamos robando. —No. Yo...- no estaba en Abnegación. Tampoco digo que estén robando. Bueno, digo, es sólo cuestión de semántica si el propósito es robo o caridad...- —Sí, sí, sí...—, murmuró el Abandonado a la vez que tomaba a Edd del cuello y tiraba el cabello de la nuca del muchacho. Poco a poco conduciendo al pelirrojo hacia la puerta a sus espaldas, que seguía abierta. Claramente intentando tirarlo del tren. —¡Hey! déjalo tranquilo—, saltó la castaña en defensa del pelirrojo, sorprendiendo a Edd y a sí misma. Empujó al Abandonado lejos del chico en un acto bastante protector que hacía años no mostraba hacia él -o, nadie, en general, a excepción, claro de Uriah. —Vamos a tranquilizarnos todos—, calmó Cuatro al muchacho—. Dijiste lo que piensas. Tu ganas, nos bajaremos del tren. —Claro, sí... por qué no se sientan—, el Abandonado se soltó del sutil agarre de Cuatro y empujó a Edd por la puerta escupiendo cada una de sus palabras con furia y fastidio. Suerte para él que fue lo bastante ágil para sostenerse de la puerta y poder volver a subir. —Edd—, lo reprendió bastante enojada. —Yo sólo intentaba ayudar. —No lo hagas. "—Yo sólo intentaba ayudar. —Tienes tanta masa muscular como tu hermana menor, imbécil. Lo único que hiciste fue empeorarlo todo. —No tengo hermana menor...—, lloriqueó el pelirrojo de trece años, observando a la pecosa de nariz sangrante en frente suyo. —Y tampoco masa muscular. Así que deja de meterte en peleas absurdas. —Solo intentaba ayudar. —No lo hagas." —Vamos a calmarnos todos—, gruñó Cuatro, sabiendo bien que la castaña no dudaría en lanzarse a pelear con nadie de ser necesario. Por el rabillo del ojo Cuatro pudo ver a Valentine moverse amenazante hacia el Abandonado. Tomó su muñeca en señal de advertencia, evitando lo que sabía que haría y manteniendo sus ojos conectados con los de ella, con la leve esperanza de que entendiera que lo mejor era no pelear. Por ahora al menos. La mirada del Abandonado cayó en las manos juntas de los Osados y una mueca de burla se apoderó de su cara. —Aww... Respira. No lo mates. Respira. Se dijo a sí misma mientras cerraba los ojos y mantenía la ira a raya. Y un demonio. Acabaré con su vida. Tomó una inspiración de aire y estampó su puño cerrado contra la cara del Abandonado. Lo siguiente que supo fue que el caos se había desatado en el tren. Habían personas en el suelo desmayadas a causa de los golpes, otras caían fuera del vagón. Pero no tenía ni idea de en dónde estaba Edd. Una muchacha de cabello rubio la empujó hasta pasar al vagón de al lado, intercambiaron un par de golpes y Valentine lo finalizó con una patada a las rodillas de la mujer que terminó con ella haciéndola caer del tren. Miró a su izquierda, notando finalmente la presencia de Edd, quien ahora tenía una mirada torturada y un tubo metálico cubierto de sangre entre sus manos temblorosas. —Oh, Edd... "—Edd... ven aquí. ¿Qué demonios pasó? —Yo...- —No hables. Sabes que Johanna me matará si llega a saber lo que acaba de pasar. Tuve que defenderte de esos simios. Oh... esa bruja me acabará. —No creo que...- —Sí, Edd, lo hará. Eres su favorito, de todos los niños que cuidan de las cosechas. Y tienes un maldito ojo morado. Peor aún: ¡Hay siete niños más hechos mierda! En cuanto lo sepa me matará... —Pero yo...- —Oh, Edd..." Sintió un fuerte empujón que primero sacó todo el aire de sus pulmones y luego la dejó tendida en el piso -como si el impacto le hubiese quitado la capacidad de reaccionar, por unos segundos. Unas manos ásperas se envolvieron alrededor de su cuello, intentando asfixiarla. Y a pesar de que su vista estuviera un poco borrosa, pudo reconocer al Abandonado. —Sabes... Cordial—, dijo casi con burla en su voz. Pudo escuchar un repulsivo tono de deseo en ella; y este solo la hizo querer vomitar—. Podría divertirme un poco, antes de matarte...- Su cara ya estaba roja a causa de la presión y la falta de aire. No tenía fuerzas siquiera para luchar contra el hombre. Ni siquiera para soltar un grito de auxilio cuando sintió una de las asquerosas manos pasar sobre la ropa que cubría su entrepierna. Quiso vomitar, quiso apartarlo, quiso tirarlo fuera del tren y acabar con su vida. Pero ni siquiera podía respirar.  El hombre fue apartado con rapidez de encima suyo. Las lágrimas picaban en sus ojos y el aire volvía a sus pulmones, dejando una fuerte migraña en su cabeza como consecuencia. —¿Estás bien? —Sí—, dijo con voz ronca a la vez que Cuatro la levanta de un tirón del suelo. Vio a los abandonados acercarse amenazantes hacia ellos con la intención de volver a pelear, y entonces él habló: —Tobias Eaton. —¡¿Qué?! ¿Qué dijiste? —Tobias Eaton—, repitió el ojiazul con la respiración acelerada, y un tono de voz tan bajo que casi parecía un susurro.  —¿Qué sabes de Tobias? —Soy Tobias—, murmuró Cuatro casi con decepción, poniendo su cuerpo frente al de la castaña en un gesto protector. —Demonios, viejo. Te estuvimos buscando. ¿Qué?    -V
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR